Altura. La altura apropiada para el buen desarrollo del cultivo está entre los 500 y 1.500 metros sobre el nivel del mar, aunque puede establecerse desde O hasta 2.000 m.s.n.m..

Temperatura. La mayor producción de miel y panela se logra con temperaturas de 25 a 26 grados centígrados, sin embargo temperaturas entre 20 y 30 grados centígrados, permiten buenos rendimientos del cultivo.

Los cambios de temperatura superiores a los 8°C entre el día y la noche, permiten la formación del azúcar conocido como "sacarosa", indispensable para la buena calidad de la miel y la panela.

Luminosidad. La luminosidad adecuada se encuentra entre 5 a 8 horas diarias promedio de brillo solar. Las plantas que crecen bajo condiciones deficientes de intensidad lumínica tienen tallos largos y  delgados, hojas más angostas y de color amarillento.

Precipitación. Una precipitación anual de 1.500 a 1.700 milímetros es suficiente para suplir las necesidades del cultivo. Se considera que precipitaciones mayores o menores reducen la producción y el rendimiento de la caña.

Humedad. La caña necesita buena humedad durante su etapa de crecimiento, pero posteriormente requiere de un período seco, para concentrar y retener la sacarosa durante la etapa de maduración.

Vientos. Los vientos fuertes causan el volcamiento de la plantación. Los vientos cálidos y secos aumentan la transpiración de la planta y secan el suelo, esto hace que haya un mayor consumo de agua por parte de la planta.

Suelos. La caña para miel y panela se puede cultivar en una amplia gama de suelos, clases texturales, coloraciones, pH y propiedades químicas.

En los suelos aluviales de textura franco-arcillosas y bien drenados, se logran las mayores producciones; pero en suelos mal drenados, aunque con altas producciones en campo, producen cañas exuberantes que se vuelcan, pero la concentración de sacarosa es baja dando mala calidad de miel y panela.

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