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EL TIEMPO
Como el
espacio, el tiempo es condición de toda acción. Dimensión esencial de las ciencias
naturales (astrofísica, acústica, geología, biología, química), lo es también de la
medicina y del cuerpo, de las artes (en especial de la música) y, por supuesto, de las
ciencias sociales y, en particular, de la historia, la cual toma las cronologías y las
duraciones como nivel inicial de sus códigos teóricos.
Si
concordamos con Cajiao en el sentido de que el objetivo de las ciencias sociales en los
programas escolares pasa por el desarrollo de esas capacidades reflexivas, ordenadas y
comprensivas en los/as jóvenes frente a su acontecer individual y social, se rompe de
entrada con las concepciones doctrinarias que obstaculizaron los desarrollos pedagógicos
en estas disciplinas; aquí se evidencia un sentido de la enseñanza diferente, que
concede al individuo mayor protagonismo social, autonomía y responsabilidad, pues le debe
ofrecer las herramientas necesarias para formarse como actor social educando con "actitud
histórica ".
En este
sentido, la "actitud histórica" vendría a significar, en palabras de Cajiao,
el desarrollo en los/as jóvenes de la capacidad de "comprenderse como ser en
movimiento dentro de un conjunto social... como inmerso en un devenir temporal que no
obedece a la casualidad sino a interrelaciones secuenciales [y complejas] de causalidad...
crear el hábito de comprender los fenómenos como resultados de procesos y no como hechos
aislados e inmediatos sin explicación temporal".
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Esto es equivalente a
comprenderse a sí mismo, reconocer el plano o destino de su existencia y transformarlo en
un proyecto, designio o diseño de vida.
Una
actitud de esta naturaleza sería la base de un comportamiento ético, desarrollando en
los/as estudiantes la conciencia de su papel constructor, de su aporte personal al grupo,
de su capacidad de transformar la realidad y de su obligación de tomar las riendas de su
propio destino. En este sentido, es claro que los estudios en ciencias sociales, no pueden
reducirse a una simple acumulación de información que en muy corto tiempo será
obsoleta. Estas disciplinas por su carácter dinámico, deben ofrecer al individuo la
posibilidad de crecer como ser social, crítico, responsable y conocedor, "capaz
de involucrarse racionalmente en la construcción de su mundo"
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y de transformar su medio
social, entenderse, en fin, como actor social con las responsabilidades que ello
implica, con una proyección hacia el futuro, pero con una herencia que viene del pasado y
que le plantea retos en el presente.
Una
propuesta de este carácter implica formas diferentes de abordar la "enseñanza"
de las ciencias sociales, vistas a través del prisma de la historia. Aquí quizás sea
pertinente acudir a la propuesta de Renán Vega en el sentido de desarrollar en los/as
jóvenes dos formas de pensar: el "pensar historiográfico" y el "pensar
histórico"
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. El pensar historiográfico
significa obrar como un historiador que confronta diversas teorías e hipótesis con
hechos ciertos, describe o interpreta los acontecimientos, argumenta sobre las distintas
posibilidades de examinar los sucesos y es capaz de proponer distintas tendencias en el
examen de la historia. A su vez, el pensar histórico se puede asimilar al concepto de
educar con "actitud histórica" de Cajiao, aunque Vega lo precisa mas, al
señalar que sus posibilidades permiten que los/as estudiantes "...consideren el
conocimiento histórico como un proceso en construcción y como un conjunto de
interpretaciones diversas en concordancia con variados y a veces antagónicos
intereses...permite observar el análisis histórico como un proceso parcial, limitado, en
el que no es posible hablar de verdades absolutas...".
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A esta
competencia general de orden historiográfico e histórico, se le puede señalar tres
niveles fundamentales: el primer nivel en la escala establecida por el equipo de la
Universidad Nacional, sería de índole interpretativa o descriptiva, concerniente a las
unidades básicas en el encuadre de un evento y que atañen a la habilidad cronológica
(que implica ya un concepto de duración), textual (veracidad e interpretación textual de
por lo menos dos fuentes diferentes) y factual (establecimiento preciso de los hechos) y a
su ubicación en los grandes períodos y constelaciones históricos. El segundo nivel es
explicativo y se refiere a la argumentación del significado del evento en relación a
teorías (en esencia, ellas establecen relaciones de estructura y de causalidad: causa
eficiente, causa final), según los ámbitos de consideración histórica (geografía,
sujeto, población, economía, poder, familia y comunidad, códigos culturales) y a un
encuadre fino en términos de los períodos históricos. El tercer nivel es heurístico,
concierne a la movilización de un saber complejo en el análisis y síntesis dinámicos y
multicausales de un evento en su génesis y devenir, incluyendo allí el señalamiento de
tendencias, el establecimiento de hipótesis, la imaginación de escenarios alternativos,
etc.
En las
condiciones de Colombia, las competencias histórica e historiográfica deben referirse en
especial en la educación media a una comprensión del presente del país, enmarcado en
las condiciones de la globalización, tales que partan de esa sentencia del filósofo
Hegel cuando indicaba que la responsabilidad de un pensador es "hallar la rosa de la
razón en la cruz del presente". De un presente que por avecindarse a dos efemérides
preñadas de sentido como son la del bicentenario de la declaración de independencia (20
de julio del año 2010) y de la constitución del Estado (7 de agosto del año 2019),
permitirían ensayar una especie de historia retroprospectiva. Ello mismo abriría el
pensar histórico del estudiante a una competencia práctica, como sería la de ensayar la
proposición de distintos posibles horizontes y comprometerse, previa la discusión, en
una acción de responsabilidad histórica en dos décadas que llevarán a cada estudiante
a lo que el poeta Dante llamara "la mitad del camino de nuestra vida" y
que, acaso, signifiquen para el destino nacional lo que el místico San Juan de la Cruz
llamaba "el trance por la noche oscura".
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