II. EVOLUCIÓN DE LA LITERATURA
Un ritmo retrasado, de eco tardío, fue el rasgo de la expresión
literaria en Colombia
-poesía, ensayo, narrativa- que persistió hasta bien avanzado el
siglo XX. El país
permaneció cultivando las formas del romanticismo postnapoleónico,
en una
atmósfera burguesa y de reminiscencias aristocráticas, no obstante
el movimiento
acelerado de los sucesos sociales y económicos, que precipitaron al
mundo
occidental a una serie de cambios a finales del siglo XIX y que se
reflejaron
automáticamente en la literatura europea y posteriormente en la
norteamericana.
En Colombia el siglo XX se inició literariamente con la resonancia
del poeta
Guillermo Valencia, quien se calificó como el representante de los
ideales
humanísticos de corte español y del culto al mundo clásico, que era
el signo
intelectual de la sociedad culta de Colombia. Las ondas poderosas
de la
revolución industrial, del enfrentamiento de las nuevas y las
viejas potencias
mundiales de los movimientos obreros y del surgimiento del arte
moderno, no
produjeron efecto visible en la sensibilidad estética de poetas y
escritores
colombianos. Tampoco hubo resonancia en las letras colombianas, lo
que es
más extraño, de la cercana y palpable experiencia de la guerra de
los Mil Días,
que asoló al país.
A mediados del siglo, concretamente después de la hecatombe del 9
de abril
y de la guerra civil no declarada que le siguió, los hombres de
letras colombianos
despertaron al mundo contemporáneo, igualmente convulsionado por la
segunda
guerra mundial; sus obras llegaron al nivel de poder entablar
diálogo con las
voces de otros países latinoamericanos, que habían despertado
antes, y con
el conjunto de la cultura occidental.
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El crítico Rafael Gutiérrez Girardot expresa sobre el poeta
mencionado que
"La obra de Guillermo Valencia no sólo "interpretó"
el régimen señorial sino
que contribuyó esencialmente a justificarlo. La poesía de Guillermo
Valencia
no es fría porque prefiere la idea al sentimiento, como suele
decirse con una
falsa contraposición, sino porque es artificial. El nombre de
"artífice" que se
ha dado al bardo corresponde al carácter de su poesía bajo la
condición de
que a la palabra se le devuelva su significación originaria y
neutral de "persona
que ejecuta un arte bello". En este sentido, y sin ninguna
intención metafórica,
puede decirse que Valencia fue el joyero de la sociedad señorial
colombiana,
no sólamente porque con su poesía satisfizo los menesteres
ornamentales de
dicha sociedad, sino porque supo utilizar en la elaboración de sus
versos los
motivos que adornaban la cultura -usada la palabra en sentido
antropológico-
de esa sociedad"
En esta atmósfera valencista en 1902 se creó una tertulia de
intelectuales
que se denominó "La Gruta Simbólica", formada por poetas
y escritores, como
un refugio espiritual en las noches de Bogotá, en estado de sitio
por las guerras.
Allí presentaron algunas de sus obras, principalmente poemas y
ensayos, Aquilino
Villegas, Daniel Arias Argáez, Julio Flórez, Maximiliano Grillo,
Clímaco Soto Borda,
Federico Rivas Frade y Luis María Mora, figuras que cobraron
relieve propio en las
primeras décadas del siglo.
Uno de los integrantes, Luis María Mora, observó que la Gruta
"Nació entre un
siglo moribundo y otro que nacía, como Jano, con una cara mirando
al pasado
y con la otra escrutando el provenir". Estos intelectuales
pertenecían a la alta
burguesía bogotana y su ambigüedad conceptual se reflejó en sus
diversos
enfoques estéticos: Julio Flórez, Diego Uribe y Clímaco Soto Borda
se alinderaban
en un romanticismo ya muy rezagado; Luis María Mora, un neoclásico
igualmente
anacrónico; Víctor M. Londoño y Max Grillo eran tímidos
modernistas.
Uno de los más destacados personajes de la Gruta y también de la
poesía colombiana
de principios de siglo fue Julio Flórez, quien alimentó su
inspiración con los temas de la
tristeza, la muerte, la amada lejana en una atmósfera definidamente
romántica. Sus obras
principales fueron Horas, Cardos y Lirios, Cesta de Lotos, Fronda
Lírica, Gotas de
Ajenjo y Oro y Ébano.
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Julio Flórez en el camposanto. |


