Este período, que va de 1810 á 1816, Y se conoce con el nombre de la
Patria Boba, protagonizó la primera guerra civil del siglo XIX en la Nueva
Granada.

Finalmente, debe recordarse que la polémica Federalismo-Centralismo
se retama una vez más después de obtenida la Independencia. A partir
de la Constitución de Rionegro de 1863, un extenso período histórico
lleva la impronta del régimen radical-federal hasta el año de 1886 en que
las concepciones centralistas y autoritarias desplazan a las federales,
pero en realidad en ninguno de dichos momentos puede hablarse
propiamente de una hegemonía política que exprese los intereses
de una sola clase.

En las condiciones de la guerra civil de la Patria Boba, se producen la
reconquista española y el Régimen del Terror, instaurados en la Nueva
Granada por el general Pablo Morillo, enviado por España a "pacificar"
la región. La contrarrevolución hispana se cebó en los representantes
de la élite de la Nueva Granada, muchos de los cuales fueron ejecutados;
entre ellos Francisco José de Caldas, Camilo Torres, Jorge Tadeo Lozano,
Eloy Valenzuela, Frutos J. Gutiérrez, Lino de Pamba y otros. También
los campesinos sufrieron la represión y la violencia de las tropas españolas,
siendo forzados al abandono de sus campos y cosechas.



2.  LOS GRUPOS SOCIALES Y LA GUERRA DE INDEPENDENCIA
 

La Independencia fue un movimiento en el que participaron diversos
grupos sociales que a lo largo de la colonia habían sostenido conflictos
entre sus intereses y las autoridades españolas. Ya hemos visto cómo
fue integrándose una élite criolla (o clase alta) que encontró en las
ideas ilustradas la ideología que en alguna forma expresaba sus
intenciones de cambio. Digamos que el conflicto y la intranquilidad social
llegaron a un alto nivel en el movimiento comunero. En la primera década
del siglo XIX los grupos de la clase alta criolla, los comerciantes y los
propietarios de haciendas (de manera más lenta y contradictoria estos
últimos) demostraron su intención reformista en cuanto a la abolición
de monopolio comercial, pretensión de libre comercio, y recogieron en
su ideología la inconformidad de otros sectores de la población; pero en
ningún momento recogió, por ejemplo, las aspiraciones de los trabajadores
esclavos. Sin entrar a discutir en qué momento la clase alta pasó del
reformismo (o sea, reforma social sin reforma política fundamental,
manteniendo a la Nueva Granada dentro de la comunidad española
imperial) a la búsqueda de la independencia total, lo cierto es que la
aceleración del proceso de concientización de los grupos sociales más
conservadores encontró su motor en la actitud irreconciliable de España.
Luego del derrocamiento de la constitución liberal de 1812 en España,
se restableció el absolutismo en la península y se desató una brutal
represión contra los liberales españoles. Así, se radicalizó la política para
el aplastamiento del movimiento reformista de las colonias de ultramar.

En la política de liquidación del movimiento independentista hay que tener
en cuenta la actitud de algunos grupos sociales ante el proyecto libertario.
Ya se ha reconocido que no hubo homogeneidad o un frente unido que
abarcara el conjunto de las clases, ni siquiera dentro del sector de
propietarios, en el que se produjo inicialmente una actitud ambigua o
ambivalente; desde otra perspectiva, es decir, desde la de los sectores
que pudiéramos denominar populares, eso también es cierto. No todos
los grupos explotados participaron a favor de la Independencia, ya que
ésta se confundía con quienes hasta ese momento habían sido la causa
de sus males.

Se puede entender por ello que para que los esclavos se movilizaran
en favor de sus amos debían darse condiciones que lo permitieran. Y
estas no existían pues los propietarios no pensaron en ningún instante
que entre las reformas plausibles de la sociedad hubiese alguna que
modificara sustancial mente el régimen que afectaba a esta población
de trabajadores. El pensamiento de la clase criolla alta no incluía
participación alguna en reformas que igualaran a blancos y negros o que
dignificaran la condición de estos últimos, o de pardos, zambos o
quinterones. Así se ve en el mensaje enviado por los blancos ricos de
Caracas al rey, en relación con la modificación de la condición de las
citadas castas de parte de la monarquía:

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