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Aunque parezca exagerado decirlo, las obras de síntesis plantean problemas
particularmente difíciles de organización y concepción. ¿Para qué se escribe una obra
de síntesis? ¿Cuál es su público? ¿Qué tipo de fuentes debe utilizar? ¿Es necesario
que aporte nuevas interpretaciones o nueva información basada en fuentes documentales?
Algunos
historiadores, en forma un poco exclusivista, consideran sospechosa toda obra que se
escriba para un público que no sea de especialistas, como si la disciplina histórica
debiera convertirse en una especie de recinto cerrado en el que sólo pueden entrar los
elegidos. Sin embargo, la práctica real de la historiografía, el deseo de los
historiadores de contribuir a formar una conciencia histórica en la sociedad, la
búsqueda de formas de presentación que hagan atractivos sus trabajos, hacen ver que todo
historiador espera que sus aportes al conocimiento lleguen a ser conocidos por personas
distintas a sus alumnos y colegas.
Este
hecho no elimina cierta desconfianza general por las obras de síntesis, muy similar a la
que se tiene por las biografías más o menos románticas que hicieron populares Emil
Ludwig o Stefan Zweig. Muchos profesores universitarios no dejarían que nadie los viera
leyendo, por ejemplo, las obras de Barbara Tuchman, aunque periódicamente escriban un
tipo de obra de síntesis relativamente tolerado: el manual universitario.
Sin
poder discutir ahora todos los problemas que esta elemental pregunta plantea -¿para qué
las obras de síntesis, como es posible construirlas y cual es su estructura deseable?-voy
a señalar algunas de mis propias opiniones al respecto:
1.
No puede pedirse a una obra de síntesis que llene con investigación propia los vacíos
de conocimiento que no han llenado los historiadores en sus obras especializadas. Sería
una tarea imposible, y por supuesto, el desarrollo del conocimiento a partir de nuevos
análisis de las fuentes, que es el centro del trabajo histórico, es algo que realizan
continuamente los historiadores profesionales, pero que no puede acelerarse a voluntad.
2.
La obra de síntesis depende en gran medida del nivel de avance de la historiografía.
Cuando los estudios de los historiadores apenas dan algunas respuestas elementales y
cubren aspectos muy limitados de un tema, los trabajos de síntesis resultan muy
insatisfactorios. Si se quiere hacer un trabajo de síntesis sobre la política en
Cartagena, es evidente que si todo lo que tiene a la mano el escritor son estudios
convencionales más o menos heroico, le quedará muy difícil tratar de exponer
sistemáticamente el funcionamiento de los sistemas políticos, los procesos electorales,
la constitución de grupos políticos en la ciudad, el desarrollo de las formas de
conciencia política de ciertos grupos, etc.
3.
La obra de síntesis debe reflejar en forma muy completa el estado del conocimiento y
tener un conocimiento prácticamente exhaustivo de la literatura histórica existente
sobre el tema. El investigador de archivo puede, aunque no debe, ignorar a veces, sin
mayores riesgos para la calidad de su trabajo, materiales secundarios pertinentes que han
sido escritos en otros idiomas o en sitios relativamente inaccesibles. Pero un autor de
síntesis que deja de lado textos centrales sobre el tema que trabaja, que desconoce obras
claves por la dificultad para obtenerlas, porque son tesis de grado, porque están
escritas en otros idiomas, produce resultados inevitablemente endebles. Igualmente, el
autor de las obras de síntesis debe tener una familiaridad razonable con las tendencias
de la investigación histórica de su tiempo.
4.
El autor de la obra de síntesis debe apelar a la documentación original y a nuevas
fuentes si resulta evidente que alguna pregunta pertinente no puede contestarse con base
en la literatura histórica, y que esta búsqueda es razonable en términos del tiempo que
exigiría. Si revisar una colección de prensa precisa, recopilar información
estadística de fuentes publicadas, mirar unos informes diplomáticos, resulta obviamente
iluminador para un problema concreto, mantenerse aferrado a una literatura secundaria
insuficiente es algo que también afecta con fuerza la eficacia de las síntesis.
5.
La obra de síntesis busca ante todo poner al alcance de un público no especialista, los
resultados del trabajo histórico. La mayoría de lo que se escribe en historia está hoy
conformado por los resultados de extensos trabajos de investigación que se configuran en
una tesis de grado, un artículo erudito, una obra para especialistas. Estos trabajos
someten conjuntos de documentación a un proceso de análisis, usualmente guiados por un
sistema de conceptos más o menos claros que dan las herramientas para convertir los
documentos, mediante un proceso de interpretación, en conocimiento histórico: en
declaraciones sobre como tuvieron lugar los hechos, o sobre la significación de
determinados hechos, o sobre las relaciones, causales y de otro tipo, entre determinados
hechos y procesos. Establecer que ocurrió, que importancia tuvo lo ocurrido, que sentido
tiene un hecho histórico, y porque ocurrió siguen siendo, simplificadas al máximo, las
preguntas que se hacen los historiadores. Pero todo el trabajo de los historiadores se
convertiría en un juego solipsista si no llegara a los lectores no especialistas. Los
mismos historiadores a veces hacen sus trabajos de divulgación y síntesis, y a veces hay
escritores que se especializan en ellos. Lo que es esencial es que en el proceso de
divulgación no se degrade el sentido de la investigación histórica, reduciendo procesos
complejos a alguno de sus aspectos. Usualmente, los mayores defectos de los trabajos de
síntesis consisten en la reducción de la historia a la narrativa cronológica, el
ocultamiento de la relación entre el texto y las fuentes, la eliminación del carácter
problemático del trabajo histórico, o la sustitución de los problemas que se están
planteando los historiadores por una definición convencional de lo que es importante (lo
heroico, lo pintoresco, lo divertido) y la reducción de las preguntas históricas a
preguntas sobre cuestiones de hecho o sobre la veracidad de uno o dos documentos
contradictorios.
6.
Aunque la obra de síntesis no tiene necesariamente que aportar nuevos conocimientos ni
nuevas interpretaciones, las mejores de ellas usualmente ofrecen al menos líneas de
interpretación de grandes procesos que permiten estructurar la obra con criterios
razonablemente sólidos. Generalmente estos trabajos utilizan una amplia literatura
histórica para ofrecer una hipótesis de conjunto sobre la importancia de algunos
procesos en el desarrollo histórico de una región, en el resultado de un conflicto, etc.
Pero así las hipótesis e interpretaciones que se ofrezcan del sentido de un proceso
histórico no sean nuevas, y reflejen ante todo las propuestas por los historiadores que
hacen investigación, es preciso organizar el trabajo de manera que refleje al menos una
percepción clara de los problemas que se están exponiendo. Sin hacerse preguntas, así
sean preguntas ajenas, el trabajo histórico tiende a reemplazarse por una agregación
empírica de narraciones que no constituye un verdadero trabajo histórico.
Habiendo
dicho lo anterior, es obvio que mi juicio sobre la obra de Lemaitre refleje estas
opiniones y convicciones, o prejuicios si Ustedes quieren llamarlos así.
Voy
a tomar el primer volumen, dedicado a la fundación de Cartagena, y el segundo, relativo a
la época colonial, para describir los rasgos esenciales de la obra de Lemaitre y dejar
planteados algunos puntos que sirvan para una evaluación de ella.
El
primer volumen, de unas 200 páginas, comienza con una breve descripción de las
sociedades prehispánicas, 4 páginas, y dedica el resto a la historia de los intentos de
conquista y establecimiento de los españoles en la región. La ordenación del relato,
como el mismo autor lo plantea, es estrictamente cronológica. Dos temas considera el
autor especialmente pertinentes: el relativo a la polémica sobre la fecha de fundación
de Cartagena y el que tiene que ver con las vicisitudes político-económicas
sufridas por D. Pedro de Heredia y su hueste conquistadora.
Hago
algunos comentarios concretos al respecto:
a.
La descripción de las comunidades indígenas de la región es muy insuficiente, y termina
repitiendo el lugar común del carácter caribe de estas poblaciones, con su antropofagia
y algunos rasgos más o menos pintorescos. Pero todo se hace sin tener en cuenta los
trabajos de los arqueólogos que investigaron las culturas de concheros, ni de Carl Sauer,
en su libro sobre La Tierra Firme, publicado al menos veinte años antes, ni los estudios
de Leroy Gordon sobre los Sinu. Aunque estaban en inglés, ya sus conclusiones habían
sido divulgadas en español y en Colombia, desde 1978 por lo menos. La fuente central es
Fernández de Oviedo. Sin embargo, a pesar de lo insatisfactorio de la síntesis, mi
impresión es que no hay mucho de donde pegarse para mejorarla: lo que sabemos de los
indígenas de la región sigue siendo muy escaso.
b. La narración de la conquista se apoya ante todo en las descripciones de
los cronistas: Juan de Castellanos y Pedro Simón, sobre todo. Las versiones de Pedro de
Aguado y Bartolomé de las Casas prácticamente no se tienen en cuenta. Simón, en mi
opinión, es menos creíble que los cronistas más tempranos, y por supuesto, para una
obra de síntesis, era muy importante utilizar la documentación publicada por Juan Friede
en su colección, la que desafortunadamente se ignora por completo. Destaca la gran
hostilidad que encontraron los conquistadores en la región, pero no tiene en cuenta
que esta hostilidad es posterior a la definición de la zona como una región abierta a la
cacería de esclavos para llevar a La Española. Al señalar la disminución de la
población original que encontró Heredia, atribuye este hecho a la viruela y a otras
enfermedades traídas por los europeos, lo que es verosímil y puede ser el factor de
mayor peso cuantitativo, pero ignora el efecto de la extracción de población como
esclava para las islas del Caribe y el impacto del choque bélico mismo.
c. Lemaitre usa uno de los primeros estudios socioeconómicos del
proceso de conquista, el excelente trabajo de Demetrio Ramos, pero en mi opinión la
síntesis deforma algo el sentido del argumento de Ramos. Aunque acepta considerar la
conquista como una empresa económica, con lo que esto implicaba, parece dejar de lado a
Heredia de estas consideraciones, y lo ve simplemente como víctima de esta situación, no
como un protagonista de ella: todos los demás conquistadores lo persiguen, lo acosan y lo
acusan, porque tienen ante todo un interés comercial en la empresa. (Pág. 100) Los
juicios morales están cuidadosamente distribuidos: los conquistadores y jueces que tratan
de beneficiarse en la conquista y se enfrentan a Heredia muestran su codicia y
sus violencias contra los indios son arbitrariedades (116, 122)) pero las mismas conductas
en Heredia no reciben adjetivación alguna.
a. En general, Lemaitre
adopta una actitud de justificación de la acción de los conquistadores. Esto se expresa
en su crítica reiterada a Las Casas, (para quien defender a los indios era una
verdadera obsesión, lindante con una noble y quijotesca paranoia) (140) por las denuncias
de los horrores de la conquista que considera excesivas, o en la descalificación irónica
de casi todos los que trataron de frenarlas. Un ejemplo, el obispo Tomás de Toro es
descrito como alma bendita que no podía captar la realidad de las violentas fuerzas
en pugna, y aspiraba a una evangelización pacífica o ideal. Me parece algo
retorcido el juicio sobre las denuncias de las crueldades a los indios, que no llevan a
discutir realmente el grado de realidad de ellas, sino que lo llevan a concluir que estas
denuncias, que acusaban a los españoles de tantos horrores ..al propio tiempo los
honraban, porque demostraban que había entre ellos mismos quien los criticase de
modo implacable. En contraste, quienes apoyan a Heredia para que no resulte convicto
en las acusaciones de defraudar la hacienda real o maltratar a los indios son vistos como
espíritus generosos. La misma forma de evaluar los hechos de acuerdo con la simpatía que
tiene con unos u otros explica por ejemplo el contraste entre su descripción de la
conducta de la India Catalina, que no recibe ninguna censura, y los duros calificativos
que en el volumen tres recibe, por ejemplo, el coronel Luque, por haberse pasado a los
liberales legitimistas en 1831 y abandonado el gobierno, que uno supondría ilegal, de
Rafael Urdaneta: traidor es el más reiterado de ellos.
b. La narración de los
ataques piratas se hace con base en la documentación local, sin revisar las historias
europeas de la piratería.
c. La percepción del proceso
de constitución de una ciudad, su desarrollo físico, las funciones de los organismos
municipales y su acción en estos primeros años, las formas de vida social, el tipo de
población que se instalaba en la ciudad, las formas de relación entre ellos, la
construcción de edificios con funciones públicas, etc., no hace parte de los intereses
de Lemaitre. Con esto quiero destacar que la concepción que tiene de su obra no es
realmente de una historia urbana, en el sentido ya vigente treinta o cuarenta años antes
de la escritura de este trabajo.
Una
revisión del contenido del volumen dos muestra las mismas características, aunque es
preciso señalar algunas diferencias. En este volumen, por lo menos un aspecto de lo que
constituye la historia urbana de Cartagena recibe un tratamiento más amplio, y es el que
tiene que ver con la fortificación de la ciudad, tema en el que sigue los libros
clásicos de Marco Dorta y Zapatero. Igualmente se encuentra una breve narración de
los procesos inquisitoriales dados a conocer por José Toribio Medina, aunque no hay
huella de las consideraciones de Manuel Tejado Fernández. Los temas no militares se
complementan con una historia de la construcción del canal del dique, una síntesis de la
trata de negros y una amplia transcripción de las descripciones de Ulloa y Juan.
Finalmente, se ha dado gran importancia a los eventos internacionales: los ataques a
Cartagena, la colonización de Caledonia (que parece un poco fuera de tema), etc. En todos
estos casos la estructura del trabajo es transparente: el autor ha buscado hacer un
resumen de las principales afirmaciones de los dos o tres autores más conocidos que se
han referido a un tema. No hay un esfuerzo por revisar la literatura histórica en otros
idiomas, con algunas excepciones -hay una cita de Chaunu, pero en general su obra no se
usa. Los vacíos bibliográficos son grandes y en algunos casos debilitan bastante el
resultado de la síntesis.
Sin
embargo, lo más discutible tiene que ver con la selección de los temas que se incluyen
en la obra. ¿Que debe incluir una obra de síntesis? Esto puede parecer obvio, pero
finalmente no es claro que deba incluir una la historia general de Cartagena. El adjetivo
general del título es difícil de agarrar: ¿quiere decir que la obra busca
incluir los diferentes aspectos del proceso histórico de Cartagena, en toda su
generalidad? ¿Historia económica, histórica social, demografía, historia de la
educación y de las costumbres, historia de la vida política local, historia del
desarrollo físico y arquitectónico?. Al leerla, es claro que no: el autor ha hecho una
historia muy especializada, centrándose en un tipo muy preciso y limitado de
acontecimientos, generalmente de orden político. En relación con el ámbito geográfico
cubierto, la obra parece operar sobre la base de considerar significativo el material que
tiene que ver con sucesos, además de la fundación misma a la que se dedica todo el tomo
I, que tuvieron lugar en el ámbito de la ciudad de Cartagena y que tenían que ver con la
política neogranadina o nacional. Con esto quiero subrayar que la obra excluye en general
el tratamiento del ámbito regional de Cartagena: en estos dos primeros volúmenes, este
principio se cumple con excepción del tratamiento de la formación de palenques y la
historia de la colonización de los escoceses en el Darién.
En
ninguno de los campos no políticos hay, fuera de algún caso excepcional, preguntas
históricas, planteamiento de problemas, continuidad en la narración, esfuerzo por
construir una imagen de conjunto. Lo que tiene que ver con historia social, económica o
cultural está conformado por insertos, por apartes que se introducen un poco a la manera
de recuadros o apéndices, y muchas veces son básicamente listas informativas. Es
evidente pues que no constituye un esfuerzo de síntesis de historia urbana general, en el
sentido usual de este término. Si uno trata de enumerar algunos temas obvios que podrían
haberse tratado, puedo mencionar -y seguramente existe mucha literatura sobre otros temas
urbanos que yo desconozco- la evolución demográfica de la ciudad, -hay varios censos
conocidos- la información sobre encomiendas, sobre las que ya existían varios estudios,
el análisis del comercio y de su papel en la ciudad, con sus diferentes ciclos y el
impacto de las guerras sobre comercio y abastecimientos, los problemas de abastecimiento
de harinas, la historia del consulado, el papel del contrabando, un análisis algo más
sistemático de la dinámica racial local, etc.
CONCLUSIONES
1.
Por ello, me parece que no deformo en extremo la obra al señalar que el tema no es la
historia urbana de Cartagena, sino la ciudad como sitio de conflictos nacionales. Podría
uno señalar obvias descripciones de procesos indispensables en una historia urbana y que
no se dan aquí: por ejemplo, no es posible saber cuantos habitantes tenía Cartagena en
un momento determinado, cuanta gente iba a la escuela, que escuelas y colegios había;
nada se sabe de la política local, de la constitución local de los grupos políticos
(que a veces se mencionan de pasada), de las relaciones entre los políticos nacionales y
los de la ciudad, de alcaldes, concejales y gobernadores, no hay en la ciudad elecciones
ni presupuestos ni inversión municipal. Los estudios sobre costumbres y vida cotidiana,
que tan desacreditados estaban entre los historiadores hace 20 años y ahora se han vuelto
casi una moda literaria, se reducen a la transcripción de testimonios casuales en dos o
tres momentos. Preguntas sobre los problemas derivados de la coexistencia en el ámbito
urbano de distintos grupos raciales, fenómenos posibles de discriminación, formación de
ideas sobre estos temas, formas de trato, etc., tampoco se analizan. Las ideas de la
gente, las representaciones mentales, las creencias, lo que ahora se llama coquetamente
los imaginarios, pero antes estudiaban la historia cultural o la iconografía
tampoco se plantean. Por supuesto, no puede pedirse a un autor que escribe lo que hoy
queremos, pero no hay que olvidar que este trabajo es de 1983, cuando muchas de las cosas
que uno identifica con la historia urbana estaban dejando ya de estar de moda, de lo puro
antiguas que se habían vuelto.
2.
La perspectiva del autor es esencialmente la de hacer un resumen de cuanto de
positivo valor se ha publicado hasta la fecha. La idea de resumen, en mi opinión,
afecta negativamente la composición de la obra. Aunque parezca una paradoja, lo que más
daño hace a una obra de síntesis es el resumen: es preciso alejarse del texto de los
historiadores para redefinir la estructura narrativa, si se quiere hacer una síntesis
eficiente. El mismo reconoce no haber hecho aportes substanciales de base documental,
aunque menciona las investigaciones en Quai dOrsay que aclaran algunos aspectos de
los bloqueos de Cartagena -aunque al leerlos, no encuentro nada que no se supiera ya por
otras publicaciones colombianas.
3.
El material bibliográfico utilizado es en su casi totalidad muy conocido. Porras
Troconis, Jiménez Molinari, Otero dCosta, Marco Dorta, los documentos
publicados por Urueta, Corrales, Gutiérrez de Piñeres y Arrázola, Fals Borda. Pero nada
parece haber escuchado Lemaitre de los aportes de muchos investigadores, si estos no
están publicados en español.
4.
La visión del papel del historiador tiene mucho que ver con la de juicio moral de los
participantes. Este es un enfoque muy discutible y en mi opinión usualmente muy estéril,
y lleva a ignorar los problemas que plantean los hechos. Hay ejemplos diversos en
relación con todo el análisis de los conflictos durante el período de la independencia
(T III) o en los diversos eventos de las guerras civiles. Los personajes que no gozan de
la simpatía del autor resultan descalificados, sus hechos se interpretan como traición,
en forma usualmente coherente pero que transparenta en varios casos una perspectiva de
partida y cierta perspectiva social de gente bien.
5.
Las mejores cualidades del trabajo están en el nivel literario. El autor tiene una prosa
ágil y agradable, y aunque el tamaño de la obra probablemente introdujo cierto cansancio
en el autor, que se advierte a veces, las narraciones son animadas y entretenidas, así
resulten a veces excesivas. Son narraciones de corte periodístico y argumental: trama y
desenlace.
6.
Como obra de síntesis, resulta demasiado extensa para el lector que busca simplemente una
información básica y ordenada que le permita precisar las líneas centrales de la
evolución de la ciudad y los principales factores que afectaron su desarrollo. A pesar
del carácter de obra reverenciada que ha adquirido, dudo que sean muchos los que la leen
completa: los trabajos especializados siguen siendo el sitio lógico para ir cuando se
trata de obtener información sobre una guerra civil, un incidente militar o diplomático
internacional. Y un resumen más breve sería el necesario para un lector que apenas se
inicia en el tema.
Puedo
poner decenas de ejemplos, pero me limito a algunos.
Aunque
el comercio apenas se toca durante la época colonial -y esta es otra ausencia demasiado
evidente, dada la función de la ciudad durante todo este período- el autor no tiene en
sus bibliografías ni a Chaunu ni a los autores que continuaron su obra para la segunda
mitad del siglo XVII y para la época de Cádiz. La historia del consulado se pierde,
aunque ya había sido estudiada por Smith. Los estudios de Kuethe, y esto me sorprende
mucho, tampoco aparecen, con lo que un proceso central de finales del XVIII, con profundas
implicaciones sociales y militares, se pierde del todo. Sobre el tráfico de esclavos es
mucha la biografía importante que no utiliza.
En
la parte republicana, es sobre todo una narración de los acontecimientos políticos más
visibles del orden nacional.
Fuente
de información básica sobre algunos temas (derribo de murallas, conflictos militares)
Es
una nueva presentación de material ya conocido, pero que no se aleja demasiado de la
fuente: no parte de problemas sino de temas, y siguiendo fundamentalmente dos o tres
fuentes, a veces confrontadas con algunas más, se hace una nueva narración de los
hechos, que usualmente sigue en forma muy cercana a alguna de las fuentes. En el caso de
la conquista tenemos a Enrique Otero dCosta. En el siglo XIX son ante todos sus
propios libros (La Bolsa y la Vida y la Historia del Canal del Dique) y los Orlando Fals
Borda, Antonio del Real, Donaldo Bossa, José María Samper, etc.
Ausencia
total de toda preocupación sistemática: la narración es cronológica. No hay búsqueda
de información complementaria, sino intento de narrarla siguiendo la bibliografía
existente.
Uno
de los pocos temas que alcanza un poco de continuidad es el análisis de los esfuerzos por
construir, mantener y reconstruir el canal del Dique, y sus relaciones con las
dificultades económicas de la ciudad. Pero incluso en este campo, el esfuerzo por
identificar con claridad los problemas, buscar la documentación que permitiera
responderlos y desarrollarlo en forma sistemática es muy limitado.
La
Historia General de Cartagena fue terminada en mayo de 1983.
211:
conquistas
390:
colonia
198:
independencia
616:
república (De ellas 450 al siglo xix)
Apéndices
documentales, ilustraciones
Aunque
en algunos momentos surgen hechos relativos a la relación con Mompox u otras regiones, es
sólo cuando un hecho de importancia arrastra estos problemas. Hay, sin embargo, un
problema que se menciona y del cual se sacan a luz varios incidentes a lo largo de todo el
libro, en particular en el último volumen y es el que tiene que ver con la rivalidad con
Barranquilla. Sin embargo, no alcanza a adquirir tampoco el carácter de un tema principal
del libro,- así el autor subraye que este constituye el enfoque nuevo que ofrece su
libro- aunque dan pie para algunas de las pocas hipótesis analíticas del libro,
relativas a las causas de la decadencia o estancamiento de
Cartagena y su desplazamiento como centro comercial por Barranquilla. Por supuesto, temas
como el de la relación económica de la ciudad con el campo circundante, la relación de
los propietarios cartageneros con las explotaciones económicas agrarias, con las
implicaciones sociales de esto, ni se mencionan.
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