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La orfebrería colonial en Hispanoamérica alcanza su máximo esplendor durante
los siglos XVII y XVIII. Consumados maestros de origen español establecieron sus
obradores en Santafé, Popayán, Quito, Lima y otras antiguas ciudades de la zona andina,
para corresponder a la demanda de las numerosas iglesias, capillas y casas conventuales
que iban levantándose a medida que se expandía la doctrina de la nueva fe entre la
población nativa y se acrecentaba el fervor de españoles, criollos y mestizos, cumplidas
las primeras etapas del descubrimiento y conquista de los vastos territorios americanos.
Desde mediados del siglo XVI se expiden reales cédulas para que la exposición del
Santísimo Sacramento se haga con dignidad y para que los templos sean dotados con los
elementos requeridos para el culto divino. En las provincias del Nuevo Reino de Granada se
alzan sus muros con austera sencillez, si la monumentalidad que alcanzaron las iglesias en
Nueva España, en Nueva Castilla y en el Ecuador. Pero en cambio el esplendor se
manifestó aquí en la riqueza de su decoración interior, profusa en el oro de los
retablos y de los tabernáculos destinados a la exposición de la Sagrada Forma en ricas
custodias, en las que los grandes orfebres lograron obras que hoy todavía nos sorprende
por la belleza de su forma, las avanzadas técnicas metalúrgicas empleadas en su
confección y la fastuosa pedrerería de esmeraldas y otras gemas preciosas de sus
engastes. José de Galaz, Nicolás de Burgos, José de la Iglesia, Antonio Rodríguez, N.
Alvarez, son algunos de los nombres que recoge la historia entre quienes con singular
destreza confeccionaron hermosas y ricas joyas religiosas para Santafé, Tunja y Popayán,
las cuales constituyen significativas muestras del patrimonio histórico y artístico de
la nación colombiana.
El Banco de la República, empeñado como ha estado en las últimas décadas en la
salvaguarda y conservación de este legado artístico, presenta hoy a la admiración
pública dos de los mas hermosos especímenes de la orfebrería colonial: la custodia
Grandes de Santa Clara la Real, de Tunja, recuperada recientemente, después de que gentes
irreverentes la sacaron clandestinamente del país, movidos por intereses comerciales, y
la Custodia de la Iglesia de San Ignacio, de Bogotá, conocida popularmente con el nombre
de "La Lechuga" por el verde intenso de sus esmeraldas y el esmaltado del ángel
que sostiene el refulgente sol que la exorna. Una y otra serán colocadas en el Museo de
Arte Religioso de la entidad, actualmente en ampliación, como testimonio del avanzado
desarrollo de los talleres de orfebrería en aquellos lejanos tiempos y del acendrado
fervor religioso de las comunidades, que contribuyeron con largueza para que estos objetos
sagrados emularan en suntuosidad con los de los altares de la Metrópoli y de otras
comarcas americanas.
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Listado de custodias
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Listado de autores y materias
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La página de la Colección de Artes Plásticas del Banco de la República se encuentra en permanente desarrollo, razón por la cual contamos con su colaboración para darnos aviso de algún error o para sugerirnos clasificaciones temáticas o ideas relacionadas con el contenido.
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