AMOR A LA SABIDURIA Y SABIDURIA DEL AMOR
Ensayo sobre una posible utopía de revolución cultural
Gabriel Restrepo             
Documento presentado a la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo con el patrocinio de la Fundación Antonio Restrepo Barco.
Santafé de Bogotá, 1994.

Ilustración y mayoría de edad

 

No obstante, las dos ideas - fuerzas del mundo moderno, educación y ciencia ( y si se quiere la técnica) , corrieron durante mucho tiempo como paralelas. La educación cumplía la función de trasmitir la tradición mientras la ciencia se encargaba de romperla. Definidas de esta manera tales actividades no podrían encontrarse en una misma institución y aunque separadas (la educación en escuelas o universidades, la ciencia en academia o institutos) no harían más que hacerse daño la una a la otra 20 .

Fue obra de la Ilustración determinar los principios por los cuales educación y ciencia podrían beneficiarse de una mutua convivencia. Pero a la vez dicho nexo fue decisivo en la génesis del moderno estado democrático, que comienza a serlo cuando acepta que el orden de las creencias es variable y no puede fundarse en una ideología o mejor en un dogma inalterable que sea susceptible del poder crítico de la educación o de la ciencia. A ello apuntará la separación entre Estado e Iglesia en los Estados Unidos.

Con todo, fue un filósofo, Kant quien trazó el ideario que permitiría entrelazar ciencia y educación, tradición cultural e investigación, al referirse a la Ilustración como "a la mayoría de edad", mayoría alcanzada por el uso libre de una razón que no reconocería en el dominio público otro límite que el señalado por la misma razón 21 .

Al formular con nitidez sin par la idea de que "sólo los sabios pueden juzgar a los sabios" Kant enunció el principio de la universidad moderna 22 , que en adelante podría conciliar la doble tarea de trasmitir y de alterar la tradición y congregar en una misma persona el doble oficio de la docencia y la investigación, sin el temor de una censura política o religiosa que pusiera trabas al avance del saber.

Sin embargo, pese a sus ventajas históricas alcanzadas en el siglo XIX la universidad alemana careció de flexibilidad para incorporar en su estructura las nuevas profesiones típicas del mundo moderno, en particular la ingeniería y todo lo que ella representa en el orden tecnológico como organización para la praxis.

Sería misión de la universidad norteamericana, tan deudora con todo de la tradición europea , pero a la vez tan moldeada por su propia tradición pragmatista 23 , integrar en una misma institución elementos en apariencia dispares: docencia e investigación; filosofía, artes y humanidades, ciencias y profesiones; pregrado y posgrado; estudios generales y estudios especializados; la competencia y la cooperación. Y el haber entretejido un sistema universitario descentralizado y competitivo como fundamento de poder nacional.

Pero lo más decisivo del modelo de la universidad norteamericana ha sido haber alcanzado una retroalimentación muy alta entre la educación superior, la educación en general, la configuración de un Estado de vocación democrática y la producción. Estos últimos, Estado y producción, son cada vez más estructuras ocupacionales determinadas por la incorporación del saber especializado que proviene de la educación superior y de la actividad científica o técnica. Lo cual quiere decir, a la vez, que cada vez el Estado y la producción dejan de ser estructuras que se legitiman, como en el pasado, por la violencia o por la simple tradición o por la mera herencia, aunque ello, como tendencia que es, no significa que no se deriven aún en alguna medida de tales factores. Que el "saber sea poder" se refleja en el hecho de que el poder económico o el poder político (que se resumen en el concepto de capital económico y de capital político) tiendan a asumir hoy la apariencia de conocimiento e información, ambos encerrados en el complejo de la tecnología que representa la capacidad de organización de recursos para una acción deliberada.

Lo anterior también quiere decir que la economía y la política, la empresa o el estado, tienden a ser en el mundo contemporáneo actividades abiertas, dispuestas ellas mismas al aprendizaje o a la investigación que habían sido patrimonios del mundo escolar o de los centros de investigación. Las organizaciones productivas o políticas incorporan en su funcionamiento la pauta colegial propia del mundo académico 24 , pauta que privilegia el criterio de coordinación sobre el de subordinación.

A la vez, desde la creación del primer laboratorio empresarial por parte del visionario Edison 25 , las corporaciones son ellas mismas centros de investigación y desarrollo, en una evolución asombrosa que hoy incluye cierta transformación de tales centros en lugares de enseñanza superior, que disputan a las mismas universidades el monopolio que habían mantenido en ciertas áreas de educación o que por lo menos asumen en forma deliberada el papel de formación "postsuperior" de recursos humanos 26 . Una novísima tendencia que abre perspectivas insospechadas hacia el ideario de una sociedad en permanente estado de educación.

Todas estas tendencias determinaron que un sociólogo como Talcott Parsons, por muchos aspectos y pese a sus defectos una de las mentes más representativas y lúcidas del siglo XX, haya resumido al siglo XX como el siglo de la "revolución educativa" 27 .

Sugiere este teórico con razón que las revoluciones religiosas (propias del siglo XVI), o las revoluciones políticas y económicas (características del siglo XVIII bajo la forma de la revolución francesa o de la revolución industrial) han quedado relegadas hoy en día por la revolución propia del siglo XX, que es la del saber y la educación, una revolución que ocurre día a día y cuyos escenarios son los laboratorios de investigación, las universidades o las escuelas.

Dicha revolución se potencia aún más por la aparición de los medios masivos de comunicación. Desde la invención de la máquina de escribir, el teléfono, el telégrafo, el cinematógrafo, la radio y la televisión hasta el surgimiento del computador (sobretodo del computador personal desde 1982) y del fax, la humanidad asiste a una revolución telemática que sólo puede ser comparable, en su incidencia, a la aparición ancestral del lenguaje, a la ideación de la casa como organización de la estancia, la memoria y la producción domesticada, a la introducción de la escritura y al advenimiento de la imprenta y de la universidad.

Si la escritura y la imprenta habían cancelado la modalidad narrativa u oral del ser humano en beneficio del logos o de la razón escrita, la aparición de los nuevos medios de comunicación abre infinitas posibilidades para la formación humana, aunque en principio crea una tensión inédita entre escritura e imagen y por supuesto engendra nuevos problemas de comunicación humana, derivados unos del carácter no dialógico de los medios, otros de la falta de una semiología de la imagen, y no pocos del hecho de que los medios acercan lo distante pero alejan lo próximo y convierten la experiencia propia en algo insignificante frente a la experiencia vista o a la experiencia imaginada.

Pese a todas las innovaciones indicadas y pese a la revolución educativa, no todo es alentador en la cultura humana estimada en su conjunto y en su forma de organización, como lo deja ver toda la disputa sobre la filosofía en el siglo XX, de Martin Heidegger a Jacques Derrida o a Richard Rorty 28 .

Síntomas del siglo XX como han sido las dos guerras mundiales, el fascismo, la pobreza, la violación de los derechos humanos, la degradación del medio ambiente, la aparición de enfermedades nuevas como el SIDA y de fenómenos inéditos como el narcotráfico y la dependencia masiva de drogas, la paradoja de una incomunicación abismal en la misma vecindad de la proliferación de medios de comunicación, por mencionar sólo algunos pocos casos, denuncian fallas no imputables por supuesto al saber científico, pero sí inherentes a la forma como la racionalidad científica o tecnológica se ha articulado con los planos de la ética y de la estética. De Nietzsche al postmodernismo, toda la filosofía registra la negación de cualquier intento por fundar en cualquier principio único (Dios, el progreso, la ciencia) la existencia social, más compleja de cuanto aparece si se piensa de un modo determinista.

Y puesto que la ética y la estética están una y otra más cerca del afecto o del amor que que de la razón instrumental, la gran pregunta del siglo XX, la misma que abordó Freud, es la de cómo conciliar el impulso romántico con el impulso científico. Ese es el gran reto para la creación de un nuevo religare que apenas se intuye en el mundo contemporáneo, pero cuya ideación es responsabilidad de cualquier ciudadano del universo. Se trataría de un religare que, por supuesto, no puede aspirar a fundarse ya en un principio metafísico, ni en ninguna razón monológica, sino que tendría que basarse en nociones inmanentes al ser social del hombre y en particular en la idea de los derechos humanos. Y aún así, dicho basarse en tales principios deberá tomarse siempre con sentido experimental, nunca conclusivo, abierto en todo momento a la crítica, a la razón comunicativa, a la negación o a la comprensión de lo exceptivo, como si se tratara de una humanidad que se descubre a sí misma.

Porque los síntomas antes mencionados son los que expresan la condición de una crisis global en el estadio presente de evolución de la humanidad, crisis que según el concepto tratado en este ensayo, coloca a la humanidad ante el supremo dilema de la extinción o de la vida. Extinción total si prolifera el riesgo de guerra nuclear o si prosigue la destrucción del medio ambiente, o extinción parcial si ante las injusticias no curadas avanza el espectro de la muerte o de la violencia en muchas partes del mundo.

Alguien aquí y ahora puede afirmar que pese a sus avances, pero también a partir de ellos la humanidad se halla en un estadio de crisis, la cual ofrece el riesgo mortal , pero también la posibilidad del trance hacia una revolución o mejor aún un renacimiento cultural (más allá aún de la revolución educativa, pero contando con ella), renacimiento que integre, como quería Platón, el amor a la sabiduría con la sabiduría del amor y hermane al logos con la mimesis amorosa.

Dicho renacimiento debería concernir por igual a nuevas creencias religiosas (sobretodo aquellas que valoren la inmanencia y la potencialidad del hombre y el respeto a la naturaleza), a nuevas modalidades de la ética, la moral y la ideología (en particular centradas sobre los derechos humanos), a nuevas creencias científicas (en especial las que integren los saberes sobre la evolución del cosmos, de la vida , del cerebro y de la cultura), a nuevas creencias estéticas y expresivas (con énfasis en una semiótica que permita la deconstrucción de la imagen en movimiento y pueda por tanto contribuír a equilibrar escritura e imagen). Pero antetodo, a una nueva relación de estas creencias entre sí y a una nueva educación que exalte la humanidad del hombre.

En cualquier perspectiva del futuro, no se trataría, por tanto, como quisieran los románticos a toda costa, de abandonar el aliento racional de la cultura occidental, presente por ejemplo en la ciencia, ni se trataría tampoco de obedecer al ideal positivista, como si la ciencia por sí misma fuera una panacea a la solución de todos los males del hombre. Lo que se requeriría sería una conciliación entre estos dos impulsos que en algún momento de la historia humana se disociaron.


 

 

20 Ver Ben-David, Joseph. Función de los científicos en la sociedad: un estudio comparativo. México, Trillas, 1974. Del mismo autor: Centers of learning: Britain, France, Germany, United States. New York, McGraw Hill, 1977. El dilema que separa a la enseñanza de la investigación científica fue formulado en su forma más pura por este investigador: lo que aún está en trance de ser investigado no puede enseñarse y a su vez lo que se enseña en forma acabada es susceptible de trasmitirse porque no admite más investigación. Por supuesto, se trata de estados límite que se reflejan en la definición extrema de roles distintos, el de docente y el del investigador. El dilema ha podido superarse porque el proceso de investigación, él mismo inconcluso, es un modelo pedagógico y porque a la vez la enseñanza se puede apartar de la mera trasmisión de un saber seguro. Pero pasar del dilema al entrecruzamiento no ha sido nada fácil. Baste recordar que casi toda la tragedia griega, incluída allí la no ficticia de Sócrates, reposa sobre la venganza que bajo la forma de Erinnias o de otros entes mitológicos, puede ejercer la tradición (que es el legado sacrosanto de los padres) sobre aquel que se distancia de ella. Superar el temor reverencial que encierra la tradición es un invento moderno, que se ha cumplido no sin muy notorios desajustes en la cultura.   volver

 

21 Kant, Inmannuel. "¿Qué es la Ilustración?". En varias antologías.   volver

 

22 Kant, Inmanuel. El Conflicto de las Facultades. Trad. Elsa Tabernig. Buenos Aires, Losada, 1963.   volver

 

23 Ver entre muchos otros a Benjamin Franklin, William James y John Dewey con los cuales se fundó la tradición filosófica del pragmatismo, cuyo máximo exponente actual es Richard Rorty. Aunque excéntrico respecto a dicha tradición filosófica, John Henry Adams debe mencionarse como paralelo a ella por haber pensado, como quizás ningún otro en su medio, el ideal de una sociedad dedicada al cultivo de la educación.  volver

 

24 La colegialidad consiste en que el saber mismo genera una condición de relativa igualdad entre los pares, igualdad que impone un criterio de coordinación antes que de subordinación o en otros términos obliga a que la búsqueda de decisiones obedezca a la confrontación de distintos puntos de vista. En cambio, en las burocracias tradicionales se impone el criterio de subordinación - que muchas veces es independiente de una jerarquía de saber .   volver

 

25 Vögtle, Fritz. Edison. Trad. de Miguel Ruiz. Barcelona, Salvat, 1985 (1982).   volver

 

26 Ver alguna presentación del tema y alguna bibliografía pertienente en el trabajo de Restrepo, Gabriel: "Contexto, función y propuesta de los doctorados en una nueva estrategia de desarrollo del país y de la universidad", en: Cárdenas, Jorge Hernán (ed.). Doctorados. Reflexiones para la formulación de políticas en América Latina. Bogotá, Tercer Mundo, 1991.  volver

 

27 Parsons, Talcott. La Sociedad. Perspectivas evolutivas y comparativas. México, Trillas, 1974, y El Sistema de las Sociedades Modernas. México, Trillas, 1977.   volver

 

28 Un resúmen de tales debates puede encontrarse en el libro de Richard Rorty. Ensayos sobre Heidegger y otros pensadores contemporáneos. Trad. de Jorge Virgil Rubio. Bercelona, Paidós, 1993 (1991)   volver