INTRODUCCION
Y RESUMEN
Entre
1995 y el 2000, Colombia participó en la Segundo Estudio Internacional de Educación
Cívica, organizado por la Asociación Internacional para la Evaluación de la Educación
(IEA), la misma que llevó a cabo el Tercer Estudio Internacional de Matemáticas y
Ciencias (TIMMS), cuyos resultados se difundieron en el país en 1996. La IEA es una
entidad multilateral independiente, que realiza desde los años sesentas mediciones
internacionales en distintas áreas de la educación, para favorecer el análisis
comparado de sistemas de educación. Sus estudios se realizan contando con la
voluntad de los gobiernos nacionales. En el caso de la Educación Cívica, el Ministerio
de Educación y el ICFES apoyaron la participación del país, con miras a perfeccionar la
formación del ciudadano en la democracia.
Cerca
de 90.000 estudiantes de grado octavo , representativos de 28 países, fueron interrogados
en 1999 sobre conocimientos y actitudes en educación cívica (democracia, ciudadanía,
valores políticos y temas afines). Instrumentos complementarios se adelantaron con
rectores/as y profesores/as, a tiempo que los/as estudiantes respondieron preguntas sobre
temas socioecónómicos y culturales relevantes para interpretar los datos arrojados por
las encuestas.
Los
resultados de Colombia son ambivalentes: ocupó el último lugar, después de Chile, entre
los 28 países participantes en la prueba de conocimientos. No obstante, en el
cuestionario de actitudes, que fue parte integral de la prueba (con 4.5 veces más
preguntas que el cuestionario de conocimientos), se sitúa entre los primeros países en
opiniones favorables a la democracia y a la participación cívica, hecho que refleja el
interés concedido en el país desde 1991 a la formación en valores y a la
asimilación de los principios de la Constitución.
¿Cómo
explicar los bajos rendimientos en conocimientos de educación cívica ? ¿A
qué se debe que los jóvenes escolares de grado 8º exhiban actitudes por lo general
favorables a la democracia? ¿Cómo interpretar la disonancia entre pobres conocimientos y
unas actitudes relativamente ricas hacia la democracia ? ¿Cómo equilibrar en el futuro
altos conocimientos con buenas actitudes?
El
informe que aquí se presenta intenta resolver esas preguntas: resume los resultados en
uno y otro caso e intenta explicar la disonancia entre conocimientos y actitudes en
función de los datos arrojados por las encuestas complementarias, proponiendo al final
una estrategia para mejorar en esta década en la formación en conocimientos básicos de
democracia y ciencias sociales.
El
bajísimo nivel de competencias cognoscitivas o teóricas sobre la democracia, obedecería
a factores de distinto orden: uno de carácter general y estadísticamente probado,
consiste en la baja expectativa de continuar estudios por parte de la mayoría
de los/as estudiantes (hecho que a su vez puede estar relacionado con la baja tasa de
escolaridad del país y con sus caídas en épocas de recesión y, a su turno,
relacionado con una menor proporción de inversión en educación o con una
distribución inequitativa de la misma); lo anterior se corresponde con los bajos niveles
de educación de los padres.
Otra
razón de carácter más específico apunta a una baja valoración del conocimiento
de las ciencias sociales y de su función en la formación democrática por parte de los
maestros/as y de la sociedad colombiana en general, agravada por la ausencia de
estándares generales para una enseñanza integrada de las ciencias sociales, área en la
cual no se han expedido aún lineamientos curriculares, pese a que los haya en los
ejes transversales de Educación en Valores y de Formación para la Democracia, los
mismos que son responsables del éxito en las respuestas de actitudes.
Según
nuestra interpretación, de las tradicionales materias de urbanidad y de civismo, se ha
pasado a una situación en la cual la formación en la democracia y la educación en
valores presentan, por lo general, prescripciones ideales que, siendo importantes, al
estar , sin embargo, desvertebradas de una enseñanza compleja e integrada de la historia
y de las ciencias sociales e, incluso, de sus vivencias, no han favorecido una
incorporación de redes teóricas significativas sobre conceptos de poder, democracia,
gobierno, aunque sean capaces de moldear ciertas disposiciones y actitudes.
En la
formación conceptual no bastan los simulacros de gobierno o de democracia, ni las
campañas a favor de los derechos humanos. Si estas experiencias no se integran con unas
competencias cognoscitivas en ciencias sociales y en conceptos cruciales de ellas
como democracia, estado, nación, constitución, derechos y libertades, corren el riesgo
de quedarse en declaraciones de intenciones o en actitudes que no siempre se traducen en
actos.
Con
todo, hay que celebrar el logro de los/as estudiantes colombianos/as en la encuesta de
actitudes. La respuesta a la interpretación de los altos rendimientos en esta materia
apunta a que, pese a todas las deficiencias que se pueda hallar en la Constitución
Nacional de 1991 y en la Ley General de Educación y en su aplicación en las escuelas y
colegios, los valores democráticos han calado de alguna forma en la socialización de
los/as jóvenes y ello se muestra en predisposiciones personales a la participación en
actividades políticas democráticas , a la movilización pacífica por causas de
justicia social, a la equidad de género, a la la defensa de los derechos humanos, a la
consideración de la ecología y otras, inducidas en lo principal por los/as rectores/as y
maestros/as, apoyadas en el progreso del gobierno escolar y en cambios en la relación
pedagógica del aula (más dialogal, menos magistral), pero secundadas también en la
educación informal y en la atmósfera del país. |