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LA SOCIEDAD
Dos
disciplinas se han referido en sentido analítico y estructural a la sociedad como un
todo, y como tal han sido vectores importantes en la ciencia histórica: la sociología y
la antropología. La primera enfoca su saber en términos de la estratificación u
organización en clases, para lo cual toma en consideración como unidades básicas las
posiciones sociales (o estatus) y los papeles sociales (roles), por supuesto teniendo en
cuenta la gama de factores que desde la naturaleza (sexo, raza) hasta la cultura (género,
etnicidad) condicionan el puesto y el papel de los actores sociales, pasando por otras
características como ingresos, educación, poder, influencia, estilo de vida que definen
las unidades más elementales a partir de las cuales se codifica la estratificación o la
estructura de clases en una sociedad y se examinan a partir de allí los grados de
integración y de conflicto social en términos de instituciones que regulan las
relaciones sociales. La sociología se ha movido entre la dimensión positiva
(establecimiento de los hechos a partir de datos geográficos, demográficos y
económicos), la comprensiva (aprehensión empática de los roles) y la activa
(transformación de la sociedad).
Por su
parte, la antropología, concentrada en un principio en comunidades indígenas, ha
desarrollado conceptos invaluables en torno a la unidad y a la variedad de las culturas en
todos sus ámbitos, tanto materiales como espirituales. Para ello ha desarrollado una
metodología: la etnografía, muy apreciable en las ciencias sociales. Por supuesto, la
antropología física y la arqueología han sido un sustrato de su reflexión, próximo al
saber específico de las ciencias naturales.
Competencias
sociológicas y antropológicas son necesarias en la formación de los ciudadanos/as en la
educación media. Las primeras, indispensables para comprender ese laberinto que es
Colombia (sin necesidad de hacer de los/as estudiantes de la educación media
sociólogos/as), suponen en un primer nivel descriptivo una comprensión del juego social
expresado en las posiciones y en los roles sociales, a lo cual de hecho el sujeto está
inclinado desde la infancia por la fantasía, el juego y el poder de imitación y desde la
adolescencia por la comparación crítica con los mayores. En un segundo nivel, la
competencia se refiere a la explicación multicausal y compleja de cómo esas posiciones y
roles se regulan por instituciones. Y en un tercer nivel, la competencia sociológica
apunta a la correspondencia entre teorías en conflicto y hechos distintos en distintas
sociedades que muestran variaciones típicas.
La
competencia antropológica es indispensable en Colombia para comprender la procedencia
distinta de nuestra población, lo mismo que de su carácter multiétnico y multicultural,
al mismo tiempo que para sensibilizar a los/as estudiantes, como se verá más adelante,
al uso del recurso etnográfico en ciertos ejercicios dirigidos.
Ambas
competencias son indispensables si se quiere que la comprensión crítica del otro, base
de una democracia, no sea un ejercicio retórico. Por su importancia decisiva en la
creación de conciudadanía, repetimos lo indicado en la sección 2.2.: "Dado que
la escuela no es policlasista o pluriclasista, la representación de la diversidad étnica
(diferentes definiciones en torno a las grandes raíces euroamericanas, afroamericanas e
indoamericanas), económica (distintos oficios y posiciones en la producción, según los
sectores de la economía y según la relación con los factores de producción), social
(distintos estratos, distintos géneros, distintas ecologías del tejido social) y
cultural (distintos códigos culturales regionales) debe exigir el máximo de imaginación
y de pedagogía por parte de los/as maestros/as. Ello será indispensable si queremos que
el precepto de la Constitución del 91 referente al carácter multiétnico y multicultural
de la nación no sea letra muerta, negada por imaginarios culturales que se resisten a
hacer efectiva la democracia".
Comprender
y aceptar a los/as otros/as no es algo que vaya de suyo en la especie humana. Por el
contrario, el psicoanálisis ha mostrado qué tan fácil es enunciar, pero qué tan
difícil realizar un precepto como el de "amar al prójimo como a sí mismo".
La tolerancia, que es un ejercicio muchas veces considerado como pasivo cuando se refiere
al simple "aguantar" o "soportar" a los/as otros/as, necesita
complementarse con un conocimiento crítico de los/as otros/as, animado por la razón
comunicativa. Los saberes y los métodos codificados por la sociología y la
antropología, y, por supuesto, por la historia y por el psicoanálisis, contribuyen a
llevar esa necesaria comprensión crítica de la otredad más allá de la indiferencia, la
piedad o el estereotipo. E, incluso, más allá de la tolerancia, la cual es apenas un
nivel muy primario en la aceptación del/a otro/a.
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