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LA EVALUACIÓN
El
sentido de la evaluación
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"...El discurso de
la demostración de la disciplina histórica
-
consiste en un diálogo
de demostración entre concepto y dato
-
empírico... conducido
por hipótesis sucesivas por un lado e
-
investigación
empírica, por el otro. El interrogador es la lógica
-
histórica, el
instrumento interrogativo una hipótesis...
-
el que contesta es el
dato empírico con sus propiedades concretas...".
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"Evaluar
no es calificar"
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: cuando se califica por lo
general también se termina descalificando, lo que genera una total contradicción
con los objetivos mismos de la educación. La evaluación no se puede limitar a las
llamadas previas, a trabajos escritos que se circunscriban al resumen, a la descripción o
a la transcripción textual. "La evaluación no es un examen o prueba al que el
estudiante se aproxima con miedo y temor al término de un capítulo, una guía, un
periodo o un año. La práctica tradicional en la escuela ha reducido la evaluación a un
examen riguroso, no por su exigencia científica sino por lo complicado que es
pasarlo"
150
. La evaluación, debe
ser entonces un diálogo constante donde se construya. Un espacio en el cual se aclaren
dudas o se generen otras. Una oportunidad en la cual estudiantes y maestros/as se
encuentren con el saber, con la ciencia, con el conocimiento.
La
evaluación debe partir de la construcción de problemas en los cuales, manejando las
herramientas (conceptos, métodos de investigación) trabajadas en el aula, en la vida
cotidiana, los/as estudiantes puedan generar posibilidades de solución, planteen
hipótesis,
traten de dar explicación rigurosa de los fenómenos, o generen más inquietudes.
Uno de
los espacios en los cuales se puede trabajar mejor este diálogo (evaluación) es en la
realización de ensayos, en los cuales los/as estudiantes por medio de la revisión de
fuentes, de salidas de campo y otras actividades reconstruyan, analicen, comprendan, hagan
proyectos o expliquen los diferentes fenómenos sociales que se están trabajando y sobre
todo tengan las herramientas necesarias para interpretar la realidad social, en aras de su
transformación. En este sentido, la evaluación no se reducirá a repetir la
memorización de datos, fechas, hechos, fenómenos; sino se convertirá en un espacio de construcción
de conocimiento, de discusión de saberes; en donde estudiantes y docentes se
encuentran para debatir o compartir puntos de vista.
Mirada
así, la evaluación se convierte no sólo en un lugar de discusión, sino en un espacio
de formación permanente, donde los datos, las fechas, los hechos, se vuelven
"verbo", acción, y pasan a ser explicación y fundamento en la resolución de
problemas o en la generación de tesis y de dudas; porque las ciencias sociales deben
posibilitar e incitar a la pregunta constante, a la duda permanente, a la incertidumbre, a
la posibilidad y no a la verdad absoluta.
Cuando
la evaluación se vuelve un espacio para preguntarse constantemente los por qué, los
cómo y los para qué, podemos posibilitar un aprender permanente, un aprender a aprender;
una posibilidad de que todos los elementos (teóricos, prácticos) que nos rodean (en
especial los entornos y las realidades) nos permitan un preguntarnos y explicarnos
constantemente.
La
evaluación entonces ya no será el espacio de memorización, de copia textual, de mera
síntesis, en la cual se preguntaba: escriba los nombres de, en qué año fue, quién fue,
enumere, describa, grafique; sino que se convertirá en la posibilidad de explicar,
preguntar, indagar, investigar, interpretar y dar puntos de vista objetivos trabajados con
cierta rigurosidad.
Es
decir, que los/as maestros/as no calificarán el trabajo de los/as estudiantes,
sino que entrarán en discusión con ellos/as, analizando los puntos de vista, las fuentes
consultadas, el método utilizado, el estilo empleado, con lo cual la evaluación no será
una acción impositiva y coercitiva en la cual los/as estudiantes se limitan a obedecer y
responder lo que por lo general los/as docentes quieren escuchar, sino que será un acto
consciente y voluntario en el cual el/a estudiante pueda analizar su desempeño y la
responsabilidad con su quehacer, para que así comience a trasegar el camino de la
autonomía, el compromiso consigo mismo.
La idea
es que la evaluación en lugar de medir el conocimiento (si es que se puede medir), el
"rendimiento de los/as estudiantes", la capacidad de memorizar; posibilite el
aprehender, incite al estudiante a la construcción del conocimiento, es decir, que
hagamos de la evaluación un espacio para la formación; de esta manera, podemos comenzar
a permitir que los/as estudiantes ya no se pregunten por cuanto sacaron, o si
"pasaron", sino que se preocupen por cuánto aprendimos
*
,
qué tal nos fue en el manejo de las herramientas, en la formulación de hipótesis, qué
tal la fundamentación de los puntos de vista, el manejo de los datos, el manejo de
información. Así entonces la evaluación no será tampoco el feudo designado
exclusivamente a los/as docentes, sino que será la posibilidad de concertación con
los/as estudiantes, la posibilidad de que ellos/as se evalúen, asuman conciencia del
valor de su trabajo, de su esfuerzo, de sus logros y desaciertos, " (...) En la
medida en que esto pueda lograrse, el maestro pierde su carácter de juez todopoderoso y
recobra su papel de guía, ubicando su autoridad en su capacidad académica y no en su
poder de juzgar a los alumnos" .
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Así la
evaluación tenderá a posibilitar el sentido crítico, la creatividad, la capacidad de
interpretación, de análisis, de duda constante, de relación, de elaboración de textos
escritos fundamentados, de trabajar desde la teoría (las fuentes), desde la práctica (el
entorno), de comprender y explicarse la realidad; es decir, aprender haciendo y sobre todo
aprender a aprender.
La
previa, la memorización simple, el temor y la copia... serán, como dice el poeta, cosas
de una vieja historia. El objetivo será aprehender, construir, manejar diverso tipo de
herramientas y métodos propios de las ciencias sociales, debatir, interpretar (comenzando
por los diferentes hechos humanos), proponer (formas de abordar los problemas,
alternativas de solución a los mismos) , analizar, criticar, comprender y no simplemente
pasar.
Lógicamente,
una evaluación pensada de esta forma, requiere de inmenso esfuerzo por parte de los/as
docentes, quienes deben leer detenidamente ensayo por ensayo (que por lo general son
individuales), pero sobre todo, este dispendioso trabajo necesita de maestros/as que
escriban y que posean buen dominio de las disciplinas
Como es
normal, saltan a la vista muchas dudas, muchas incógnitas; la primera puede ser: ¿y
con qué materiales se trabajará? La Institución no tiene biblioteca, y los estudiantes
no tienen plata para fotocopias; esta pregunta por lo general obedece a un
comportamiento paternalista que nos rodea a los/as docentes y en ocasiones a la realidad.
Estamos convencidos, que cuando se tiene la voluntad para hacer las cosas, no hay
obstáculos que puedan obstruir el camino. Pero de todas formas, estudiemos las
posibilidades. La primordial, es hacer en cada Institución la biblioteca escolar, con
libros especializados, no con aquellos textos escolares que "nos" evitan a
docentes y estudiantes la angustia de pensar
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; también se pueden hacer
convenios con las bibliotecas satélites que se encuentran en cada zona, con la Biblioteca
Luis Angel Arango, con las bibliotecas de las diferentes universidades (especialmente las
públicas) con lo cual podemos comenzar a construir esos importantes lazos entre la
educación media y la superior.
Pero la
evaluación, también tendrá otra connotación... el valor ético. Es decir, la
evaluación no sólo posibilitará la formación disciplinar, critica, analítica, de
comprensión e interpretación de la realidad social, etc., de los/as estudiantes, sino
que permitirá que se autoevalúen, que sean capaces de reconocer su trabajo constante,
sus logros o su facilismo; ellos/as revisarán su compromiso académico, su quehacer;
entonces entramos en otro diálogo docente - estudiante, en el cual, la nota no será el
medio ni el fin; ni será el elemento motivador o señalador (castigador). Tampoco el
instrumento dominador con el cual el/la profesor/a ejercía autoridad o chantaje; ahora el
debate se centrará en los logros hechos por los/as estudiantes, y la colaboración y
participación de los/as docentes en los alcances de tales logros. Los/as estudiantes
tendrán la oportunidad de analizar las orientaciones y comentarios hechos a sus trabajos
para ver sus posibilidades, y corregir los desaciertos o superar las deficiencias.
Los/as
docentes, también tendrán la oportunidad de revisar conjuntamente con los/as estudiantes
el nivel de acompañamiento y asesoría que han realizado en su clase; analizarán el
ambiente que han posibilitado para permitir que los/as estudiantes se apasionen de lo que
hacen, y esa será la única medida, la voluntad, la pasión, la disciplina con que han
trabajado. Como es apenas lógico, esa pasión, esa voluntad y esa disciplina se plasman
en las propuestas presentadas, que deberán trascender los análisis y la comprensión de
los procesos estudiados (ver resolución 2343 de 1996), para convertirse en la posibilidad
de construcción de alternativas de solución a los problemas planteados desde la clase, y
desde la realidad de cada entorno.
En
síntesis, la evaluación debe ser un proceso de realimentación, de un continuo aprender
dentro del objetivo de las ciencias sociales, el cual no es precisamente formar
especialistas, sino desarrollar potencialidades en los/as estudiantes que les permitan
acceder a procesos de comprensión, interpretación, análisis crítico, manejo de
fuentes, tabulación de datos, manipulación de diferentes tipos de información, y otros
elementos propios de las ciencias sociales que les ayuden a preguntarse y comprender el
pasado, el presente; y generar alternativas de solución a los conflictos actuales y los
que se construyan en clase, para posibilitar sobre todo "(...)la apropiación de
la realidad con el fin de transformarla (...)"
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.
Con lo cual,
los/as estudiantes no sólo podrán desarrollar habilidades cognitivas, sino un gran
sentido de su responsabilidad histórica y por ende, un espíritu de participación
democrática.
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