ESTRUCTURA Y DESEMPEÑO COMPARATIVO DE LAS EMPRESAS NACIONALES Y
RECEPTORAS DE IED
1992-1996
La apertura económica trajo consigo un viraje en las condiciones de competencia a las
cuales se enfrentan las empresas manufactureras. Como se verá en los capítulos 12 y 13,
el proceso de adaptación al nuevo escenario no ha estado libre de traumatismos, lo cual
se refleja en un pobre desempeño de muchos de los sectores industriales. En esta
instancia conviene distinguir diferencias tanto en el desempeño como en las
características técnicas entre las empresas manufactureras con participación de capital
extranjero, llámense empresas receptoras (ER), y las empresas nacionales.
Para ello se recurrió a una muestra de empresas manufactureras supervisadas por la
Superintendencia de Sociedades y se calcularon algunos indicadores siguiendo la
metodología de la APO y la NPC (National Productivity Corporation, 1994). Como empresa
receptora se consideró toda aquella que presentara algún vínculo con un inversionista
externo, incluyendo así: los joint ventures,
las
alianzas estratégicas y los aportes de maquinaria y divisas, además de la participación
directa en el capital de las empresas
(30).
El Cuadro 4.17 permite distinguir ciertos comportamientos entre sectores. En 1994, el
costo laboral por trabajador, la productividad laboral y la intensidad de capital
resultaron ser superiores en las ER que en las empresas nacionales para la amplia mayoría
de sectores industriales. En el agregado industrial el indicador de intensidad de capital
de las ER superó en 2.3 veces el de las empresas nacionales, la productividad laboral en
1.8 veces y el costo laboral por trabajador en 1.6 veces; diferencia que se acentuó aún
más en el interior de algunos sectores. En efecto, en sectores como imprentas y
editoriales, café y otros productos alimenticios, sustancias químicas industriales,
otras sustancias químicas, caucho, plásticos y maquinaria eléctrica, en términos de
los tres indicadores mencionados, las ER superaron en por lo menos 1.5 veces a las
empresas nacionales.
En conjunto, estos resultados estarían reflejando que las ER cuentan con una
composición de factores que privilegia el capital, lo cual favorece una mayor escala
productiva y permite un mejor rendimiento por trabajador. Asimismo, la mayor intensidad de
capital se asocia con una fuerza laboral más capacitada, lo cual se evidenciaría en el
mayor costo laboral por trabajador frente a las empresas nacionales.
La dinámica de crecimiento de estos indicadores ha sido muy diferente, tanto entre
sectores como entre las ER y las empresas nacionales. Por ejemplo, el costo laboral por
trabajador presentó una tendencia decreciente entre los años 1992 y 1994 para las ER,
mientras que para las nacionales la tasa de crecimiento se incrementó, especialmente en
1994 para la mayoría de sectores industriales. Algunas empresas transnacionales
parecieran determinar la fijación de salarios de acuerdo con algún parámetro en
dólares por lo que la revaluación del peso, como la que se presentó en este período,
podría explicar el menor incremento observado de las remuneraciones en las ER frente a
las empresas nacionales.
Por su parte, la tasa de crecimiento anual de la productividad laboral media entre 1992
y 1994, fue definitivamente más elevada en las ER que en las nacionales en sólo seis
sectores manufactureros: imprentas yeditoriales, otras sustancias químicas, plásticos,
otros minerales no metálicos, productos metálicos y maquinaria eléctrica. En el resto
de sectores no se puede inferir un comportamiento determinante, siendo en algunos casos y
en ciertos años, superior la dinámica de las ER o viceversa.
La dinámica de crecimiento promedio anual de la intensidad de capital en el período
1992-1994, fue superior para el agregado industrial en el caso de las empresas nacionales
que en el de las ER, 8.1% frente a 1.4%. Esta diferencia se debe a la caída en la
intensidad de capital que presentaron las ER en muchos de los sectores industriales. Sin
embargo, se destacan algunos sectores en los que el crecimiento promedio anual de la
intensidad de capital en las ER superó ampliamente el de las empresas nacionales, como el
caso de: otras sustancias químicas; fabricación de productos de madera excepto muebles,
papel, sustancias químicas industriales; otros minerales no metálicos, metales básicos
de hierro y acero y café y otros productos alimenticios diversos. El caso contrario
ocurrió en los sectores de calzado, imprentas y editoriales, maquinaria eléctrica,
productos de caucho, fabricación de vidrio y textiles. El crecimiento en la intensidad de
capital de las empresas nacionales puede ser reflejo de sus necesidades de reconversión
para enfrentar las nuevas condiciones de competencia con la apertura económica. Las ER,
por el contrario, desde antes de la apertura, ya contaban con intensidades de capital más
elevadas.
Con respecto al indicador de rentabilidad, muchas empresas manufactureras, tanto ER
como nacionales, no registraron utilidades en 1992, por lo cual el indicador a nivel
sectorial resultó negativo en varios de los sectores. Ya para 1994 los dos tipos de
empresas evidenciaron un desempeño favorable con tasas de rentabilidad positivas. Se
observan, sin embargo, algunas diferencias. En el caso de los sectores de bienes de
consumo durable y no durable, fueron las ER las que presentaron mayores tasas de
rentabilidad, mientras que en los sectores de bienes intermedios y de capital la
rentabilidad, fue superior en las empresas nacionales.
Sectores en los cuales la participación de empresas trasnacionales es representativa y
hacia los cuales se dirige una alta proporción de los flujos de IED, merecen una
distinción. Por ejemplo, la rentabilidad en el sector de sustancias químicas
industriales fue negativa tanto en 1992 como en 1994 para las empresas nacionales,
mientras que fue positiva para las ER, alcanzando en 1994 el 4.4%. En el sector de otras
sustancias químicas, la rentabilidad en 1994 fue bastante elevada tanto para las
nacionales como las ER, siendo superior en las nacionales (8.4% ). En el sector automotor
la tasa de rentabilidad, en 1994, fue del 4.9% en las empresas nacionales frente al 0.4%
en las ER.
Cuadro: 01
30 La muestra se puede considerar bastante representativa, con un
total de 503 empresas nacionales y 226 empresas receptoras. Los indicadores se calcularon
a nivel de empresa y posteriormente fueron agrupados en los respectivos sectores
manufactureros a tres dígitos de la CIIU.
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