III.  EVOLUCIÓN DE LAS ARTES PLÁSTICAS
 

LA PINTURA EN EL SIGLO XX
 

Los descubrimientos plásticos del impresionismo, postimpresionismo y de
"Les Fauves" al terminar el siglo XIX, llegaron a Colombia en la primera década
de este siglo, a través de una figura excepcional: el pintor bogotano Andrés de
Santamaría. El arte pictórico al comenzar la centuria no había "abierto los ojos"
a los cambios teóricos y técnicos de occidente y proseguía la vieja senda del
academismo formal, con la temática del retrato y de la figura de estudio.

Santamaría viajó a Europa a finales del siglo anterior y logró entrar en contacto con
algunos pintores impresionistas, estudiando con ellos los procedimientos de la
aplicación del color.

Su obra puede entenderse en cuatro períodos: desde sus primeras pinturas
europeas hasta 1911; desde su regreso definitivo de Europa, hasta 1921; desde
el año 1922 en que comienza a pintar de una manera plenamente característica,
hasta 1937 y la última, a partir de sus exposiciones de Bruselas y Londres hasta
su muerte.

En los primeros pasos su pintura está llena de contradicciones pero la constante
es una pincelada suelta y una fuerte pigmentación. El crítico Germán Rubiano,
expresa sobre este proceso: "Los años 1913 y 1914, son los más importantes
de esta época -la primera-. Durante ellos Santamaría se aproximó a sistemas
preferidos: las figuras -torsos y cabezas-, pintó con una gama de colores rica
y clara y comenzó a demostrar su gusto por la materia suelta y espesa. Los
mejores cuadros de Santamaría se encuentran en el tercer período, entre 1921
y 1937. Durante estos años puede decirse que el artista logró un estilo". Agrega
que los cuadros de Santamaría se caracterizan "por la materia cromática y
generosa y generalmente exaltada de la cual surge la forma, la temática
figurativa y el hedonismo y elegancia del trabajo".

Un grupo de artistas en las primeras tres décadas del siglo, captaron el
poderoso mensaje impresionista, como es el caso de Efraín Martínez y Carlos
Zerda, el primero con un colorido audaz y arbitrario y el segundo con un lírico
tratamiento de la atmósfera. No obstante seguir las reglas de la pintura
académica pero con avances más o menos valientes hacia el impresionismo,
aparecen por la misma época Roberto Pizano y Margarita Holguín, la primera
mujer en Colombia que se consagró a la pintura. Sin embargo el artista de mayor
avanzada en esa fase, fue Alfonso González Camargo, quien elaboró pequeños
paisajes de gran calidad y síntesis.

Fue sólo después de la década de los treinta cuando apareció en Colombia la
primera generación de pintores modernos, que lograron superar definitivamente
la tradición académica y llegar a una expresión propia, tanto personal
como nacional. Fueron ellos Pedro Nel Gómez, Luis Alberto Acuña, Ignacio
Gómez Jaramillo, Carlos Correa, Alipio Jaramillo, Gonzalo Ariza y Sergio Trujillo.
Integraron una generación, denominada también de "Los Nuevos" como lo fue la de
los poetas y escritores del Café Windsor.

Pedro Nel Gómez hizo estudios en Italia y al regresar al país comenzó a trabajar
bajo la fuerte influencia de la temática del muralismo mexicano. Realizó los
frescos del Palacio Municipal de Medellín con motivos centrales esencialmente
americanos y populares: La Muerte del Minero, La Sopa de los Pobres, Maternidad
Americana y Cosecha de Café. Es notable su obra en la cúpula de la Facultad de
Minas, llamado Homenaje al Hombre. Posteriormente realizó trabajos de gran
calidad en el Banco Popular, el Senado, Banco de la República e Instituto de
Crédito Territorial de Bogotá. Aparte del trabajo mural, su obra es muy rica y
variada en pintura al caballete y acuarela.

Luis Alberto Acuña ha sido vigoroso pintor, dibujante y escultor, aparte de
profesor, historiador y crítico de arte. Su obra mural es numerosa y sus cuadros
al óleo y témpera, con estilo puntillista, sólido y de figuración esencialmente
campesina.

Ignacio Gómez Jaramillo, como el anterior, hizo estudios en Europa y asimiló
las mejores virtudes del post-impresionismo, especialmente de Paul Cezanne
y algunos de sus paisajes fueron calificados como las pinturas más modernas
de esta primera parte del siglo. Después de su viaje a México donde recibió
directamente el impacto del muralismo de Orozco y Rivera, realizó los frescos
La Invitación a la Danza, La Liberación de los Esclavos y Los Comuneros. Su
temática fue nacionalista con un tratamiento expresionista.

Carlos Correa, pintor inspirado y sólido, ha trabajada una pintura política
presentando dramáticamente las injusticias sociales, como en su excelente
obra La Marcha del Hombre, de 1934. Sin embargo, su proceso posterior
ha sido calificado como contradictorio y lleno de altibajos, en una búsqueda
plástica incansable.

Otro pintor de enfoque social y político fue Alipio Jaramillo, que trató episodios
patéticos y muy actuales como la explotación a los campesinos, la violencia y
temas de la revuelta del 9 de abril. Su obra de muralista y de caballete es de
las más expresivas de la pintura nacional.

Gonzalo Ariza estudió en el Japón y ha sido el gran paisajista de su generación.
El crítico Rubiano analiza a este artista: "En todos sus cuadros dice, la luz y la
atmósfera de los climas cálidos, templados y fríos, han sido captados con gran
sutileza. Además de los paisajes de nuestros varios climas, el pintor ha trabajado
panorámicas de Bogotá, flores, pájaros y nubes".

Sergio Trujillo ha sido pintor, dibujante, ceramista, fotógrafo e ilustrador de libros.
Su estilo, muy propio, de figuras alargadas con un especial tratamiento de los
textiles, está concentrada en retratos y también paisajes, habiendo ejecutado
también varios murales.

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