AMOR A LA SABIDURIA Y SABIDURIA DEL AMOR
Ensayo sobre una posible utopía de revolución cultural
Gabriel Restrepo             
Documento presentado a la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo con el patrocinio de la Fundación Antonio Restrepo Barco.
Santafé de Bogotá, 1994.

SIMBIOSIS, MIMESIS Y SER NARRATIVO EN LA RELACION DE LAS COMUNIDADES INDIGENAS Y LA TIERRA

 

La riqueza de la vida y la diversidad de ecosistemas ya predisponen en cierta manera las condiciones en las que puede desenvolverse la vida humana sobre el territorio, aunque la cultura a su vez transforma una y otra vez dichas condiciones, en función de la concepción cultural general de la sociedad y en particular del arsenal de estrategias tecnológicas.

De las comunidades indígenas, que son el tronco de población más antiguo en el territorio, puede decirse que sostenían y sostienen aún una relación simbiótica y mimética con la naturaleza.

La relación simbiótica puede ser descifrada a la luz del psicoanálisis y en particular de las reflexiones de Erik Fromm sobre la relación del hijo con la madre 25 . La naturaleza es en efecto para el indígena la madre tierra, a la cual se mantiene apegado sin cortar jamás el cordón umbilical que lo ata a ella. Por ella experimenta el respeto que se debe a la madre y a los muertos que regresan a ella y la enriquecen, sin sufrir el deseo de aventura y de extrañamiento que ha sido parte de la conciencia mediterránea y occidental desde el momento en que quedara ilustrado en la Odisea. Sus mitos y ritos y también sus formas tecnológicas (la arquitectura, la casa, la siembra) se adaptaron con extraordinaria sabiduría a las formas de la naturaleza y de la vida.

A diferencia del hombre occidental que ha interiorizado la compulsión de alejarse de la madre para instaurar un universo de poder y de dominio que ha sido en la mayoría de sus formas esencialmente masculino (la religión, la escritura, el estado, el derecho) 26 , las comunidades indígenas no pueden subsistir como tales sino a condición de mantener una relación simbiótica con la tierra.

De ahí que se perfile ya en esta diferencia una oposición de valores en la cultura colombiana, que acaso no haya sido reconocida en toda su magnitud e implicaciones. Dichos valores no sólo se refieren a la comprensión de la relación del hombre con la naturaleza, sino también de modo más específico a las formas de concebir la sexualidad y los géneros y a los modos tecnológicos de organizar la comunidad sobre la tierra (el respecto al agua y al bosque, por ejemplo, y en general a los ecosistemas).

La relación mimética con la naturaleza se puede comprender a partir de la propia mímesis que opera en la naturaleza. No por azar a pocos años de ser publicado El Orígen de las Especies de Carlos Darwin (1859), el científico inglés Bates descubrió en el amazonas, o sea en el centro mismo de la biodiversidad, el fenómeno del mimetismo que lleva su nombre 27 .

El mimetismo es un mecanismo de aprendizaje, juego de formas y adaptación ya propio de la vida vegetal y animal en la competencia propia de la evolución y selección natural. Es por tanto un fenómeno a la vez estético (y recuérdese por Aristóteles o por Platón que todo arte se funda en la mímesis 28 ) y técnico ya ínsito en la naturaleza antes de la aparición de la vida humana, que potenciará todas las formas de mímesis, al punto de hacer de ellas el primer estadio de toda educación, y en especial de la educación infantil, aunque no se limite como es obvio a esta temprana formación.

Por mímesis se entiende en la naturaleza animada el mecanismo por el cual una especie adopta la apariencia de otra para procurar una ventaja comparativa, que en la mayoría de los casos consiste en disuadir a un predador. En las comunidades que mantienen con la naturaleza una relación simbiótica, la mímesis opera como mecanismo de aprendizaje (la identificación totémica no sólo puede tener una función ritual y distintiva, sino además ser un instrumento mnemotécnico sobre propiedades del entorno), como expresión estética ( casi todas las formas de carnaval son un culto a la simbiosis del hombre con la tierra) y por supuesto como mecanismo de adaptación y de defensa (la mímesis forma parte importante de las estrategias de disuación de la guerra, como quedó claro en la célebre operación de inteligencia de la batalla de Normandía).

Ante la ausencia de escritura, las comunidades indígenas son ante todo narrativas y la mimesis forma parte de los recursos de mnemotecnia indispensables para asegurar la continuidad de la tradición, que se trasmite de modo oral, en formas plásticas (danzas y música) y con gran economía de recursos para facilitar la transmisión total del saber (p .e . la orientación de la casa, la disposición espacial de las siembras).

Las comunidades indígenas son por ello sociedades que organizan los saberes alrededor de un eje más estético que instrumental y más narrativo y oral que centrado en el logos de la escritura. De ahí se derivan tensiones con una sociedad como la española que, aunque mimética y estética ella misma, se basará en buena medida en el poder de las escrituras (la ambigüedad es suficiente para referirse al poder espiritual de las escrituras bíblicas, pero también al poder terrenal certificado por las notarías bajo el nombre de "escrituras"). Dicha oposición será aún mayor cuando Colombia adopte en la república modelos diferentes al español y por supuesto se acrecentará cuando al lado de la escritura aparezcan los nuevos medios que crean una nueva oralidad y visualidad, pero esta vez telemáticos, a diferencia de la oralidad y visualidad de cara a cara propia de las comunidades indígenas.

 

 

 

25 Fromm, Eric. El arte de amar. Trad. de Nohemí Ronsenblatt, sin pié de imprenta. Varias ediciones.  volver

 

26 Ver el libro citado de Simmel.    volver

 

27 Wickler. W. El mimetismo en las plantas y en los animales. Madrid, Guadarrama, 1968, traducción de Lieselene Mayer- Spiess y José Castanyer.   volver

 

28 Aristóteles. El arte poética. Buenos Aires, Espasa Calpe, 1978. Platón. La República, libro X, en Obras Completas, Madrid, Aguilar, 1969, segunda edición: páginas 553 a 597.  volver