AMOR A LA SABIDURIA Y SABIDURIA DEL AMOR
Ensayo sobre una posible utopía de revolución cultural
Gabriel Restrepo             
Documento presentado a la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo con el patrocinio de la Fundación Antonio Restrepo Barco.
Santafé de Bogotá, 1994.

DIVERSIDAD ETNICA Y MESTIZAJE

 

La enorme diversidad de ecosistemas en Colombia (recuérdese que son por lo menos 39) y las gigantescas fracturas geográficas que dificultan la comunicación entre regiones explican acaso por qué a diferencia de México y de Perú no se haya consolidado un grupo étnico como dominador en un territorio en la época precolombina y por qué en la larga duración de la colonia o de la república haya sido tan difícil y tan costosa la unidad del Estado Nacional, uno de cuyos indicios es la organización de la fuerza, pero que como indicio lo es de una sinergía o sincretismo cultural que acaso no se haya producido.

Comoquiera que sea, a la biodiversidad debe superponerse o añadirse nuestra diversidad y riqueza étnicas, que como se ha dicho se contienen tanto en la pluralidad de etnias como en el grado de mestizaje alcanzado entre ellas.

En cuanto a la pluralidad étnica, para comenzar por las raíces indígenas hay que decir que es muy vasta, como se deduce del hecho de que pese a todos los efectos destructivos de la Conquista subsisten aún cerca de 64 etnias con sus respectivos idiomas que apenas si pueden reducirse a cerca de 10 troncos lingüísticos diferentes. Tampoco es muy nítida la posibilidad de diferenciar esas y otras etnias desaparecidas en torno a tres grandes grupos: los chibchas, los caribes y los arawacs 29 .

Menos estudiadas aún son al parecer las procedencias de la población afroamericana, que son tan varias como las de las comunidades indígenas, ya que entre ellas se cuentan los angolas, los mondongos, los congos, los fanthi-ashanti, los yolofos, los lucumiés o yorubas, los guanguís, los carabalíes, los bambaras, los mandingas y muchos otros, de los cuales está comprobada la existencia entre nosotros por lo menos de grandes comunidades de fanthi- ashanti en el pacífico y en San Andrés y de Congos y Angolas en San Basilio de Palenque 30 .

La pluralidad de procedencias africanas obedecía a una política deliberada de dispersión de lenguas, concebida como mecanismo de dominación. Se dice que un bajel de esclavos era una babel. Dicha dispersión ha contado como factor decisivo para que la mímica gestual y musical - un sistema obligado de comunicación metalingüística - se haya entreverado con la mimesis propia de la tradición indígena, para reforzar aún más las valoraciones sensuales y estéticas de la vida.

En cuanto hace al origen español, él es más varia en su composición y amalgama étnica de cuanto la historiografía hispanizante proclamara como unidad de raza. En efecto, en los pueblos españoles hay trazas de íberos y celtas, ellos mismos integrados por muy diversas etnias, a los cuales se añadieron migraciones fenicias, cretenses y mediterráneas antes que se produjera la invasión de alanos, vándalos, francos y visigodos. A ellos se superpusieron luego poblaciones gitanas, judías y árabes de muy diversa raíz y más o menos entremezcladas con los pueblos hispanos.

Pueblo vario, el hispano sin embargo se representó como pueblo único en raza, religión y lengua, a tenor de la dominación castellana y de la unidad compulsiva tras la expulsión de moros y de judíos.

Pueblo mimético y estético caracterizado por la fe antes que por el saber, por el sentimiento, el arrojo y por una concepción agónica de la vida que se manifiesta en toda su belleza en el escrito de García Lorca sobre "La teoría del duende", el pueblo español que fue tan ajeno a la racionalidad propia del mundo moderno europeo imprimió en una sociedad mestiza el sello de su cultura e integró la mimesis indígena y la mimesis afroamericana en la expresión barroca de una cultura americana heterogénea.

En efecto, sin tomar en cuentas migraciones europeas no hispanas llevadas a cabo en el siglo XIX y XX (inglesas, francesas, alemanas, norteamericanas, árabes y judías, y aún orientales), no tan dominantes en número como las ocurridas en el sur del continente, la sociedad colombiana estableció su perfil étnico característico hacia el siglo XVIII, con pocas variaciones esenciales desde entonces. Lo mismo podría decirse de un sustrato político y cultural que podría denominarse como "hispanidad criolla", tan moldeada por un espíritu español que en no pocas ocasiones ha sido reactualizado en la vida republicana, con el consiguiente avivamiento de imaginarios prontos a contradecir todo intento por una modernidad que siempre ha sido precaria o esquiva en la vida republicana: el imaginario del virreinato, por ejemplo, en la vida política. El imaginario de la escolástica, por ejemplo, en el plano del pensamiento. El imaginario del agonismo, por ejemplo, en las nuevas formas de intolerancia y de violencia. No por azar se dice que en Colombia se habla el mejor español, pues a todas luces tal vez sea entre todos los pueblos sometidos a la influencia hispana el que en mayor medida conserve dicha impronta.

Jaime Jaramillo Uribe ha definido muy bien el perfil del mestizaje al indicar que Colombia ocupa una posición intermedia en América Latina respecto a tres posibilidades 31 : la primera es la de poblaciones con predominio de lo euroamericano, que son las del cono sur. La segunda es la de poblaciones con predomio afroamericano, que son todas las de la cuenca del Caribe, de Nueva Orleans, a Cuba y a Brasil (excepción hecha de centroamérica, cuya civilización está más bien volcada hacia el pacífico, salvo Panamá). La tercera es la de poblaciones con predominio indoamericano, que ocurre con mayor frecuencia en las cadenas montañosas de los andes, de Chile a Colombia, y en las de Centroamérica, de Panamá a Chiapas y a México).

Ubicada según se ha dicho en múltiples cruces geobiológicos, Colombia representa también aquí una frontera de transición étnica, con un relativo balance entre lo euroamericano (con mayor predominio hispano), lo afroamericano y lo indoamericano.

Pero pese a que el mestizaje ha sido muy dinámico, sobretodo en comparación con otros países con predominio indoamericano como Perú, Bolivia o Ecuador, no ha sido ni mucho menos perfecto. La tendencia hacia la integración también ha sido contrabalanceada por fuerzas centrífugas, que se apoyan en las barreras geográficas y quizás en mayor medida en sutiles barreras culturales que vedan el mestizaje, en algunos casos porque es percibido como instrumento de dominación o de asimilación cultural, como entre las comunidades indígenas, en otros casos, los más, porque la llamada "pureza étnica" es reputada como un medio de preservar la dominación de castas o de clases.


 

 

29 Ver entre otras fuentes las siguientes: Francois Correa y Ximena Pachón. Introducción a la Colombia Amerindia. Bogotá, Presencia- Instituto Colombiano de Antropología, 1987. Instituto Colombiano de Antropología. Memorias del V Congreso Nacional de Antropología. Bogotá, ICFES, 1989, cinco tomos. Departamento Nacional de Planeación. Los pueblos indígenas de Colombia. Bogotá, DNP, 1989.   volver

 

30 Friedemann, Nina de y Arocha, Jaime. De Sol a sol. Génesis, transformación y presencia de los negros en Colombia. Bogotá, Planeta, 1986.     volver