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LA ESCUELA: ENTRE LA TRADICIÓN Y LA TRANSFORMACIÓN
Para
ello, lo primero que una gestión escolar debe resolver es el dilema entre tradición y
cambio. Las ciencias sociales se han quedado anquilosadas dentro de esquemas
tradicionalistas que niegan la apropiación del conocimiento a través de las experiencias
de los/as estudiantes y la contextualización del espacio y el tiempo. Se busca hasta
ahora formar para una sociedad equilibrada, democrática y justa por medio de un
verbalismo exagerado, desplazando la vivencia en el ambiente escolar, lo cual es más
valioso que el simple estudio de las teorías sin prácticas permanentes y cotidianas.
En este
orden de ideas, la dificultad también se le plantea a la pedagogía, pues dependiendo del
sentido que los/as maestros/as otorguen a la enseñanza o al aprendizaje en ciencias
sociales, apelarán a propuestas pedagógicas magistrales y conductistas en el sentido
más burdo de esta teoría, o por el contrario, buscarán implementar propuestas
flexibles, innovadoras y con un componente teórico - investigativo importante. Es decir
que las explicaciones acerca del sentido y la función que los/as docentes asumen frente a
la sociedad, la escuela y las ciencias sociales entre otras cosas, determinan en gran
medida la propuesta pedagógica que efectivamente se desarrolle en el aula, no el discurso
pedagógico que se pueda manejar, sino su concreción final. Por tal motivo, es importante
señalar algunos elementos que pueden propiciar un nuevo sentido a las ciencias sociales
en la escuela.
La
escuela se encuentra inmersa en medio de contradicciones sociales, construcciones
culturales y tensiones políticas y teóricas que definen en alto grado su labor. La
llamada escuela tradicional no es la excepción. Ella se funda en el propósito de un
adoctrinamiento de las mentes y los espíritus, de tal manera que se corresponda con el
ambiente excluyente y dogmático que dominaba el escenario político del siglo XIX y que
se extendió hasta el siglo XX, dejando secuelas de las cuales aún no hemos salido. No en
vano las polémicas entre radicales y conservadores por el carácter de la escuela, sus
contenidos y orientación, ocuparon el centro de las discusiones políticas en este
periodo.
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Por ello el especial énfasis
en la repetición memorística, en el discurso magistral, en la difusión de cierta imagen
semidivina del que enseña a niños/as y jóvenes que "aprenden". La pedagogía
en esta escuela se reduce - en muchos casos- a la didáctica, de ahí la preocupación por
dominar técnicas de motivación y adecuación del grupo, los materiales educativos son
concebidos apenas como medios para adiestrar la memoria con ciertos hábitos repetitivos y
mecánicos, allí donde la escuela se concibe como un campo de combate ideológico, en el
cual las ciencias sociales son el principal instrumento.
Desde
los siglos XVIII y XIX, se pensó la escuela como un espacio para adoctrinar, para
evangelizar, no como espacio educativo - en el sentido de iniciar en el conocimiento
disciplinar o científico -, o al menos instruccional. De ahí que un particular concepto
de maestro/a -"apóstol" (del que aún hoy se habla) era el imperante: un
maestro que conoce la Verdad y la transmite a las nuevas generaciones, que
es modelo de virtud, sacrificio y ejemplo, con altas "calidades morales" para un
modelo educativo moralista, pero al que no se le pueden exigir calidades académicas, por
cuanto ese no es su carácter, llegaba a este oficio por vocación las menos de las veces,
las más por necesidad, mas no por otros méritos
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. El concepto de a-lumno
también se entiende en esos términos: una criatura a lumen (según la etimología
de la palabra) , sin la luz de la verdad, la cual era poseída por ese ser semidivino al
cual nos referimos antes. El a-lumno no sabe nada y no tiene por qué saberlo: es
para esta tradición una "tabla rasa" que es preciso moldear, es un menor
a quien debe insuflarse la verdad mediante una instrucción mecánica y repetitiva.
Podría
señalarse como primer obstáculo para formular planteamientos curriculares en estas
disciplinas, el que tiene que ver con el "uso político" que - en su
instrucción escolar- tradicionalmente se les atribuye (muchas veces en forma tácita o
silenciosa), el cual agudiza la tensión problemática entre unas ciencias sociales como
baluartes de la Tradición, o - por el contrario- de la Transformación
social. De un lado están quienes defienden esa función reproductora y legitimadora de
las contradicciones sociales. Y del otro quienes impulsan la misión académica y
comprometida de posibilitar tratamientos críticos y transformadores de los entornos socio
- culturales, políticos y económicos en las sociedades, conscientes de que la historia
se escribe con preguntas del presente para satisfacer necesidades del mismo. En medio de
estos dos extremos se encuentra toda una gama de posiciones que evidencian las
complejidades del "mundo social".
Las
contradicciones generadas de esa tensión entre Tradición y Transformación se
manifiestan tanto a nivel macro (nacional), como a nivel micro (local), en
la entraña propia de la institución escolar. Ello sucede así porque los discursos de
las ciencias sociales contienen en sí mismos un potencial crítico social poderoso, que
en sociedades con hondas disfunciones sociales, donde el tratamiento consuetudinario de
los conflictos se realiza por la imposición de la autoridad derivada de la fuerza,
producen cierto estancamiento del discurso que circula en la escuela bajo la denominación
de "ciencias sociales". Así es notorio en muchas instituciones de carácter
confesional aunque no exclusivo de ellas, reduciéndose las ciencias sociales escolares a
historias oficiales o a relatos que impulsan la narración nacionalista, intentando
construir una mitología nacional, exaltando ciertos "héroes" y fechas, con el
fin de adoctrinar a las nuevas generaciones en el acatamiento ciego a la autoridad y al
poder, reforzando de este modo valores como la intolerancia y la segregación, pues no
existen para estas versiones la mirada "de los/as otros/as": las mujeres, los/as
vencidos/as, los/as pobres o las "minorías" .
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El
conocimiento histórico y, en general, el producido desde las ciencias sociales es muy
importante en la construcción de nación. Los gobiernos y los partidos han encontrado en
sus saberes una poderosa arma ideológica y de ahí el uso que muchos le han dado. En la
escuela tradicional se considera al conocimiento como algo acabado, absoluto y verdadero,
donde el aprender es un hecho individual, homogéneo y estandarizado, que se reduce a un
proceso de atención captación retención - fijación del
"conocimiento"
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. Así lo entendieron tanto la
escuela francesa de la III República (que exaltaba fuertemente los valores derivados de
la Revolución), como la Alemania nazi, la Rusia stalinista y la España franquista.
Hace un
tiempo, Eric Hobsbawm en un articulo publicado en la revista española Viejo Topo,
señaló cómo algunos historiadores de universidades de la antigua Yugoslavia tenían por
misión reconstruir un pasado milenario y glorioso que justificara las contemporáneas
guerras de dominación contra sus vecinos. Los nacionalismos se construyen a partir de
mitificaciones del pasado, que pueden llegar a ser elementos ideológicos devastadores en
la medida que el uso político lo requiera. El caso de los recientes conflictos armados en
los Balcanes al parecer no escapan a este carácter:
"...hace
ya dos siglos que las élites políticas serbias utilizan elementos históricos,
literarios y folclóricos que vinculan la Serbia medieval a Kosovo, para construir valores
nacionales sagrados, es decir mitos y cultos políticos. La historia de estos mitos y de
estos cultos son parte integrante de la historia cultural y política de Serbia, sea lo
que sea lo que este pendiente de investigar y de escribir sobre ella. Quizá sea ésta una
de las razones que explican el hecho de que los símbolos, los rituales, los mitos y los
cultos nacionales -y particularmente aquellos relacionados con Kosovo- representan en la
Serbia actual una de las principales palancas del poder, cuyo ejercicio se reduce a menudo
a la manipulación de estos valores sagrados".
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Debido
al carácter poderoso de los saberes en ciencias sociales, se explica que los guardianes
de las historias oficiales se encargaran de producir versiones epopéyicas sobre los
hechos del pasado, en las que los héroes y sus glorias sirven como elemento aglutinadores
de la nación y legitimadores del orden social en el presente para ser reproducidas
fielmente en una escuela particularmente doctrinaria.
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