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Acto honorífico a los benefactores de la Biblioteca
Santa Fe de Bogotá, 20 de febrero de 1998
Estimados
amigos :
Las
grandes bibliotecas son asunto de años, muchos años, décadas y siglos y de
paciencia : no pueden hacerse de un momento a otro, no pueden improvisarse, no pueden
apresurarse. Sus colecciones se construyen lentamente, con el ritmo casi natural y
biológico de la respiración de un organismo. La adquisición atenta de lo que cada día
publican los mejores editores es por supuesto, una de las formas en las que va
reuniéndose en salas y depósitos lo mejor de lo que produce el espíritu humano. Para
las bibliotecas jóvenes, y una biblioteca de 40 años se encuentra en la infancia más
temprana, la conformación de un acervo que responda a las inquietudes y necesidades de
sus lectores presenta dificultades casi insuperables. Cómo conseguir las obras publicadas
antes de su apertura y todas las que no alcanzaron a entrar a sus estantes años atrás y
ahora resultan de importancia?. Y como ofrecer a los investigadores, en el caso de una
biblioteca que hace de la conservación y estudio del patrimonio cultural e histórico del
país el centro de su acción, un punto de ingreso a la riqueza del pasado a través de
manuscritos y documentos?
La
respuesta se encuentra, en primer lugar, en un grupo de personas que a primera vista son
competidores de las bibliotecas: las personas que han construido, por amor al libro, por
afán intelectual, por el placer de atesorar obras bellas, colecciones valiosas de obras
de distinto tipo. En segundo lugar, en las personas que por su actividad pública o
intelectual, han acumulado archivos personales en los que viven momentos esenciales en la
historia política, cultural, social, económica de un país. Son esos tesoros acumulados
pacientemente los que, por la decisión generosa de sus propietarios o de sus
descendientes o herederos, enriquecen fundamentalmente las colecciones bibliográficas y
documentales de las buenas bibliotecas. Y en esto también, es la acumulación durante
décadas o siglos de gestos y acciones de los donantes las que van configurando un acervo
verdaderamente excepcional. Por ello, resulta sorprendente que ya hoy esta joven
biblioteca pueda dar a sus usuarios el acceso a importantes colecciones documentales,
artísticas y bibliográficas que han surgido de la buena voluntad de personas e
instituciones. No voy a describir en detalle los aportes de estos conjuntos de obras a la
Biblioteca, pero creo justo recordar los folletos literarios e históricos que trajo
continuamente, a lo largo de su vida, Juan Lozano y Lozano, las colecciones documentales,
con manuscritos de excepcional valor para interpretar nuestra historia, de las colecciones
de Carlos Lleras Restrepo, Alberto Lleras Camargo y Eduardo Santos, la colección inmensa
de Alfonso Palacio Rudas, que servirá para abrir una biblioteca en el norte de la ciudad,
la biblioteca personal del antropólogo Hernando Grisales, la obra de Guillermo Wiedeman,
que puede admirarse en una sala especial en la Casa de Exposiciones, la variada y rica
colección de obras de arte del legado de Casimiro Eiger, varias de cuyos ejemplares se
encuentran también exhibidos en la casa de exposiciones, la correspondencia de Guillermo
Uribe Holguín con los músicos de su tiempo. Y recordar con, por una razón muy especial,
la donación que hizo la familia de Monseñor José Ignacio Perdomo de su interesante
colección de partituras, manuscritos e instrumentos. Hoy, en esta celebración, uno de
los actos principales es el concierto que dará el maestro Sergio Posada, en el que
reinaguraremos, después de una cuidadosa restauración, el fortepiano Clementi que hace
parte de la colección de Monseñor Perdomo.
Quienes
han hecho estos aportes a la Biblioteca han tomado una decisión que no puede tener
mejores justificaciones. Con ello han evitado que se disperse un patrimonio reunido con
dedicación y muchas veces pasión, y han contribuido a que se perpetúe y exalte la
memoria de sus familiares. Y contribuyen, día a día, a que los investigadores y
estudiosos colombianos reconstruyan permanentemente un lazo con nuestro pasado, con
nuestra historia, nuestro arte, nuestra literatura y nuestra música. Es un ejemplo que
hay que exhibir ante los colombianos y que contrasta con tantos casos en los que decenas
de años de trabajo y de esfuerzo se deshacen por vanidades pasajeras, razones egoístas y
minúsculos conflictos familiares.
Hoy
la biblioteca ha querido reconocer a las personas cuya generosidad está detrás de estas
importantes colecciones. La placa que vamos a descubrir tiene los nombres de quienes
hicieron las colecciones o las configuraron con su actuación, y expresa nuestro
agradecimiento a las personas, casi siempre diferentes al coleccionista original, que la
entregaron a la sociedad a través de nosotros. No hemos incluido en esta ocasión el
reconocimiento a instituciones, publicas y privadas, que han adoptado actitudes igualmente
generosas. Algún día deberemos hacerlo. Y hemos dejado de lado los nombres de aquellas
personas vivas, que siguen enriqueciendo periódicamente, con sus donaciones, a la
biblioteca : habría sido imposible hacer un reconocimiento justo a tan numeroso
grupo. Pero estamos seguros de que las personas que hoy destacamos representan los más
importantes aportes, aquellos cuyo valor se ha ido haciendo más claro con el paso del
tiempo.
Jorge
Orlando Melo
Director
Departamento de Bibliotecas y Artes
Banco de la República de Colombia
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