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1. 2.
EL HORIZONTE DE LAS CIENCIAS SOCIALES EN COLOMBIA Y EN BOGOTÁ.
"Quedarse
atrás en la carrera de las ciencias, es morir".
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Colombia
es un estado nacional en cuyo territorio se encuentran poblaciones de distintas
procedencias. Desde aquellas que descienden de no menos de 60 etnias indoamericanas
existentes antes de la llegada de los/as europeos/as y africanos/as, hasta los/as
herederos/as euroamericanos/as y afroamericanos/as
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de quienes arribaron de
allende, unos en plan de conquista, otros como esclavos, pasando por la infinita gama de
cruces étnicos que ocurrieron en nuestra historia y por los/as migrantes, quienes,
venidos/as de distintas partes del mundo, han elegido este lugar como su patria.
Tal
variedad se ha concentrado en ese enigmático término que es el/la mestizo/a, el/la cual
ha ocupado poco a poco una geografía en extremo compleja por su orografía e
hidrografía, en un país que asoma al Caribe, al Orinoco, al Amazonas, al Pacífico y se
tiende sobre los Andes. La variedad geográfica ha condicionado una extraordinaria
diversidad biológica, sobre cuyos 37 ecosistemas
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se ha erigido una cultura
plural, diversa, compleja, muchas veces tensa y dramática. La mega diversidad en Colombia
no es sólo biológica, sino también étnica, social y cultural. De los pueblos
precolombinos se conservan registros de un saber ecocultural y mítico que aún aguarda
descubrimiento e interpretación, además de todo el inmenso saber transvasado en los
procesos de hibridación.
Somos
un pueblo multicultural en un mundo que es cada vez más multicultural, gracias a los
inmensos desplazamientos de población producidos en la tierra en los dos últimos siglos
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. Desde esa puntada que significó el arribo de Colón al Caribe y la
subordinación al dominio español (con los infinitos claroscuros del antiguo Imperio),
hasta el advenimiento reciente de la llamada "aldea global", nuestra historia
nacional se entrelaza con la historia universal, a veces de modo trágico, a veces de modo
feliz.
Como
muchos países de América Latina, el Caribe y otros de África y Asia, Colombia no ha
hallado aún ese horizonte de gracia significado en la genial expresión de nuestro premio
Nóbel, cuando alude a unas condiciones que ofrezcan una "segunda oportunidad
sobre la tierra a las estirpes condenadas a cien años de soledad". Colombia se
caracteriza por un destino laberíntico, como el de muchos otros pueblos y estados, pero
adivinable en los registros del devenir nacional.
En
Colombia, los saberes y las técnicas modernas se remontan al nacimiento de nuestro
estado. Nuestro principio como república fue pedagógico y científico antes que
económico o político. Y no porque estas razones no importaran, como se vio en el
movimiento de los comuneros, sino porque pudieron enunciarse como ideología libertaria a
partir de la ilustración de los criollos, uno de cuyos semilleros fue la Expedición
Botánica, matriz de todos los saberes colombianos republicanos. De ella nació la
vocación por un saber científico y técnico, en el cual los emancipadores cifraban la
mayor esperanza, pues sabían que en las condiciones del mundo moderno la mejor manera de
fundar la soberanía política era por medio de la mayoría de edad lograda por la
educación.
Nuestra
experiencia histórica como estado independiente ha estado marcada por tres revoluciones
tecnológicas y científicas que han sacudido al mundo de raíz, relacionadas todas ellas
con saltos en la producción de energía: la revolución industrial cifrada en la máquina
de vapor, la eléctrica condensada en el dínamo, y la científico técnica representada
en el computador y en la revolución digital. Ante tales transformaciones nuestra
estructura productiva y social ha sufrido y seguirá sufriendo mutaciones bruscas. Vale la
pena mencionar dos ejemplos.
"Entre
1962 y 1985, el dinamismo de exportaciones en el mundo muestra la siguiente escala de
crecimiento anual: las exportaciones de productos primarios aumentaron a una tasa muy
baja, de 1.6%. Las manufacturas que transforman recursos naturales (como, por ejemplo,
alimentos procesados), lo hicieron en 3.7%. Las manufacturas tradicionales no basadas en
recursos naturales (bienes de consumo intensivos en mano de obra), crecieron al 6.8%. Y
las manufacturas nuevas, con un uso intensivo de investigación y desarrollo
(microelectrónica, telemática, biotecnología, ingeniería genética, nuevos
materiales), se incrementaron a la tasa más alta de 8.1%" .
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Mientras
los países del hemisferio norte avanzan a velocidad supersónica, en Colombia se produce
a ritmo de tortuga. La brecha tecnológica corresponde a un desfase entre las tendencias
contemporáneas de la producción mundial, determinadas por la tercera revolución
científica y técnica, y la estructura de nuestra economía y de nuestra sociedad,
organizada en términos de la segunda revolución tecnológica, con bajos niveles de
educación y una altísima desigualdad de ingresos.
No es
la primera vez que se registra tal desfase. En 1882 Salvador Camacho Roldán usaba la
expresión citada en el epígrafe, porque la revolución en la química orgánica había
reemplazado con productos sintéticos el guano, el añil y la quina exportados por
América Latina. Cabe subrayar que dicha expresión fue pronunciada en la inauguración de
la cátedra de sociología en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional, justo en
la víspera de la expedición de la Constitución de 1886, la cual deshizo las precedentes
constituciones federalistas, inspiradas en las ideas de Florentino González, fundadas en
el liberalismo manchesteriano y en el pensamiento de Tocqueville.
En
estos trances el país acumuló un saber social sobre sí mismo, relacionado con la
construcción de un sentido cultural de patria y con los cambios ideológicos y políticos
articulados en la organización del estado, tareas en las cuales los ideólogos,
provenientes del derecho, la ingeniería o la medicina adaptaron los paradigmas de las
ciencias sociales de Europa, para construir una democracia, muchas veces frágil y
carente, pero con una tradición que no puede desdeñarse.
Con
todo, en Colombia las disciplinas de las ciencias sociales no tienen más de medio siglo
de existencia como profesión y como actividad académica continua. Las más antiguas son
la economía y la psicología, surgidas a fines de los años cuarentas, a las que
siguieron la antropología, la sociología, la lingüística y el trabajo social en la
década siguiente. Las más tardías en constituirse como saber universitario fueron la
historia y la geografía - bien entrados los años ochenta - , pese a que las necesidades
de la educación hicieran de estos saberes unas licenciaturas con enorme expansión desde
los cincuenta, pero no fueron amparadas por la investigación, ni siquiera por la propia
de la historiografía tradicional, la cual corría a cargo de aficionados, en el caso de
la historia, provenientes la mayoría del derecho, la milicia y la literatura, agrupados
en la Academia de Historia y en el caso de la geografía ingenieros con centro en el
Instituto Geográfico Agustín Codazzi.
Con la
aparición de la Nueva Historia, cuyos embriones se remontan a la obra de Nieto Arteta en
los años cuarenta, de Luis Ospina Vásquez en los cincuenta y de Jaime Jaramillo Uribe en
los sesenta, la nueva investigación provino de otros profesionales: filósofos,
sociólogos o economistas, pero, al igual que sucedió con la geografía moderna (de la
cual Ernesto Guhl fuera pionero al ir más allá de la tradición de Codazzi y de Vergara
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) su enseñanza tardó mucho
tiempo en organizarse como carrera universitaria con estatuto científico, lo cual restó
fuerza a su proyección en la educación básica primaria y secundaria, por faltar allí
solidez en la formación de maestros/as , la cual deriva de una investigación crítica
informada de las corrientes mundiales de pensamiento histórico o geográfico. Si
traspasar un saber científico a uno pedagógico es un arte complejo, hacerlo sin amparo
de investigación es aún más arduo.
En el
fondo, estas dificultades reflejan la pluralidad y la complejidad misma de las ciencias
sociales y, sobretodo su carácter polémico, tanto más en un país con muchas fracturas
ideológicas y con graves deficiencias de productividad, equidad, racionalidad política e
integración cultural.
A ello
obedece que las ciencias sociales sean la única área carente de lineamientos
curriculares después de los enunciados en 1984 con la llamada Renovación Curricular
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. Estos habían significado un progreso frente a los establecidos en 1964
que fijaban la geografía y la historia como ejes de la enseñanza de las ciencias
sociales, concebidas en forma tradicional como lugares y fechas articulados a la idea de
una Patria representada en héroes sin pueblo y en mapas sin contextos. El documento de
1984 aspiraba a formular una enseñanza que integrara en mayor medida la historia y la
geografía con otros saberes de las ciencias sociales. Pero, pese a los cambios, el
currículum proyectado entonces fue más retórico que efectivo y careció de continuidad
en su reflexión, porque a diferencia de otras áreas no se creó una tradición que
meditara sobre el traspaso pedagógico de la enseñanza universitaria a la educación
básica y primaria.
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Hay
lineamientos curriculares para áreas afines a las ciencias sociales, con temas suscitados
por la situación de violencia y por la coyuntura de la expedición de la Constitución de
1991: Educación Ética y Valores Humanos y Constitución Política y Democracia
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, temas de legítimo interés, pero que reflejan dos síntomas
inquietantes: primero, que los vacíos que deja una enseñanza no integrada de las
ciencias sociales sean suplidos por materias remediales, concebidas a veces como
emergencias o según preferencias de los gobernantes (como ocurrió con la Cátedra
Bolivariana); y, segundo, que se imponga una retórica sobre ética o democracia, muchas
veces negada por una vivencia escolar autoritaria, pese a las pretensiones de instaurar la
democracia en la escuela.
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.
Lo
anterior no quiere decir que tales lineamientos no sean importantes, pero ellos deberían
enmarcarse en una propuesta más amplia e integrada de las ciencias sociales, no reductora
de su complejidad, bajo los cuales ética, democracia o economía
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, se conciban como unos entre
diversos temas, pues sólo así se comprenden sus contextos más amplios.
En 1996
el Ministerio de Educación produjo un borrador de lineamientos de ciencias sociales, pero
nunca se publicó
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. Desde hace año y medio un
funcionario, Antonio Rivera, ha elaborado un texto, del cual se retomarán aquí algunos
aspectos, pero aún necesitado de mucha diálogo.
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En
ausencia de lineamientos curriculares, la única perspectiva normativa es la propuesta por
el ICFES para los exámenes de estado, elaborada desde hace un lustro.
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El
documento ofrece un panorama que supera las concepciones de 1964 y 1984.
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Define a las ciencias sociales
como "ciencias de la comprensión, cuyo carácter (es) hermenéutico"
26
. Incorpora las nuevas tendencias de la historia y de la
geografía, a las cuales considera aún como ejes de la enseñanza aunque las integra con
otros saberes más amplios que en la propuesta de 1984, pues incluye ámbitos culturales,
políticos, económicos, sociales y ecológicos. A tono con los cambios producidos en el
país desde la Constitución de 1991, el documento marca el énfasis en las competencias,
más que en los contenidos, lo mismo que en la razón comunicativa y en el saber hacer en
contexto, más que en un saber autoritario y vertical. El documento distingue tres
competencias: interpretativa, argumentativa y propositiva, las cuales serán modificadas
en nuestra propuesta en función del saber acumulado por el equipo de la Universidad
Nacional que ha realizado las evaluaciones de ciencias, lenguaje y matemáticas en grados
3o. 5o., 7o y 9o en Bogotá desde 1998 e integradas en una matriz más amplia de los
saberes sociales, en la cual los temas de la geografía y la historia, a saber, el espacio
y el tiempo, converjan en un plano de mayor interdependencia con otros ámbitos no
suficientemente considerados en la propuesta del ICFES como son los psicológicos,
demográficos, culturales (vistos en forma más diferenciada) y los que se refieren a la
praxis social en la comunidad.
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