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EL PASO DE UN SISTEMA DE SELECCIÓN A UNO DE EVALUACIÓN,
1991-1997
Como en
el Antiguo Testamento, en el cual el génesis se narra en varias ocasiones, el sistema de
evaluación de la calidad ha sufrido varios comienzos. Se ha iniciado y reiniciado en
muchas ocasiones, lo cual subraya que hay una dificultad de partida, no sólo por la
lógica y la técnica de los sistemas de evaluación, que son distintas de los sistemas de
selección, sino porque no se ha instituído aún una cultura de la evaluación, la cual
supone un trabajo de filigrana de muchos expertos, pero además, la existencia de
traductores al público, el hallazgo de formas de difusión y de uso de los resultados y,
antetodo, una programación milimétrica de muchas actividades, la cual demanda una
organización óptima de las instituciones encargadas de todo el proceso de selección
muestral, diseño teórico y técnico, recolección y procesamiento de información,
análisis, divulgación, uso y devolución de resultados a los maestros, escuelas,
alumnos, padres de familia y sociedad en general.
El
comienzo del sistema de evaluación data 1982, cuando el Instituto Ser realizó algunas
evaluaciones sobre el rendimiento diferencial de la Escuela Nueva frente frente al modelo
tradicional de educación rural (Rodríguez, 1982). El nacimiento del sistema está pues
relacionado con un problema de equidad, pues se encaminó a establecer qué variables
explican el logro, para suministrar criterios de reasignación de recursos. Las
evaluaciones de 1982 versaron, como lo harán las siguientes, sobre logro en matemáticas
y en lenguaje en tercero y quinto grado de educación primaria.
Otra
evaluación, también hecha por el Instituto SER en 1987, perfeccionó el modelo , al
examinar factores asociados al logro (Rojas y otros). A partir de 1990, el Ministerio de
Educación se apersonó del asunto y estableció el Sistema Nacional de Evaluación de la
Calidad, bautizado en su comienzo como SABER. En 1991 integró al Servicio Nacional de
Pruebas al sistema, el cual, junto con el Ministerio, el Instituto SER y algunas otras
entidades han alternado para progresar en la medición, extendiendo la cobertura de año
en año.
Puede
decirse que, a la fecha, con tales pruebas sucesivas, cada vez más amplias y, además,
con una perspectiva de nuevas pruebas en ciencias y ciencias sociales y en nuevos grados,
7 y 9, más la participación en las pruebas internacionales, ya mencionadas, de ciencias
y matemática y de educación cívica, han concluído los años de aprendizaje y debe
comenzar otra etapa de mayor calado.
En
efecto, tanto el Ministerio, como el Servicio Nacional de Pruebas han asumido con
creatividad el reto que significa el tránsito de un sistema de selección a otro de
evaluación. No obstante, subsiste un problema institucional agudo, puesto que el Servicio
Nacional de Pruebas, por su dependencia del ICFES, no está en las mejores condiciones
institucionales para aportar todo lo que podría como sistema nervioso de la evaluación
de la calidad.
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