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SIMBIOSIS, MIMESIS Y SER NARRATIVO EN LA RELACION DE LAS COMUNIDADES
INDIGENAS Y LA TIERRA
La
riqueza de la vida y la diversidad de ecosistemas ya predisponen en cierta manera las
condiciones en las que puede desenvolverse la vida humana sobre el territorio, aunque la
cultura a su vez transforma una y otra vez dichas condiciones, en función de la
concepción cultural general de la sociedad y en particular del arsenal de estrategias
tecnológicas.
De las
comunidades indígenas, que son el tronco de población más antiguo en el territorio,
puede decirse que sostenían y sostienen aún una relación simbiótica y mimética
con la naturaleza.
La
relación simbiótica puede ser descifrada a la luz del psicoanálisis y en particular de
las reflexiones de Erik Fromm sobre la relación del hijo con la madre
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. La naturaleza es en efecto para el indígena la madre
tierra, a la cual se mantiene apegado sin cortar jamás el cordón umbilical que lo ata a
ella. Por ella experimenta el respeto que se debe a la madre y a los muertos que regresan
a ella y la enriquecen, sin sufrir el deseo de aventura y de extrañamiento que ha sido
parte de la conciencia mediterránea y occidental desde el momento en que quedara
ilustrado en la Odisea. Sus mitos y ritos y también sus formas tecnológicas (la
arquitectura, la casa, la siembra) se adaptaron con extraordinaria sabiduría a las formas
de la naturaleza y de la vida.
A
diferencia del hombre occidental que ha interiorizado la compulsión de alejarse de la
madre para instaurar un universo de poder y de dominio que ha sido en la mayoría de sus
formas esencialmente masculino (la religión, la escritura, el estado, el derecho)
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, las comunidades indígenas no pueden
subsistir como tales sino a condición de mantener una relación simbiótica con la
tierra.
De ahí
que se perfile ya en esta diferencia una oposición de valores en la cultura colombiana,
que acaso no haya sido reconocida en toda su magnitud e implicaciones. Dichos valores no
sólo se refieren a la comprensión de la relación del hombre con la naturaleza, sino
también de modo más específico a las formas de concebir la sexualidad y los géneros y
a los modos tecnológicos de organizar la comunidad sobre la tierra (el respecto al agua y
al bosque, por ejemplo, y en general a los ecosistemas).
La
relación mimética con la naturaleza se puede comprender a partir de la propia mímesis
que opera en la naturaleza. No por azar a pocos años de ser publicado El Orígen de
las Especies de Carlos Darwin (1859), el científico inglés Bates descubrió en el
amazonas, o sea en el centro mismo de la biodiversidad, el fenómeno del mimetismo que
lleva su nombre
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.
El
mimetismo es un mecanismo de aprendizaje, juego de formas y adaptación ya propio de la
vida vegetal y animal en la competencia propia de la evolución y selección natural. Es
por tanto un fenómeno a la vez estético (y recuérdese por Aristóteles o por Platón
que todo arte se funda en la mímesis
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) y
técnico ya ínsito en la naturaleza antes de la aparición de la vida humana, que
potenciará todas las formas de mímesis, al punto de hacer de ellas el primer estadio de
toda educación, y en especial de la educación infantil, aunque no se limite como es
obvio a esta temprana formación.
Por
mímesis se entiende en la naturaleza animada el mecanismo por el cual una especie adopta
la apariencia de otra para procurar una ventaja comparativa, que en la mayoría de los
casos consiste en disuadir a un predador. En las comunidades que mantienen con la
naturaleza una relación simbiótica, la mímesis opera como mecanismo de aprendizaje (la
identificación totémica no sólo puede tener una función ritual y distintiva, sino
además ser un instrumento mnemotécnico sobre propiedades del entorno), como expresión
estética ( casi todas las formas de carnaval son un culto a la simbiosis del hombre con
la tierra) y por supuesto como mecanismo de adaptación y de defensa (la mímesis forma
parte importante de las estrategias de disuación de la guerra, como quedó claro en la
célebre operación de inteligencia de la batalla de Normandía).
Ante la
ausencia de escritura, las comunidades indígenas son ante todo narrativas y la mimesis
forma parte de los recursos de mnemotecnia indispensables para asegurar la continuidad de
la tradición, que se trasmite de modo oral, en formas plásticas (danzas y música) y con
gran economía de recursos para facilitar la transmisión total del saber (p .e . la
orientación de la casa, la disposición espacial de las siembras).
Las
comunidades indígenas son por ello sociedades que organizan los saberes alrededor de un
eje más estético que instrumental y más narrativo y oral que centrado en el logos de la
escritura. De ahí se derivan tensiones con una sociedad como la española que, aunque
mimética y estética ella misma, se basará en buena medida en el poder de las escrituras
(la ambigüedad es suficiente para referirse al poder espiritual de las escrituras
bíblicas, pero también al poder terrenal certificado por las notarías bajo el nombre de
"escrituras"). Dicha oposición será aún mayor cuando Colombia adopte en la
república modelos diferentes al español y por supuesto se acrecentará cuando al lado de
la escritura aparezcan los nuevos medios que crean una nueva oralidad y visualidad, pero
esta vez telemáticos, a diferencia de la oralidad y visualidad de cara a cara propia de
las comunidades indígenas.
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