UN SISTEMA NACIONAL DE EVALUACIÓN PARA UNA
EDUCACIÓN EN LA DEMOCRACIA Y UNA DEMOCRACIA EN LA EDUCACIÓN
Gabriel Restrepo

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EL PASO DE UN SISTEMA DE SELECCIÓN A UNO DE EVALUACIÓN,

1991-1997

 

Como en el Antiguo Testamento, en el cual el génesis se narra en varias ocasiones, el sistema de evaluación de la calidad ha sufrido varios comienzos. Se ha iniciado y reiniciado en muchas ocasiones, lo cual subraya que hay una dificultad de partida, no sólo por la lógica y la técnica de los sistemas de evaluación, que son distintas de los sistemas de selección, sino porque no se ha instituído aún una cultura de la evaluación, la cual supone un trabajo de filigrana de muchos expertos, pero además, la existencia de traductores al público, el hallazgo de formas de difusión y de uso de los resultados y, antetodo, una programación milimétrica de muchas actividades, la cual demanda una organización óptima de las instituciones encargadas de todo el proceso de selección muestral, diseño teórico y técnico, recolección y procesamiento de información, análisis, divulgación, uso y devolución de resultados a los maestros, escuelas, alumnos, padres de familia y sociedad en general.

El comienzo del sistema de evaluación data 1982, cuando el Instituto Ser realizó algunas evaluaciones sobre el rendimiento diferencial de la Escuela Nueva frente frente al modelo tradicional de educación rural (Rodríguez, 1982). El nacimiento del sistema está pues relacionado con un problema de equidad, pues se encaminó a establecer qué variables explican el logro, para suministrar criterios de reasignación de recursos. Las evaluaciones de 1982 versaron, como lo harán las siguientes, sobre logro en matemáticas y en lenguaje en tercero y quinto grado de educación primaria.

Otra evaluación, también hecha por el Instituto SER en 1987, perfeccionó el modelo , al examinar factores asociados al logro (Rojas y otros). A partir de 1990, el Ministerio de Educación se apersonó del asunto y estableció el Sistema Nacional de Evaluación de la Calidad, bautizado en su comienzo como SABER. En 1991 integró al Servicio Nacional de Pruebas al sistema, el cual, junto con el Ministerio, el Instituto SER y algunas otras entidades han alternado para progresar en la medición, extendiendo la cobertura de año en año.

Puede decirse que, a la fecha, con tales pruebas sucesivas, cada vez más amplias y, además, con una perspectiva de nuevas pruebas en ciencias y ciencias sociales y en nuevos grados, 7 y 9, más la participación en las pruebas internacionales, ya mencionadas, de ciencias y matemática y de educación cívica, han concluído los años de aprendizaje y debe comenzar otra etapa de mayor calado.

En efecto, tanto el Ministerio, como el Servicio Nacional de Pruebas han asumido con creatividad el reto que significa el tránsito de un sistema de selección a otro de evaluación. No obstante, subsiste un problema institucional agudo, puesto que el Servicio Nacional de Pruebas, por su dependencia del ICFES, no está en las mejores condiciones institucionales para aportar todo lo que podría como sistema nervioso de la evaluación de la calidad.

 

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