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Las bibliotecas públicas colombianas: ideales, realidades
y desafíos
Jorge Orlando Melo
1.
Antecedentes
Cuando en 1774 se ordenó la apertura en Bogotá de una
biblioteca pública con los libros que habían sido de la expulsada Compañía de Jesús,
siguiendo una propuesta hecha por el criollo Francisco Antonio Moreno y Escandón, la
decisión de las autoridades virreinales se enmarcaba en un intenso debate acerca del
papel de sacerdotes y laicos en la cultura colonial. En cierto modo, era una consecuencia
lógica de la propuesta de tener una universidad pública: así como la docencia debía
sustraerse al control de las ordenes religiosas, los libros debían estar al servicio de
toda la sociedad, y no sólo de un grupo privilegiado de eruditos, y debían estimular el
paso de una forma de enseñanza escolástica, centrada en el debate oral, a nuevos
métodos de formación.
[1]
La claridad de propósitos que llevó a la creación de la
primera biblioteca nacional en América y una de las primeras bibliotecas públicas
[2]
, no perduró, y la historia de las
bibliotecas públicas en Colombia muestra que estas instituciones han tenido un papel muy
secundario dentro de la vida cultural del país y han estado en un lugar muy bajo de las
prioridades del Estado. La misma biblioteca nacional no fue muy atendida por el Estado.
Raras veces ha podido ampliar sus colecciones en forma ordenada, y ha dependido sobre todo
de donaciones y de la obligación de legal de entregarle los libros impresos en el país,
establecida en 1834, pero cumplida aún hoy en forma muy parcial.
Quizás el momento más activo en la historia de la
Biblioteca Nacional correspondió, como había ocurrido con su origen, a un proyecto
cultural relativamente claro y definido, que volvió a dar una posición central a la
biblioteca pública dentro de la política educativa y cultural del país. En la década
del treinta, bajo el impulso del ministro Luis López de Mesa, el gobierno le asignó una
función central en el proceso de divulgación de la cultura nacional que hacia parte
integral del proyecto ideológico liberal. La Biblioteca, dirigida entre 1931 y 1938 por
Daniel Samper Ortega, se encargó de formar una colección básica ofrecida a todos los
municipios del país, compuesta en primer lugar por 100 obras cuidadosamente escogidas del
patrimonio literario del país, (la selección Samper Ortega, que fue seguida en 1941 por
la Biblioteca Popular de Cultura Colombiana) fuera de una colección española de
literatura juvenil (la Colección Araluce) y libros sobre temas prácticos.
[3]
Fue el primer intento de un sistema
nacional de bibliotecas públicas, denominadas entonces "bibliotecas aldeanas",
compuestas por unos pocos centenares de libros de buena calidad, y estrechamente asociadas
al sistema escolar, pero definidas en sus funciones y contenidos por las necesidades de la
comunidad. El gobierno condicionó la entrega de las bibliotecas a lo municipios a que se
creara una partida para compra de libros, se nombrara un maestro bibliotecario y se diera
información permanente a la Biblioteca Nacional del uso y estado de las colecciones.
[4]
El proyecto funcionó durante varios
años en medio de gran hostilidad de varios dirigentes conservadores y clericales: muchos,
como Laureano Gómez, veían en estas bibliotecas y en los libros que las dotaban
instrumentos de corrupción del campesinado, y herramientas para arrebatar a los
sacerdotes la conducción de las mentes del pueblo. En muchos municipios, los concejos
municipales y los maestros se negaron a recibir estas obras, que no tenían
"aprobación eclesiástica", y en otras los libros se perdieron.
[5]
El cambio de gobierno, y sobre todo
la evaluación del nueve de abril, atribuido en buena parte al influjo corruptor de las
ideas ajenas a la tradición cristiana del país, llevó a que la política cultural del
gobierno nacional se volviera de una rigidez extrema y mirara con desconfianza este tipo
de actividades.
[6]
Fuera de Bogotá las bibliotecas públicas se habían
desarrollado en forma muy limitada. En unos pocos municipios del país se abrieron
pequeñas colecciones en el siglo XIX: la más conocida es la Biblioteca del Tercer Piso,
descrita por Pierre d'Espagnat en 1897, cuando tenía ya unos 2000 ejemplares, y encontró
un culto bibliotecario prestando la selecta colección literaria que se había formado
allí. En Medellín el departamento creó en 1870 la Biblioteca Publica, convertida en
1881 en Biblioteca de Zea, de la cual fue bibliotecario don Manuel Uribe Angel a finales
del siglo XIX y María Cano durante los treinta y cuarenta de este siglo. En la primera
mitad del siglo XX se encuentran también varios ejemplos de esfuerzos para crear
bibliotecas públicas en sitios como Cali (Biblioteca del Centenario: 1910), o
Villavicencio (1910), y funcionan en las grandes ciudades sistemas de alquiler público de
libros. En Antioquia, una ordenanza de 1921 determino que en todos los municipios de más
de 10.000 habitantes debía haber biblioteca pública y en 1929 existían bibliotecas
públicas en 19 de lo casi 100 municipios del departamento. En Bogotá, desde 1928 se
había creado una biblioteca pública del Consejo Municipal, a las que se añadieron otras
en forma desordenada: para 1945 eran ya cinco las bibliotecas del Municipio.
[7]
2.
El surgimiento y
desarrollo de la Biblioteca Pública.
Las bibliotecas mencionadas, sin embargo, estaban
conformadas por pequeñas colecciones, formadas de manera arbitraria y casual, casi
siempre a partir de donaciones, sin criterios muy claros de servicio. Usualmente eran
bibliotecas en la que las mesas de lectura estaban separadas por un mostrador de la
colección, y un bibliotecario aficionado entregaba las obras a los lectores. Con
excepción de la Biblioteca Nacional, que adoptó el sistema Dewey en 1931, pocas
bibliotecas, escolares o públicas, tenían un sistema moderno de clasificación.
Por ello, no es exagerado fechar el surgimiento de las
primeras bibliotecas públicas modernas de Colombia en la década del cincuenta. Tres
hechos fundamentales ocurrieron en estos años:
A) La
apertura de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín para la América Latina en 1954,
como un programa de la UNESCO. El diseño de servicios de esta biblioteca, importado en
forma casi integral de las experiencias de los países anglosajones, difería radicalmente
de los antecedentes locales. Su colección, centrada en las demandas de la comunidad
-literatura, deporte, artesanías, formación laboral, manuales técnicos, recreación,
arte, libros infantiles, y no solo los textos literarios de prestigio-, estaba al alcance
de los usuarios, que podían ojearla libremente. Contaba con una sala infantil
especialmente diseñada y, sobre todo, prestaba gratuitamente los libros a cualquier
persona de la ciudad. Posteriormente, a partir de los ochenta, desarrollaría el primer
sistema efectivo de bibliotecas públicas barriales en el país, y se convertiría en los
noventa en la cabeza de facto de toda una red de bibliotecas de barrio y comunitarias en
el área de influencia de Medellín.
B) La
apertura en 1957, también en Medellín, de la Escuela Interamericana de Bibliotecología,
con el apoyo de la OEA. Por primera vez la formación de los bibliotecarios colombianos se
hacía dentro de parámetros internacionales - la parte fundamental del curriculum
incorporaba sobre todo la experiencia del los sistemas de bibliotecas públicas de los
Estados Unidos- y en una ciudad donde era posible ver en funcionamiento al menos una
biblioteca pública realmente aceptable: la Piloto.
[8]
Estas dos instituciones, a pesar de que su vínculo formal fue tenue, fueron claves en el
desarrollo inicial de un sistema público más eficiente en Antioquia que en el resto del
país.
C) La
inauguración de la Biblioteca Luis Ángel Arango en 1958. Creada por el Banco de la
República, no fue concebida como una biblioteca pública, aunque desde el comienzo
asumió esta función. Su moderno edificio, por ejemplo, respondía más a las exigencias
de una biblioteca patrimonial, con grandes depósitos subterráneos, y su colección ha
incluido siempre un núcleo patrimonial substancial, así como colecciones especializadas
para investigadores. Sin embargo dos factores la consolidaron rápidamente como la
biblioteca pública más importante del país. En primer lugar la existencia de una
colección balanceada, de interés general, en crecimiento continuo y ordenado, que
contaba con unos 70.000 ejemplares en el momento de la apertura, 250.000 para 1989 y
800.000 en 2000. En segundo lugar, criterios de servicio orientadas a satisfacer las
necesidades de usuarios de sectores muy amplios -horarios extensos, ausencia de
limitaciones de acceso, materiales especiales sonoros y visuales, modernización
tecnológica. A finales de la década del setenta y comienzos de los ochenta, el Banco de
la República amplio su red de bibliotecas públicas, con 10 nuevas en diferentes ciudades
del país, a las que se añadió otra en 1998 y se añadirán seis más en 2001. Estas
sedes, situadas casi todas en las capitales de departamento, fueron concebidas con mayor
claridad como bibliotecas públicas, tanto en términos del diseño de su colección (que
reduce el material patrimonial al relativo a la conformación de la cultura local o
regional), como de su estrategia de servicios (estantería abierta, programas de
promoción de lectura, actividades culturales con niños y adultos). Buena parte de su
personal técnico provenía, como era lógico, de las nuevas escuelas de bibliotecología,
sobre todo de Medellín.
A estos tres elementos fundadores se han sumado en las
últimos décadas otros procesos notables. El primero resulta en cierto modo inesperado, y
es el desarrollo de una red de bibliotecas públicas por parte de un sistema privado de
apoyo a las familias, las Cajas de Compensación Familiar. Aunque la primera biblioteca de
esta red fue creada en 1974, por Comfama en Medellín, y otras siguieron su ejemplo, el
crecimiento se aceleró a partir de 1993, cuando fue creada la Red de Bibliotecas de Cajas
de Compensación Familiar. En 2000 son ya 136 bibliotecas, distribuidas en casi todos los
departamentos del país, con rasgos de identidad bastante claros: se trata de bibliotecas
con énfasis en el servicio a los niños y a las familias, con exigentes niveles de
atención al usuario, buenas instalaciones, personal de nivel profesional, un flujo de
recursos continuos que permiten el desarrollo de colecciones balanceadas y bien escogidas,
con estanterías abiertas, préstamo a domicilio, y un interés muy grande en los
servicios de información a la comunidad.
[9]
En segundo
lugar, se han realizado varios esfuerzos por estructurar un sistema de bibliotecas
públicas, orientado por el gobierno nacional. Más que una red de bibliotecas que
compartan servicios y recursos, se ha tratado de un sistema abierto en el que las
entidades gubernamentales ofrecen algunos servicios de apoyo a las bibliotecas afiliadas:
capacitación, distribución ocasional de libros y publicaciones, realización de
encuentros y conferencias y desarrollo de niveles elementales de normalización. El
núcleo inicial de esta red estuvo conformado por bibliotecas administradas por el
gobierno nacional, las cuales fueron trasladadas en 1969 al Instituto Colombiano de
Cultura, creado el año anterior. A partir de los setenta, buena parte del esfuerzo
central se ha consolidado en una serie de instituciones con siglas y objetivos muy
visibles pero muy poca eficacia y muy poca continuidad real.
[10]
En 1973 se creó el SIN (sistema
nacional de información), al cual se le anexo en 1976 el Sistema Nacional de Bibliotecas,
compuesto teóricamente por todas las bibliotecas públicas del país, que se calculaban
entonces en un poco más de 200. Esto se convirtió, en 1978, en la Red Nacional de
Bibliotecas Públicas, orientada inicialmente por Colcultura y desde 1998 por el
Ministerio de Cultura.
[11]
Los objetivos
oficiales han sido muy ambiciosos: si uno cree en las declaraciones de futuro usuales,
incorporadas en diversos planes y programas, para finales de la década del ochenta el
país tendría 200 municipios con bibliotecas de más de 10.000 ejemplares, y en 1989 el
Plan Nacional de Bibliotecas elaborado por Colcultura prometía un notable incremento de
recursos e instalaciones durante la década.
[12]
En tercer lugar, el desarrollo de nuevas tecnologías ha
modificado bastante el contexto y las herramientas de acción de las bibliotecas
públicas. La sistematización avanzó con mucha lentitud: en 1990 la Biblioteca Luis
Ángel Arango puso en funcionamiento su catálogo en red y a mediados de la década
entraron en funcionamiento los catálogos electrónicos de las cajas de compensación,
pero para la mayoría de las bibliotecas regionales mayores (incluyendo la Biblioteca
Piloto y la Biblioteca Nacional) la fecha del paso de ficheros manuales a ficheros en
computador está entre 1999 y 2001, y no hubo una estrategia común por parte de las
bibliotecas públicas (ni tampoco de las universitarias, que desde los ochenta ensayaron
diversos sistemas sin mucho resultado): fueron los proveedores de programas de
catalogación los que tomaron la iniciativa. La sensación de atraso e ineficacia
producida por los ficheros manuales llevó a algunas administraciones regionales a definir
programas ambiciosos de mejoramiento de sus bibliotecas, con edificaciones ambiciosas y
bien diseñadas pero casi siempre sin una política seria de desarrollo de colecciones:
entre 1995 y 2001 se construyeron nuevas bibliotecas municipales como la de Villavicencio,
o departamentales como las del Atlántico, Norte de Santander, Cesar y Valle del Cauca. En
mucho municipio se crearon o redenominaron las bibliotecas locales, usualmente asociadas a
las Casa de Cultura, de manera que el número de bibliotecas que al menos hacen parte
nominal de la red subió a 1983: 436 (en 341 municipios) en 1983 y a 780 (en 537
municipios) en 1985 y a 1040 en 1999
[13]
: buena
parte del incremento debe tener su origen simplemente en que ha mejorado la recopilación
de información, aunque sin duda se han creado algunas bibliotecas en estos años.
3. La situación actual.
La evolución que se ha esbozado en las páginas
anteriores ha configurado un sistema real de bibliotecas públicas cuyos componentes
centrales son los siguientes:
A) Las cajas de compensación familiar, que conforman hoy
la mayor red de bibliotecas publicas del país. Sus colecciones reúnen unos 800.000
volúmenes, consultados por aproximadamente 8 millones de usuarios anuales. La red calcula
que el 80% de sus usuarios son niños en edad escolar. Los desarrollos más grandes se dan
en Medellín (Comfama y Comfenalco) y Bogotá (Colsubsidio), pero hay bibliotecas grandes
en sitios como Barranquilla, Cali y Palmira. Aunque la colección típica tiene unos 5000
ejemplares, en las grandes ciudades existen sedes centrales con acervos de 20 a 45000
ejemplares. Prestan por encima de 1.200.000 ejemplares al año. Tiene una infraestructura
informática avanzada.
[14]
1.
La red del Banco de la
República, cuyas 19 bibliotecas tienen aproximadamente 1.300.000 volúmenes. Las
bibliotecas típicas tienen alrededor de 10.000 ejemplares, mientras que hay tres que
están entre 30 y 50.000 ejemplares, y la de Bogotá, que reúne además colecciones
patrimoniales, tiene cerca de un millón. Las 12 bibliotecas que estaban abiertas en 2000
recibieron 6 millones de usuarios. Aproximadamente un 25-30% de los usuarios son
estudiantes de escuelas y colegios, mientras que casi el 50-60% son universitarios. Las
colecciones reflejan esto, con un énfasis mayor en materiales científicos, colecciones
de literatura, historia y ciencias sociales muy amplias.. Prestan un poco menos de un
millón de ejemplares al año. Todas las bibliotecas están en red, con un catálogo
unificado, y prestan servicios de orden nacional, como el préstamo. Tiene una biblioteca
virtual con unas 50.000 páginas de información textual o gráfica.
2.
La red de la Biblioteca
Piloto de Medellín. Con unos 150.000 ejemplares, atiende aproximadamente 1.9 millones de
lectores por año. Presta 200.000 ejemplares por año. Su modernización tecnológica
está en proceso.
3.
Las bibliotecas públicas
departamentales y de los grandes municipios. Usualmente se trata de bibliotecas de
15-30.000 ejemplares, algunas con una larga tradición histórica, sujetas a muchos
vaivenes políticos, con pocos recursos para adquisición de materiales y servicios
generalmente limitados y pobres. Sin embargo, algunas han logrado mantener alguna continuo
y niveles de servicio aceptables. Se destacan las de Barranquilla (1 Dep y 1 Priv.), Cali
(Dep), Itagui (Priv.), Bucaramanga (Dep), Cucuta (Dep.), Pereira (mun) Barrancabermeja
(Mun.) y Villavicencio (mun). La biblioteca de la Aduana de Barranquilla es una activa
biblioteca privada apoyada por el gobierno, y la de Itagüí, creada por un donante, es
una de las más grandes bibliotecas públicas del país.
4.
Red de Bibliotecas
Distritales, Biblored. Aunque en proceso de montaje, vale la pena señalar por separado la
red del distrito de Bogotá, Bibliored, conformada por 7 bibliotecas intermedias, con unos
50.000 volúmenes en total que atienden un millón de usuarios por año, 13 bibliotecas
descentralizadas y 3 megabibliotecas en proceso de apertura.
[15]
Estas bibliotecas tendrán cada una
alrededor de 700 puestos de lectura, capacidad para atender unos 3000 usuarios diarios,
unos 100 computadores para consulta de catalogo y conexión a Internet, e inicialmente
unos 25.000 títulos, que deberán crecer rápidamente a 50.000. En unos dos años la red
deberá tener unos 300000 ejemplares y atender unos tres millones de usuarios. Hacen parte
de la Secretaría de Educación de Bogotá, pero han sido concebidas como bibliotecas
públicas: no tendrán textos escolares, están abiertas en horarios amplios, prestarán
sus materiales a todos, tienen colecciones de interés general, ofrecerán servicios de
materiales sonoros y visuales, información para la comunidad, etc. El proyecto
pedagógico que las justifica subraya ante todo la importancia de impulsar la lectura
libre, recreativa y de disfrute estético, entre los jóvenes de los sistemas escolares,
así como entre toda la comunidad, reforzar la formación ciudadana de escolares y
habitantes de la ciudad y permitir la formación continua de la población.
Cifras Aproximadas Básicas de las Bibliotecas Públicas
Colombianas(Proyecciones 2001)
[16]
|
|
|
Bibliotecas
|
|
Volúmenes
|
|
Lectores
|
|
Prestamos
|
|
Cajas de Compensación
|
|
139
|
|
800.000
|
|
8.000.000
|
|
1.500.000
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Banco de la República
|
|
13
|
|
1.300.000
|
|
6.000.000
|
|
1.000.000
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
BPP
|
|
5
|
|
150.000
|
|
1.900.000
|
|
200.000
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Biblored
|
|
29
|
|
150.000
|
|
2.000.000
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Bibliotecas Medianas
|
|
10
|
|
200.000
|
|
500.000
|
|
200.000
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Otras
|
|
900
|
|
1.500.000
|
|
2.500.000
|
|
600.000
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Total
|
|
1096
|
|
4.100.000
|
|
21.000.000
|
|
3.500.000
|
Según estas cifras, muy imprecisas, en
Colombia habría 1 libro por cada 10 habitantes en el sector de bibliotecas públicas
[17]
, se prestaría un libro por cada
10 habitantes y habría una visita a biblioteca por cada dos habitantes: los estándares
internacionales son hoy al menos de 2 libros, 4 visitas y 3 prestamos por habitante. El
número de bibliotecas públicas de más de 10.000 ejemplares es de unas 30, situadas en
Bogotá (3), Medellín (3), Barranquilla (2), Manizales (2), Pereira (2), Bucaramanga,
Chiquinquirá. Tunja, Neiva, Cali , Barrancabermeja, Cúcuta, Pasto, Ibagué, Cartagena,
Villavicencio, Girardot, Envigado, Armenia, Ipiales. Palmira, Itagüí, Cartago.
4. Bibliotecas Estatales o Bibliotecas
Privadas?
Aunque tradicionalmente la literatura sobre bibliotecas
públicas ha insistido en que las bibliotecas públicas deben ser el resultado de una
política pública, la situación colombiana se ha desviado de esta tendencia. La mayor
financiación para el sistema de bibliotecas públicas de Colombia proviene del Banco de
la República, entidad estatal pero independiente del gobierno, y de las Cajas de
Compensación Familiar. Los municipios y departamentos, a pesar de que han recibido sumas
muy elevadas de recursos de transferencias del gobierno central para gasto cultural, han
dejado de lado la atención a las bibliotecas, con la única excepción significativa de
Bogotá. La situación fiscal hace muy improbable que esta situación cambia en la
próximo lustro. Aunque en algunos municipios existen posibilidades de destinar recursos
adicionales a bibliotecas, la voluntad política para hacerlo es limitada, y únicamente
cuando se ve la biblioteca como un complemento necesario dentro de una estrategia de
mejoramiento de la calidad de la educación es posible lograr un apoyo efectivo de las
autoridades municipales.
7 .
Bibliotecas públicas o bibliotecas
escolares.
Durante muchos años se ha desarrollado un reiterado
debate sobre el problema de la prestación de servicios a escolares. Existe un consenso
básico en la conveniencia de que los servicios de las bibliotecas públicas no incluyan
el manejo de textos escolares y en la inconveniencia de los tipos de actividad académica
fijados por los profesores para desarrollar en las bibliotecas, que convierten a estas en
sitios para hacer tareas elementales y usualmente inútiles o absurdas. Sin embargo, hay
un amplio desacuerdo acerca de lo que deba hacerse para promover el uso de las bibliotecas
públicas, sobre la conveniencia de que el público sea esencialmente de estudiantes y
sobre la responsabilidad de escuela y biblioteca en las formas de utilización actual de
los servicios bibliográficos. Buena parte de la discusión se ha mantenido en un nivel
teórico, reiterando las definiciones internacionales, sin que ilumine las decisiones
posibles de las bibliotecas y de las estrategias razonables para promover una lectura más
creativa por parte de los jóvenes escolares. Sobre esto, sin poder desarrollar aquí una
adecuada justificación, quiero defender dos puntos de vista no muy compartidos:
1.
El público de la
biblioteca pública está conformado ante todo por estudiantes, tanto de los niveles
básicos como universitarios, y está bien que así sea. En una sociedad que como la
colombiana apenas se encuentra en una fase temprana del paso de una cultura audiovisual a
una cultura del texto, la escuela es el principal espacio para esta transformación, Allí
se desarrolla la capacidad de lectura compleja y alrededor de la actividad escolar se
genera la visita a la biblioteca y se dominan las estrategias para su uso. Al mismo
tiempo, es importante buscar que la escuela abandone la escolarización de la lectura
literaria, admita la importancia para la formación del estudiante de la lectura libre, en
humanidades y ciencia, y de la lectura recreativa. Esto quiere decir que hay que
desestimar las tareas e "investigaciones" que buscan que el estudiante obtenga
información en la biblioteca pública: allí debe encontrar es un ambiente de lectura
creativa y recreativa, y un conjunto de lecturas académicas que complemente, según su
propia iniciativa, su proceso de formación.
2.
La adscripción de los
sistemas de bibliotecas públicas a las secretarias de educación es conveniente en las
grandes ciudades, donde son las únicas entidades con la capacidad, los recursos y el
interés de desarrollar sistemas avanzados de servicio de bibliotecas públicas. El
ejemplo de Bogotá puede ser un modelo digno de imitación en otras zonas del país.
8. Bibliotecas públicas y nuevas
tecnologías
El desarrollo de Internet, en especial, está cambiando el
contexto de acción de las bibliotecas públicas. Buena parte del material informativo que
en otras países es parte central de la biblioteca pública (aunque en Colombia se ha
desarrollado poco), a saber la información cívica y la orientación en las gestiones
individuales (relaciones con el estado, procedimientos burocráticos, normas y reglamentos
legales, oportunidades de formación y empleo, servicios de las entidades públicas)
estará pronto disponible en la red, y la función de la biblioteca deberá ajustarse
teniendo en cuenta estos cambios. Del mismo, modo, buena parte de la información concreta
que complementa el proceso escolar (biografías de personajes históricos y culturales,
cronologías, listas científicas y artísticas, datos sobre obras, autores, regiones,
localidades, ambientes ecológicos, normas legales) estarán también en las bibliotecas
virtuales de la red. El profesor que pide una tarea factual tradicional descubrirá pronto
que los estudiantes la pueden bajar sin ir a la biblioteca, y el reflejo de pedir que
venga fotocopiada y no "bajada" de la red, por absurdo que parezca, ya se está
dando. Pero el efecto de esto es hacer imposibles o redundantes las tareas de
información. Así como el libro hizo innecesaria la mnemotecnia (como temía Platón: que
destruiría la memoria), la red hace superfluas las tareas de búsqueda de información
simple. Por supuesto, la biblioteca deberá seguir ofreciendo algún apoyo en esta
dirección, una referencia básica para la búsqueda de información en Internet, y
algunos servicios de acceso. Pero ya no es su función acumular una información que otros
coleccionaran más eficientemente en los servidores de otra clase de instituciones.
Si esto es
así, la función de la biblioteca se deberá concentrar en ofrecer a los usuarios la
oportunidad de lectura tranquila y creativa de la literatura, la filosofía, las obras
fundamentales de las ciencias sociales y naturales, La biblioteca será ante todo un
centro de lectura, recreativa en buena parte, en buena parte estética, y en buena parte
orientada al desarrollo personal. Menos informativa, porque la información será fácil
de localizar en la red, menos escolar, porque los maestros no serán capaz de inventar
tareas razonables, la biblioteca podrá servir, en una sociedad en la que los demás
medios, y la misma escuela, tienden a general una cultura homogénea y monótona, de
instrumento de liberación e independencia personal, de instrumento de creación y de
cultura.
[4]
Trascrito
en Garcia, Las bibliotecas municipales
de Villavicencio 1910-1997 : iniciativas, esfuerzos y realizaciones. Villavicencio :
Corporacion Cultural Municipal de Villavicencio, 1996. Descripcion: 48 p. : il. ; 21 cm.
p. 35
[8]
Sin
embargo, la especial sensibilidad de Medellín por las bibliotecas ya había llevado a la
apertura, en 1946, de una carrera corta de bibliotecología en el Colegio Mayor de
Antioquia, que formó más de un centenar de bibliotecologas. Krzys, Richard Andrew, 1934- A history of education for
librarianship in Colombia Metuchen (New Jersey) : The Scarecrow Press, 1969.
[9]
Glroia
María Rodriguez, La biblioteca pública : Una propuesta para Trabajar por la Equidad, (64
Conferencia Internacional de Ifla, 1998,
www.ifla.org/IV/ifla64/093-105s.htm)
,
describe los rasgos fundamentales de estas bibliotecas, en especial las de Confenalco
. Ver también Rodriguez Santamaria,
Gloria Maria The promotion of the public library with special reference to Colombia Wales
: College of librarianship Wales, University of Wales,1988
[12]
Instituto Colombiano de Cultura
Lineamientos para un plan nacional de cultura : Plan tematico de bibliotecas publicas 1989
<Bogota : Colcultura, 1990.>: 49 p. ; 28 cm.
Seminario
Nacional de Bibliotecas Publicas (1985 : Bogota) Hacia una organizacion de las bibliotecas
publicas de Colombia : documento de base Bogota : Banco de la Republica-Biblioteca Luis
Angel Arango, Colcultura, 1985. Descripcion: 32, <15> h. ; 27 cm.
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