Herrera Restrepo, Bernardo

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Ficha Bibliográfica

Título: Herrera Restrepo, Bernardo

 Eclesiástico nacido en Bogotá, el 11 de septiembre de 1844, muerto en la misma ciudad, el 2 de enero de 1928. La iglesia, triunfante con la Regeneración, tuvo durante el largo pontificado de monseñor Bernardo Herrera Restrepo, de 1891 a 1928, uno de sus períodos de mayor influencia en la vida espiritual, política y social del país. Hijo de Bernardo Herrera Buendía y de María de Jesús Restrepo Montoya, estudió en el Liceo de la Infancia, el colegio de Ricardo Carrasquilla, y en el colegio de los jesuitas. En 1864 viajó a París e ingresó al Seminario de San Sulpicio. Monseñor Vicente Arbeláez, quien se hallaba en el exilio, lo conoció allí y quedó fuertemente impresionado por la personalidad del joven seminarista. Ordenado sacerdote en la iglesia de San Sulpicio por monseñor Luis Carlos Maret, obispo in partibus de Sura, el 22 de mayo de 1869, obtuvo, en la Universidad de la Sapientia de Roma, el título de teólogo, el 13 de abril del año siguiente. A1 regresar a Bogotá, el arzobispo Arbeláez lo nombró rector del Seminario Conciliar, recientemente restaurado, el 12 de diciembre de 1871. Gran extrañeza causó entre el clero la elección de este joven de 27 años para tan graves ministerios, habiendo tantos párrocos venerables llenos de méritos y experiencia; esto muestra el acertado criterio del arzobispo, quien supo ver en el presbítero Herrera al formidable guía y al gran reformador de esa institución. Monseñor Rafael María Carrasquilla cuenta: A1 ponerse al frente de su nuevo destino, dio inequívoca muestra de aquella amplitud de miras y de carácter que siempre lo distinguieron [...] refaccionó la capilla, se ampliaron los estrechos salones de estudio [... ] dio un nuevo plan de estudios, mejoró el gabinete de física, entonces el más completo de la ciudad, y aumentó la biblioteca. Monseñor Herrera Restrepo fue, además, director de la Congregación del Sagrado Corazón, racionero en 1883, y obispo de Medellín el 27 de; marzo de 1885, recibiendo de manos del arzobispo José Telésforo Paul la consagración episcopal, el 27 de diciembre. Preconizado arzobispo de Bogotá, recibió el Sagrado Palio por el delegado apostólico Antonio Sabatucci, obispo de Tebas, el 20 de septiembre de 1891. Fue nombrado asistente al Solio Pontificio, prelado doméstico de Su Santidad y conde romano en 1896.

Su acertada gestión como presidente del Concilio Plenario Latino Americano en Roma, en 1899, fue merecedora de elogios por parte de todos los cardenales. El 17 de noviembre de 1902 recibió el título honorífico de arzobispo Primado de Colombia. Ese año, recién concluida la guerra de los Mil Días, promovió el voto nacional al Sagrado Corazón de Jesús, cuya iglesia consagró el 24 de septiembre de 1916. Durante las problemáticas elecciones de 1898, monseñor Herrera Restrepo mostró su capacidad para mantener la dignidad del clero por encima de las luchas partidistas. En su pastoral de Corpus de 1897 dijo: En las circunstancias presentes, cuando las pasiones se enardecen, la misión de los prelados de la Iglesia no puede ser otra que la que el apóstol San Pedro señalase a su discípulo Timoteo: "Reprende, ruega, exhorta con toda paciencia" [...] conviene que quienes están encargados de causas sagradas se abstengan por completo de apasionamientos políticos, a fin de que no se vuelvan sospechosos los ministros de la Iglesia. Monseñor Herrera fue presidente de las Conferencias Episcopales de 1908, 1912, 1916, 1919, 1924 y 1927; del Congreso Eucarístico de 1913, del Mariano de 1919 y del de Misiones de 1924. Los gobiernos de la hegemonía conservadora, que habían tomado la bandera de la Iglesia católica como propia, y el innegable don de mando del arzobispo Herrera, lo fueron situando como árbitro de la política electoral del partido. Monseñor José Restrepo Posada, en La Iglesia en dos momentos difíciles de la historia patria, cuenta: El arzobispo de Bogotá sufrió una gravísima enfermedad hasta el punto de que se le administraron los últimos sacramentos, en septiembre de 1917. La naturaleza triunfó, pudo volver a sus labores, pero sin el valor y agilidad mental de antes; físicamente quedó casi imposibilitado para moverse y moralmente quedó con temor a afrontar las dificultades; y para disimular este complejo, y el de su timidez de siempre, acudió instintivamente a dos medios: un gran celo por su autoridad, de modo que no le gustaba oír las razones de la contraparte y los asuntos se resolvían como él quería, sin discusión, y en el caso de la política, un deseo de buscar apoyo en una entidad que resolviera los asuntos, librándolo a él de la responsabilidad. Así, en octubre de 1924, y ante el peligro de que las diferentes corrientes del conservatismo escogieran sus propios directorios, la mayoría conservadora del Congreso nombró uno; el arzobispo manifestó: Condeno y repruebo ahora, como lo he condenado y reprobado siempre, toda disidencia o corriente que tienda a menospreciar el principio de autoridad, representado en este caso sobre todo por el gobierno, y consiguientemente por el directorio que acaba de nombrar la mayoría conservadora del Congreso.

El arzobispo Herrera, que en tiempos de Miguel Antonio Caro había roto lanzas con el gobierno y con sus propios sufragáneos por defender la absoluta independencia de la autoridad eclesiástica, últimamente apoyaba su decisión en lo que le aconsejaba el directorio de un determinado partido. En la famosa conversación que el general Alfredo Vázquez Cobo cuenta en sus Memorias, se plasma el tono autoritario con el que el arzobispo Herrera manejaba sus asuntos: les notificaba a él y al doctor Miguel Abadía Méndez, que el candidato conservador a la Presidencia de 1926 sería este último, sin siquiera dignarse a recibirlos para impartir su decisión conminatoria. Esta actitud traería graves perjuicios a la colectividad conservadora y a su sucesor, monseñor Ismael Perdomo. Monseñor Herrera Restrepo, tercero de los arzobispos colombianos nacido en Bogotá, después de Hernando Arias de Ugarte y José Telésforo Paul, falleció el 2 de enero de 1928, y se encuentra sepultado en la Catedral Primada de Bogotá.

JUAN DAVID GIRALDO

Bibliografía

Botero Restrepo, Juan. Breve historia de la Iglesia colombiana. Medellín, Copiyepes, 1983. Primer Congreso Eucarístico Nacional. Bogotá, Escuela Tipográfica Salesiana, 1914. Restrepo Posada, José. Apuntes para la historia del Seminario Conciliar de Bogotá, 1840-1940. Bogotá, Editorial Centro, 1940. Restrepo Posada, José. Arquidiócesis de Bogotá. Biografías de sus prelados. Bogotá, Lumen Christi, 1961-1966, tomo III. Restrepo Posada, José. Genealogía episcopal de la jerarquía eclesiástica, 1513-1966. Bogotá, Lumen Christi, 1968. Restrepo Posada., José. La Iglesia en dos momentos difíciles de la historia patria. Bogotá, Kelly, 1971.

Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.

 

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