MEMORIA RACIOCINADA DE LAS SALINAS DE ZIPAQUIRÁ
ALEJANDRO DE HUMBOLDT 
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COCCIÓN DE LA SAL Y TRASPORTE DEL PRODUCTO

Los europeos que hicieron la conquista de este país, léjos de dar su cultura y civilizacion á los indios (que están más estúpidos y perezosos que entónces) se acomodaron por lo contrario á sus habitaciones, á sus caminos, á sus barcos y á sus estilos. En el dia se hace aún en Zipaquirá, la sal como el adelantado don Gonzalo Jiménez de Quesada la vió hacer en Nemocon el año 1537, cuando pasó viniendo de Lenguazaque. Se hace por el mismo método que el obispo Piedrahita describe largamente en su historia general de las conquistas del Nuevo Reino de Granada (escrita en 1676) página 134: poco tiempo ha que en Pizarrá se hace la cocción con vasijas de hierro, pero ántes se hacia en totumas, que son unas cáscaras de cierta especie de calabazas.

Segun los tiempos las costumbres; la poblacion de este Reino ha aumentado singularmente hácia el fin del último siglo, particularmente la clase que consume mucha sal, pues las razas indias * hacen muy poco uso de ella. La produccion de sal en Zipaquirá debe aumentarse; pero la falta de loza, la carestía del combustible y la grande lentitud con la que se construyen los hornos que se demuelen tres dias despues, todo esto, se opone al aumento del producto. El público recibe en lugar de sal un sedimento terroso, y aun éste no es con la prontitud que desea. Clama contra la Direccion de la salina, y la Direccion con razon pide contra los indios de Gachancipá y Tocancipá. Se ha propuesto el hacer las cazuelas en Zipaquirá de cuenta del rey, pero hay arcilla; pero el Gobierno, movido de una compasion que le hace honor, no ha querido entrar en el proyecto, y privar á los indios alfareros de aquel corto lujo, por cuya medio hubiera quedado la salina y urgencia pública independiente del capricho y de la pereza de aquellos indios.

Si en las circunstancias presentes se continúa aún en cocer la sal en cazuelas y con una profusion de combustible tan enorme como la del día, y si se sigue construyendo á mucho costo lo que se demuele el día siguiente, no solo se privará á la Real Hacienda del ingreso de sumas considerables, (sumas que estarian en cajas reales sin gravámen del público) sino que tambien se agotarán los combustibles á las inmediaciones de una grande poblacion, y la existencia futura de la salina, las fábricas reales de licores, y toda la industria pública se verán en el riesgo más urgente. Esto es lo que el Gobierno prevé dignándose de fijar su atencion sobre este ramo importante de administracion pública. 

Examinaremos de paso los gastos que ocasiona el método actual: se hacen hornos de 3 á 800 arrobas, se paga á las mujeres por cada uno (el sexo tiene este privilegio desde el tiempo de los indios, que era costumbre entre ellos el que los hombres no trabajaran) once pesos, regulando unos con otros: se construyen por año de 300 á 400 hornos, y contando el total de cada horno á 15 pesos (porque en los once pesos no va comprendido el jornal de los peones que se dan para ayudar al trabajo), hace el total de 4,000 pesos, gasto invertido en una construccion que se demuele á los tres dias.

Los tiestos (múcuras ó moyas los nombra Piedrahita, segun el estilo de su tiempo) se diferencian en cazos y cazuelas: los primeros valen un cuartillo y las últimas medio real. Los primeros contienen dos arrobas, las últimas cuatro. Pero los indios han hallado por conveniente el achicarlos, de modo que los unos en el día contienen 1 1/4 arrobas, y las otras 3 arrobas, se quiebran por año más de 50,000 tiestos, que excede de 3,000 pesos el costo que le tienen á la salina de Zipaquirá, y así se pueden contar 8,000 pesos en gastos viciados, y entrando tambien lo que importa el material de los hornos se pueden regular 10,000 pesos.

Pasemos al combustible para hacer 800 arrobas de sal, se necesitan de 5 á 600 cargas de leña que valen 150 ó 160 pesos, se hace distincion de tres clases de leña (lo que prueba que ya va siendo escasa) segun su grueso se tienen cargas que valen 1 real, 1 1/2 y 2 1/2 , las que se pagan a 2 reales, sus palos me han parecido de 9 piés de largo, y 2 1/2 á 3 pulgadas de diámetro, y 241 que componen una carga de lo que resulta que una carga son 16 piés cúbicos, y que se necesitan 8,000 p. c. para la coccion de 800 arrobas, ó que 100 piés cúbicos solo rinden 10 arrobas en Zipaquirá, cuando en los hornos bien construidos y arreglados en las nuevas salinas por MM. Claist, Bukeling y Wil, dan por cada 100 piés cúbicos 88 arrobas y en los más imperfectos, que he visto en Europa, á lo ménos 86 arrobas, por este cálculo se ve que en Zipaquirá se desperdician anualmente á lo ménos 1.600,000 piés cúbicos de leña, que valen 25,000 pesos.

No debe atribuirse esta enorme diferencia entre las salinas de Europa y la de Zipaquirá á la diferencia de leñas; se trata de una diferencia ó razon de 10 á 88 arrobas, y segun las experiencias las más exactas hechas de dos volúmenes iguales de dos especies de leñas distintas, nunca ha llegado á ser como 1 á 2 la diferencia de calor; pero sí generalmente como 1 á 1—3, ó 1 á 16. En Zipaquirá se quema leña muy dura y densa, y así no es la calidad del combustible, sino el modo de gastarlo, lo que resuelve el problema. La leña se echa sobre un piso sin parrillas, distante de 4 á 4 1/4 piés de las cazuelas, y el horno sin chimenea, que contiene dos veces más de aire del que puede descomponer el combustible, de modo que este aire (que recibe ó usurpa calor en lugar de darlo) se escapa y es reemplazado por otro más frio. El horno es de forma paralelograma, que ella misma está diciendo que calienta; pero no las cazuelas que contienen el líquido. Este líquido, dividido en una infinidad de cazuelas (las hay de de 3 y de 4 pulgadas de diámetro) que presentan otras tantas partes por donde se pierde el calor, y un sedimento térreo de 12 á 14 y hasta 18 pulgadas de crasicie por el que debe pasar el calor ** y aun despues de esta enumeracion de obstáculos, se asombra uno de la pérdida de combustible. La economía del fuego en Zipaquirá á la que se guarda en Hall Fraunstein, está en razon inversa del combustible que se necesita para producir un efecto idéntico ó igual á 1 á 88. Las grandes luces que mi amigo el conde de Rumford (ántes citado con el nombre de sir Benjamin Thomson) ha comunicado sobre la construccion de hornos, me facilita el citar ejemplares mayores. Este ingenioso físico ha promovido con experiencias (véanse las transacciones filosóficas de 1797) que se pueden disponer unas hornillas ó un horno, en el que solo se necesita 1/14 de combustible del que se consume ordinariamente para la coccion de un puchero, ya en esto se tiene la razon de 1 á 14.

El modo de remediar los grandes gastos que ocasionan los hornos que se hacen, para demolerlos, las cazuelas y el consumo desproporcionado de leñas es bien simple. Que se imite lo que se hace en todos los demas países, donde las calderas no crecen en los árboles como en pizarra. Voy á demostrar que una sola caldera en Alemania produce más sal que toda la salina de Zipaquirá con sus 50,000 cazuelas, sus 3,400 hornos y con su 1 1/2 millon de piés cúbicos de leña. Tomo por ejemplo la salina de Reichenhall en Baviera, de cuya economía conservo casualmente algunos manuscritos.

Se hicieron en

1791 en 5 calderas,  242,156 quintales de 4 arrobas.
1792 en 5 id. 243,355 íd. de  4 id.
1793 en id. 240,256 íd. de 4 id.
1794 en id. 217,024  íd.  de 4 id.
1795 en 5 id. 257,072  id.  de 4 id.
1796 en 5   id. 272,717 íd.  de id.

       

Una caldera de 24 piés en cuadro produce por consiguiente en Reichenhall cerca de 52,000 quintales ó 208,000 arrobas, que es igual á lo que Zipaquirá, Nemocon y Tausa rinden con 73,000 cazuelas.

Algunas causas locales que no existen en Zipaquirá obligan á acelerar el trabajo en Reichenhall. Aquí deberían hacerce varias calderas de menor tamaño, como de 14 á 18 piés en cuadro y de 2 de profundidad (porque las calderas circulares que prescribe la teórica presentan dificultades para su construccion) no deben ser fundidas porque resultan de mucha crasicie, y esto mismo las quema por la dificultad con que las penetra el calor. Se han de construir de planchas de fierro claveteadas: por experiencia yo prefiero el fierro al cobre, aunque este último es de la misma inocencia para la salud: las aguas saladas no contienen ácido en abundancia, y el cobre no descompone el muriático de sosa. En Lunebourg, donde hay una salina que pertenece al rey de Inglaterra, se hace la coccion de la sal en calderas de plomo y no se ha conocido en el espacio de 800 años el menor efecto contra la salud de los habitantes, y habiendo aquí igual escasez de cobre batido que de fierro, no seria más económico el valerse del primero.

Una caldera de las dimensiones que van dichas cuesta en Europa de 400 á 500 pesos y segun en qué país, un tercio ménos. No se cuál seria el precio de las de Zipaquirá, ni el número que se necesitaría (porque pende de la actividad del trabajo, de la interrupcion que causan los días de fiesta) pero contando con 4 ó 6 calderas, no creo que su capital pudiera ser equivalente á 8 ó 10,000 pesos que anualmente se gastan en hornos y cazuelas: una caldera dura de 15 á 20 años lo que ménos, y durante esta época la salina en los hornos y cazuelas quebradas gasta 160,000 pesos.

Segun el cálculo que formo de los gastos de fabricacion que actualmente se observa, cada diez arrobas comerciables tienen de costo al rey:

Gastos de mina ........................................................ 1  2/10
Gastos de horno y maniobra en la cocción ..................... 2  2/10
Gasto en cazuelas  ................................................... 1  5/10
Gasto del combustible  .............................................. 12  4/10  

Para acabar esta demostracion me falta poner en cuenta los gastos de trasporte y los de concentracion en los estanques (baticion): me parece que el todo ascenderá á 24 reales, y que el rey en cada 10 arrobas gana cerca de 18 reales. Seria útil el rectificar este cálculo, que solo he fundado en datos inciertos sin conocer los gastos de fabricacion, es imposible el administrar bien cualquiera manufactura que sea.

Las calderas no sólo proporcionan el ahorrar los gastos de hornos y cazuelas, sino que tambien facilitan una buena construccion de horno para economizar el combustible: los límites de esta memoria no me permiten el extenderme en los detalles de lo que entendemos por buena construccion; necesitaría escribir un gran volúmen para exponer lo que los principios físicos y una larga experiencia han hecho conocer por más ventajoso, ni todas estas ventajas pueden reunirse en un solo horno, y así yo me limitaré á tratar aforísticamente los puntos principales sobre los que un arquitecto debe fijar sus miras.

Si la caldera solo tiene 300 piés cuadrados de superficie, basta solo una parrilla; pero si la caldera tiene 1,600 piés cuadrados como son algunas de las salinas de Alemania, son preferibles dos hornos sobre dos parrillas, ya sean sobre un mismo estado, ó ya frente por frente uno de otro.

Aunque la pérdida de calor causada por los bordes de las calderas y las paredes del horno, es ménos en una caldera grande, que en dos de igual volúmen, y parece que la ventaja aumenta en la misma proporcion que las calderas, con todo, la clase y especie de combustible y la manipulacion del líquido nos presentan límites de los que no conviene pasar; el máximo parece que se termina en 625 piés cuadrados.

La distancia de la parrilla al fondo de la caldera debe ser distinta cuando se emplea leña, de cuando se gasta carbon de piedra: en el primer caso será de 24 á 30 pulgadas, en el segundo de 16 á 18. Seria conveniente examinar si en Zipaquirá se podría conseguir carbon de tierra á igual precio que la leña: el primero seria ventajoso porque se ahorraría el destruir los bosques (si el combustible es muy escaso); pueden dirigirse las aguas saladas por trageas hasta los sitios donde haya minas de carbon de tierra, las aguas de Fraunstein en Baviera corren cerca de 8 leguas hasta llegar donde la leña es ménos cara. Las parrillas no deben estar fijas ó empotrados sus extremos en los lados de la hornilla, porque dilatándose con la fuerza del calor, y no pudiendo tomar la extension conveniente, se pandean y así debe dejárseles proporcionado espacio para tomar la extension que requieran.

Las lengüetas ó divisiones de paredes por cuyo alrededor ha de circular el fuego, sirven tambien para sostener la caldera; el plan del horno debe ir subiendo proporcionalmente para acercarse más y más al fondo de la caldera al paso que se aleja de las parrillas para que la llama esté más reconcentrada, cuanto más va perdiendo su primitiva actividad.

En la construccion de los hornos se ha de tener gran cuidado de evitar cuanto absorbe y distrae el calor, como son gruesas paredes: los peores conductores del calor son el aire en reposo, la ceniza y el carbon molido; por esto es que se procura construir los hornos sobre arcos (bajo los que se seca la llama) y el llenar las lengüetas dichas con ceniza.

La economía del combustible preside principalmente de las dimensiones del horno, no ha de contener más aire del que el combustible puede descomponer, todo aire que entre de más no hará más que perjudicar y usurpar el calor.

La actividad del fuego depende de la buena proporcion entre la altura del cenicero y la distancia de las parrillas al fondo de la caldera. Debe estar en la razon de 3 á 2 estados ventajoso el hacer entrar en el cenicero, no el aire de la casa sino el aire libre exterior, que se conduce por cualquier conducto.

La altura del cañon de la chimenea aumenta la corriente del aire, y cuanto más activa es la llama, ménos leña se consume; un humo negro y un fuego lento sofocado se lleva por la chimenea mucha sustancia combustible, y evapora mucho calor; este humo se pega por los rincones del horno, y como es muy mal conductor del calor impide su paso; el líquido no hierve en los parajes donde este humo se ha condensado, y así es útil prolongar el cañon hasta más abajo de la introduccion del humo. Esta extremidad inferior del cañon de la chimenea tendrá una compuerta de corredera, y se graduará la actividad conveniente del fuego abriendo más ó ménos esta compuerta.

Mucho calor se pierde por la boca del horno: debe dársele una forma particular, se coloca de modo que su borde superior esté en el plano de las parrillas, y el plan que de la boca sube á las parrillas va inclinado 450 y por esta bóveda ascendente es por donde se introduce la leña. Por medio de esta construccion (la misma que poco há ejecuté en un horno del ingenio del conde de Mompox en la Habana) quedan los que cuidan de mantener el fuego del horno, libres del gran calor que despiden las bocas al uso ordinario. Los rayos de calor en lugar de salir por la boca pegan contra la pared que está encima del borde superior de ella y reverberan hácia lo interior del horno. La experiencia prueba las propiedades de estos rayos de calor reflectos.

Cuando se hace en una caldera sola y se quiere sal cristalizada de grano grueso, se ve uno precisado á alterar el calor del fuego avivando éste más ó ménos. La primera operacion al principio de la coccion y la evaporacion requieren un fuego violento. La segunda operacion y la cristalizacion por lo contrario exigen poco fuego, y no menear o mover el líquido:  esta variedad en el fuego es perniciosa para la economía del combustible; cada vez que se ha de hacer hervir el líquido se pierde una gran parte de calor en penetrar (saturar) las paredes del horno el aire circunvecino... cuando las paredes del horno están ya caldeadas, será la pérdida; pero nuevamente entra otra que es en el tiempo de la cristalizacíon en el que se enfria el horno. La evaporacion de una nueva cantidad de agua salada que se repone en la caldera, exige un fuego activo, y se repiten nuevas pérdidas. Este detalle basta para probar lo útil que es el no evaporar y cristalizar en una misma caldera, sino el servirse de dos, evaporando en la una y cristalizando en la otra. La primera ha de estar más elevada que la segunda, porque el agua concentrada puede pasar escurriendo naturalmente á la segunda.

Es acertado el disponer el fuego de modo que no sólo circule al rededor de los bordes de la caldera, sino tambien que vaya á dar debajo de otra caldera de preparacion, la que se coloca entre la chimenea y una de las otras calderas. Basta que las aguas saladas adquieran 20 ó 250 de calor de Reaumur en esta caldera de preparacion, á fin de que la de evaporacion no reciba las aguas enteramente frías, que retardarían la evaporacion de todo el líquido. En Berchtesyaden, el Elector Palatino hizo construir, con arreglo á mi plan, una caldera de preparacion de una magnitud enorme de más de 1,200 piés cúbicos: es de madera en forma cúbica, y tiene en medio del líquido un cajon de hoja de lata en el que se hace el fuego, introduciendo la leña por un conducto que atraviesa uno de los lados: esta caldera es de maravilloso efecto: la madera es mal conductor del calor, y hallándose el fuego en el centro del líquido no se pierde un átomo.

El aire atmosférico estando en contacto con una gran masa de flúido que se quiere evaporar, impide que este flúido reciba todo el calor que se le pretende dar por el fuego: este aire se calienta y por elasticidad se eleva, y le sustituye otro frio, descansando sobre el flúido para usurparle de nuevo el calor; por esta sucesion y fuego del aire se va poco á poco calentando toda la atmósfera del laboratorio, del patio... esta es la causa porque es tan difícil el hacer hervir una gran cantidad de flúido: este mal puede remediarse haciendo una tapadera de tablazon, que tenga solo una pequeña abertura por donde puedan salir los vapores que se desprendan. La manipulacion de las aguas saladas, que es precisa miéntras se hace la coccion, impide que la tapadera plana se coloque á 4 ó 5 pulgadas de altura sobre la superficie del líquido (semejante á la que debe tener la caldera de preparacion) y por lo que (segun las experiencias que tengo hechas, en 1793, en Prusia, y últimamente en la Habana, con las calderas nombradas clarificadoras) se ahorra un tiempo de tercio y combustible; en lugar de la tapadera llana se cubren las calderas de evaporacion y cristalizacion con una falda de madera que preserva al flúido de toda influencia atmosférica: esta cubierta se abre por un lado por medio de una compuerta sostenida de contrapesos: se tiene cuidado de bajar la compuerta siempre que no se ha de trabajar, y este es un medio de regular el calor, subiéndola ó bajándola sin aumentar ó disminuir el fuego. Estas grandes ventajas se ven claramente en Richenhall, en Fraunstein, en Aigle y en Hall, y el Gobierno frances tiene consultado sobre el particular á M. Claisi á fin de establecer este método en el territorio de la República. Los principios de física nos manifiestan que las tapaderas no solo ahorran el combustible porque impiden el aire exterior, el usurpar el calor al flúido, sino tambien porque debajo de su concavidad se forma un vacío imperfecto (semejante al aire de las montañas) que favorece la evaporacion, y que el vapor retenido desde el principio de la coccion da calor sobre la superficie del flúido.

Tengo publicadas las experiencias que hice en 1792 y 1798, que prueban que haciendo la tapadera llana y con un borde, que el todo en sí sea otra caldera igual en volúmen á la de abajo: la segunda masa de liquido recibe por el mismo fuego 73 á 75° Reaumur, cuando la primera masa (esto es, la de abajo) es de 800, este es un método por el que se saca un gran partido de los vapores; pero no puede tener lugar en una salina donde la construccion ha de ser simple y sólida.

Los vapores que se elevan de la caldera de sal se condensan naturalmente luego que tienen conducto con el aire exterior; en los vapores condensados gravitan sobre el líquido é impiden la evaporacion, este es el motivo por el que se ha especulado tanto sobre la forma que debe dársele al cono por donde se elevan los vapores, es útil el hacer la abertura de la tapadera donde va dicho no encima de la caldera; pero sí al lado, porque el aire exterior no pueda inmediatamente producir frialdad al líquido, y es más conveniente aún el colocar esta abertura inmediata á la chimenea á fin de que el calor que sale dé una elasticidad á los vapores enfriados.

No se han de poner en coccion aguas saladas que tengan ménos de 18 á 20 p. c. porque se pierde mucho combustible, ni tampoco que excedan de 25 á 26 p. c. porque estas aguas se cristalizan muy pronto sin que la sal se purifique hirviendo, y así se necesita un aerómetro. El agua que se eche en una caldera debe estar en el grado de calor que tengan las parrillas en el paraje donde el flúido esté en mayor grado; entónces la nueva agua enfría á lo ménos posible la de la caldera, y se pierde ménos combustible.

Se objeta en Zipaquirá al uso de las calderas: 1° que se queman, 2° que en ellas no se puede hacer sal trasportable. La experiencia de la Europa entera arguye contra estas suposiciones: las calderas se queman cuando son de mucha crasicie (como son la mayor parte de las fundidas ó vaciadas) ó cuando se quiere hacer en ellas sedimentos de sal iguales á los que se hacen en las cazuelas, sedimentos que impiden que pase el calor; por lo que respecta a sal trasportable, sólo cito para ejemplo la sal de mar, que se conduce en grano desde la costa de Puerto-Cabello y Cumaná hasta lo interior de la provincia de Venezuela, á Barinas, á la Guayana, y hasta el rio Negro, á 500 leguas de distancia donde yo la he comido, cito toda la Europa en la que se cocina en calderas, cuya extension es á lo ménos mayor que la de este Reino.

Se consigue sal cristalizada en mayor ó menor grano, segun se deja enfriar más o ménos el líquido en la cristalizacion, extendiendo los granos en un rebanco que tiene uno de los lados de la cazuela, y se tiene una sal graneada que se trasporta en barriles, en sacos ó zurrones de cuero; si por lo contrario se pone la sal húmeda en formas cónicas que son una especie de herradas cuyas dovelas se ensanchan con cuerdas y se colocan alrededor de la caldera ó de la chimenea, ó de algun cuarto que reciba calor de la chimenea, se tendrán entónces panes de sal, que aunque no serán de la consistencia que los sedimentos que resultan de la fabricacion actual en cazuelas, serán de una union y dureza suficientes para poderse trasportar á las provincias más remotas de este Reyno.

Como para la fábrica es más fácil y ventajoso el venderla en grano que no en estos panes propuestos (que se usan en Prusia), seria útil ganar la predileccion del público para la sal graneada: el medio es simple; no hay más que á los principios el darla con alguna más comodidad que la que se venda en panes. En este llano de Bogotá, dentro de 5 á 7 leguas de Santa Fé, contada la capital, podrá haber más de 60,000 habitantes (todos buenos consumidores de sal); qué dificultad puede haber en dar á éstos una sal graneada, trasportada en sacos de fique (de los que se hacen en Choachí y Machetá, que dos de ellos son de 10 arrobas, y 2 á 3 reales) ó los mismos que sirven para el comercio del trigo, ó en zurrones de cuero como se usa en Carácas, y aquí para el trasporte de los sebos.

Aunque por el pronto no se quisiera de una vez mudar del todo la manipulacion de Zipaquirá, se podría continuar con la coccion en las cazuelas de aquella cantidad de sal que ha de ir á los países más remotos, y hacer sal graneada para este llano y aquellos parajes que el menor precio puede poco á poco establecer la predileccion.

Tengo anunciado y probado que una sola ó (segun las circunstancias locales) tres ó cuatro calderas bastan para fabricar la sal que en Zipaquirá, Nemocon y Tausa producen 73,000 cazuelas y 450 hornos: he explicado que se ahorra combustible si en lugar de hacer todas las operaciones en una sola caldera se establecen de preparacion, de evaporacíon y de cristalizacion y que la sal en grano se seque en el rebanco de la caldera ó en tabla: á primera vista puede parecer que el método europeo, aunque se presenta bien, no ofrece ventajas reales, y que bajo de una demostracion de principios científicos se complica la manipulacion que se quiere introducir el metal en lugar de la arcilla que la da el país, que las cazuelas y las totumas sirven al mismo tiempo de calderas de preparacion, evaporacion y cristalizacion, que igualmente sirven de rebanco ó tabla para secar la sal... Yo convengo en que el gasto que el Gobierno debe hacer al primer año, será mayor que el que le ocasionan las cazuelas y hornos; pero las personas acostumbradas al cálculo de la economía política, juzgarán fácilmente si un gasto continuado aunque no sea crecido, es equivalente á otro mayor por una sola vez. No se puede negar la influencia que tienen las ciencias sobre las artes, y la feliz reunion de la teórica á la práctica cuando se ve que en el día se amalgama ***  en 36; se blanquea (con el ácido muriático oxígeno) en tres horas, y que los nuevos hornos producen 88 arrobas de sal con 100 piés cúbicos de leña, al paso que los antiguos sólo dan 36 arrobas y en Zipaquirá 10 arrobas, se tendrá presente que el trabajo con cazuelas es un trabajo lento y consumidor de combustible, que en los siglos venideros hará falta á las salinas y al público, y que anualmente se gastan 25,000 pesos en leña, y de 8 á 10,000 en cazuelas y hornos. Esta íntima persuasion de la utilidad y del nuevo método (y Zipaquirá lograría ventaja en establecer el método más antiguo que se observa en algun rincon de los más retirados de Europa) es la que ha movido á los Gobiernos celosos de sus rentas, como son el del Emperador de Alemania, del Elector Palatino, del Rey de Prusia y de la República de Berna á expender medio millon cada uno para trasformar sus salinas.

Si las circunstancias locales embarazan del todo el reformar la salina dc Zipaquirá, y el hacer la sal en calderas, no hay duda que podría resultar alguna economía de combustible cocinándola en cazuelas, sí se establecieran hornos de circulacion ó reverbero; á esto se objeta que la primera cazuela se quiebra, y que la última no recibe el calor necesario; este reparo queda desvanecido por una construccion hecha con inteligencia, en la que el plan del horno va ascendiendo de modo que la llama se halla en la primera cazuela á 18 pulgadas de su fondo y en la última á 6 ú 8. Es imposible el determinar con precision las dimensiones ó proporciones del horno, porque no se conoce la naturaleza de la arcilla, ni el grado de fuego que puede resistir, y así el que emprenda la construccion del horno propuesto no tiene que guardar las proporciones dadas y es bien notorio que estas dimensiones deben modificarse segun el local, el material con que se construye, la clase de combustible.., y en fin, aunque es ventajoso un horno de reverbero no debe esperarse mayor utilidad, pues el mal consiste principalmente en la pérdida de combustible, que ocasionan los sedimentos en las cazuelas y las multiplicadas superficies que presentan las uniones de barro, entre unas y otras (véase la nota, pág. 17). El reverbero no remedía este mal, ni es el precio de las cazuelas y la dificultad de conseguirlas, lo que hace poco económico este método, es la destruccion de leña que ocasiona, y que se opone á su conservacíon.

Siendo un objeto interesante el cambiar las cazuelas en calderas, debe un Gobierno paterno manifestar fijar en él la atencion. Los indios de Gachancipá y Tocancipá perderán con esta innovacion parte de su existencia física y de su comodidad; los intereses particulares no deben jamas influir sobre las mudanzas que exige el bien público, ni deben sacrificarse á miramientos de poco momento, planes que se reconocen por útiles para la posteridad. Pero el Gobierno debe dirigir sus miras benéficas hácia una clase de hombres que aunque favorecida por las leyes humanas, su situacion física y moral los presenta con frecuencia al dresprecio y al oprobio: teniendo estos indios ocupaciones hereditarias, así como sucede en los pueblos de la India y del antiguo Egipto, con dificultad cambiarán de labor dejando la hechura de cazuelas y tomando la de sacos que necesitará la salina. El Gobierno no dejará de hallar medio de indemnizarlos, ya sea en el tributo ó ya haciéndoles alguna asignacion sobre la salina. Yo quisiera, en medio de mi modo de pensar, no haber escrito estos cortos renglones si pudiera recelar que tales hombres habían de ser sacrificados ú olvidados en la trasformacion que propongo; pero la sensibilidad de quien representa la autoridad suprema me desvanece este temor.

                                                                 HUMBOLDT

El Baron de Humboldt escribió esta Memoria en Santa Fé á los últimos de Agosto de 1801.

ÍNDICE

 

*  En la navegacion que yo he hecho en 1800 por el Orinoco, Casiquiare y Rio Negro. he observado que muchas parcialidades de indios usan en lugar de sal, cenizas de plantas acuátiles que solo producen una sal y potasa cáustica. En las provincias cultivadas, el azúcar se opone al consumo de la sal. (regresar*)

**     Las costras de sal que se forman en las cazuelas por tongas sucesivas, y la multiplicidad de paredes son sin duda la causa principal del enorme consumo de combustible:   diariamente experimentamos en los trabajos prácticos de coccion en Europa que cuando se forma en una caldera un sedimento térreo de dos pulgadas de crasicie, se consigue con gran dificultad el hacer entrar en coccion el agua salada, y aquí se trata de sedimentos de 14 á 18 pulgadas. En Europa se prefiere una caldera grande á dos de igual volúmen, porque (á más de otras razones) estas últimas presentan mayor superficie y por consiguiente consumen mayor cantidad de calor; ¿ pues cuántas no son las superficies que presentan 200 cazuelas de forma semiesférica ó semioype? (regresar**)

** * La preciosa casa de amalgamacion de Santa Ana, prueba lo que un hombre de ingenio y dedicado al servicio del Gobierno, es capaz de hacer en medio de cuantos obstáculos presenta la América; con todo, este mismo hombre que en mi país hemos admirado, y que junto con su hermano han sido los únicos químicos españoles, de quienes se ha hecho estimacion, ha sido calumniado por el público que pretende que empeñó á S. M. el laboreo de una mina que no puede sufragar los costos que ocasiona; cuando se trata de utilidad pecuniaria solo se debe hablar con números y cálculo,; este es el caso de hecho. Solo desde el año 1791 hasta el de 1797 se extrajo mineral de las minas de Santa Ana y de la Manta, porque en 97 mandó el Gobierno que cesara el laboreo: aunque el difunto d’Elhuyar empleó 140 mineros, no llegaron á 30 los que se ocupaban en el mineral (porque no se trataba de extraer mucha mina zinc de prepararse para hacer un gran trabajo) se extrajeron 2,000 quintales de la mina de Santa Ana y 8,000 de la Manta; de estos 10.000 quintales que vendian á 7 ó más, se sacaron 70.000 pesos de plata, contando la onza solo á 8 reales, que se mandaron á Santa Fé. Lo que el Gobierno expendió en estos 6 años no pasa de 308,000 pesos, y de éstos deben descontarse 36,000 pesos en pensiones inútiles para la mina de Santa Ana, contando el capital de la casa de amalgamacion que es equivalente á 60,000 pesos, su interes cada año asciende á 3,000 pesos, de lo que se deduce que la mías en los 6 años debia rendir 308.000 18,000—36,000=90,000 á la verdad más de los 70.000 pero no se extrajo todo el mineral que se pudo y es bien particular el querer que una mina en ó años pague el capital de una construccion que á más de haberse hecho con sigua lujo pueda durar 300 años; si se prohibe el laborear la mina es imposible el tener lucro. La mina de Santa Ana costó á la Real Hacienda desde el año de 1785 hasta 1797, 216.000 pesos próximamente. La casa de amalgamacion importó lo que ménos 60,000 (contando como casa de amalgamacion su capital será de dicha cantidad sin perder nada de su valor, así como lo tienen las ruedas de un reloj cuando están montadas en la máquina). Los sueldos de 12 años ascienden próximamente á 72,000 pesos, y descontando 332.000 de los 236,000 quedan 84,000 pesos, y la mina ha producido 70,000 pesos ­en plata solo en 6 años. Yo entré en la mina de Manta y segun el mineral que vi no dudo que se extraeria (segun la experiencia de 1791 á 1797) de 35 á 18.000 pesos anualmente, trabajando solo en las partes metálicas de la mine. Minas hay en mi país que en el día rinden de 2 á 3.000.000 de pesos de utilidad anual, que se laborearon 30 ó 40 años, sin indemnizar de los gastos; luego es extraordinario que la mina Manta haya manifestado en 6 años que es de una riqueza razonable; pero cómo no dudar de esto cuando su mineral es de 7 onzas en Europa (y en paraje donde los jornales son un tercio más baratos que en Santa Ana) se laborean minas con utilidad, que su mineral de plata es de média onza. Si el Gobierno conserva la casa de amalgamacion de Santa Ana con los útiles y máquinas que á ella pertenecen, y si con respecto á sus verdaderos intereses da el- usufructo á los particulares que se ofrecen á laborear la mina, y á vivificar un país que cada día aumenta su indigencia, entonces el penoso trabajo á que se sacrificó d’Elhuyar, no se perderá ni para la posteridad, ni para la Real Hacienda, ganando indirectamente lo que un concurso de circunstancias siniestras le han hecho perder.  (regresar***)


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