Lleras Acosta, Federico

Federico Lleras Acosta

Ficha Bibliográfica

Título: Lleras Acosta, Federico

Médico veterinario y bacteriólogo, investigador del bacilo de la lepra (1877 - Marsella, Francia, marzo 18 de 1938). Contaba Tomás Rueda Vargas que en 1901, cuando aún liberales y conservadores se enfrentaban en la guerra de los Mil Días, uno de sus caballos tuvo un accidente, y manda llamar al veterinario Claude Vericel. En su lugar llegó un joven de aspecto frágil y enfermizo que no hablaba de la guerra, como todos. Era Federico Lleras Acosta. Sus biógrafos lo describen como un hombre austero, dotado de las virtudes que se atribuyen a un científico: asceta, disciplinado, riguroso y polemista combativo. Sin embargo, sus luchas no eran contra enemigos corrientes.

Tenía su propia guerra contra "los invisibles": se trataba de los microorganismos que hicieran tan famosos a Louis Pasteur y a Robert Koch, a finales del siglo XIX. Lleras estudió en la Escuela de Veterinaria de la Facultad de Medicina y Ciencias Naturales fundada por Vericel. Bajo su dirección se interesó por la bacteriología, y se graduó con una tesis sobre "La inspección sanitaria de las carnes". En Colombia, por esa época, los médicos tradicionales formados en la clínica desconfiaban del laboratorio. Lleras contribuyó en forma significativa a establecer la medicina moderna, al fundar, en 1906, un laboratorio que se convirtió en eficaz auxiliar para los médicos que habían estudiado en Europa las nuevas concepciones.

Entre 1906 y 1923 realizó, solo o en compañía de colegas, numerosos trabajos de aplicación de conocimientos científicos a problemas prácticos: se ocupó del carbón sintomático, enfermedad que afectaba al ganado (con este trabajo se hizo miembro de número de la Academia Nacional de Medicina); hizo un estudio bacteriológico de las aguas de Bogotá; estudió la malaria bovina y la presencia del bacilo de Koch en la orina; combatió una plaga de langosta que afectaba los principales centros agrícolas del país; publicó artículos sobre el diagnóstico bacteriológico de la peste, sobre los nuevos métodos para el tratamiento de la fiebre puerperal, sobre el tratamiento del tabes por él suero salvarsanizado, sobre una epidemia de enterocolitis que se presentó entre los niños en Bogotá, y sobre el tratamiento de la sífilis del sistema nervioso central.

En la mayoría de los casos, preparó vacunas para combatir estas enfermedades. Durante todo este tiempo, enseñó bacteriología en la Facultad de Medicina, que lo nombró profesor honorario. Pero quizás sus trabajos más célebres, aunque no los más certeros, fueron sus intentos de cultivo del bacilo de la lepra. Desde tiempos inmemoriales, esta enfermedad ha despertado los más grandes temores. En 1903, José María Lombana Barreneche aseguraba que la extensión de la enfermedad en Colombia era tal, que en poco tiempo habría que buscar refugio para los sanos, porque el país se convertiría en una inmensa leprosería. Lleras se interesó por la lepra en 1916, cuando su colega Miguel Jiménez López le prestó una monografía de la Universidad de New Orleans en que se describían los ensayos realizados para cultivar el bacilo leproso. Desde entonces, se le convirtió en una obsesión la idea de cultivar el Mycobacterium Leprae.

La tarea no era fácil. En el curso de cuarenta años, muchas habían sido las tentativas para cultivar el bacilo descubierto por Hansen en 1874, pero hasta entonces nadie había logrado hacerlo vivir fuera del organismo humano. Lleras, inspirado en los trabajos de Lowenstein con el bacilo de Koch, cultivó sangre de enfermos de lepra en el medio de Petragrani. Intentó obtener una reacción de laboratorio para su diagnóstico, análoga a la reacción de Wassermann y de Kahn para la sífilis, que se Ilamó reacción Lleras. Inoculó estos cultivos en animales de laboratorio, y trató de obtener anticuerpos para elaborar sueros y vacunas. En mayo de 1933, presentó por primera vez sus trabajos a la Academia de Medicina.

A partir de entonces, algunas circunstancias lo favorecieron. El 10 de marzo de 1932, una conferencia de leprólogos en Bogotá había recomendado fundar laboratorios para investigar la enfermedad. El 16 de agosto de 1934, el recién posesionado presidente Alfonso López Pumarejo creó el Laboratorio Central de Investigaciones de la Lepra y encargó a Lleras de su dirección, con un sueldo mensual de trescientos pesos. Todos parecían creer en él, especialmente el gobierno liberal, del cual formaba parte su hijo Carlos, quien por entonces ya tenía una brillante carrera política. Su amigo Luis Zea lo animaba diciéndole que a veces el milagro no lo producía el prior sino el lego, y Jiménez López auguraba que su buena suerte y la protección "de lo Alto'' lo llevarían al éxito. Lleras no podía defraudarlos.

Un año más tarde, el 16 de agosto de 1935, Lleras afirmaba que había aislado y cultivado un bacilo ácido resistente con los caracteres morfológicos y reacciones colorantes del bacilo de Hansen, pero que aún no podía demostrar que éste fuese el verdadero bacilo de la lepra. Sin embargo, ya estaba convencido de la certeza de su hallazgo. El 16 de junio de 1936, frente a un auditorio atónito y emocionado, anunció triunfalmente a la Academia que después de pacientes investigaciones había conseguido lo que nadie había logrado: el cultivo del Mycobacteríum Leprae. Se basaba en sus estadísticas y en los conceptos de tres médicos acerca de las lesiones anatomopatológicas encontradas en animales inoculados con los cultivos.

Otra de sus pruebas era que H.C. Souza Araújo, jefe del Laboratorio de Leprología del Instituto Oswaldo Cruz del Brasil, había repetido sus trabajos. El entusiasmo crecía por momentos, los estudiantes se arrodillaban a su paso, veían en él un Pasteur. Sin embargo, algunos miembros' de la Academia, entre ellos Abraham Afanador, permanecían escépticos. Afirmaban, como en efecto se confirmó después, que los cultivos eran contaminaciones y que no se trataba del bacilo de Hansen. Pero la euforia colectiva era tal, que las voces de alerta no se escucharon y Lleras fue aclamado como héroe. El 3 de septiembre de 1936, se posesionó como presidente de la Academia de Medicina. López Pumarejo asistió a la sesión, entregó la Cruz de Boyacá a la corporación y aseguró que el problema de la transmisión de la lepra estaba prácticamente resuelto por Lleras.

Quién osaría ponerlo en duda? Por esos días, visitaba la capital John Reenstierne, profesor de la Universidad de Uppsala e inspector de lepra de Suecia. El gobierno pidió su concepto sobre los trabajos del científico colombiano, y él dijo lo que se esperaba: que Lleras había logrado el cultivo. El 12 de noviembre de 1937 la Universidad de Antioquia le otorgó el título de doctor Honoris causa, y el 23, en una sesión de la Academia de Medicina, se leyeron dos estudios de discípulos de Lleras que en apariencia confirmaban sus hallazgos. El 24, E1 Tiempo titulaba en primera página: "Leprólogos brasileños piden la asistencia del doctor Lleras", refiriéndose a la IV Conferencia Internacional de la Lepra que se celebraría en El Cairo en marzo del año siguiente.

El 15 de diciembre la Academia de Medicina se pronunció: el concepto oficial, firmado por Roberto Franco, Julio Aparicio, Alfonso Esguerra Gómez y Pedro J. Almanzar, decía que las investigaciones de Lleras eran de alto valor científico y que debían continuarse, pero no se comprometía con ninguna afirmación acerca de si era o no el bacilo de la lepra. En estas circunstancias, Lleras partió para El Cairo con el apoyo del gobierno. Sin embargo, jamás presentó sus resultados: el célebre bacteriólogo murió en Marsella el 18 de marzo, en camino hacia Egipto. Iba a cumplir sesenta años. El 27 de ese mes, en la sesión final de la Conferencia, se aprobó una resolución expresando sentimientos de pesar por la pérdida de dos de los delegados oficiales: Federico Lleras Acosta y Niels Heitmann, de Noruega.

También hubo conclusiones acerca del cultivo del Mycobacterium Leprae. Se había realizado copiosa investigación sobre el cultivo artificial, pero los resultados no habían podido ser repetidos por otros investigadores, a pesar de las tentativas. La comisión concluía que estos problemas no habían sido resueltos, aplaudía la labor de quienes habían trabajado en este campo y recomendaban continuar los trabajos. En abril de 1939, en un ambiente más sereno en Colombia, la revista de la Academia afirmaba que un gran número de investigadores creyeron haber obtenido el bacilo de` Hansen en cultivo. Sin embargo, las diferencias de los gérmenes y la carencia de pruebas de la especificidad de tales microorganismos, mostraban que entonces, como ahora, no se había logrado cultivar in vitro el agente de esta enfermedad.

La imagen que Lleras se había hecho de sí mismo jugó un papel importante. No por azar los discursos pronunciados en sus funerales lo comparaban con Pasteur: científico y patriota, santo y sabio, soldado de la ciencia, apasionado por la verdad, fueron algunas de las cualidades que se le atribuyeron. Lleras pretendía, quizás como la mayoría de los científicos de su tiempo, imitar a Pasteur. Aun su enfermedad, que le obligaba a usar un cuello ortopédico, lo asemejaba al investigador francés que padecía de hemiplejía.

También su espíritu polémico, la obsesión por servir a su patria, su catolicismo y la convicción de poseer la verdad, le hacían semejante al famoso químico. Como él también Lleras fue caballero de la Legión de Honor. El 14 de julio de 1923, con motivo de la inauguración de un monumento a Pasteur en Bogotá, Lleras había afirmado: Pasteur amó siempre la verdad, y por defender sus convicciones hubiera ido hasta el sacrificio. Esto fue justamente lo que hizo Lleras. Prefirió morir antes que verse derrotado.

DIANA OBREGÓN

Bibliografía

BEJARANO, JORGE "Rasgos biográficos del profesor Federico Lleras Acosta". Revista de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Vol. n, N- 5 (1938), pp. 140-141. JIMÉNEZ LÓPEZ, MIGUEL. "Elogio del profesor Federico Lleras Acosta". Revista de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Vol. U, N- 6 (1938), pp. 325-327.

 

Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.