Las bibliotecas públicas colombianas: dónde estamos y para donde ir.
Fecha de publicación: 2010-09

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Las bibliotecas públicas colombianas: dónde estamos y para donde ir.

En los ocho años del Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas.

Un preámbulo histórico

Voy a comenzar esta conferencia haciendo un breve recuento de los orígenes del Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas, cuyos 8 años de existencia se cumplirán en unos dos meses. Aunque algunos de Ustedes han seguido el plan desde sus comienzos, la mayoría han participado en su desarrollo en años posteriores, dado el carácter gradual de desarrollo del plan. Quizás debo excusarme por el tono regañón que adopto en algunas partes de la conferencia, pero creo que es más importante señalar las dificultades y deficiencias que limitarnos a hablar de los éxitos y maravillas del Plan, que Ustedes conocen, que yo reconozco y de los que estoy orgulloso y satisfecho, y que otros se encargarán de destacar.

En 2002 el gobierno colombiano decidió poner en marcha un plan nacional de lectura y bibliotecas. Aunque nunca se había intentado un plan nacional de la coherencia y ambición del que se puso en práctica en 1932-38, bajo la orientación de la Biblioteca Nacional y de Daniel Ortega Samper, en la década de 1990 los hubo avances notables.

En efecto, entre 1990 y 2002 fueron varios los proyectos de biblioteca que tuvieron un nuevo impulso. La red de bibliotecas del Banco de la República abrió nuevas sucursales en varias ciudades, mejoró sus colecciones y servicios, convirtió todas las sucursales en bibliotecas de estantería abierta, estableció un sistema de préstamo nacional y comenzó en 1996 la digitalización del patrimonio bibliográfico nacional. En esos años se desarrolló el sistema de bibliotecas de las Cajas de Compensación, y se construyeron o remodelaron bibliotecas ambiciosas en Cali, Valledupar, Villavicencio. El proyecto más coherente y exitoso fue sin duda el montaje de Biblored en Bogotá, que dejó a esta ciudad con un servicio de biblioteca pública mejor al de cualquier otra capital iberoamericana. En Bogotá, el número de usuarios de bibliotecas públicas pasó de unos tres millones en 1990 a cinco en 1998 y a unos doce millones en 2002. En Cali, Sincelejo, Florencia y otros sitios el impacto de las nuevas bibliotecas fue igualmente fuerte. En Ibagué, la transformación de la biblioteca Darío Echandía de una biblioteca cerrada en biblioteca abierta, con acceso libre a las publicaciones, multiplicó por tres el número de usuarios.

La experiencia de los noventa, aunque concentrada en algunas ciudades, mostraba algo claro: donde se abrían bibliotecas con colecciones apropiadas, abiertas y con buenos servicios el público las llenaba en forma inmediata, sin que hiciera falta hacer campañas de lectura o de promoción. Esto mostraba que la demanda por libros era muy grande y no encontraba respuesta en las bibliotecas públicas, lo que reflejaba probablemente el impacto de la alfabetización de la población y del aumento dramático del número de estudiantes dentro de la población del país, sin que los colegios y escuelas públicas hubieran puesto en funcionamiento bibliotecas adecuadas.

Esta experiencia justificó la propuesta del Plan Nacional que hizo la Biblioteca Luis Ángel Arango a comienzos de 2002 y que se mandó a todos los candidatos presidenciales (1). El presidente Álvaro Uribe incorporó desde la campaña las bibliotecas a su programa de 100 puntos, en el que se decía que en el país había 326 municipios sin biblioteca (2). Ya elegido, el presidente confirmó su disposición para ejecutar el plan, más o menos en la forma en que había sido planteado por la Luis Ángel Arango, y encargó al Ministerio de Cultura de su ejecución. Desde antes de la posesión de María Consuelo Araújo en este cargo se hicieron varias reuniones sobre el tema, y en agosto el Ministerio encargó a una comisión, en la que participaron entre otros Lina Espitaleta, recién nombrada directora de la Biblioteca Nacional, Enrique Marusi, funcionario de Planeación Nacional a quien se encargo la redacción del documento básico del plan y Darío Jaramillo y Jorge Orlando Melo, del Banco de la República. De estas reuniones, y del aporte de algunos consultores externos, como Gloria Palomino, de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, surgió el documento Conpes 3222 de abril de 2003, en el cual se consignan los principios centrales del plan (3).

Un plan coherente

El plan elaborado tuvo varios rasgos que en mi opinión explican su éxito y la facilidad y coherencia con que fue aplicado. Sus principios básicos fueron:

1. Concentrarse en la dotación de las bibliotecas, más que en la infraestructura. En los programas más recientes para crear bibliotecas en algunos municipios, como en “La casa grande” del Ministerio de Cultura, que había llevado a la construcción de varias casas de cultura en Cartagena, Chaparral o el Amazonas, el énfasis había estado en la construcción de infraestructuras de importancia arquitectónica, costosas y que consumían todos los recursos disponibles en un puñado de municipios.

2. La idea era que se podía dotar de bibliotecas de calidad, en tres o cuatro años, a todos los municipios del país donde no existieran, sin una inversión muy alta, si el esfuerzo se concentraba en el desarrollo de colecciones básicas adecuadas, que no sólo incluyeran libros, sino cine y música. En cierto modo, el modelo francés de la mediateca estaba presente, aunque sin adoptar este nombre innecesario.

3. Aunque todavía los recursos culturales de lectura en español en la red eran precarios, ya existían muestras en el país, como la Biblioteca Virtual del Banco de la República, que mostraban la importancia de los materiales digitales y de su acceso por Internet. Por lo tanto, el plan consideró fundamental dotar de computadores todas las bibliotecas, con lectores de multimedia y con la posibilidad de conexión a la red.

4. La experiencia reciente mostraba la importancia de tener bibliotecas abiertas y que pensaran realmente en los lectores, y no ser preocuparan tanto en cuidar los libros y evitar que se perdieran y dañaran. Por eso, en el proyecto se señaló la necesidad de que todas estas bibliotecas fueran de estantería abierta y que funcionaran en jornadas apropiadas, en especial para permitir a los estudiantes usarlas fuera de las horas de la jornada escolar, y en particular, que estuvieran abiertas durante el fin de semana. Además, se planteó que debían prestar libros para llevar leer fuera de la biblioteca. Finalmente, se acordó que no debían incluir libros escolares, para evitar convertirlas en lugares para hacer tareas de rutina.

5. Definir las colecciones en forma centralizada: dar inicialmente la misma colección, de aproximadamente 2.500 libros y unas 100 películas, fuera de música y material digital, a todo el país. Esto se hacía por razones de facilidad práctica, en la compra y el procesamiento de los materiales, y para garantizar una colección de calidad, usando la experiencia de las bibliotecas más exitosas. En enero de 2003 la Luis Ángel Arango elaboró el borrador de la lista básica, con base en la experiencia de sus sucursales y en los análisis de uso que había hecho para dotar las nuevas sucursales en los años anteriores. Esta lista incluía aproximadamente un 30% de material infantil y mucho material complementario seleccionado pensando en las necesidades de los estudiantes de primaria y secundaria. Al mismo tiempo se trató de atender las necesidades de otros lectores con obras de interés general, tanto de literatura o ensayo científico, histórico o político, como práctico: cocina, tareas domésticas, agricultura, mecánica, artesanías, etc. Las enciclopedias no se consideraron fundamentales: la primera lista básica aceptó incluir solamente una enciclopedia general en papel y una en formato digital: Encarta. Por su carácter general, dejaba para las actualizaciones posteriores, que se suponía se harían anualmente y ojalá con cargo a los presupuestos municipales, el desarrollo de énfasis regionales o locales, en los que se tuvieran en cuenta los rasgos económicos, culturales o étnicos de una región.  Esta lista fue revisada por la Biblioteca Nacional y se encargó a FONADE todo el proceso de compra.

6. Por razones presupuestales, las dotaciones para la primera etapa del Plan, dirigida en 2003 a 185 bibliotecas, fueron a cargo del Banco de la República. En los años siguientes la participación del Banco se redujo gradualmente y el gobierno nacional asumió la financiación básica del plan. FONADE hizo una gestión de una gran eficiencia, sobre todo en los primeros años. Posteriormente fue descuidando el esfuerzo de compra a proveedores pequeños y marginales, por el trabajo administrativo que implicaba, pero con un efecto dañino sobre la calidad y variedad de las colecciones, que cada vez correspondían más a la oferta de los grandes editores.

7. Para seleccionar los municipios, se exigió a los alcaldes de estos que asumieran ciertos compromisos, como disponer de un local adecuado, nombrar un bibliotecario y permitir su capacitación, y comprometerse a respaldar la biblioteca. 

8. Comprados los libros, los computadores, los televisores y equipos de DVD y VHS, necesarios para ver las películas, el procesamiento de los materiales (recepción, catalogación, forrado, empaque y distribución) fue asumido por Fundalectura. Es difícil imaginarse la complejidad del proceso, ejecutado en forma impecable e imaginativa. En unos pocos días llegaban centenares de proveedores a una bodega de Bogotá, donde eran sometidos a una especie de cadena de producción: se cortaban los forros apropiados para los 185 ejemplares de cada libro, se imprimían las etiquetas de clasificación de los libros y películas, se forraban y pegaban las etiquetas, y cuando había un número adecuado de volúmenes listos, se empacaban 40 o 50 títulos diferentes en 185 cajas iguales, en las que se incluía un listado de su contenido. Estas cajas se iban separando en 185 pilas, para conformar, cuando eran ya 40 o 50, la colección de cada una de las bibliotecas escogidas. Finalmente se preparaban los computadores, poniendo en ellos el sistema de biblioteca escogido (El SIABUC, que todos ustedes conocen) y cargando el fichero correspondiente a cada biblioteca. Aunque nunca lo vi, me gustaba imaginarme el día en que 185 camiones salían, cada uno con su carga, para 185 remotos municipios de Colombia.

9. El plan esperaba, aprovechando la dotación de computadores y la rápida expansión de las conexiones digitales, que todas las bibliotecas estuvieran pronto conectadas a Internet, e incluso que este fuera un servicio importante entre los que prestaban a los ciudadanos.

10. Desde el punto de vista de la coordinación, se confiaba en que el desarrollo del plan permitiría crear lo que hasta entonces era en gran parte un cascarón vacío: la red de bibliotecas públicas del Ministerio de Cultura. En realidad, el Ministerio prestaba servicios valiosos a las bibliotecas, sobre todo en el área de capacitación, pero realmente no existía algo que pudiera llamarse en forma adecuada una red de bibliotecas: no había comunicación entre ellas, no había servicios prestados en forma complementaria. La idea era fortalecer las bibliotecas departamentales, o las que pudieran hacer el papel de coordinadoras regionales, para que formaran realmente una red de servicios, con un esfuerzo de planeación del desarrollo regional, seguimiento del funcionamiento de las bibliotecas, evaluación de su operación, servicios conjuntos, préstamo interbibliotecario, apoyo en la programación cultural, etc.

11. Este proyecto modificaba la visión que había dominado en el Ministerio de Cultura hasta el 2002, pues quería poner en el primer plano la biblioteca y una biblioteca con calidad, en las colecciones, en el servicio, en el trabajo del bibliotecario, en la atención a los lectores. Antes, el Ministerio se había concentrado en el respaldo a las casas de cultura, muchas de ellas manejadas por entidades no gubernamentales o de comunidad, y en las que las bibliotecas, cuando las había, eran marginales. Un buen ejemplo de ese modelo fue el Centro Cultural de las Palmeras, construido con un gran costo por el Ministerio en Cartagena, que en sus varios miles de metros de construcción dejó menos de 100 metros para una biblioteca ínfima. Por razones prácticas y de costos, se seguía considerando que el modelo de casa de cultura era bueno, pero que debía basarse en dar prioridad a los servicios de biblioteca, que atraen miles de usuarios cada mes, poniendo como servicios complementarios los eventos culturales como recitales, conciertos y conferencias, que atienden a un público mucho más reducido y ocasional, y que generalmente requieren una financiación adicional y difícil de conseguir: muchas dotaciones relativamente generosas se mantenían casi toda la semana vacías, y producían gastos de mantenimiento, personal y vigilancia que los municipios no estaban dispuestos a asumir.

12. Teniendo en cuenta la experiencia colombiana, en la que las bibliotecas públicas más exitosas habían sido puestas en funcionamiento por entidades no gubernamentales (privadas, como las Cajas de Compensación, o estatales, como el Banco de la República), se mantenía abierta la posibilidad, y en muchos casos se consideraba recomendable, que las nuevas bibliotecas, donde fuera posible, las administraran entidades como las cajas de compensaciones u otras instituciones que pudieran responder por ellas. En ese momento, por otra parte, se consideraba la posibilidad de encargar a una entidad privada la operación de Biblored en Bogotá, como en efecto ocurrió. Lo que no se quería, y sin embargo ocurrió en bastantes casos, era que las dotaciones fueran entregadas a los colegios oficiales, pues la experiencia mostraba que, después de un tiempo en que estaban abiertas a la comunidad, terminaban convertidas de hecho en bibliotecas para uso exclusivo de los estudiantes del colegio.

Si se revisa el documento Conpes, se verá que este se mantuvo en un nivel recomendable de generalidad, sin precisar demasiados detalles, y que dejó por lo tanto un margen muy amplio de decisión al Ministerio de Cultura, lo que me parece adecuado. Por otra parte, incluyó algunos temas relacionados con la política de cultura que por su vaguedad no tuvieron desarrollos reales, o fueron fracasos relativos, como lo que tiene que ver con la política de apoyo a las librerías o a la producción de libros baratos, y no creo que valga la pena referirse a ellos hoy.

La fuerza del Plan.

Creo que la facilidad y eficacia con que se desarrollo el plan tiene que ver con varios factores, que enumeraré en forma relativamente inconexa:

  1. La claridad y firmeza con la cual fue aplicado por el Ministerio de Cultura, sobre todo en los primeros cuatro años. Me parece que entre 2002 y 2006 fue visto por la Ministra como el proyecto más importante entre los muchos del Ministerio. Esto daba a la Biblioteca Nacional una capacidad de operación y decisión que se ha reducido algo después. La política fue aplicada, en los aspectos básicos de formación de colecciones, compra y procesamiento, con una eficacia y un orden inesperados en el sector público.
  2. La facilidad con la cual los principales grupos de interés se unieron al Plan. Desde muy pronto el Ministerio logró que fundaciones como Asolectura o Fundalectura o entidades gremiales como ASCOLBI, se vincularan con entusiasmo al plan, y encontró los mecanismos para incorporar su experiencia y conocimiento en el desarrollo de éste, que logró así un respaldo generalizado, que facilito la gestión.
  3. El apoyo del Banco de la República, que dio recursos muy importantes (creo que financió cerca del 50% de las dotaciones de los primeros 4 años) y colaboró en forma muy decidida en la elaboración de las listas básicas, en su actualización y evaluación continua. Este trabajo, coordinado con la Biblioteca Nacional, fue muy exitoso: aunque se esperaba que hubiera muchas sugerencias divergentes y muchas críticas, y se puso la lista en la página web de la Biblioteca Luis Ángel Arango, para que todo el que tuviera alguna opinión sobre ella la manifestara, no hubo señales claras de descontento. Lo que es más sorprendente, los editores en general manifestaron su satisfacción con la lista, sin que sintieran que esta tenía sesgos o preferencias manifiestas. Esto llevó a que FONADE pudiera obtener unos niveles de descuento muy elevados, que permitieron comprar las colecciones a precios cercanos al 60% de su valor comercial (4).

Los éxitos y realizaciones del PLAN

El plan ha dotado 943 bibliotecas, 300 de ellas en los municipios donde no las había, y una buena cantidad en sitios donde eran más nominales que reales. El país tiene hoy al menos una biblioteca en todas las cabeceras municipales y en algunos corregimientos importantes. Ciento seis de estas bibliotecas tienen nuevos edificios, apoyados por el gobierno del Japón. Las historias de éxitos y entusiasmos en muchos sitios son extraordinarias y dan elementos suficientes para ver el programa como un éxito, pero en general la información general que se tiene sobre el funcionamiento real de las bibliotecas, los resultados y el impacto del plan es incompleta e insuficiente.

Las limitaciones y dificultades

  1. Falta de actualización de las colecciones. Al cumplirse la tercera fase del Plan (2005) el número de bibliotecas entregadas superaba las 500, más de las previstas, y esto se hizo siguiendo prioridades más o menos claras, aunque ocasionalmente desatendidas: se comenzó con los municipios sin biblioteca o con colecciones más pobres (muchos de los que decían que tenían biblioteca tenían de verdad un cuarto con unos cuantos textos viejos), buscando los que tuvieran una mayor población, y teniendo en cuenta el nivel de compromiso e interés local. Aunque todavía había un puñado de municipios sin biblioteca, eran municipios con cabeceras muy pequeñas (usualmente de menos de  mil habitantes) o donde no había mayor interés de las autoridades o la comunidad. Como, me supongo que por seguir las rutinas burocráticas de Planeación Nacional, el indicador principal de éxito del plan era abrir nuevas bibliotecas, se insistió en esto en un momento cuando debía haber pasado a segundo plano. En efecto, para entonces algunos de los objetivos iniciales estaban lejos de cumplirse. Habría sido más eficaz dar prioridad a reforzar las bibliotecas existentes, a actualizar sus colecciones, mejorar sus servicios, promover la lectura, apoyar los clubes y grupos de amigos, conectarlas a la red virtual, lograr que cumplieran con su obligaciones de dar información al sistema nacional  y buscar que los alcaldes tomaran en serio las bibliotecas, y sobre todo, mantuvieran a los bibliotecarios en sus cargos. Valía la pena también  retomar algunas ideas del plan original que no se habían considerado en la primera fase, como el apoyo a 8 o 10 bibliotecas departamentales, para complementar sus colecciones con dotaciones de 5 a 10.000 volúmenes, donde estas fueran relativamente muy pequeñas (Villavicencio, Armenia) o atrasadas (en casi todas partes).

La falta de actualización de las colecciones es quizás el problema principal en la aplicación del Plan. Inicialmente se pensó en que parte del compromiso de los municipios fuera actualizar anualmente, con unas decenas de títulos, las dotaciones. Para esto, el Banco de la República puso en su red la “lista básica” con prioridad dos, en la que se incluían los nuevos títulos o los que era razonable añadir a la colección inicial, si había recursos. Sin embargo, este compromiso nunca se formalizó y muy pocas administraciones locales siguieron comprando libros y las que lo hicieron probablemente nunca revisar las listas de recomendaciones y compraron enciclopedias y otros materiales igualmente inapropiados.  El Banco de la República elaboró también listas regionales para los principales departamentos, junto con listados de obras de importancia para las comunidades negras e indígenas, pero el esfuerzo resultó inútil, al menos en esos años, dada la ausencia de nuevas adquisiciones. De hecho, por supuesto, había algunos aportes ocasionales a las bibliotecas ya renovadas, sobre todo con base en los recursos de la ley del libro, que permiten a la Biblioteca Nacional comprar algunos títulos recién publicados, o a partir de donaciones de entidades públicas y privadas. Pero lo real era que en 2006 o 2007 las 185 bibliotecas que habían recibido con tanto entusiasmo sus libros en 2003 no tenían prácticamente nada publicado después de esa fecha, y las bibliotecas, hay que repetirlo, son como los restaurantes: si la comida es toda vieja nadie vuelve a ellos. Mi propuesta, repetida varias veces, pero nunca acogida, fue vincular esa actualización con el cumplimiento de algunas obligaciones básicas por parte de las bibliotecas (información, sobre todo), y en 2006 traté de convencer al Banco de la República que destinara su aporte, que era de cerca de 2.000 millones de pesos, solamente a la actualización de colecciones. Calculaba que con estas sumas se podían comprar unos 50.000-60.000 volúmenes anuales, para entregarlos a las 300 o 400 bibliotecas que tuvieran la información al día y mostraran mejores indicadoras de resultados. 100 o 150 títulos anuales, bien escogidos, mantienen vivas y atractivas estas bibliotecas de 3.000 a 10.000 volúmenes (5).

El esfuerzo de seguir abriendo nuevas bibliotecas creó dificultades especiales para la selección de nuevos beneficiarios, y mi sensación es que los requisitos comenzaron a aflojarse, o a ser esencialmente formales, como la inclusión de las bibliotecas en los planes de desarrollo de los municipios, lo que se hacía sin que implicara un compromiso presupuestal. Por supuesto, hay sitios en los que todavía hoy es importante abrir nuevas bibliotecas, pero no debe hacerse sin tener criterios muy precisos y una definición clara de los tipos de biblioteca apropiados. Fonade apoyó la dotación de varias bibliotecas en corregimientos con población grande, de un tamaño algo menor que el de las municipales; en algunos casos, sin duda, habría sido lógico entregar la colección integral, pues hay algunos corregimientos más grandes que las cabeceras, a donde siempre fueron primero las colecciones, aunque no fueran el núcleo mayor de población. 

El segundo problema de fondo estuvo en la falta de compromiso de las administraciones municipales. El afán de entregar más y más bibliotecas probablemente producía en las autoridades locales la idea de que el interesado en entregarlas era al gobierno nacional, y que las iban a recibir de todas maneras, aunque no se comprometieran a mucho. Esta falta de compromiso tuvo un efecto muy negativo en la tendencia de algunos alcaldes de usar el cargo de bibliotecario como comodín político, cambiándolo con frecuencia para atender compromisos diferentes. Por supuesto, esto hacía que se perdieran muchos de los trabajos de capacitación de los bibliotecarios y que no se desarrollara la habilidad práctica de éstos, que depende, más que de sus estudios teóricos, de la experiencia: los buenos bibliotecarios se hacen en años, porque deben familiarizarse con sus colecciones (6), leer los textos fundamentales de la literatura, conocer al público, aprender a responder a sus necesidades, ensayar programas y ajustarlos a la realidad local, y esto no se aprende leyendo declaraciones de la UNESCO. La falta de continuidad de los bibliotecarios y de compromiso local probablemente tuvo mucho que ver con la rápida pérdida de energía de proyectos muy atractivos que comenzaron en 2003 y 2004, con el objeto de promover la formación de tertulias literarias y de otro estilo en la biblioteca, así como las sociedades de amigos que se crearon y que no se si sigan funcionando.

El tercer problema estuvo en las dificultades del sistema nacional para dar ayuda continua a los bibliotecarios y crear una red real de bibliotecas, que diera vida al “sistema nacional de bibliotecas” creado en las normas legales y reglamentarias pero que no existe aún en la realidad. Durante años se anunció en repetidas ocasiones que el problema de la coordinación regional, esencial para la constitución de la red, ya se iba a resolver, mediante el nombramiento de personas en distintas regiones o mediante el compromiso de funcionarios departamentales o de las bibliotecas departamentales. En esto pesaron algunos factores diversos. Por una parte, existe cierta resistencia a entregar la coordinación regional a entidades diferentes a la biblioteca departamental, al menos donde esta existe, y nunca se definió con claridad una política para los casos en los que esta biblioteca es poco activa (como en Medellín o Villavicencio, donde hay bibliotecas municipales con mucho mayor capacidad que la departamental) o donde no existe, como en Cartagena o Pasto. En algunos casos se aceptó tratar de que la coordinación regional fuera asumida por el Banco de la República, pero para que esto funcionaria realmente habría sido preciso un acuerdo mucho más específico para definir las tareas de las coordinaciones. En la práctica, estas entidades se limitaron a servir de espacio para encuentros y talleres y apoyar su organización, y ocasionalmente a funcionar como intermediarios para la entrega de materiales. Hoy, ocho años después, todavía seguimos recibiendo anuncios optimistas de que ya finalmente vamos a tener un mecanismo adecuado de coordinación y seguimiento. En algún momento se anunció que se nombrarían, con cargo al Ministerio de Cultura, funcionarios de apoyo para atender regiones, que agruparían varios departamentos. El mecanismo parece muy complicado y dudo que funcione en forma adecuada: estos funcionarios deben ser capaces de ofrecer a las bibliotecas de sus regiones los recursos (entrenamiento, capacitación, seguimiento, ayuda en formulación de planes, apoyo para el proceso de catalogación local, apoyo para crear mecanismos apropiados de adquisiciones y desarrollo de colecciones de interés local, con aporte de municipios, departamentos y entidades privadas, gestión para lograr información apropiada, etc. ) y no veo muy probable que tengan la capacidad de hacerlo. 

En todo caso, lo más lógico habría sido que la Biblioteca Nacional tuviera un grupo de personas dedicado a atender las necesidades de las bibliotecas locales, sobre todo en seis áreas: a) apoyando la catalogación de la colección anterior, b) respondiendo a todas sus inquietudes, problemas y necesidades, y sirviendo de intermediarios en relación a las solicitudes de títulos sugeridos o demandados por los bibliotecarios (7), c) preparando cartillas y guías operativas de trabajo para las principales actividades,  d) apoyando el envío de información estadística básica sobre el funcionamiento de las bibliotecas y organizando esta información, e)  organizando la página web y  f) contribuyendo a la capacitación y apoyando las otras dos necesidades básicas: la formación de colecciones y el manejo de la red.

Desde el punto de vista de la administración del plan me parece que esta ha sido la carencia más fuerte: personal suficiente. He visto durante estos años la dedicación y el trabajo infatigable de los encargados del Plan en la Biblioteca Nacional. Pero me parece que desde el comienzo era evidente que no iban a lograr mantener una comunicación adecuada con las bibliotecas ni cumplir ninguna de las tareas señaladas. Creo que la situación estructural del plan en el organigrama del Ministerio tiene algo de responsabilidad.

Aunque no hay soluciones mágicas, siempre creí que era preferible tener un Director del Plan diferente al director de la Biblioteca Nacional, porque esta biblioteca necesita un director de tiempo completo, sin los agobios de un plan tan ambicioso. Podía estar subordinado jerárquicamente, pero debía ser un funcionario dedicado exclusivamente al plan, reconocido por todo el sistema y con autonomía y capacidad de decisión, pero sobre todo, con un equipo de trabajo propio y adecuado.  En la situación actual, no importa la capacidad de quien coordine el plan, sus posibilidades de acción serán inevitablemente limitadas, incluso si se entiende bien, lo que no fue siempre el caso, con quien dirija la Biblioteca.

El entrenamiento de los bibliotecarios, que podemos enumerar como el cuarto problema del Plan, ha tenido puntos muy positivos, pero también algunas limitaciones, además de las ya mencionadas. Como las bibliotecas se recibían “llave en mano” podían abrirse sin una preparación muy amplia de los bibliotecarios. Esta fue primero muy general: las teorías más o menos inútiles o retóricas de las declaraciones internacionales sobre las funciones de biblioteca. Posteriormente, según me comentan los bibliotecarios, se hicieron más concretas y prácticas, aunque no cubren muchos de los temas esenciales para poder organizar realmente las bibliotecas. Por ejemplo, no capacitan en el uso integral de SIABUC, sobre todo para permitir completar el catálogo con los libros antiguos y usar el sistema para prestar libros y videos llevando el control en forma electrónica. Parte de estos problemas de capacitación se habrían resuelto haciendo buenas cartillas, prácticas y concretas, repartiéndolas a todas las bibliotecas públicas del país, hagan o no parte del Plan, y poniéndolas en la red. Aunque se habló mucho de esto entre 2002 y 2005, que yo sepa, no se han hecho todavía y por lo menos no las encuentro en la página web del plan (8).

Esto lleva al quinto problema, uno de los aspectos prácticos principales: la falta de un catálogo integral en aquellas bibliotecas que tenían colecciones de alguna calidad y recibieron las nuevas dotaciones. Muchas bibliotecas tenían colecciones recibidas en años anteriores. Aunque probablemente solo un puñado tiene todavía los cien libros de la Colección Infantil Araluce que se repartieron en los años treinta, desde la creación de Colcultura en 1968, el Ministerio de Educación y la Presidencia de la República, entre otras entidades, han dado libros a las bibliotecas públicas. Entre los casos principales están las colecciones colombianas publicadas por Colcultura entre 1968 y 1996, la gran dotación de libros españoles hecha en la presidencia de Belisario Betancur, y los libros enviados por la Presidencia de la República en el gobierno de César Gaviria. Otras conservan libros desde comienzos de siglo. Yo revisé algunas de estas colecciones antiguas: me sorprendió la riqueza de la de Buenaventura, por ejemplo, y en la de Villa de Leiva encontré tres o cuatro mil libros de literatura universal, bien escogidos, y catalogados con tarjetas (el gobierno mandaba a veces los libros con sus paquetes de fichas). Pero en muchos sitios los bibliotecarios, con una colección bonita y novedosa, ordenada y que puede localizarse por el computador, y una colección de libros viejos, sin catálogo o catalogada con otros criterios (por ejemplo novela y poesía están ordenados por el sistema Dewey en las colecciones viejas), prefirieron guardar esta última y me temo que en muchos sitios se haya simplemente botado, si los controles de inventario dejaron el espacio para hacerlo. En algunas la parte vieja está encerrada en un cuarto anexo, sin que nadie sepa que tiene. En otras se ha puesto al lado de la colección nueva, pero sin intercalarla, y sin que haya un catálogo usable de ella, lo que impide, en general, prestarla a los usuarios.

Para esto había una solución muy simple: catalogarla y poner el catálogo en la red, para que los bibliotecarios, debidamente entrenados, bajaran las ficha, las incorporaran al  SIABUC local, hicieran la modificación en el libro físico, e intercalaran los libros. Probablemente unos 10.000 registros habrían cubierto la casi totalidad de los libros existentes en las 50 o 100 bibliotecas con colecciones que vale la pena recuperar. Si esto lo hace la Biblioteca Nacional, el costo es razonable, sobre todo si se tiene en cuenta que todos esos libros están ya catalogados en la misma BN o sobre todo en la Luis Ángel Arango y se trata en esencia de copiar los registros. Pero podía hacerse en forma descentralizada. En la biblioteca de Chiquinquirá, la bibliotecaria sugirió que Confaboy, que tenía varias bibliotecas a su cargo,  podía catalogarlas todas en SIABUC si el Plan les regalaba los programas respectivos para todas sus bibliotecas. Al catalogarlas, probablemente habrían resultado todos los registros de las entregas oficiales de los últimos 40 años, dado el tamaño de algunas de las bibliotecas que administra. Poniendo estos registros en un catálogo central de referencia del Plan en SIABUC, publicado en la red, que simplemente añadiera las catalogaciones de los materiales comprados, todos los bibliotecarios del país podían bajar los registros respectivos a su propio SIABUC (9).  La propuesta se hizo, los funcionarios de Confaboy vinieron a Bogotá, y el Banco de la República  autorizó la compra de 25 licencias más de SIABUC para usarlos como incentivo para que bibliotecas con bibliotecarios titulados, como los hay en las que administran las cajas, hicieran la catalogación. Las licencias se compraron pero tengo entendido que no fueron entregadas a Confaboy o Cajasan (que ofreció hacer lo mismo) sino a bibliotecas departamentales, a las que sin duda también les hacían falta, pero entonces se habría podido exigir a las que lo recibieron que hicieran esta tarea (10).

La sexta gran limitación fue la falta de conexión a Internet y el lento avance en este aspecto. Al puro comienzo del Plan se planteó la posibilidad de que los dos o tres computadores que tenía Compartel en muchas cabeceras fueran trasladados, con sus empleados, donde fuera posible, a las bibliotecas, de manera que se ahorraran los costos de local, y prestaran servicios de red a los usuarios de estas. No conozco como se desarrollaron las complejas negociaciones entre el Ministerio de Cultura y el de Comunicaciones (que ahora se llama pomposamente de las nuevas tecnologías o algo así), aunque si estuve, años después, en una sesión del Consejo Nacional del Libro en la que los representantes de Compartel hicieron la propuesta de conectar las bibliotecas, pero a unos costos que eran, en muchos casos, superiores a los que cobraban los operadores privados en los mismos municipios. Se que la propuesta no tuvo mucha acogida inicial y todavía más de la mitad de las bibliotecas siguen sin conexión. En muchos municipios la alcaldía si está conectada, pero la biblioteca no, aunque cerca hay buenos cafés Internet, que podrían haber servido al menos para mantener relaciones estrechas con los bibliotecarios que no tuvieran conexión en su biblioteca o en alguna otra entidad del municipio, lo que habría servido para mandarles guías, formularios, recibir sus datos estadísticos, etc. Hoy, de todos modos, parece que ya algo se ha avanzado: según el reporte del plan,  hay 957 bibliotecas en él y más de 400 están conectadas a través de Compartel, que finalmente, supongo, aceptó hacerlo con algún acuerdo razonable para el plan.

La conexión, por otra parte, resultaba muy útil si el plan tenía una buena página web. Esta se montó dentro de la Biblioteca Nacional desde 2003, y en 2005 se abrió una página especial (Senderos, que ha desaparecido),  pero realmente todavía no se ha montado. Por un tiempo hubo una página que mostraba fotos de “las bibliotecas” del Plan, pero si uno miraba con cuidado, eran bibliotecas de los países anglosajones,: las fotos las tomaron los contratistas de bancos internacionales de imagen. Mi opinión es que se ha dado prioridad a lo que es secundario, que es el diseño, y no se ha organizado un sistema adecuado de creación de contenidos. Buenos recursos para los bibliotecarios, conferencias, guías, manuales, guías de materiales, libros, imágenes útiles en Internet, experiencias exitosas e imitables, imágenes de las bibliotecas, registro de los eventos, todos los documentos que produce el plan y datos estadísticos al día son algunas de las cosas que debe haber allí, sin que sea muy importante la imagen, que se puede arreglar después. Creo que ya se está en el tercer rediseño, pero los contenidos siguen siendo limitados, casi inexistentes. Un solo ejemplo está en que la mayoría de las consultas estadísticas producen el resultado “no hay resultados” y que hay tres ejemplos de “buenas prácticas”, los mismos que se seleccionaron por allá en 2004.

La octava preocupación tiene que ver con la relación entre las bibliotecas y el sistema escolar. Aunque la biblioteca debe hacer todo lo posible por atender a los usuarios adultos, y atraerlos a sus servicios, el hecho real es que su fuerza proviene sobre todo de los niños y los adolescentes. Y esto supone tener una relación muy activa con el sistema escolar. En el caso colombiano, se hizo un trabajo valioso de capacitación de maestros, para que conocieran las colecciones, se apoyaran en ellas y promovieran su uso. El material que se produjo para estos cursos es excelente, y es la única cartilla que conozco producida específicamente para el Plan (11). Supongo que este plan sigue en funcionamiento, pero no hay mucha información sobre trabajos comunes de las bibliotecas municipales y los maestros. Y como el hecho real es que las bibliotecas escolares siguen siendo la gran debilidad, en mi opinión, del sistema educativo colombiano, las bibliotecas públicas tienen una función esencial que llenar para ayudar a que la educación sea de calidad.

Para cerrar esta lista de problemas, la última es la debilidad de la información disponible sobre la marcha del plan. Hay, por supuesto, muchos datos, y el portal actual tiene, como lo tenía la Biblioteca Nacional desde 1998, una base de datos con todas las bibliotecas del país. Pero los datos que se necesitan para ver qué está pasando realmente no existen o son precarios o no son accesibles. Debería poderse ver en la web cuales bibliotecas están realmente abiertas, cuales fueron entregadas a instituciones educativas y tienen las limitaciones que esto crea, cuantos usuarios van cada mes a las biblioteca del plan, cuántos tienen carnet, cuántos libros tienen y cuantos prestan mensualmente. Desde cuando se discutió el sistema de información, en 2002 y 2003, hubo tensión entre quienes  queríamos un sistema con máximo una docena de indicadores centrados en resultados (puestos, libros, computadores, visitas de usuarios, carnet vigentes, préstamos, número de funcionarios, antigüedad y nivel del bibliotecario, número de libros adquiridos, presupuesto municipal, asistentes a actividades culturales) y la mentalidad de Planeación Nacional, que quiere muchos indicadores y muchas estadísticas, que por lo que entiendo, casi nadie llena.  No sé cual información se pide hoy, pero el hecho es que la información no se consigue y no se encuentran tablas agregadas y publicadas para los datos críticos. Algo se ha avanzado, pero todavía es difícil conseguir información apropiada para tomar decisiones, saber que es lo que está dando resultado y cuáles son los problemas vigentes.

¿Qué hacer hoy?

La presentación anterior no debe dar una impresión negativa. Hay problemas, insuficiencias, atribuibles a falta de recursos y tiempo, más que a falta de dedicación, voluntad y calidad de quienes han orientado y trabajado en el plan. Y esos problemas no pueden ocultar lo fundamental: que en estos ocho años se ha hecho un salto extraordinario en el sistema de bibliotecas públicas, que ha crecido masivamente la asistencia a ellas, que hoy le importan a mucho más gente que antes, que cuentan con bibliotecarios entusiastas, capaces y llenos de imaginación. Oyendo algunos casos, que ojalá pudieran estar en la red, uno descubre todos los aspectos maravillosos de lo hecho hasta ahora. La infraestructura, a pesar de que no estaba entre los objetivos centrales, ha mejorado substancialmente, sobre todo por el aporte de la cooperación japonesa (12).

De todos modos, vale la pena pensar cuales problemas de fondo van a tener que enfrentar las bibliotecas públicas en el futuro inmediato. No voy a extenderme sobre ellas, pues he sido ya demasiado largo, pero quiero enunciar unas ideas sencillas.

En primer lugar, hay que plantearse los problemas de fondo, ligados al cambio tecnológico y a las modificaciones en los hábitos culturales. Cada vez será más amplio el material disponible en Internet, y existe el riesgo de que los jóvenes abandonen masivamente el uso de las bibliotecas, para concentrarse en la información disponible en la red. Ya son muchos los jóvenes y adolescentes que hacen todos sus trabajos a partir de Internet, muchas veces mediante un uso primitivo del cortar y pegar. Sería útil saber que está pasando realmente, al menos en las ciudades intermedias, que nos anticipan lo que ocurrirá dentro de dos o tres años en los pequeños poblados. El hecho es que la brecha digital de la que tanto se habló se estrecha más rápidamente que todas las demás fuentes de desigualdad. Hoy ya todos los adultos colombianos tienen un celular, y hay mucho más personas con conexión a Internet en su casa que lectores de periódicos. En prácticamente todos los colegios urbanos del país hay conexión a Internet, aunque todavía no hay mucho computador.

A mí me parece indiferente en principio en que se lea, con tal de que se lea. Pero hay dos puntos que vale la pena considerar para sostener la utilidad, durante unos años, del computador y de Internet. El primero es simplemente temporal: no importa la velocidad con que crezca Internet, pasarán varios años, quizás una década, antes de que todos los niños tengan acceso real y libre a Internet en sus escuelas o sus casas, no unos equipos reservadas para uso en algunas clases y horarios limitados. Mientras tanto, todos tienen acceso a las bibliotecas, aunque solo un puñado vayan a ellas. Por exigencias de equidad, vale la pena sostener y  mejorar las bibliotecas públicas, como sistema complementario al sistema educativo, durante dos o tres décadas más.

El segundo tiene que ver con la calidad de los contenidos y los hábitos de uso de Internet. Lo que hay en Internet de calidad para los niños y adolescentes, en español, es todavía muy poco. Lo que hay buen para lectores académicos especializados es más, aunque buena parte de ese material es muy costoso, y puede hacerse más caro si las estrategias monopolistas de los proveedores de contenido, como Amazon/Kindle o Google, logran resultado, aunque esto no es fácil. Hay recursos muy malos, que tienden a convertirse en puntos de concentración de uso, por su carácter gratuito y porque parecen responder a las necesidades elementales de información de los estudiantes, como Wikipedia en español (13) Y dudo mucho que los niños y adolescentes “lean” mucho en Internet: buscan información, copian datos, pero la creación de un hábito de lectura en Internet me parece que va a ser un proceso culturalmente muy complejo y sus formas son difíciles de prever. Hoy, los lectores en Internet, es decir los que más allá de navegar superficialmente de enlace a enlace para buscar un dato se leen un texto literario complejo y extenso, un articulo analítico, un trabajo a fondo sobre algún tema científico, son muy pocos y casi siempre son lectores que adquirieron sus hábitos de lectura con el libro. Por eso, mientras el hábito de lectura no se forme en Internet, el sistema educativo tiene que insistir en el texto impreso y las bibliotecas van a seguir siendo muy importantes, sobre todo para las gentes inteligentes e intelectualmente ambiciosas de bajos recursos. Mantener buenas bibliotecas es un tema de equidad social, porque va a ser la ayuda fundamental para desarrollar bien la herramienta básica (o competencia, como se dice en la jerga de los educadores) en la cultura actual, que es la lectura.

En la interesante conferencia que oímos hace un rato, Jesús Martín insistió en la necesidad de que la biblioteca contribuya a desarrollar la capacidad y la necesidad de escribir, algo que el considera una condición necesaria para ser un buen lector. No soy tan radical en este punto, pues creo que, así como en la música es posible ser un buen aficionado y disfrutar la música sin ser capaz de tocar un instrumento, hay grandes lectores que no son capaces de escribir en forma creativa. Pero estoy de acuerdo en que es preciso mantener muy relacionada la lectura y la escritura y que las bibliotecas deben servir para impulsar a los lectores a se expresen, intenten crear textos literarios, se comuniquen buscando un lenguaje rico y complejo: son un sitio ideal para talleres de escritura, concursos, intercambios de textos, y sus páginas web deberían llenarse de textos locales.

De todos modos, puede que las bibliotecas comiencen a vaciarse. Entre 2000 y 2006 hubo un boom de las bibliotecas públicas, y donde se abría una con una colección decente se llenaba en forma inmediata, sin que hiciera falta nada para promover su uso. Si tuviéramos datos podríamos saber si hoy los usuarios de las bibliotecas en las ciudades en una ciudad determinada, grande o mediana o pequeña, son tantos como hace tres o cuatro años. Puede que todavía estemos aumentando los usuarios totales, porque más niños están yendo a las escuelas y porque estamos todavía abriendo bibliotecas nuevas, aunque es posible que ni siquiera esto sea cierto, y que ya se advierta en las bibliotecas municipales una disminución en los lectores. Estos días se abrió la extraordinaria biblioteca Julio Mario Santomingo, la  cuarta de las grandes bibliotecas distritales de Bogotá. Al ver sus espacios maravillosos, sus salas de lectura, no podía evitar cierta inquietud: ¿si se va a utilizar bastante, se va a llenar como se llenaron el Tunal o Tintal? Me parece que es la última gran biblioteca que se hará en el país, y que las bibliotecas que todavía hacen falta, en tantos barrios de las ciudades medias y grandes, es preferible hacerlas en forma más modesta, sabiendo que tienen una vida limitada e incierta.

En todo caso, las bibliotecas públicas tienen que pensar con claridad y sin romanticismo en la transición tecnológica que se está dando. Hay que usar internet, hacer buenas páginas web y guiar a los lectores para que encuentren buenos materiales de lectura, buenos recursos gráficos, buen cine, buena música. Hay que tener computadores de uso libre y conectados a Internet, para que los más pequeños se familiaricen con ellos y con la red, aprendan a dibujar y escribir en ellos y aprendan a buscar información, a encontrar lo que vale la pena, a evaluarla y descartar la basura.

Pero sobre todo, hay que hacer bien lo básico, lo fundamental: tener buenas colecciones, actualizadas, de libros y películas, y prestarlas sin muchas restricciones, Vale la pena usar las colecciones y recursos de toda la red para conformar una colección muy completa de cine, que pueda enviarse a cualquier biblioteca, para consulta para sus usuarios o, respetando las normas de derechos de autor, mantener una buena programación pública de cine. Libros, computadores y películas son todavía las herramientas que pueden permitir a las bibliotecas mantenerse unas décadas más como los sitios de encuentro de los niños y jóvenes que todavía están dispuestos a disfrutar con la lectura y el cine de calidad.

Jorge Orlando Melo

Junio de 2010.

Anexo:  Datos básicos de las bibliotecas públicas en 2002

NOTAS:

1.  Esta propuesta, en su versión de abril de 2002, puede verse en:
http://www.jorgeorlandomelo.com/elementos_para.htm.

2.  He oído decir que en una reunión con intelectuales y artistas, en la campaña, la directora de Fundalectura le señaló al candidato la gran cantidad de municipios colombianos que no tenían biblioteca, y que esto influyó decisivamente en la inclusión de este punto en el programa y en la respuesta del presidente electo a la idea de poner en práctica el plan de bibliotecas.

3. El documento puede consultarse en la página de Planeación Nacional: 
http://www.dnp.gov.co/PortalWeb/Portals/0/archivos/documentos/Subdireccion/Conpes/3222.pdf

4. Algunos de los participantes teníamos algunas reservas sobre los efectos negativos de este sistema, que tendía a excluir a los libreros y debilitaba la capacidad de los editores pequeños: la búsqueda de descuentos pudo influir en la renuencia creciente de FONADE a comprarle a editores que tenían apenas unos cuantos libros en la lista, lo que afectaba la calidad y variedad de las dotaciones. Sin embargo, en un momento en el que era clara la prioridad de dotar muchas bibliotecas, el mecanismo parecía temporalmente muy apropiado, y la esperanza era que las dotaciones posteriores, y sobre todo las compras locales,  abrieran el camino a los libreros.

5. Una queja que era al mismo tiempo alentadora y deprimente era la que contaban muchos de los que visitaban las bibliotecas: que había usuarios que se quejaban de que ya se “habían leído todo lo que les interesaba”.

6. Un ejemplo de la necesidad de saber que hay en las colecciones me lo dio la bibliotecaria que me contó, muy compungida, que había tenido que aguantarse el regaño de una lectora, una señora de edad que se llevó para ver en su casa una película que “debe ser muy linda y muy tierna, con ese nombre: La Vendedora de Rosas”, y volvió al otro día a increparla por tener una obra tan indecente en la biblioteca. Ese día me día cuenta que las colecciones de cine (no tenían indicaciones de restricciones razonables para los usuarios ni advertencias sobre contenidos violentos o de sexualidad. Una buena página web habría servido para atender esta necesidad.

7. Me gustaría  hacerle una pregunta a los asistentes: cuantos de ustedes han escrito a la Coordinación del Plan sugiriendo que les consigan algún libro que piden mucho sus usuarios? Veo que son muy pocos. Ahora, ¿Cuando recibieron alguna vez ese libro que pedían? ¿Ninguno?. Es lo que habría de esperar, dada la falta de personal para esta tarea.

8.. Un apoyo provisional habría sido publicar en la red las excelentes cartillas, guías, conferencias de apoyo y materiales visuales preexistentes Un ejemplo puede ser el “Maletín del Bibliotecario Promotor de Lectura”, producido por la Biblioteca Nacional a partir de 1994.  La primera versión aparece como Leer para leer: selección de lecturas para la estrategia de capacitación maletín del promotor de lectura , realizada por la división de bibliotecas públicas de la biblioteca Nacional de Colombia / Clemencia Montalvo Villegas, Margarita Munoz Cardona y Alicia Zambrano Plazas. Santa Fe de Bogotá : Colcultura, Cerlalc, 1995.  20 cm. Después aparecen versiones que incluyen  cinco folletos sobre promoción de lectura: Espacios en las bibliotecas pública, con textos Clemencia Montalvo V,  Bogotá: Biblioteca Nacional de Colombia, 1999. Manuales y guías  No, 8. Montalvo Clemencia._ A leer...Antes de leer..._ (Bogotá, Colcultura, 1994) Lectura y cotidianidad (Bogotá, colcultura, 1996),  Los niños, los jóvenes y la biblioteca pública y El sector rural y los servicios bibliotecarios públicos.  (Bogotá, Biblioteca Nacional de Colombia, 2001) (Publicado en 1998 por el Ministerio de Cultura como Servicios bibliotecarios públicos para el sector rural [videograbacion]. Este material, que no conozco, se repartía (y no está completo en la Biblioteca Luis Ángel Arango)  todavía ocasionalmente en el 2005 en formato físico, pero con la alta rotación de los bibliotecarios siempre hay muchos que no lo conocen. .

9. Este catalogo podría tener los registros de localización y servir como un catálogo integral colectivo para el PLAN, pero no estoy seguro de que sea muy útil.

10. Por supuesto, conociendo los celos técnicos de muchos bibliotecarios, es probable que alguien hubiera objetado la idea de recibir gratis 10000 registros procesados por bibliotecarios por fuera del sistema. El riesgo de incongruencias podía prevenirse fácilmente, instruyendo a los bibliotecarios que copiaran de una o dos bibliotecas aceptables, como la Luis Ángel Arango y la BN, y haciendo que alguien hiciera revisiones periódicas al avance del trabajo, para corregir los eventuales errores. Estos habrían sido más frecuentes en el caso de novela y poesía, por la necesidad de crear un código de clasificación alfabético. Pero mejor el catálogo con errores que nada, y hasta ahora lo que tenemos es nada, y ya los libros deben haber desaparecido en gran parte de las bibliotecas. Y habría sido útil es que las bibliotecas departamentales, si recibieron SIABUC, hubieran publicado sus catálogos en la red, algo que en SIABUC toma solo unos minutos.

11. Mil maneras de leer: guía práctica para navegar en la biblioteca / Textos y coordinación técnica de Carolina Torres y Lía de Roux, Bogotá: CERLALC: Ministerio de Educación Nacional, 2005. 

12. Y ha habido proyectos entusiastas que resultan un poco desproporcionados, como las tres grandes bibliotecas de Casanare.

13. En inglés su calidad es muy superior a la de la versión española, hecha en buena parte por gente con un nivel académico muy pobre. Puede verse el análisis que hice de esta enciclopedia en Jorge Orlando Melo, “Del papel a la pantalla: perspectivas paradójicas de Wikipedia”. http://www.razonpublica.com/index.php?option=com_content&task=view&id=211&Itemid=71 y en http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=242.

 

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