Torres, Camilo

Ficha Bibliográfica
Imagen: Retrato de Camilo Torres, siglo XIX. Dibujo a lápiz de José María Espinosa. Colección Museo de la Independencia-Casa del Florero, MinCultura.
Tomado de: Revista Credencial. N° 242. Febrero de 2010.
Nació en Popayán el 22 de noviembre de 1766 y murió en Santafé el 5 de octubre de 1816. Hijo de una familia aristocrática, viajó a la metrópoli neogranadina. Estudió latín, griego, matemáticas, filosofía, teología y retórica en el Colegio Seminario de Popayán y se graduó como doctor en jurisprudencia en el Colegio del Rosario que, con 26 años, lo nombró consiliario, catedrático y vicerrector. Se recibió como abogado de la Real Audiencia y asesor del Cabildo de Santafé, donde se ganó el respeto de virreyes y oidores y fue considerado el mejor jurista de su momento. Después de la conspiración de los pasquines en 1794, se le encontraron libros en francés que fueron llevados ante la Santa Inquisición y defendió la soberanía de la monarquía borbónica y del rey Carlos IV, al tiempo que proponía seguir a las provincias españolas que se proclamaban soberanas sin rebelarse contra la autoridad que emanaba del rey. Escribió un Memorial de agravios donde habla de la mala administración del imperio español.
El 20 de julio logró el nombramiento del virrey Amar y Borbón, detestado por la opinión popular, para presidir la Junta de Gobierno. Se enfrentó intelectualmente con Nariño. Brillante orador, fue presidente del Consejo Electoral, del Congreso y presidente de las Provincias Unidas. Predijo la separación eterna de España y la independencia, y fue capturado por el general Juan Sámano y ejecutado como su primo Francisco José de Caldas. Su cabeza fue exhibida en las afueras de la ciudad, encerrada en jaula de hierro. Dejó a su esposa y seis hijos y fue descrito como un ser “de carácter retraído sin ser sombrío; hacía gala de desprendimiento y menosprecio de los honores, pero era sardónico con quinquiera los alcanzara […] Gran retórico, llegó a convencerse, con sus propios argumentos, de ser él quien poseía la razón en toda controversia…”.
