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Imprenta
de Billetes
Apuntes Históricos de la imprenta de billetes
del Banco de la República
Fuente: Fundación Numismáticos
Colombianos
Boletín Numismático No. 71, Año XXVIII Primer semestre de 2001,
Autor: Rafael Cruz Villamil.
Presentación
El siguiente escrito se
ha preparado para corresponder a la amable invitación de las directivas de la
"Fundación Numismáticos de Colombia" para colaborar con un artículo en su Boletín
periódico, relativo a la historia de la imprenta de billetes del Banco de la República,
como homenaje a esa institución la cual recientemente cumplió 40 años, de fundada.
Podría parecer
irónico que una solicitud como ésta, provenga de los numismáticos quienes, entre otras,
viven teóricamente a la "caza" de las curiosidades que por fallas en su proceso
normal de operación producen las imprentas de billetes y por varias circunstancias se
encuentran en circulación. Este hecho, para algunos sectores del medio, significa que se
deben considerar como "personas no gratas". No obstante, si se mira la actividad
desde otro ángulo, son los numismáticos quienes con más dedicación y agrado conservan
los billetes, estudian sus diseños y la historia asociada y divulgan todos los valores
técnicos, históricos y culturales relacionados con la emisión de las especies
monetarias.
Por lo anterior y para
colaborar con el noble gesto de honrar a la imprenta de billetes de Colombia y por ende al
Banco de la República, los lectores, encontrarán a continuación, una reseña histórica
de una gran empresa que en forma discreta pero altamente profesional desarrolla una labor
que le ha representado enormes beneficios al banco y al país.
1. Antecedentes
2. Desarrollo del Proyecto
3. Los primeros billetes
4. Asistencia a México y Brasil
5. La década del renacimiento
6. El periodo de transición
7. La nueva familia de billetes
8. La Conferencia del Pacífico
9. El logro de la autosuficiencia
10. La madurez
Antecedentes
De acuerdo con el
ordenamiento del estado colombiano, al Banco de la República, a partir de su creación en
1923, como banco central del país, le ha correspondido ejercer de manera exclusiva el
atributo de emitir la moneda legal colombiana, dentro de los términos que le establece la
ley. Para el cumplimiento de dicha atribución el banco debe proveer a la economía los
instrumentos que le permitan realizar en forma eficiente las transacciones comerciales que
requiere. Para el efecto, con base en el permanente análisis de los registros
estadísticos y la proyección de las variables que rigen el desenvolvimiento de la
economía, la Tesorería del banco, define la estructura de denominaciones tanto en
billetes como en moneda metálica y dentro de los parámetros de emisión autorizados,
establece la cantidad de piezas por denominación que cumplan a cabalidad con el objetivo
citado.
Lo anterior implica la
oportuna consecución de las cantidades de billetes que deben ser puestos en circulación
ya sea para atender el crecimiento de la economía o la sustitución de las piezas que por
el deterioro que les causa la manipulación, tengan que ser remplazadas.
Hasta la creación de
la Imprenta de Billetes en Colombia el suministro de tales especies fue encargado en forma
exclusiva a proveedores especializados del exterior.
La coincidencia
histórica de las siguientes tres circunstancias, dio origen a la creación de la Imprenta
de Billetes del Banco de la República:
La escasez de
billetes que en la década del cuarenta, tuvo que afrontar el banco como resultado de la
falta de suministro por parte de los países europeos, consecuencia de los efectos de la
Segunda Guerra Mundial en la generalidad de las industrias.
En efecto, alrededor de
1942, los principales proveedores de billetes y materias primas para su fabricación, con
excepción de algunas firmas de los Estados Unidos eran, fundamentalmente imprentas de
origen inglés, italiano y alemán, cuya actividad se vio seriamente afectada, a causa de
los inconvenientes generados por la guerra. La insuficiencia en el suministro causó a
muchos bancos centrales, entre ellos el nuestro, que no contaban con imprentas propias,
seria afectación en la disponibilidad de billetes para atender las necesidades con la
consecuente situación de tener que mantener en poder del público billetes en muy pobre
estado. Esta situación incentivó el apoyo a la idea de que el banco pudiera
autoabastecerse de los billetes necesarios para atender su función esencial. De esta
manera se lograría la flexibilidad requerida, la seguridad en el abastecimiento además
de disminuir los costos y mejorar la limpieza de la circulación.
La celebración
en Alessandria (Italia) en 1951 de una demostración de cubrimiento mundial, organizada
para presentar un moderno equipo diseñado para imprimir con carácter específico, a alta
velocidad, especies valoradas. Dicho equipo permitiría que la técnica conocida hasta la
fecha sólo por los bancos centrales de países desarrollados, pudiera ser aplicada en
todo el mundo.
Este adelanto
tecnológico fue promovido por la Organización Giori, la cual trabajó con estos
propósitos en Italia y Argentina.
La constancia
y tesón del Capitán (R) Eduardo Torres Roldán, hombre de gran visión futurista,
quien firmemente convencido de la utilidad que representaría para el banco y el país, la
fabricación local de sus billetes, se convirtió en el generador y motor de este
ambicioso
y difícil proyecto.
El Capitán Torres se
vinculó al Banco de la República el 16 de octubre de 1941, como director de un pequeño
taller de impresión destinado a imprimir las publicaciones del banco y los formularios de
contabilidad para uso de sus dependencias. A partir de febrero de 1942, esta Imprenta
inició la edición de la, hasta ahora vigente, Revista del Banco de la República.
Las tres
circunstancias descritas motivaron a la junta directiva del banco y en particular al Dr.
Luis Ángel Arango, quien como gerente de la institución
en esa época, apoyó
irrestrictamente la idea para adelantar los estudios necesarios tendientes a dotar al
banco de las instalaciones, maquinaria y personal capacitado, requeridos para imprimir
localmente documentos de valor.
Dichos estudios que
incluyeron visitas técnicas a varias imprentas similares en el mundo y la adquisición de
los necesarios equipos especiales para impresión de valores, concluyeron en 1955 con la
decisión de las directivas de construir el edificio destinado a la Imprenta de Billetes,
ubicada en el sector industrial de la ciudad llamado Paloquemao.
Conviene destacar que
durante esta preliminar etapa, se recibió asistencia técnica y valiosa colaboración de
muchas entidades bancarias, casas de moneda y firmas comerciales vinculadas a la actividad
entre las que se destacaron: Casa de Moneda de Buenos Aires - Argentina, Imprenta de
Billetes Enschedé - Holanda, Imprenta de Billetes del Banco de Bélgica, Taller Especies
Valoradas - Chile, Imprenta del Banco de Francia, Istituto Poligráfico e Zecca dello
Stato - Roma, Italia, Calcografía e Cartevalori - Milán, Italia, Thomas de la Rue -
Inglaterra y Giesecke & Devrient - Munich, Alemania.
Desarrollo del proyecto
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En forma paralela al
diseño y construcción del edificio se realizaron dos actividades básicas para
garantizar el éxito de la empresa acometida: en primer lugar, se adquirió el equipo que
conjuntamente con el existente en los talleres gráficos, antiguo taller de impresión del
banco, conformaría la dotación de la nueva Imprenta.
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Tal equipo, en su
mayoría producido en Italia y Alemania fue diseñado y fabricado con las más altas
especificaciones técnicas disponibles en la época. Entre las máquinas importadas se
encontraban las que por primera vez con carácter industrial permitieron obtener en
Colombia la impresión intaglio o calcográfica, multicolor, elemento fundamental,
aun en nuestros días, de la seguridad de los documentos de valor y especialmente de la de
los billetes de banco.
En complemento de lo
anterior y de manera simultánea, se ejecutó un minucioso programa de selección de
personal para ser entrenado en las nuevas y especializadas técnicas de diseño,
elaboración de planchas, impresión y control requeridos para la fabricación de
billetes. Fue así como artistas y técnicos de las diversas ramas fueron escogidos para
realizar cursos de preparación en áreas específicas y, para el efecto, en períodos de
varios meses y en algunos casos años, se desplazaron a Europa para recibir la
instrucción correspondiente que aseguraría la iniciación, sin tropiezos, de la
importante actividad. Grabadores, diseñadores y dibujantes, técnicos en fotomecánica y
galvanoplastia e impresores, tuvieron la oportunidad de capacitarse adecuadamente en Roma,
Milán, Viena, Bruselas y Londres.
Aquí conviene señalar
que la Imprenta de Billetes del Banco de la República de Colombia fue la tercera
instalación de esta naturaleza en Latinoamérica después de las de Argentina y Chile y,
en sus comienzos, se consideró como modelo mundial. Como consecuencia de lo anterior,
México y Brasil la escogieron como fuente de preparación y capacitación de sus
operarios, cuando en oportunidades posteriores iniciaron actividades en la fabricación de
sus propios billetes. Más adelante, tanto México como Brasil tomaron el liderazgo y
alcanzaron la autosuficiencia al elaborar sus propios diseños y producir localmente todas
sus necesidades; sin embargo, unos y otros reconocen el aporte recibido de la Imprenta del
Banco de la República en su adecuada capacitación, base del éxito alcanzado por sus
imprentas.
En la actualidad, en la
región de Latinoamérica, sólo cuentan con imprentas de billetes propias: Argentina,
Chile, Brasil, México, Venezuela y Colombia; Ecuador operó, hasta la puesta en vigencia
de la dolarización, una instalación dedicada únicamente a realizar la última fase de
impresión y el acabado de los billetes.
Terminada la
construcción del edificio, instalado el equipo básico y entrenado el personal, la
Imprenta inició sus labores en junio de 1959. El día 23 de octubre de 1959 con la
presencia del señor Presidente de La República Dr.
Alberto Lleras Camargo, los
miembros de la junta directiva y altos funcionarios del instituto, tuvo lugar, en sencilla
ceremonia, la inauguración oficial de la Imprenta de Billetes del Banco de la República
de Colombia.
Los primeros billetes
Hasta la época en que
la Imprenta, inició sus actividades, el banco atendía sus necesidades de billetes con
base en la importación procedente de reconocidas firmas de Europa y Estados Unidos. Los
diseños de estos billetes eran generalmente, contratados en forma simultánea con el
suministro y aun cuando los motivos y grabados, algunos de excelente calidad y valor
artístico, hacían referencia a aspectos de nuestro país, no necesariamente
reflejaban
plenamente la cultura colombiana. Asimismo, los motivos secundarios, orlas y otros
elementos no presentaban carácter de exclusividad.
Cabe acá señalar que
los billetes de banco además de cumplir con la importante función de permitir el diario
desenvolvimiento de la economía de los países, junto con la bandera, el himno nacional y
el escudo, hacen parte de los emblemas de soberanía de cada nación. En efecto, tales
documentos son exclusivos, identifican los países y por las características de su
diseño (motivos, colores, estilo) son un reflejo de la idiosincrasia de los pueblos.
Igualmente, los billetes son la imagen de la integridad, carácter y calidad del ente
emisor y por tanto deben inspirar la confianza y seguridad que de él espera el usuario.
La citada condición de
diseño de los billetes colombianos, continuó para la mayoría de las denominaciones que
aún con posterioridad al establecimiento de la Imprenta, fue necesario seguir adquiriendo
en el exterior, hasta que en 1979
se dio origen a la Nueva familia de billetes
del banco, en la cual la institución intervino directamente en la definición de los
diseños.
Para la puesta en
marcha de la Imprenta y su actividad inicial se requería contar con diseños nuevos para
las denominaciones a producir. En consecuencia junto con el desarrollo del proyecto y la
preparación del personal, se contrató la preparación de los nuevos signos y de los
materiales originales y de impresión necesarios. Igualmente mientras se cumpliera la
etapa de asimilación de la tecnología el nivel de producción debería crecer
gradualmente integrando a los programas cada vez nuevas denominaciones, iniciando por el
billete de $1.
Como el esquema general
propuesto contemplaba, a mediano plazo, la autosuficiencia de la Imprenta, es decir, el
cubrimiento total del proceso desde el origen de los signos a producir, hasta su entrega a
la Tesorería del banco; dentro del programa de capacitación, se contempló la
participación de los artistas y técnicos de diseño, quienes luego de recibir la
instrucción básica tuvieron ocasión de practicar bajo la dirección de los expertos
contratados, cada vez en mayor proporción, en la ejecución de los diseños de los
billetes que produciría la Imprenta.
El proyecto básico
contempló en principio la fabricación gradual de las denominaciones $1, $5, $10 y $20,
para lo cual con la coordinación de la Organización Giori de Lausana - Suiza, se
contrataron los servicios del profesor Mario Biardi, uno de los más grandes grabadores de
billetes de la era moderna. El grabado para diseño de documentos valor, particularmente
de los retratos utilizados como motivo principal de los diseños, base de la impresión intaglio,
se reconoce como la combinación de arte y técnica con el mayor grado de refinación.
Los trabajos de grabado
de los cuatro signos, se realizaron en los talleres de diseño de la Imprenta de la Banca
DItalia en Roma.
La labor de generación
de originales para la impresión en offset, se cumplió con la decidida
colaboración del Banco de Bélgica, en las instalaciones de su Imprenta de Billetes en
Bruselas. En este proyecto participaron activamente, además del Capitán Torres, los
miembros del equipo colombiano seleccionado entre los que se destacaron: Jaime Pardo C.,
grabador, Simón Bernal, técnico de grabado mecánico, Gabriel Gutiérrez, técnico de
galvanoplastia y José Molina, técnico de fotomecánica.
En esta forma y luego
de enfrentar bastantes dificultades debido a la falta de experiencia, se terminó la
preparación de los materiales necesarios para la producción del billete de $1, cuyo
diseño recibió, en el ámbito internacional de la actividad, los mayores elogios. El
anverso de este primer billete impreso en Colombia, estuvo dedicado a honrar a los dos
más importantes próceres de nuestra historia, Simón Bolívar y Francisco de P.
Santander. La fecha de edición correspondió al 12 de octubre de 1959. La primera
edición llevó las firmas de Ignacio Copete Lizarralde como gerente y Jorge Cortés como
secretario. Por el reverso se incluyó una viñeta con el grabado del cóndor de los Andes
con el fondo de una bella composición de paisajes característicos del país, incluyendo
una vista del otrora majestuoso Salto de Tequendama.
Sucesivamente entre
1961 y 1966, en la medida en que la Imprenta aumentaba su capacidad de producción, cada
vez con mayor participación de los artistas y técnicos de la Imprenta, fueron concebidos
y ejecutados los diseños y puesta en marcha la producción de los billetes de $5, $10 y
$20, para lograr en ese mismo orden sustituir las importaciones en esas denominaciones.
Los diseños de estos
billetes presentaron los siguientes motivos: el de $5 por el anverso, un grabado de José
María Córdoba y del cóndor de los Andes. La fecha de la primera edición correspondió
a enero 2 de 1961. Por el reverso, una vista del Castillo de San Felipe en Cartagena.
El de $10 por el
anverso un fantástico grabado de un retrato de Antonio Nariño, acompañado de una
viñeta con el valor de la denominación bajo la figura del cóndor de los Andes. Para la
primera edición se colocó la fecha: julio 20 de 1963. Por el reverso, la vista de un
sector del Parque Arqueológico de San Agustín, con algunas de las monumentales
esculturas que allí se encuentran.
En el de $20 se
incluyó por el anverso, un retrato del sabio Francisco José Caldas. La fecha de la
primera edición fue octubre 12 de 1964. Por el reverso la reproducción de las piezas
más representativas de las culturas: Muisca, Quimbaya, Calima, Darién y Tolima,
pertenecientes a la colección del Museo del Oro del Banco de la República.
Las primeras ediciones
de estos tres signos llevaron las firmas de Eduardo Arias Robledo y Germán Botero de los
Ríos como gerente y secretario respectivamente.
A partir de 1966, la
Imprenta suplió las necesidades del banco en esas cuatro denominaciones.
Durante estos años,
mientras gradualmente se fue atendiendo la demanda de los billetes de $1 a $20, el equipo
de diseño completó su preparación y comenzó a trabajar el proyecto para un nuevo
billete de $50, elaborado por completo con personal colombiano. Este diseño presentaba
por el anverso la efigie de Camilo Torres como motivo principal, con el reverso dedicado a
exaltar la actividad de la minería de esmeraldas. Lamentablemente por circunstancias de
diversa índole, entre ellas, la del desprestigio que la violencia del comercio de estas
gemas le ocasionó a la noble labor, motivó la decisión de no producir localmente esta
denominación con su nuevo diseño.
A pesar de las obvias
dificultades por las que atravesó la Imprenta en sus primeros años, para 1968 ya se
encontraba en las condiciones concebidas por sus promotores y se consideraba que los
grandes esfuerzos realizados comenzaban a dar sus frutos. No obstante, al iniciar 1969
ocurrió un penoso hecho que afectó en forma trascendental la vida de la Imprenta. El 26
de febrero de 1969 falleció el Capitán Eduardo Torres R.
El infortunado suceso
cierra la primera etapa de la Imprenta, su proceso de organización y puesta en marcha
hasta alcanzar gran prestigio, especialmente reconocido en el ámbito internacional.
Asistencia a México y brasil
A finales de los años
sesenta una vez consolidada la Imprenta como instalación industrial, el Banco de México
alentado por los resultados obtenidos en Colombia, decidió acometer una empresa similar,
en todo momento apoyado por el Banco de la República y su Imprenta de Billetes.
Para el efecto, las
instalaciones de Bogotá fueron ofrecidas y los impresores y técnicos colombianos
sirvieron de maestros a los mexicanos, quienes posteriormente, con base en su bien
entendido nacionalismo, lograron superar tanto en capacidad como en desarrollo, la obra
colombiana.
La estrecha
cooperación entre estas dos instituciones hermanas ha sido permanente. Como adelante se
mencionará, la primera edición del billete de $10.000, puesta en circulación en octubre
de 1992, en conmemoración de los 500 años de vida americana, fue producida en la
Fábrica de Billetes del Banco de México.
Por otro lado y con las
mismas motivaciones, en 1967 Brasil emprendió a su vez el proyecto de impresión de sus
billetes en su antigua Casa da Moeda, acudiendo en igual forma al Banco de la
República para capacitar su personal en Bogotá. En 1983 se puso en funcionamiento el
Complejo Industrial de Santacruz dedicado a la producción de papel moneda, moneda
metálica, medallas, sellos, papeles fiduciarios y fundición refinación y titulación de
oro. En la actualidad, es la instalación de estas características, más importante de
Latinoamérica, atiende la totalidad de las necesidades locales y suministra eventualmente
billetes y documentos valor a otros países.
Durante 1998, en
cumplimiento de labor similar, a solicitud del Banco Central de Venezuela, una vez más la
Imprenta acogió, en un programa de capacitación, parte del personal de operarios que se
formaron para manejar los equipos de producción de las modernas instalaciones de la Casa
de la Moneda construida en la ciudad de Maracay, la cual inició sus actividades
productivas a finales de 1999.
La década del renacimiento
La desaparición del
Capitán Torres, tuvo efectos negativos, no tanto para la actividad productiva de la
planta, como sí para su proyección futura y para el desarrollo e integración de nuevos
signos en la fabricación local.
Para remplazar al Cap.
Torres, en forma provisional, fue nombrado en la dirección de la Imprenta don Jacinto
Zambrano, funcionario de amplia trayectoria en la institución. El señor Zambrano
desempeñó tales funciones desde el 20 de febrero hasta el 14 de abril de 1969, cuando le
fue conferido el cargo de Auditor General del Banco.
En estos pocos meses el
futuro de la Imprenta parecía incierto, se cuestionó su importancia, se afirmó en ese
momento que:
"La capacidad del
equipo instalado es superior a las necesidades propias del banco, lo cual traerá como
consecuencia una época de contracción general en aquella dependencia"
y más aún, se dudó
de la conveniencia económica que significaba mantener para el futuro la actividad de la
Imprenta. Igualmente, aduciendo razones de seguridad se estimaba inconveniente la
introducción en la producción de signos de mayor valor nominal.
Estos hechos
desmoralizaron enormemente al equipo humano organizado por al Capitán Torres, en
particular al grupo encargado de producir los originales, cuyos miembros fueron buscando
otros horizontes, algunos de ellos fallecieron también muy pronto y prácticamente desde
1969 se cerró la sección de Preliminares. A pesar de algunos intentos posteriores de
reabrirla, la reducida necesidad de generar nuevos diseños frente a la dificultad, tiempo
requerido y costos de desarrollar programas de capacitación en esta materia, no lo han
permitido.
Con el traslado de don
Jacinto Zambrano a la Auditoría, las directivas decidieron nombrar en la Dirección de la
Imprenta, a partir del 1º de agosto de 1969, a don Carlos Rojas Llorente, antiguo
funcionario de carrera, quien en ocasión anterior se había desempeñado en la misma
dependencia como delegado del auditor.
Don Carlos asumió sus
funciones y, con gran dedicación y empeño, se dio a la tarea de conocer la actividad y
analizar la situación real de la Imprenta frente a las necesidades del banco. Muy
rápidamente pudo establecer que, en contra de lo afirmado, en primer lugar, la demanda de
billetes por parte del banco era creciente, frente a una producción anual estática y
que, en segundo lugar, los costos de la producción local eran sustancialmente inferiores
a los de importación, situación que fue sometida a amplio análisis por parte de las
directivas del banco.
Los planteamientos de
Don Carlos Rojas en relación con la necesidad de fomentar el desarrollo de la Imprenta a
cambio de reducir su actividad, ampliar su capacidad de producción y satisfacer sus
requerimientos de personal y capacitación del mismo, fueron favorablemente acogidos, y
recibieron el necesario respaldo de los altos funcionarios subgerente - secretario, señor
Antonio José Gutiérrez y Dr. Germán Botero De los Ríos, Gerente General del Banco.
En consecuencia, luego
de extensos estudios, a partir de 1972, la Dirección de la Imprenta con el apoyo de las
directivas inició un programa de renovación gradual del equipo de producción el cual se
prolongó hasta 1978. De esta manera se consiguió, además de incrementar los niveles de
productividad, actualizar los procesos que presentaban atraso tecnológico. Asimismo, fue
posible mejorar las instalaciones de las secciones de servicio y la Imprenta quedó en
condiciones de asumir gradualmente la producción de nuevos signos.
Si resalta en la vida
de la Imprenta la figura del Capitán Torres como realizador de la idea, la función que
cumplió don Carlos Rojas amerita sin duda el reconocimiento como el ejecutivo, que logró
rescatar la imagen de la misma y la colocó en condiciones de proyectar su actividad hacia
la difícil meta de proveer todos los billetes requeridos por el banco.
En este sentido, bajo
su administración, tuvo lugar la sucesiva introducción de nuevas denominaciones a la
fabricación local. Dado que, como se mencionó anteriormente, las secciones de Diseño y
Preliminares desaparecieron, se adoptó la modalidad de tomar los materiales originales
utilizados por los proveedores del exterior para producir los billetes importados y
adelantar localmente la producción de las planchas impresoras necesarias para cumplir los
diferentes procesos de impresión.
Dentro de este
criterio, en 1975 se adelantaron las gestiones para producir localmente el billete de
$2.oo (Policarpa Salavarrieta / Balsa Muisca), cuyo diseño y primeras ediciones habían
sido encargadas a la American Banknote Company de los Estados Unidos. De este billete se
produjeron 150 millones de piezas entre 1976 y 1977, año en el cual, por pérdida de su
poder adquisitivo, fue suspendida como denominación activa en billetes y remplazado el
signo por moneda metálica. La primera edición local de este billete llevó la fecha:
julio 20 de 1976 y las firmas de Germán Botero de los Ríos, Gerente y Antonio José
Gutiérrez, Secretario.
Del mismo modo y como
una de sus últimas realizaciones, Don Carlos Rojas, coordinó en 1979 las operaciones
tendientes a realizar la producción local del billete de $50, diseñado y fabricado hasta
ese momento por la firma Thomas De la Rue de Inglaterra. El diseño de este billete
presentaba por el anverso un retrato de Camilo Torres y por el reverso las orquídeas
colombianas. La primera edición tuvo la fecha: 1º de enero de 1980 y las firmas de
Rafael Gama Quijano, Gerente y Francisco José Ortega, Secretario.
Como consecuencia del
avance tecnológico que tuvo la Imprenta desde 1972 y en particular con la renovación del
equipo Intaglio, en 1979 fue posible cambiar el formato del papel de 28 a 35
unidades por hoja, con lo cual efectivamente se incrementó en un 25% la capacidad de
producción, sin requerir aumentos notables en la planta de personal.
Con cerca de 33 años
de servicio a la institución, en enero de 1979, se retiró don Carlos Rojas, rodeado del
aprecio de funcionarios del banco y empleados de la Imprenta, entidad a la cual consagró,
en forma eficiente, 10 años de su vida.
El período de transición
A la salida de don
Carlos Rojas LL., las directivas decidieron nombrar en la Dirección de la Imprenta al
hasta entonces asesor industrial de la gerencia, Dr. Eduardo Wills C., antiguo presidente
de la empresa bavaria, quien permaneció en este cargo hasta abril de 1981. Durante esta
etapa se continuó el proceso de renovación del equipo impresor y se dieron los pasos
iniciales para modernizar la sección de Acabado.
En remplazo del Dr.
Wills, asumió la Dirección el funcionario de carrera en el banco Dr. Gustavo Navarrete
T., quien en forma sobresaliente dedicó su energía y conocimientos al mejor desarrollo
de la Planta. Durante su corta permanencia de un año, fue notable su gestión. A partir
de 1981 se modificó la jornada de trabajo existente a las condiciones de jornada
continua, vigente en la actualidad. Fueron instaladas las máquinas de corte y empaque Cutpak
y su equipo accesorio para la sección de Acabado y se instaló la cuarta máquina Intagliocolor
de cuatro planchas. Asimismo y bajo la excelente orientación del Dr. Jaime Sabogal R.,
subgerente general administrativo, se concretó el proyecto de fabricación local de un
billete de $100 con nuevo diseño, enmarcado dentro de los parámetros de una nueva
familia, trabajo encargado a la firma De La Rue Giori S.A. de Suiza. De igual manera se
produjo localmente la última edición del billete de $200 (Bolívar / café), fabricado
hasta entonces por Thomas De la Rue en Inglaterra. La primera edición local de este signo
llevaba las firmas de Rafael Gama Q., Gerente y Francisco J. Ortega, Secretario, con
fecha: 1º de enero de 1982.
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A partir del 24 de
marzo de 1982, en remplazo del Dr. Gustavo Navarrete, asumió la Dirección de la
Imprenta, el Dr. David Vallejo M., bajo las orientaciones de la Subgerencia del área
industrial, dependencia creada en 1981, como parte integrante de la Subgerencia General
Administrativa del banco.
En 1982 con la
instalación de la cuarta máquina Intagliocolor 8, concluyó el programa de
renovación del equipo de producción iniciado diez años atrás.
En 1983 se inició el
programa orientado a fabricar localmente el billete de $200 (Expedición botánica),
originalmente impreso y suministrado por Thomas de la Rue. La calidad obtenida en este
caso al igual que en los demás billetes producidos en la Imprenta, fue objeto del mejor
reconocimiento.
Una de las
realizaciones más importantes de esta época corresponde al estudio e implan-tación, en
1983, del sistema de contabilidad de costos diseñado por la firma Price Waterhouse cuyo
montaje y puesta en marcha, tomó alrededor de dos años.
Merece acá especial
mención un hecho que cambió temporalmente la naturaleza jurídica de la Imprenta, el
cual consistió en la venta efectuada por el banco a la nación, a través de la Casa de
Moneda, de las instalaciones, equipo, materias primas, etc., de la Imprenta de Billetes.
En efecto, concluidos los extensos estudios sobre el particular, el 30 de junio de 1984 se
celebró el contrato de compraventa suscrito por la nación y el banco. Desde esa fecha,
de acuerdo con los términos del citado contrato de Administración delegada, el Banco de
la República administró la Imprenta, utilizando su propio personal por un período de
nueve años.
Esta situación sin
embargo, no tuvo efectos apreciables en la operación de la Planta, la cual continuó
desarrollando su actividad con el espíritu y entusiasmo que le imprimieron sus
fundadores.
Ante la necesidad de
complementar la renovación del equipo de producción en el área de la impresión de
fondos offset, a finales de 1986
fue remplazada
la máquina
«Simultan» instalada en 1968, por una moderna Supersi-multan II, la cual permitió la
integración de nuevos procesos de impresión con modernas posibilidades técnicas que
contribuyeron a reducir los costos de fabricación, especialmente en el caso de los
billetes de baja denominación.
También en 1987 se
proyectó y adelantó el proceso para la fabricación local del billete de $500, trabajo
ejecutado con base en el material originado y utilizado hasta ese momento por Thomas de la
Rue en Inglaterra.
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