l.  LA CRISIS DEL MUNDO COLONIAL Y EL PROCESO DE INDEPENDENCIA


A. EL CONTEXTO INTERNACIONAL Y LA CRISIS EL IMPERIO ESPAÑOL


Hacia mediados del siglo XVIII el mundo colonial asistió a una serie de
hechos que marcaron el principio del resquebrajamiento del orden feudal
absolutista y del sistema colonial mercantilista.

Ello fué posible por procesos tales como el fortalecimiento y expansión
del capital comercial, la revolución industrial, la presión demográfica
y el ascenso de la burguesía hacia los altos círculos de poder, que le
permitieron la difusión de sus ideas en cuanto al logro de libertades
económicas, individuales y democráticas.

Estas ideas estimularon las llamadas Revoluciones Burguesas de
Occidente (Francia, Bélgica, Suiza, Holanda) y los movimientos
independentistas en las colonias (independencia de los Estados
Unidos, independencia de las colonias españolas de América).

Por otra parte, al iniciarse el siglo XIX, mientras en Hispanoamérica y
Nueva Granada se gestaba el movimiento independentista, en España
la crisis de la dinastía borbónica y la invasión de sus territorios por
parte de Napoleón Bonaparte, desencadenaron un levantamiento popular
(2 de mayo de 1808). A raíz de la insurrección contra la invasión francesa
se perfilaron diversas tendencias: los borbonistas partidarios del rey
Fernando VII, los tradicionalistas partidarios del regreso a las antiguas
instituciones, los liberales constitucionalistas partidarios del establecimiento
de una monarquía constitucional y otra corriente, partidaria de mantener la
influencia francesa en España.

A la par con la resistencia a la invasión, los españoles manifestaron la
aspiración de lograr reformas políticas y sociales, se proclamaron juntas
populares en casi todo el territorio. El 25 de septiembre de 1808 se creó
una Junta Central Suprema y posteriormente se conformó la Regencia.



Las colonias americanas siguieron el ejemplo español y organizaron
juntas de gobierno. La institución del Cabildo fue utilizada para
pronunciarse frente a la situación. En las juntas se expresaron claramente
dos fuerzas: La realista o colonialista, partidaria de la monarquía y el
régimen colonial y la patriota o independentista, partidaria del rompimiento
de los lazos de dependencia con la metrópoli.


Entre 1808 Y 1810 fue abriéndose paso el movimiento insurreccional
de las colonias. El vacío de poder creado en España y el creciente
sentimiento independentista en las colonias, permitieron que en 1809 se
iniciaran movimientos de insurrección en Charcas, La Paz y Quito. El 16
de septiembre de 1809 se llevó a cabo una Junta Extraordinaria en Santa
Fé en donde los criollos expresaron su apoyo a la revolución de Quito
(10 de agosto de 1809) y plantearon la tarea de participar, en condiciones
de igualdad representativa, en el gobierno de la Nueva Granada. Un
documento que refleja las aspiraciones criollas en esos momentos es el
Memorial de Agravios escrito por Camilo Torres y enviado a la Junta
Central de España. Uno de los apartes del documento, que muestra la
aspiración de la élite criolla por obtener un mayor poder político, dice:

"Las Américas, Señor, no están compuestas de extranjeros a la nación
española. Somos hijos, somos descendientes de los que han derramado
su sangre por adquirir estos dominios a la corona de España... Tan
españoles somos, como los descendientes de Don Pelayo, y tan acreedores
por esta razón, a las distinciones, privilegios y prerrogativas del resto de la
Nación, como los que, salidos de las montañas, expelieron a los moros, y
poblaron sucesivamente a la península; con esta diferencia, si hay alguna, que
nuestros padres, como se ha dicho, por medio de indecibles trabajos y
fatigas, descubrieron, conquistaron y poblaron para España este Nuevo Mundo".

Comentarios (0) | Comente | Comparta c