l. EVOLUCIÓN DE LA EDUCACIÓN
Al iniciarse el siglo XX la organización de la educación en
Colombia llevaba
la impronta de las nuevas normas establecidas por la Constitución
de 1886,
producto de la etapa de regeneración inicial llevada a cabo por el
presidente
Rafael Núñez. Según esta norma "la educación pública será
organizada y
dirigida en concordancia con la religión católica", agregando
que la instrucción
primaria, costeada con fondos públicos, "será gratuita y no
obligatoria". El
concordato suscrito con la Santa Sede en 1887 ratificó este
esquema, en el
que la Iglesia asumió el control completo de la educación,
situación que se
prolongó hasta la iniciación de los gobiernos liberales en
1930.
Sin embargo, un cambio profundo en las costumbres nacionales que
comenzó
a influir en los conceptos sobre la educación, se hizo visible al
terminar la
guerra de los Mil Días. El sector cafetero comenzó a mostrar un
desarrollo
acelerado y, especialmente en Antioquia, se cristalizaron muchos
proyectos
industriales que habían sido propuestos al finalizar el siglo
anterior. Una nueva
generación de hombres de empresa buscó fórmulas para establecer en
el país
un sistema educativo pragmático y adecuado al nuevo desarrollo de
la economía.
Este clamor fue recibido por el gobierno y, en 1903, el Presidente
Marroquín
sancionó la ley orgánica de Educación que la dividió en primaria,
secundaria
y profesional, presentando una innovación en el caso de la
secundaria que se
estructuró en técnica y clásica. La primera incluyó idiomas
modernos y materias
previas para la enseñanza universitaria y profesional y la segunda
hacía énfasis
en la filosofía y las letras. Señalaba la norma que la enseñanza
primaria rural
debería dar importancia a materias que habilitasen a los ciudadanos
para las
tareas de la agricultura, industria y comercio.
La educación universitaria también fue conmocionada por los nuevos
fenómenos
del progreso económico de principios del siglo, por el desarrollo
de los
servicios y de la producción manufacturera, que produjeron la
progresiva
emigración de campesinos hacia las ciudades, atraídos por la oferta
de bienes
y de un mayor ingreso.
En nuestro país la enseñanza a nivel superior nació en 1600, cuando
fueron
fundados el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, la
Universidad
Javeriana y posteriormente la Universidad Tomística en Santa Fé de
Bogotá,
con su estructura académica de estirpe esencialmente escolástica,
con tres
ciclos de estudio: artes, teología y cánones. Al llegar la
Independencia, el
general Francisco de Paula Santander, vicepresidente del país,
impulsó la
educación primaria en todas las ciudades, villas y lugares que
tuvieran bienes
propios. En marzo de 1826 se crearon las universidades públicas en
Quito,
Santa Fé y Caracas, reglamentándose su esquema académico con las
facultades
de Filosofía, Jurisprudencia, Medicina, Teología y Ciencias
Naturales.
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El siglo comenzó pues con una universidad tradicionalista,
dogmática, con
muy reducido ámbito de investigación y con una gama precaria de
especialidades tecnológicas.
La crítica a la universidad tradicional, cuya obsolescencia era un
obstáculo
para el desarrollo, comenzó a ser activada por las juventudes hacia
el año
1920. Alumnos y profesores solicitaron la libertad de cátedra, la
modernización
de los programas, la plena autonomía administrativa para la
institución y la
participación de estudiantes y profesores en la dirección. Los
sucesos de la
sublevación estudiantil del 8 de junio de 1929, cuando se derrumbó
la corrupta
administración de la ciudad de Bogotá y que culminaron con la
muerte del
estudiante Gustavo Bravo Pérez, fueron el impulso final para la
reestructuración
definitiva del estamento universitario.
El Congreso Estudiantil reunido en Ibagué en 1928 ya había
propuesto los puntos
principales de la reforma y su comité ejecutivo, formado por Carlos
Lleras
Restrepo, Diego Luis Córdoba y José Francisco Socarrás, los resumió
así:
libertad de cátedra; libertad de asistencia de los alumnos a los
cursos; elaboración
de programas anuales y su actualización periódica; exámenes orales
y escritos
ajustados a los programas; otorgamiento de las cátedras a través de
concursos
y la autonomía de la universidad en la elección de sus órganos de
gobierno
por los componentes de la misma.
El programa estudiantil incluía también reformas sociales de fondo,
tales
como una campaña contra el alcoholismo, la liberación de la mujer,
cursos de
educación sexual en los establecimientos educativos y elevación del
nivel
de vida de las clases trabajadoras.

