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DIVERSIDAD ETNICA Y MESTIZAJE
La
enorme diversidad de ecosistemas en Colombia (recuérdese que son por lo menos 39) y las
gigantescas fracturas geográficas que dificultan la comunicación entre regiones explican
acaso por qué a diferencia de México y de Perú no se haya consolidado un grupo étnico
como dominador en un territorio en la época precolombina y por qué en la larga duración
de la colonia o de la república haya sido tan difícil y tan costosa la unidad del Estado
Nacional, uno de cuyos indicios es la organización de la fuerza, pero que como indicio lo
es de una sinergía o sincretismo cultural que acaso no se haya producido.
Comoquiera
que sea, a la biodiversidad debe superponerse o añadirse nuestra diversidad y riqueza
étnicas, que como se ha dicho se contienen tanto en la pluralidad de etnias como en el
grado de mestizaje alcanzado entre ellas.
En
cuanto a la pluralidad étnica, para comenzar por las raíces indígenas hay que decir que
es muy vasta, como se deduce del hecho de que pese a todos los efectos destructivos de la
Conquista subsisten aún cerca de 64 etnias con sus respectivos idiomas que apenas si
pueden reducirse a cerca de 10 troncos lingüísticos diferentes. Tampoco es muy nítida
la posibilidad de diferenciar esas y otras etnias desaparecidas en torno a tres grandes
grupos: los chibchas, los caribes y los arawacs
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.
Menos
estudiadas aún son al parecer las procedencias de la población afroamericana, que son
tan varias como las de las comunidades indígenas, ya que entre ellas se cuentan los
angolas, los mondongos, los congos, los fanthi-ashanti, los yolofos, los lucumiés o
yorubas, los guanguís, los carabalíes, los bambaras, los mandingas y muchos otros, de
los cuales está comprobada la existencia entre nosotros por lo menos de grandes
comunidades de fanthi- ashanti en el pacífico y en San Andrés y de Congos y Angolas en
San Basilio de Palenque
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.
La
pluralidad de procedencias africanas obedecía a una política deliberada de dispersión
de lenguas, concebida como mecanismo de dominación. Se dice que un bajel de esclavos era
una babel. Dicha dispersión ha contado como factor decisivo para que la mímica gestual y
musical - un sistema obligado de comunicación metalingüística - se haya entreverado con
la mimesis propia de la tradición indígena, para reforzar aún más las valoraciones
sensuales y estéticas de la vida.
En
cuanto hace al origen español, él es más varia en su composición y amalgama étnica de
cuanto la historiografía hispanizante proclamara como unidad de raza. En efecto, en los
pueblos españoles hay trazas de íberos y celtas, ellos mismos integrados por muy
diversas etnias, a los cuales se añadieron migraciones fenicias, cretenses y
mediterráneas antes que se produjera la invasión de alanos, vándalos, francos y
visigodos. A ellos se superpusieron luego poblaciones gitanas, judías y árabes de muy
diversa raíz y más o menos entremezcladas con los pueblos hispanos.
Pueblo
vario, el hispano sin embargo se representó como pueblo único en raza, religión y
lengua, a tenor de la dominación castellana y de la unidad compulsiva tras la expulsión
de moros y de judíos.
Pueblo
mimético y estético caracterizado por la fe antes que por el saber, por el sentimiento,
el arrojo y por una concepción agónica de la vida que se manifiesta en toda su belleza
en el escrito de García Lorca sobre "La teoría del duende", el pueblo español
que fue tan ajeno a la racionalidad propia del mundo moderno europeo imprimió en una
sociedad mestiza el sello de su cultura e integró la mimesis indígena y la mimesis
afroamericana en la expresión barroca de una cultura americana heterogénea.
En
efecto, sin tomar en cuentas migraciones europeas no hispanas llevadas a cabo en el siglo
XIX y XX (inglesas, francesas, alemanas, norteamericanas, árabes y judías, y aún
orientales), no tan dominantes en número como las ocurridas en el sur del continente, la
sociedad colombiana estableció su perfil étnico característico hacia el siglo XVIII,
con pocas variaciones esenciales desde entonces. Lo mismo podría decirse de un sustrato
político y cultural que podría denominarse como "hispanidad criolla", tan
moldeada por un espíritu español que en no pocas ocasiones ha sido reactualizado en la
vida republicana, con el consiguiente avivamiento de imaginarios prontos a contradecir
todo intento por una modernidad que siempre ha sido precaria o esquiva en la vida
republicana: el imaginario del virreinato, por ejemplo, en la vida política. El
imaginario de la escolástica, por ejemplo, en el plano del pensamiento. El imaginario del
agonismo, por ejemplo, en las nuevas formas de intolerancia y de violencia. No por azar se
dice que en Colombia se habla el mejor español, pues a todas luces tal vez sea entre
todos los pueblos sometidos a la influencia hispana el que en mayor medida conserve dicha
impronta.
Jaime
Jaramillo Uribe ha definido muy bien el perfil del mestizaje al indicar que Colombia ocupa
una posición intermedia en América Latina respecto a tres posibilidades 31 :
la primera es la de poblaciones con predominio de lo euroamericano, que son las del cono
sur. La segunda es la de poblaciones con predomio afroamericano, que son todas las de la
cuenca del Caribe, de Nueva Orleans, a Cuba y a Brasil (excepción hecha de
centroamérica, cuya civilización está más bien volcada hacia el pacífico, salvo
Panamá). La tercera es la de poblaciones con predominio indoamericano, que ocurre con
mayor frecuencia en las cadenas montañosas de los andes, de Chile a Colombia, y en las de
Centroamérica, de Panamá a Chiapas y a México).
Ubicada
según se ha dicho en múltiples cruces geobiológicos, Colombia representa también aquí
una frontera de transición étnica, con un relativo balance entre lo euroamericano (con
mayor predominio hispano), lo afroamericano y lo indoamericano.
Pero
pese a que el mestizaje ha sido muy dinámico, sobretodo en comparación con otros países
con predominio indoamericano como Perú, Bolivia o Ecuador, no ha sido ni mucho menos
perfecto. La tendencia hacia la integración también ha sido contrabalanceada por fuerzas
centrífugas, que se apoyan en las barreras geográficas y quizás en mayor medida en
sutiles barreras culturales que vedan el mestizaje, en algunos casos porque es percibido
como instrumento de dominación o de asimilación cultural, como entre las comunidades
indígenas, en otros casos, los más, porque la llamada "pureza étnica" es
reputada como un medio de preservar la dominación de castas o de clases.
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