III.  MODIFICACIÓN DE LA INFRAESTRUCTURA ECONÓMICA
 

La fisonomía geográfica, sectorial y productiva de la economía mundial al iniciarse
este siglo tuvo una transformación tan radical durante su transcurso, hasta el punto
que en ninguna otra centuria históricamente identificable, han sucedido cambios
tan espectaculares entre las naciones líderes del poder político y de la riqueza.

El epicentro de la producción industrial, de la comercialización de productos y
también del consumo era en ese entonces Europa, liderada por el Reino Unido, en
esa época la mayor potencia militar y financiera del mundo y uno de los más vastos
imperios desde el punto de vista territorial.

Sin embargo, al finalizar el siglo XIX se vislumbra ya la evolución futura del mundo,
en términos de la distribución del poder, de la producción y del comercio
internacional. El Reich Alemán, consolidado por Bismark emergió hacia el 1900
como el rival más poderoso de Inglaterra, en el campo industrial y también en el
militar, cuando durante el gobierno del Kaiser Guillermo II se construyó una
poderosa flota naval para neutralizar la presencia en todos los mares del mundo, de
la armada Británica. También en esos años, en lugares muy alejados de Europa
-Estados Unidos y el Japón - comenzaba a figurarse una dinámica infraestructura
industrial.

Durante el período comprendido entre 1900, anterior a la primera guerra mundial, la
segunda revolución industrial se había expandido de Inglaterra a Alemania, Rusia,
Francia e Italia y con menos intensidad a los países escandinavos. Las economías
esencialmente agrícolas y artesanales del siglo XVIII fueron evolucionando
rápidamente hacia la manufactura, cada vez más especializada. Las industrias
habían reemplazado gradualmente la utilización del vapor y la fuerza hidráulica por
la electricidad y con el sistema de la producción en línea ideado en los Estados
Unidos, los rendimientos fabriles marcaron ascensos progresivos.

El liderato europeo en la producción industrial en la primera postguerra se reflejó en
que las exportaciones en el resto del mundo representaban el 30 por ciento del total,
participación que descendió entre 1925 y 1950 al 25 por ciento. Antes de 1913
solamente el 25 por ciento de las exportaciones mundiales se realizaban entre
países no europeos, pero de 1925 a 1938 la cifra aumentó al 40 por ciento.

A principios del siglo, el comercio mundial se caracterizaba por el intercambio de
artículos manufacturados europeos por productos no elaborados de otros
continentes. Era la distribución del trabajo ideal para los países imperialistas, que
aspiraban a dividir el mundo entre el estrato transformador y el de producción de
materias primas. En este proceso, los bienes manufacturados comenzaron
gradualmente a elevar sus precios mientras que los de las materias primas y bienes
primarios en general tendieron a estabilizarse o a disminuir en virtud de las acciones
de los inversionistas industriales en los países en desarrollo para evitar, en lo
posible, la reducción de sus beneficios.

Un estudio de Wolfgang Benz y Herman Graml señalan los esfuerzos de los países
en desarrollo para lograr a su vez el despegue de la industria. Hasta finales de la
segunda guerra mundial la industrialización de los países que hoy constituyen el
Tercer Mundo no pasó de ser incipiente. "Las potencias coloniales no la habían
prohibido pero tampoco habían hecho nada por fomentarla: Seguía imperando el
principio según el cual las colonias deben limitarse a suministrar materias primas y
productos tropicales importando los productos industriales de las metrópolis"

El estallido de la guerra mundial, en 1914. fue también el principio del
derrumbamiento de ese continente como la primera fuerza de la economía mundial
y en esos años emergen los Estados Unidos como el nuevo líder de una tecnología
de enorme dinamismo que transformó virtualmente los sistemas de producción. Un
análisis del investigador R.A.C. Parker señala sobre esta etapa, que el aumento de
la competencia japonesa y americana tuvo lugar en parte durante la guerra, cuando
Europa era hasta cierto punto incapaz de proveer a sus clientes habituales; pero
continuó después de la guerra por otras razones. En el caso del Japón fue debido al
éxito de sus primeras etapas de industrialización. Las exportaciones japonesas
consistían principalmente en productos manufacturados baratos y relativamente
sencillos, sobre todo producto textil de baja calidad.

Las exportaciones de los Estados Unidos dependían de la especial prontitud con
que los industriales americanos habían desarrollado nuevas técnicas de
producción, especialmente la producción en serie y nuevos tipos de bienes, de tal
manera que la producción industrial de los Estados Unidos no solo aumentaba en
su totalidad, sino que la demanda de sus exportaciones creció más que
proporcionalmente. El ejemplo más claro es el de la industria automovilística: en
1929 los Estados Unidos exportaban tres veces más automóviles particulares y
vehículos que Gran Bretaña, Alemania, Francia e Italia juntas. Hasta comienzos de
los años 30 los europeos no empezaron a desarrollar una industria del motor, capaz
de competir con los Estados Unidos en los mercados a gran escala. En 1929 las
exportaciones de maquinaria de Estados Unidos eran dos veces y media
superiores a la de 1913, mientras que las exportaciones de Europa Occidental solo
habían crecido en una quinta parte.

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