Mandatario muisca, zipa de Bogotá, muerto en 1538.
Tisquesusa era sobrino de Nemequene, a quien sucedió en el zipazgo, máxima autoridad
dentro de la jerarquía política de los muiscas de Bogotá. Había sido cacique de Chía
y dirigió los enfrentamientos del zipa con los panches, enemigos de los muiscas, al
comienzo del gobierno de su antecesor. Estuvo a cargo del gobierno mientras el zipa
dirigió la guerra contra el zaque Quemuenchatocha (quien ejercía su mando sobre los
muiscas asentados en la parte norte del altiplano cundiboyacense), en la cual murió
Nemequene. Tisquesusa, al igual que su tío, mantuvo como general de su ejército a su
hermano Sagipa, quien continuó los ataques contra el zaque tunjano mientras se llevaban a
cabo las ceremonias de sucesión del zipazgo. Concluidas éstas, el zipa, con acuerdo de
los uzaques, decidió continuar la guerra contra el zaque, luego de que sus guerreros al
mando de Sagipa sometieron al Ubaque, quien se había rebelado. El zipa y su hermano se
dirigieron con más de cuarenta mil hombres contra el zaque Quemuenchatocha, quien, aunque
también contaba con un poderoso ejército, se hallaba debilitado por las guerras pasadas.
En esta oportunidad el zaque no recibió el apoyo del iraca Sugamuxi, quien decidió
mediar entre los dirigentes para alcanzar un acuerdo pacífico, y logró que se pactara
una tregua que estaba por finalizar cuando llegaron los españoles al altiplano. Popón,
famoso mohán del pueblo de Ubaque, le había pronosticado al zipa Tisquesusa que unos
extranjeros vendrían a su territorio y le sacarían su sangre, en la cual él moriría
envuelto. Este presagio le hizo mirar con temor la proximidad de los españoles y evitar
el contacto con ellos. Cuando se enteró del avance de los invasores por su territorio,
envió espías a Suesca, hacia donde éstos se habían dirigido, para que le informasen
sobre los extranjeros, sus armas, prevenciones de guerra, número de soldados y con
cuántos guerreros podría expulsarlos. Mientras los espías estaban en Suesca, tuvo lugar
la muerte de un caballo, lo que les permitió darse cuenta que caballo y caballero no
formaban una unidad, como hasta el momento habían creído. Con base en la información
que le dieron sus espías, Tisquesusa salió de su cercado en Bogotá, en sus andas de
oro, y se asentó en Nemocón. Esto motivó a los españoles a salir hacia ese poblado.
Durante el viaje, la retaguardia de Gonzalo Jiménez de Quesada fue atacada por 600
guerreros de Bogotá, que fueron repelidos. Los informes obtenidos por Tisquesusa sobre la
capacidad militar de los españoles y, en especial, sobre los desconocidos
"truenos" que expedían los arcabuces, le indujeron a retirarse a su casa fuerte
de Cajicá, donde dijo a sus guerreros: «No hay resistencia, ni le hallo poder contra
estos hijos del sol, porque como cosa del cielo tienen truenos y disparan rayos. Esta mi
casa fuerte, aunque llena de armas, no es suficiente defensa para que [sic] gente tan
poderosa», y sin detenerse volvió con toda prisa a su palacio de Bogotá. Una vez allí
ordenó la evacuación del poblado, de tal suerte que cuando los españoles llegaron en su
búsqueda lo encontraron abandonado. Ante la imposibilidad de encontrar al zipa, los
españoles partieron nuevamente hacia el norte y luego de someter al zaque retornaron a
buscar a Tisquesusa. Este se había retirado a su cercado, conocido como casa de monte, en
las cercanías de Facatativá. Los españoles, mediante la aplicación de
"tormentos" o por la delación del subazaque, quien se había ofendido por los
castigos a los que lo sometió el zipa por ayudar a los invasores, lograron establecer el
sitio donde se había ocultado el zipa y lo atacaron de noche. Para escapar de la
emboscada, Tisquesusa salió por un postigo falso, y un abucero, sin saber de quién se
trataba y al ver la manta tan rica que llevaba puesta, lo hirió y lo dejó ir después de
quitársela. Herido, el zipa se fue al monte, donde murió, y sólo fue descubierto
después por los indios debido a que vieron sobrevolar a los gallinazos. El secreto de su
muerte se mantuvo durante casi un año [Ver tomo 1, Historia, pp. 96-98].
MARTA HERRERA ÁNGEL
Bibliografía
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Bogotá, Biblioteca de la Presidencia de la República, 1956. CASTELLANOS, JUAN DE.
Elegías de varones ilustres de Indias [1601], 4 Vols. Bogotá, Biblioteca de la
Presidencia de la República, 1955. FERNANDEZ PIEDRAHÍTA, LUCAS.: Historia general de las
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Firme en las Indias Occidentales [1626], 7 Vols. Bogotá, Banco Popular, 1981-1982. TOVAR
PINZÓN, HERMES. (Comp. ). "Relación de Santa Marta". En: Relaciones y visitas
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pp. 125-188. ZAMORA, ALONSO DE. Historia de la provincia de San Antonino del Nuevo Reyno
de Granada [1701], 4 Vols. Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, 1980.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.