Santa María, Andrés De

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Ficha Bibliográfica

Título: Santa María, Andrés De

 Pintor nacido en Bogotá, en diciembre de 1860, muerto en Bruselas, Bélgica, el 29 de abril de 1945. A la edad de dos años, Andrés de Santa María viajó con sus padres a Inglaterra; posteriormente, cuando comenzó sus estudios de primaria, su familia emprendió un nuevo viaje, esta vez a Bruselas, donde el joven Andrés ingresó al Colegio Saint Boniface. Hizo sus estudios secundarios cuatro años más tarde, cuando sus padres, Andrés de Santa María Rovira y Manuela Hurtado, se instalaron en París, la cuna del impresionismo. Allí, al terminar sus estudios en el Liceo Condorcet, Santa María experimentó sus primeros deseos de pintar y dedicarse al arte, pero no contó con el apoyo de sus padres. Aunque había nacido en el seno de una familia prestante y adinerada (su abuelo permaneció varios años en altos cargos oficiales al servicio del Estado), esto no bastó para que se pudiese dedicar libremente a desarrollar su gusto por el arte. Tuvo que emprender actividades contrarias a su voluntad, como el manejo de las finanzas, sin éxito alguno como banquero; Santa María se sentía a disgusto y consideraba su posición en dicho oficio como totalmente ajena a sus verdaderos intereses. Según el historiador Eduardo Serrano, visita con frecuencia Montmartre en donde conoce a numerosos artistas (entre quienes se ha mencionado inclusive a Edouard Manet y Claude Monet) [...] Presenció estando en Europa el surgimiento y reconocimiento de la escuela impresionista, siguió la polémica originada por su aparición tomando partido a su favor, y en 1882, después de la muerte de su padre, se decide finalmente a estudiar pintura y a dedicar su vida a la expresión artística. El movimiento impresionista, que fue muy importante para la obra del pintor Andrés de Santa María, se dio a conocer por primera vez en 1874, y se atribuyó este nombre a partir del comentario irónico que un crítico hizo sobre un cuadro de Claude Monet titulado Impression soleil lévant. Los artistas adoptaron este nombre a modo de reto en la exposiciones sucesivas. Las figuras que sobresalen del grupo son: Claude Monet, Auguste Renoir, Edgard Degas, Paúl Cézanne, Camille Pissaro y Alfred Sisley. No formaba parte del grupo, si bien era considerado su precursor, Edouard Manet; de hecho este artista, más viejo y ya conocido, había desarrollado en un sentido esencialmente visual la tendencia realista y, después del setenta, se había acercado cada vez más al impresionismo, al eliminar el claro oscuro y los tonos intermedios, reduciendo las relaciones cromáticas. En su proceso de formación como pintor, además de asistir a la escuela de Bellas Artes de París, Santa María trabajó también en talleres particulares, por ejemplo con Jacques Ferdinand Humbert (1842-1881) y Henri Gervex (1852-1929). En el taller de este último se encontró con el príncipe Eugenio de Suecia y con el pintor español Ignacio Zuloaga y Zabaleta. Su primer premio lo obtuvo con Lavanderas del Sena [ver tomo 6, p. 119], al ser aceptado para participar en el Salón de Artistas Franceses en 1887. Este cuadro, de inmensas proporciones, resulta ser una obra ambiciosa y lograda, que muestra claramente el tema impresionista del agua y los reflejos de la luz en movimiento. Por último, otro de los maestros que participó en la formación de Santa María fue el pintor Alfred Roll, especialmente interesado en temas sociales y ganador del gran premio del Salón en 1900.

A través de sus enseñanzas, Santa María debió interesarse en las obras de Jean-Francois Millet y de Gustave Courbet, como lo revelan sus trabajos Lavanderas del Sena, La arenera y Las Segadoras [ver tomo 6, p. 120]. Antes de su regreso a Colombia, en 1894, Santa María pintó varios lienzos en los que plasmó su refinado gusto por la pintura realista a la manera de Courbet; en trabajos como Los fusileros (1885), La lectura (1886) y Salomón F. Koppel (1889) es posible percibir esta tendencia y un claro dominio de las reglas académicas. En los años que siguieron, Santa María hizo notable su inclinación por el paisaje y los temas al aire libre, que dotaron sus trabajos de un sentido impresionista no sólo por el tratamiento de temas fuera del estudio, sino por prestar atención a los reflejos de la luz y la utilización de los colores intensos. Sin embargo, según Eduardo Serrano, el trabajo de Santa María habría de incrementar todavía por unos años su sentido impresionista, como en El Té, de 1890, otra de las obras más logradas y atractivas de su primer período>,. En 1891 Santa María expuso este cuadro en la Unión Artística de París. Del matrimonio de Andrés de Santa María con Amalia Bidwell Hurtado, realizado el 25 de enero de 1893, nacieron ocho hijos: Elena, Amalia, Andrés, Ricardo, Magdalena, Raimundo, Carmen e Isabel. En 1894 el matrimonio Santa María regresó a Colombia y permanecieron en la capital durante casi dos décadas. Este mismo año, Santa María fue nombrado profesor de paisaje en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Dictó su cátedra al lado de un selecto grupo de profesores, ante quienes mostró el fruto de su formación y experiencia adquirida en París, centro de la vanguardia europea por esos años. Como docente figuraba también Luis de Llanos, quien junto con Santa María dio inicio al paisaje en Colombia, rompiendo con la pintura académica tradicional. Los pintores favoritos de la crítica y el público por esos años en Colombia eran el mexicano Felipe Santiago Gutiérrez, Pantaleón Mendoza y posteriormente, Epifanio Garay y Ricardo Acevedo Bernal. Durante la última década del siglo XIX, el panorama de las bellas artes en Colombia, y en particular el de la pintura, mostraba la preocupación de los artistas por exaltar el espíritu patriótico recurriendo, bajo la forma de un neoclasicismo, a los héroes y batallas plasmados con cierto realismo en cuadros, monumentos y estatuas. Por otra parte, al momento de regresar Santa María, la pintura colombiana se encontraba influenciada por la corriente ideológica y política de la Regeneración, que como proyecto se forjaba en su momento la representación del pasado que necesitaba y una verdad histórica que lo justificase. La pintura no escapaba a esta dialéctica arcaizante, donde se perseguía prolongar o reproducir por medio de las producciones artísticas, escenas y situaciones ya acontecidas. Así, se llevaron al lienzo, por ejemplo, las acciones extraordinarias de os grandes hombres de la Independencia, además algunos retratos presidenciales y otros motivos del mismo tipo. Con esto, la pintura se convertía en subsidiaria del quehacer institucional del país. En contraste con este panorama, Santa María ofrecía nuevos proyectos, por lo demás bastante novedosos para el contexto colombiano del momento. Precisamente por su novedad, su obra no fue comentada o criticada por las revistas y periódicos del país, aunque realizó varias exposiciones; entre ellas, la de 1897 en el Salón de Grados, cuando presentó Caballos, y en 1899, cuando participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Bogotá con su trabajo El Bautizo (lamentablemente se desconoce la ubicación de esta obra). Tanto la crítica como el público estaban acostumbrados a encontrar cuadros en los que era posible constatar el dibujo correcto, el parecido con el modelo, el modelo estético, la solemnidad temática el oficio esforzado, como los valores más reconocidos y apreciados; además, aparte de la copia de pinturas famosas, sólo las escenas bíblicas y los retratos elegantes gozaban de una relativa demanda. Así, en la exposición de 1899, ya en los preludios de la guerra de los Mil Días, el público dirigió su atención a las obras que, fieles a la tradición académica, podían representar a cualquiera de los bandos participantes en la contienda política.

En consecuencia, afirma Eduardo Serrano, <da crítica no vio el trabajo de Santa María, pero se trenzó en una acre polémica encaminada en primer lugar a elogiar hasta la exageración la exposición, o a demeritarla hasta el extremo [...] La oposición se identificó con la obra de Acevedo Bernal, quien era claramente favorito de la prensa liberal, se repartieron entre éste y Epifanio Garay los primeros premios y se distinguieron los trabajos de los discípulos de Santa María, pero su pintura no se discutió en ninguno de los recuentos de la muestra. En 1901, en medio de la guerra, la familia Santa María tomó unas vacaciones en Europa, aprovechando el cierre de la Escuela Nacional de Bellas Artes, de la cual era profesor el pintor. Europa ofreció entonces a Santa María un horizonte artístico nuevo: el del postimpresionismo, corriente pictórica que surgió en París entre 1890 y 1900, integrada por Paul Gauguin, Vincent van Gogh y Paul Cézanne. En el Salón de París, aprovechando su paso por allí, Santa María participó con la obra Dragoneantes de la Guardia Inglesa, que le mereció la carta congratulatoria del jurado. Después de la guerra, en 1904, se produjo el nombramiento de Andrés de Santa María como director de la Escuela Nacional de Bellas Artes, siendo por entonces presidente José Manuel Marroquín: posteriormente su nombramiento fue ratificado por el general Rafael Reyes. En diciembre del mismo año Santa María inauguró la Escuela Profesional de Artes Decorativas e Industriales, anexa a la de Bellas Artes, en la que se enseñaba platería, cerámica, fundición, mecánica y talla en piedra y en madera. Bajo su dirección también se iniciaron las clases con modelos desnudos, manera que resultaba escandalosa en la puritana sociedad capitalina (el óleo de Epifanio Garay La mujer del levita de los montes de Efrain, por ejemplo, había sido exhibido en el salón de 1899, pero en un lugar aparte y con serias advertencias morales para el público). El año 1904 fue, entonces, de gran trascendencia y significación para la vida y obra del pintor Andrés de Santa María, como lo fue también para la crítica de arte en Colombia, la cual puede decirse que se inició ese mismo año con motivo de la exposición del mes de mayo. Esta exposición originó una gran discusión sobre pintura impresionista, registrada por la revista Contemporánea de Bogotá; los partícipes en la polémica fueron Baldomero Sanín Cano, Ricardo Hinestrosa Daza y Max Grillo. Con el título "Impresionismo en Bogotá", Sanín Cano publicó el mejor de los escritos que dieron cuenta de lo exhibido en esta muestra, aportando buenos elementos de discusión en torno a la significación y alcance revolucionario que planteaba el "impresionismo" en la obra del pintor Andrés de Santa María. Las obras que presentó Santa María en esta ocasión fueron Lavanderas del Sena, Los Fusileros, La niña a caballo, Paisajes de Macuto y algunas Marinas.

Desde este momento, la crítica a la obra de Andrés de Santa María sería favorable, tanto en las exposiciones realizadas en el país, por ejemplo la del centenario de la Independencia, como en el exterior, cuando decidió radicarse definitivamente en el Viejo Continente. En 1936 y 1937, Santa María expuso en Bruselas y en Londres, respectivamente; la muestra presentada en Bruselas se componía de trabajos realizados entre 1913 y 1934, contándose entre ellos ejemplos de sus más característicos temas: naturalezas muertas, cuadros religiosos, retratos y en menor proporción, desnudos femeninos y escenas de divertimento al aire libre, como carreras de caballos. Un breve comentario a la obra del pintor por parte del crítico belga André de Ridder sintetiza en parte los elogios que Santa María recibió al final de su vida: Su masa tan sólida, tan asombrosa, nos abre profundidades fulgurantes reducida a algunos tonos; es rica además de suntuosa. Su composición tan simple se asienta, se afirma en un seguro equilibrio. Su representación es viva, hasta dinámica, pero ordenada. Su obra se encuentra dotada de esa unidad y esa plenitud, de es potencia y ese rigor que confieren al cuadro un valor duradero, y que van mucho más allá de las modas, las teorías, las escuelas y la expresión de un estilo. No puedo otorgar a Andrés de Santa María mejor elogio que afirmar que por sus lienzos de estos últimos años se ha revelado como un pintor de estilo. Santa María murió, el 29 de abril de 1945, al finalizar la segunda Guerra Mundial, a causa de una infección renal. Desde entonces, se han organizado en Colombia varias exposiciones de su obra, sobre todo del último período; son particularmente importantes la de 1949 en el Museo Nacional, siendo directora de este centro artístico Teresa Cuervo, y la de 1971 en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, cuando se exhibieron 126 trabajos, de los cuales 44 no se habían visto nunca en Colombia [Ver tomo 6, Arte, pp. 113 y 119-120 ].

WILLIAM MARTÍNEZ BETANCUR

Bibliografía

Andrés de Santa María. Nuevos testimonios, nueva visión, Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá, febrero-abril 1989. MEDINA, ALVARO Procesos del arte en Colombia. Bogotá, Colcultura, 1978. SERRANO, EDUARDO. Andrés de Santa María. Bogotá, Carlos Valencia-Museo de Arte Moderno, 1978. SERRANO, EDUARDO. Andrés de Santa María, Pintor colombiano de resonancia universal. Bogotá, Museo de Arte Moderno, 1988.

Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.

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