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EL SUJETO
No
existe saber social sin sujeto. Al olvido de la dimensión de la subjetividad en la
escuela, han contribuido desde creencias filosóficas positivistas, hasta versiones
históricas tan contrapuestas como un marxismo mecánico, o la historiografía que
oponiéndose a la exageración del papel del "héroe" en la historia,
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cae en el extremo opuesto de unas estructuras sin personajes, o ciertas
interpretaciones teóricas de la economía que prescinde de su consideración, pese a la
importancia que tiene el sujeto en ellas, por ejemplo, en la teoría marginalista como
soberano de la producción por sus preferencias de consumo. Una escuela sin almas y sin
rostros, también ha tenido su responsabilidad en este olvido, del que en el pasado
reciente lo ha comenzado a salvar una consideración etnográfica.
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A ello se añade una
pésima valoración social de la dimensión de la salud psíquica, pues a diferencia de la
legitimidad que alcanzan la prevención física y la consulta médica, no existe casi
prevención psicológica y la consulta psicológica se considera vergonzante. En la
escuela, los llamados "problemas psicológicos" se reservan para una visita casi
clandestina al orientador o psicólogo, visita que asume el ritual de la confesión.
La
premisa de un saber sobre el sujeto parte de considerar, en el plano de la evolución, el
complejo camino de la individuación y de la subjetivación que ha recorrido la especie
humana. Teorías como la etología
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y el análisis experimental de
la conducta, se sitúan en esta órbita de la continuidad entre el animal y el ser humano
e insisten en el carácter organizado de los hábitos, la primera procediendo a un examen
de la relación entre herencia y medio ambiente, en términos de patrones biológicos, la
segunda, optando, de modo radical, por el examen de una conducta vista en función de la
experiencia organizada e inducida.
Por el
contrario, otras teorías, se sitúan en una órbita más próxima a la dimensión
cultural y, por tanto, simbólica del ser humano. Así, por ejemplo, el psicoanálisis, en
sus distintas vertientes, insiste en la organización de las representaciones del sujeto
en torno a la cadena lingüística, sociológica y antropológica, en la cual se instala
el sujeto desde esa matriz de la sociabilidad que es la familia, hasta la conformación de
la personalidad y sus variaciones dinámicas en términos de las edades de la vida.
De
estas diversas posibilidades emerge una competencia psicológica general, cuyo primer
nivel se refiere a la interpretación, descripción o reconocimiento de la apariencia del
sujeto, de su cuerpo, de su deseos, de su voluntad, de su condición de animal político,
de su continuidad y diferencia con los seres vivos. Un segundo nivel apela a la capacidad
de argumentar y explicar la conducta o de la subjetividad, en términos de distintas
teorías y relaciones causales. Un tercer nivel consiste en un análisis complejo de la
conducta o de la subjetividad, con una perspectiva transdisciplinaria, por ejemplo, en
términos del psicoanálisis lacaniano, refiriendo la subjetividad a la cadena del
lenguaje. O en la óptica de la psicología experimental, explicando la conducta, en
términos de organización de refuerzos y señalando cuáles son significativos en un
sistema social (el dinero, por ejemplo, en la economía; las notas, en un colegio). O en
la visión de la psicología cognitiva, relacionando la configuración del pensamiento con
el cerebro, con la neurología y con los sistemas de procesamiento de la información.
Como en todos los otros
ámbitos, en el psicológico es importante subrayar una competencia práctica, referida
por supuesto a la autocomprensión de los/as estudiantes en términos del reconocimiento
del plano de su vida y de su transformación en un proyecto de vida. Pero aquí también
es necesario inscribir la llamada educación sexual en un contexto más amplio que el de
la simple información sobre cuidado sexual y medios de prevenir el embarazo. Se trata de
examinar la construcción de la sexualidad y del género (examinando sus relaciones), en
función de la afectividad, de la amistad, de las relaciones sociales, de la estructura de
la familia, del conocimiento y la experiencia de sí mismo, de la moralidad, del
patriarcalismo, del machismo, de los valores culturales, del sentido de las prohibiciones,
de los cambios mundiales en los requerimientos de la división del trabajo sexual o de
género. Lo mismo ocurre con la prevención del alcoholismo y la drogadicción. Pues todo
lo que, a veces, se considera como indispensable en cátedras sobre sexo, alcohol o droga,
se consigue en cualquier suplemento de periódico dedicado a jóvenes o a familia.
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