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HORIZONTES: ANTECEDENTES, PRESENTE, PERSPECTIVAS
1. 1.
El horizonte de las ciencias sociales en el mundo.
"
El hombre no es más que una caña, la más débil de la naturaleza, pero es una caña
pensante"
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Las
ciencias sociales proporcionan horizontes de sentido a nuestra acción en un mundo que es
hoy local y global. La especie humana se distingue por la conciencia de historicidad,
relacionada con la certidumbre de la muerte. Compartiendo muchos rasgos comunes con la
célula primitiva, con los/as mamíferos/as y los/as primates, el homo/femina sapiens
- demens
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se diferencia por la cultura, que es ante todo lenguaje y sirve
para habitar el mundo con memoria, sentido de presente, perspectiva, a veces en paz, otras
en perjuicio de la naturaleza y de los otros/as.
La
cultura de ese humus
erectus
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, que somos, es depositaria de
la tradición y más compleja que el genoma
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, del cual se dice que su
alfabeto tiene 3.4 mil millones de letras
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. Más frágiles que otros
organismos y más dependientes, nuestro devenir depende no sólo de la información
genética, sino de la información cultural, incorporada en la memoria, en la escritura o
en el computador, para renovar la vida humana de generación en generación por la
formación y por la experiencia.
Toda
sociedad se piensa con un saber social más o menos elaborado. Las comunidades indígenas
resumían en los mitos el saber sobre el cosmos legado por sus antepasados. Los mitos se
escenificaban en los ritos mediante un sistema mnemotécnico
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de correspondencias inscrito en
el cuerpo por la música, la danza y la poesía, en un juego de armonías con la
naturaleza, la casa y el cosmos, pensado como un orden cíclico
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.
Por su
parte, el saber social moderno del cual también somos herederos se remonta al ascenso del
patriarcalismo y en especial a los/as griegos/as, quienes inventaron una forma de
interrogar a la naturaleza y a la sociedad en la conversación ciudadana y en el diálogo
académico. Luego el cristianismo forjó en los monasterios un modo de guardar y
transmitir la cultura, difundida después por las universidades en las primeras ciudades
en el albor de los estados y las naciones modernas.
El
renacimiento y la modernidad significaron la aparición de las ciencias sociales, las
cuales adquirieron su estatuto de ciencias cuando el orden social dejó de pensarse como
algo preestablecido por una providencia o cuando, destronada la realeza, la sociedad dudó
de sus principios y distintas fuerzas propusieron diferentes formas de construir un nuevo
tejido social. Dentro de la matriz de la teología y de la metafísica surgieron la
filosofía y la pedagogía modernas, esenciales cuando las sociedades asumieron que la
construcción o el mantenimiento de un orden dependían de la formación de los/as sujetos
y no sólo de la herencia. Las primeras utopías modernas, la de Moro y la de Bacon
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,
soñaron sociedades regidas por la educación o por la ciencia.
Tras la
filosofía y la pedagogía aparecieron la historia y la geografía estimuladas por las
conquistas, disciplinas indispensables en la construcción de los estados nacionales. La
estadística, la demografía y la economía maduraron en el siglo XVIII cuando los estados
enfrentaron dilemas de producción y distribución de la riqueza. En el siglo XIX
emergieron la antropología, la sociología, la psicología, la lingüística y el estudio
crítico de la literatura. En el siglo XX irrumpieron la ciencia política, la
semiología, la profesión del trabajo social y otros saberes y técnicas relacionados con
la compleja división del trabajo y con derechos sociales y civiles llamados de tercera y
cuarta generación : en el siglo XVII habían aparecido los civiles, en los dos siguientes
los políticos, entre el XIX y el XX los sociales y desde hace algunas decenas los
culturales.
Las
ciencias sociales definieron su perfil con una ambivalencia frente a las ciencias
naturales encarnadas en las figuras de Newton, Lavoisier y Linneo, Darwin y Carnot. Las
corrientes positivistas consideraron al hombre como una prolongación de la naturaleza,
sujeto a leyes y a cálculos matemáticos. Los idealistas insistieron en la historicidad
del ser humano y en su capacidad simbólica. A ellas se sumó la teoría marxista como
tercera opción relacionada con la comprensión de las luchas sociales y la
transformación de la sociedad. Si en el siglo XIX hubo una oposición nítida entre las
tres directrices, en el siglo XX las mejores teorías han sido aquellas capaces de
integrar lo natural y lo simbólico, lo técnico o lo económico con lo expresivo y
ético, la teoría pura y la praxis técnica o instrumental
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. Después de 1950 aparecieron
teorías integradas de las ciencias sociales caracterizadas por una ductilidad
epistemológica y transdisciplinaria
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. Ello ha ocurrido en ámbitos
como los estudios culturales, la comunicación, la riqueza y la pobreza, el género, la
ecología, el análisis del lenguaje y de la literatura, saberes que integran distintas
disciplinas, manejan altísimos niveles de formación e información, combinan lo
cuantitativo y lo cualitativo, lo estructural y lo histórico y despliegan refinadas
teorías, métodos y técnicas.
Aunque
el saber de las ciencias sociales siempre será histórico y en estado de creación y de
crítica, en las próximas décadas pueden esperarse avances tan notables como los que
ocurren en el desciframiento del genoma o en la física, necesarios para equilibrar el
saber hacer tecnológico con un saber social inspirado en el principio ético de defensa
de la vida. Con toda razón, el pensamiento filosófico contemporáneo es escéptico
frente a nociones antes indisputables como el progreso: muchas experiencias han mostrado
lo impredecible y caótico de las sociedades. Teorías absolutas animadas de buenas
intenciones han llevado a las sociedades a catástrofes. Mientras seamos seres
históricos, el conocimiento, aunque precioso, jamás será absoluto. Menos el social, tan
necesitado de controversias razonadas, porque mediante ellas la ciencia avanza hacia unas
relativas certidumbres, tanto más tratándose de las propias del saber humano de cada
ser- siempre asombroso - y, mucho más en su entramado social siempre complejo y tantas
veces laberíntico.
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