III.  LAS NUEVAS POTENCIAS


En el período de las dos guerras mundiales, el poderío económico de los Estados
Unidos, le permitió extender su influencia por el mundo. El "standard of life"
americano fué el arquetipo social que ambicionaban todos los países desarrollados
y también los del Tercer Mundo. La imagen del capitalismo proyectada por
ese país basado en los valores de la libertad, la democracia y la igualdad de
oportunidades, se convirtió en una especie de mística internacional que facilitó
la adhesión de todos los países que quedaron al margen de la segunda guerra
y fijó una impronta épica a su intervención victoriosa en Europa y en el Oriente
donde venció al Japón en una guerra cruenta en la que al principio estuvo en
inferioridad de condiciones. El gobernante norteamericano durante casi todo el
conflicto, Franklin. D. Roosevelt, junto con el primer ministro británico Winston
Churchill constituyeron la imagen clásica de los estadistas democráticos en
contraste imponente con los caudillos fascistas Hitler y Mussolini que eran
el símbolo del antihumanismo y de la falta total de escrúpulos.

El derrumbamiento del fascismo, contra concepto radical del socialismo
marxista-leninista, cuyo antagonismo épico fué resuelto en una hecatombe que
dejó más de 30 millones de muertos, se polarizó tan pronto se logró la paz
en otra oposición antagonista; el capitalismo democrático y liberal liderado
por los Estados Unidos y Europa a los que se unió años después el Japón,
frente a la Unión Soviética, otra de las potencias triunfadoras.

A partir de 1945 cuando se pactó la paz mundial, la oposición entre el mundo
de la economía de mercado o capitalista y el mundo de economía de planificación
central o socialista se planteó de inmediato, como consecuencia de la misma
distribución del área europea que determinaron las potencias victoriosas.
La Unión Soviética logró asegurar su influencia en la Europa Oriental y creó
estados socialistas en Polonia, Alemania Democrática que fué su parte en
la división o castración de Alemania, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría
y Rumania. Fuera de su dominio, pero en esa misma área se crearon otros dos
estados socialistas independientes: Yugoslavia y Albania.

El 1º de octubre de 1949, surgió en Asia otro estado socialista a raíz de la victoria
del movimiento revolucionario de Mao Tse-Tung contra las fuerzas del Kuomitang
de Chiang Kai Chek  Fué la República Popular dé China, que con una peculiar
concepción del marxismo ha sido considerada como la gran potencia mundial
pera el siglo XXI.

La expansión del socialismo en los años subsiguientes, impulsado por la descolo-
nización de países africanos y asiáticos y por la reacción contra la influencia
de los Estados Unidos en América Latina, ha llegado a dimensiones que han
inquietado profundamente al mundo democrático capitalista.

Actualmente existen en el mundo 34 países socialistas, que abarcan un área
territorial de 50.4 millones de kilómetros cuadrados y una población de 1.775
millones de habitantes, es decir el 37 por ciento de la humanidad.

Estos países están situados en los siguientes continentes: En Europa, la Unión
Soviética, Albania, Yugoslavia, Alemania Democrática, Bulgaria, Checoslovaquia,
Hungría, Polonia y Rumania. En América, Cuba y Nicaragua. En África,
Angola, Argelia, Benín, Congo, Etiopía, Guinea, Libia, Madagascar, Mozambique,
Somalia, Sudán y Tanzania. En Asia, Birmania, Corea del Norte, China Popular,
Irak, Kampuchea, Laos, Mongolia, Siria, Sri Lanka, Vietnam y la República
Democrática del Yemen.


Es evidente que una de las principales consecuencias geohistóricas de la primera
guerra mundial, fué la segunda guerra, que a su vez propagó, amplificó y extendió
efectos esenciales y fenómenos germinados en la primera. Por ejemplo, la
revolución comunista se siguió extendiendo en Europa Oriental y Sudoriental
facilitada o forzada por la presencia del ejército rojo. En Yugoslavia por su propia
fuerza interna, como consecuencia de la resistencia de Jozip Broz, Mariscal
Tito, contra las fuerzas de ocupación alemanas.

En cambio la presencia de Estados Unidos e Inglaterra impidió el triunfo de la
revolución socialista en Grecia. En China triunfó la revolución comunista en
1949 como consecuencia de la dinámica nacional creada por la resistencia
a la agresión del Japón.

El súbito desmoronamiento de los imperios dinásticos al final de la primera
guerra mundial tuvo su correlación en el derrumbe paulatino de los imperios
coloniales europeos - Inglaterra, Francia, Bélgica, Holanda, Italia en el curso de la
descolonización a escala mundial que sucedió a la segunda conflagración.

La descolonización a partir de 1945 hizo visible el proceso un poco soterrado que
se había gestado en la primera guerra. En ambos casos fué la India, centro
de la expansión europea y piedra angular del moderno sistema imperialista
la que marcó la pauta del fenómeno; tras la primera guerra exigió la autonomía
y poco antes de estallar la segunda y más intensamente al terminarse, luchó
y consiguió su independencia. Señalan los investigadores Benz y Graml que
"bajo la presión de la guerra de liberación nacional revolucionaria que en caso
contrario amenazaba, una Inglaterra agotada por la guerra abandonó en 1947,
bajo el gobierno laborista de Clement Attee, y con la oposición de los
conservadores encabezados por Winston Churchill, su posición India, con lo
que se inició la total disolución del imperio británico".

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