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UNA PROPUESTA DE NUEVAS EXPEDICIONES CIENTIFICAS Y HUMANISTICAS
La
preservación y uso racional de tal biodiversidad, amenazada por patrones de desarrollo
inadecuados al medio constituye pues una tarea esencial de la cultura y de la educación.
La primera ha de apuntar a un conocimiento más preciso de la naturaleza y de la vida en
los diversos ecosistemas colombianos, conocimiento que ha de ser la premisa para un
programa masivo de cultura y educación ecológicas que incluya en forma integrada a
universidades y a colegios con todas aquellas instituciones públicas y privadas
encargadas del manejo ambiental, tales como las corporaciones regionales de desarrollo,
los parques nacionales, las corporaciones de turismo, entre muchas otras. Dicho programa
bien puede integrar el impulso romántico, a saber, el amor a la naturaleza, a sus formas,
a lo sublime contenido en ella, a las prefiguraciones del arte , del juego y de la
mímesis encerradas en los seres vivos, con el impulso positivista, es decir, con el
conocimiento preciso de la naturaleza y de las formas de vida que son sustento de la
existencia del hombre. Así puede atenderse al dicho de que sólo se ama lo que se conoce
y sólo se conoce lo que se ama.
En este
contexto pudiera exigirse el cumplimiento de la ley que dispone la cesión a la
Universidad Nacional de 50.000 hectáreas en todo el territorio nacional, cesión en la
que la Universidad Nacional pudiera figurar como administradora de un patrimonio o
fideicomiso que fuera la base de una corporación interuniversitaria mixta - que incluso
podría alcanzar la figura de corporación financiera -que a partir de estos territorios
organizara en conjunto con los municipios y regiones y con entidades públicas y privadas
estaciones de investigación, campamentos de integración y de prácticas
interuniversitarias, programas educativos de turismo juvenil y de turismo ecológico
internacional, prácticas de recreación infantil y juvenil y centros de irradiación
cultural.
Una red
de esta naturaleza podría ser el sustento para revivir de modo efectivo los imaginarios
que han dejado en el pasado las dos principales expediciones científicas truncas, la
Expedición Botánica (1783-1816) y la Expedición Corográfica (1849-1859). Un breve
recuento de algunos aspectos de estas puede ilustrar la magnitud de la propuesta.
Más
allá de la admiración de los conquistadores por un territorio y por sus formas de vidas
inéditas, el siglo XVIII diseñó un programa de redescubrimiento de la singularidad de
la naturaleza americana, del cual fuera secuela un tanto tardía la Expedición Botánica
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.
Y
aunque José Celestino Mutis hizo tanto por elogiar el estudio científico de la
naturaleza y sin duda hizo tanto por el progreso de las ciencias, aún quedó en buena
medida atrapado en la primacía estética del gusto por la flora y por la fauna,
comoquiera que su obra se plasmó más en la iconografía que en la descripción
científica que le había suministrado el más admirado que entendido Linneo, una
descripción por cierto fijista
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.
En
dicha primacía de la observación estética y aún deísta de la naturaleza sobre la
inspección científica salió a flote el carácter español y más aún mediterráneo de
Mutis, factor que ha de tomarse en cuenta cuando reparemos en el gran peso que la
tradición cultural hispánica (la fe, el arrojo, el duelo, la belleza), ejerce sobre
nuestro carácter y sobre nuestros imaginarios. Y aunque la admiración estética no deba
suprimirse, pues es tal vez nuestra propensión cultural mayor y casi "natural"
frente a la naturaleza y a la vida, ha de conjugarse con el conocimiento científico y con
la vocación pragmática propia de la tecnología.
El
genial Caldas fue más allá de aquel embeleso y trascendió también el marco teórico de
Linneo. Y así como formuló con gran intuición la ley de hipsometría
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, se hallaba en trance de compendiar una visión geobotánica de la Nueva Granada que a la
vez sirviera como fundamento para la exploración de la riqueza.
El
ensayo de Caldas de 1808: "Del Influjo del clima sobre los seres organizados"
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presentaba una visión de conjunto de la
naturaleza y de la sociedad neogranadina, una visión que se diría estructural si el
concepto tuviera cabida en las nociones de inicios del siglo decimonónico. Estructural lo
sería por ofrecer las variaciones recíprocas de altitud, topografía, clima, flora,
fauna y aún del ser de la población y de las actitudes vitales, mucho antes de que el
positivismo se encargara de exagerar estas relaciones, aún muy fluídas en Caldas, pese a
no menos evidentes prejuicios.
La
tragedia de la generación de independencia conspiró para que la nueva soberanía no se
fundara de modo más sólido en los principios de la Ilustración, apenas recientemente
asimilados y con tanto esfuerzo por la primera generación nacional , de modo que un
proyecto de estudio del hombre en su contorno natural y vital quedaría trunco por mucho
tiempo.
Con
mayor organización, más hombres y mejores instrumentos aquel proyecto científico sería
el trabajo propio de la Comisión Corográfica (1849-1859), obra de Agustín Codazzi, de
Manuel Ancízar, de José Jerónimo Triana, entre otros, sobre la cual se ha edificado
buena parte de la tradición científica del país.
Científica
y estética al mismo tiempo , comoquiera que a más de los dibujos reunió el impulso
literario romántico, aquella Comisión que en buena medida sirvió de soporte a la
creación de la Universidad Nacional permanecerá como un imaginario que puede ser
movilizado en favor de una nueva conciliación del impulso científico con el aliento
humanístico y estético, todos amparados en una decisión nacional de fundar la
soberanía en los distintos saberes y expresiones del hombre colombiano.
En efecto, no en pocas
veces se ha intentado emprender la tarea de una segunda expedición botánica o de una
segunda expedición corográfica. Baste recordar el proyecto de las Comisiones de Cultura
Aldeana, que formulara el médico y sociólogo Luis López de Mesa en su paso por el
ministerio de educación, la propuesta de Jorge Eliécer Gaitán, los ensayos de
campamentos universitarios del padre Camilo Torres Restrepo , el intento de la
administración de Belisario Betancur y otras propuestas semejantes que en uno u otro
momento se han propuesto crear un movimiento nacional en torno al necesario
redescubrimiento del país.
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