II.  LA EVOLUCIÓN SOCIAL


La existencia de metales preciosos y de excelentes condiciones para el cultivo
de algunos productos de la agricultura condujo a hispanoamérica a la creación
de economías que satisficieron las necesidades que tenía la metrópoli de
metales y de productos agrícolas como el azúcar, entre otros.

Como los conquistadores y sus sucesores trajeron los esquemas culturales
de la sociedad en que habían nacido, se perpetuaron normas como el
autoritarismo. la jerarquización, el machismo, el sentido burocrático de la
dignidad y el concepto de que el trabajo físico era degradante. ya que
hispanoamérica fue integrada a la economía capitalista en expansión, con
centro en Inglaterra. El temprano establecimiento de la minería y de la
agricultura de plantación tuvo como directa consecuencia la creación de
una sociedad integrada esencialmente por dos clases, con una estrecha élite
en la cúspide. Esta élite, sucesivamente fragmentada a lo largo de la colonia
y la república (peninsulares contra criollos. liberales contra conservadores,
federalistas contra centralistas, clericales contra anticlericales, etc.) se definió
por su relación con los compradores de sus productos y de quienes les
suministraban sus mercancías, es decir, Europa.

Pueden verse las consecuencias de esta estructura económica y de la estructura
de clases tanto en las orientaciones de la cultura como en las políticas económicas
del imperio español.

En relación con las orientaciones de la cultura, los valores que se desarrollaron
en la península Ibérica como en hispanoamérica eran adecuados para
sociedades en las que predominaban la minería y la agricultura de plantación
y en la que la propiedad de los medios de producción se hallaba altamente
concentrada.

El sistema de trabajo exigía esclavitud abierta o condiciones próximas a la
esclavitud. Elementos característicos y necesarios de este sistema de trabajo
fueron el autoritarismo y la jerarquización. Prácticamente sin posibilidades
de movilización social, las clases sociales debían aceptar su posición en la
sociedad. lo que estimulaba su iniciación hacia el fatalismo y la subordinación.
En este tipo de economía. los sectores sociales se distinguen claramente
por su participación o no, en el trabajo manual. Una reducida élite evade todas
las formas del trabajo físico, en tanto que las clases inferiores deben participar
del trabajo manual para poder sobrevivir. El trabajo físico se convierte en signo
de un status social inferior.

Esta clara división clasista conduce también a una división dentro de las mujeres.
Una categoría de mujeres honorables, las que en consecuencia deben aislarse
del contacto con las clases inferiores y una segunda categoría de mujeres
indeseables que los terratenientes pueden apropiarse sin ningún complejo
de culpa.


Por otra parte, el hecho de que el dueño de la tierra actuara en su dominios
de manera autoritaria, estimulaba el rechazo de las cortes para arbitrar en las
disputas, con el fin de mantener su autoridad.

En resumen, la estructura económica colonial en hispanoamérica y en la
Nueva Granada condujo:

1. A una marcada estratificación social que impidió la distensión de los
conflictos sociales al coartar el proceso de movilidad social.

2. Al desarrollo del autoritarismo, el fatalismo y la subordinación.

3. Al concepto de la indignidad del trabajo manual y al desprecio de las
mujeres de las llamadas clases inferiores, y finalmente,

4. Al rechazo por parte del terrateniente del arbitraje en las disputas en
las haciendas como forma de solución y conciliación de los conflictos.

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