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TRIANA, JOSÉ JERÓNIMO
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José Jerónimo Triana.
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Botánico y médico
bogotano (mayo 22 de 1828 - París, octubre 31 de 1890). Hijo del educador José María
Triana, quien le supo inculcar a su hijo la afición por la ciencia y le patrocinó la
formación escolar y universitaria necesaria, como también el interés por la docencia,
desde muy joven, a los 17 años, José Jerónimo fue profesor del recién fundado Colegio
del Espíritu Santo, de Lorenzo María. Lleras, quien, años más tarde, casó
sucesivamente con dos hermanas de Triana. José Jerónimo Triana estudió medicina, y a
partir de ella pudo desarrollar sus inclinaciones por las ciencias naturales. Mientras
cursaba los cursos regulares en la facultad de medicina, le robaba horas al sueño para
estudiar, por su cuenta, los tratados de biología y botánica. En esos años de
formación fue muy importante la amistad que entabló con el anciano pintor Francisco
Javier Matís, quien colaboró con José Celestino Mutis en la Real Expedición Botánica
(17831816)' y fue catalogado por Humboldt como el mejor pintor de flores del mundo. Fue
importante esa relación pues los libros sobre la materia de interés de Triana no eran
muchos, pero la amplia experiencia de Matís le sirvió al joven botánico para aprender a
estudiar (recoger, observar, adicionar plantas y armar un herbario) la exuberante flora
tropical. Además, le infundió un criterio que, a su vez, Mutis le había transmitido:
experimentar en carne propia muchas de las propiedades terapéuticas de las plantas, con
el fin de aplicarlas a la medicina. Así, Triana ensayó plantas que según la tradición
popular poseían virtudes curativas, y algunas veces puso en peligro su vida y salud. En
el periódico El Día, Triana comenzó a escribir una serie de artículos sobre plantas
útiles, que posteriormente siguió publicando en la Gaceta Oficial. Estos le sirvieron
para obtener cierto reconocimiento, esencial a la hora de conformarse la Comisión
Corográfica a la cual entró a colaborar, un año después de su creación oficial, con
la responsabilidad de adelantar el estudio de la botánica del país. La vinculación de
Triana fue casi que ad honorem, pues sólo pidió que se le cubrieran sus gastos, alentado
por la idea de publicar en poco tiempo La Flora de Colombia.
Triana se vinculó a la Expedición Corográfica en 1851 y
permaneció en ella hasta 1857, tiempo en el que logró levantar un herbario de 2200
plantas, en su mayoría recopilado en sus viajes por el territorio nacional y por otra .
parte por amigos y corresponsales, como también por los otros miembros de la Comisión.
Parte de ese herbario se perdió, pues durante 80 años esos materiales fueron abandonados
y sólo con la creación del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional,
las dos terceras partes fueron recuperadas. Entre enero de 1851 y el 1 de septiembre de
1856, cuando Triana entregó oficialmente sus herbarios al gobierno neogranadino, el sabio
logró visitar gran parte del territorio: los alrededores de Bogotá, los actuales
departamentos de Cundinamarca, Boyacá, Santander, Norte de Santander, Magdalena, Tolima,
Valle del Cauca (incluida la Costa Pacífica), Antioquia, Quindío, Caldas, Risaralda,
Chocó, Nariño, Cauca y Meta en varias ocasiones, en diferentes épocas y por distintas
rutas; a veces solo, otras en compañía de los miembros de la Comisión, o con
ocasionales científicos extranjeros. En 1851 trabajó en el municipio de Ocaña con
Schlim y la Costa Pacífica la herborizó con Warscewicz, quien se dirigía a Guayaquil.
Entre enero y marzo de 1854 hizo lo propio con Hermann Karsten, con quien recorrió los
alrededores de Bogotá (la Sabana, el Salto de Tequendama, Tena, Teusacá y El Colegio) y
el occidente de Cundinamarca hasta el municipio de Cartago en el Valle del Cauca (Tena, La
Mesa, Anapoima, Apulo, Tocaima, las orillas del río Magdalena, los llanos del Tolima y
las montañas del Quindío).
El trabajo de campo en el trópico era difícil, lleno de
avatares y complicaciones. Triana no estuvo exento de tales dificultades, pues tuvo que
vencer enfermedades como la oftalmia en 1852, o los ataques de fiebre en 1853. Así mismo,
la inestabilidad política que por esos tiempos afrontó la Nueva Granada, afectó el
normal funcionamiento de los trabajos de la Comisión Corográfica y del mismo Triana. Con
la revolución de abril de 1854, los viajes e investigaciones se suspendieron y muchos de
los miembros de la empresa científica de Agustín Codazzi participaron en la guerra civil
que se desató Triana, a su vez, se vinculó a las fuerzas que actuaron en el Magdalena, y
cuando podía aprovechaba los altos que hacía la tropa para aumentar sus colecciones
botánicas, especialmente en el occidente de Cundinamarca y las regiones ribereñas del
Magdalena. Así mismo, se dedicó a conseguir plantas que envió al invernáculo de
plantas tropicales de Bruselas, donde debían ser clasificadas y adaptadas a las familias
reconocidas por la botánica europea.
A1 terminar su contrato con el gobierno colombiano, José
Jerónimo Triana volvió a ser enganchado, con el ofrecimiento de viajar a Europa por dos
años y una remuneración de 2000 duros anuales, con el fin de clasificar y hacer conocer
los productos naturales de la variadísima flora colombiana, que por sus aplicaciones
vulgares o sus cualidades pudieran adaptarse a las sustancias empleadas por la medicina o
utilizadas por la industria; y preparar una publicación con el nombre de Plantas útiles
de la Nueva Granada. En abril de 1857, a los pocos días de su matrimonio con doña
Mercedes Umaña, partió para Europa. Durante el viaje de Bogotá a Cartagena, Triana
recopiló otra buena cantidad de especies. En julio de 1857 llegó a París y se enteró
que las plantas que había enviado no estaban clasificadas y que de una publicación
costeada por el gobierno belga, anunciada en Bogotá y arreglada por Linden, sólo se
había podido imprimir una entrega todo lo cual imposibilitaba el cumplimiento del
contrato con el gobierno. Concibió, entonces, el proyecto de escribir una obra
científica sobre la flora tropical que llamó La Flora de la Nueva Granada, para lo cual
tenía que analizar técnicamente cada planta, examinar separadamente los diversos
individuos de cada familia, confrontarlos y comprobarlos con los textos de los maestros
reconocidos, agregando sus propias observaciones. Entabló entonces amistad con el
científico J. E. Planchon, profesor de botánica de la facultad de ciencias de
Montpellier, ciudad en la que se radicó y en la que vivió por espacio de un año,
trabajando en los jardines e invernáculos, al cabo del cual publicó una monografía
sobre las gutíferas, que fue muy bien recibida en el ambiente científico europeo. En
1860, el gobierno colombiano declaró terminado el contrato con Triana, se suspendieron la
subvención anual, los trabajos y la publicación de La Flora. Gracias a la intervención
del gobierno francés y a las gestiones del encargado de negocios de ese país en
Colombia, señor Geoffroy, el Estado colombiano decidió prolongar por dos años más el
contrato con Triana, pero con la revolución de 1861 el sabio no volvió a recibir suma
alguna y las penurias económicas comenzaron a aquejarlo. Pese a esa dificultad, no detuvo
sus investigaciones ni su participación en el mundo científico europeo. En 1865, en la
Exposición de Agricultura de Amsterdam, le fue premiada una monografía sobre las
melastomáceas, y al año siguiente fue nombrado vicepresidente del Congreso Botánico
Internacional, que se reunió en Londres.
Sólo en 1866, luego de la Convención de Rionegro y de
que Tomás Cipriano de Mosquera, ministro plenipotenciario de Colombia en Francia, fuera
elegido presidente de los Estados Unidos de Colombia, Triana pudo retomar el proyecto de
edición de La Flora y La Geografía Botánica. Interesado por el trabajo de Triana,
Mosquera prometió ayudarlo; sin embargo, el contrato con el gobierno colombiano se
demoró y Triana se encontró con los materiales listos pero sin el dinero necesario para
la publicación, de la cual, finalmente, se editó el primer tomo como Prodomus Florae
Novo-Granatensis. La causa para que se demorara el contrato entre Triana y el gobierno
colombiano radicó en que la memoria del secretario de Relaciones Exteriores de 1866,
señalaba que el sabio botánico era un viajero subvencionado por el gobierno, cuyas
labores científicas eran ineficaces y tardías. Ante tales afirmaciones Triana se
dirigió a París a solicitar del encargado de negocios un certificado de que atendía
debidamente sus compromisos. Por ese entonces se reabrió la Exposición Universal de
París de 1867, la cual visitó y con sorpresa encontró que Colombia, a diferencia de
otras naciones hispanoamericanas, no estaba representada por resolución del presidente
Mosquera. Pensó entonces el sabio que su herbario y el resto de sus trabajos científicos
podían ser expuestos en tan importante vitrina. Sin embargo, no tenía el dinero
necesario para pagar la inscripción y aderezar convenientemente la muestra, por lo que
tuvo que recurrir al Comité Centro-Americano y a M. de Marican, delegado del Ecuador,
para que las directivas de la Exposición lo dejaran participar. A1 cabo de ciertas
gestiones personales y de los latinoamericanos a los que recurrió, logró que se le
asignara un pequeño pabellón, apto para una muestra no sólo botánica, sino también
etnográfica, arqueológica y mineralógica. Triana necesitó, entonces, de ciertos
elementos: los frascos y pomos de cristal los obtuvo a crédito, manos femeninas
contribuyeron a colocar los objetos y distribuir los rótulos. Luego de muchos sinsabores,
Triana obtuvo un merecido premio, consistente en una medalla de oro y un objeto de arte
que tenía un valor de 5000 francos, por la belleza e importancia científica de su
exposición. Ante la difícil situación económica por la que pasaba, Triana con el
consentimiento del gobierno francés, cambió el objeto de arte por efectivo, el que le
sirvió para publicar el segundo tomo de la Prodomus Florae Novo-Granntensis, que
comprendía las extensas familias de las criptógamas. Además de la medalla de oro y el
objeto de arte, Triana obtuvo tres medallas de bronce correspondientes a la artística
preparación y disposición de sus herbarios, a la fabricación de sombreros de Panamá,
que fue la más importante e instructiva de cuantas se ofrecieron a los ojos del público,
y por la colección de antigüedades indígenas de Colombia. Tales galardones sirvieron
para que, en reconocimiento al sabio, el gobierno colombiano ordenara que el retrato de
Triana fuera colocado en el salón de la rectoría de la Universidad Nacional, y que le
fuesen entregados 2000 duros como recompensa por el servicio hecho al país; además se le
autorizó para aceptar rentas, empleos, títulos, condecoraciones y cualquier tipo de
premios honoríficos que le fueran concedidos por el extranjero. Así mismo, le concedió
una prórroga para la publicación oficial de la Flora Colombiana y La Geografía de
Colombia. Sólo en 1869, durante la administración del general Santos Acosta, y a
consecuencia de los triunfos obtenidos por Triana en París, el gobierno colombiano
atendió el cumplimiento del contrato pendiente.
A partir de 1870, Triana se embarcó en una nueva aventura
científica: estudiar los materiales producidos durante los treinta y tres años
(17831816) que ejerció funciones la Real Expedición Botánica. Luego de varias
gestiones, logró que el gobierno español le concediera el permiso para clasificar,
denominar científica y vulgarmente las plantas estudiadas, y publicar por su cuenta la
colección de láminas, convirtiéndose así en el primer científico colombiano que tuvo
acceso al archivo de la primera empresa científica que existió en el país. Luego de un
intenso trabajo, en el que puso a prueba y demostró sus vastos conocimientos de la flora
colombiana, identificó y repartió las láminas en carpetas según familias naturales y
dejó en el Jardín Botánico un catálogo que resume todas estas labores. En 1872, Triana
publicó en París, con lujo y esmero, La Quinología de Mutis, en la que reprodujo
treinta iconos levantados en acero, en una lujosa edición costeada por la Comisión
Corográfica de los Estados Unidos; con este trabajo obtuvo la gran medalla de la Sociedad
de Agricultura de Francia. Fue un libro pionero que sirvió, años después, para
emprender la publicación de La Flora y demostrar que Colombia estaba en capacidad de
publicar íntegramente la flora de la Expedición Botánica. Con parte de las láminas de
la chinchona y con la respectiva licencia del Jardín Botánico de Madrid, se presentó en
la Exposición Universal celebrada en París, en 1889, con motivo del centenario de la
toma de La Bastilla, donde obtuvo un nuevo premio. En 1870, ante la invasión prusiana a
Francia, Triana tuvo que emigrar con su familia a Kew (Inglaterra), donde continuó sus
trabajos pero sin muchos de sus herbarios y archivos, pues éstos se habían quedado en
París. A1 terminar la invasión, Triana regresó a París, pero todas sus recopilaciones
botánicas, como sus escritos y apuntes, habían sido quemados o parcialmente destruidos.
Continuó sus trabajos con permanentes dificultades económicas, pero con reconocimientos.
En 1883 fue elegido por votación unánime miembro hors-cadre de la Sociedad de
Agricultura de Francia. También perteneció a las Sociedades Francesas de Higiene y de
Geografía, y a la de Ciencias Naturales de Cherburgo, y a las de Física e Historia
Natural de Florencia y Dresde .
JOSÉ EDUARDO RUEDA ENCISO
Bibliografía
Bateman, Alfredo. "Cuatro sabios
bogotanos". Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. IV, N-°5 648-650 (noviembre
de 1968). Dugand, Armando. "Itinerarios botánicos de José Jerónimo Triana".
Revista de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Vol. v, N-°
20 (agosto de 1944). Mallarino, Julio D. "José Jerónimo Triana (Reseña
Biográfica)". Colombia Ilustrada, julio de 1891.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.
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