Los tratados de ortografía que se han publicado antes que el presente, sólo contienen unas pocas reglas sobre el uso de aquellas letras que los ignorantes pueden omitir o emplear desacertadamente; y año entre estas pocas reglas hay varias inútiles para los principiantes, porque presuponen el conocimiento del latín, o porque, teniendo excepciones, como sus autores lo afirman sin expresar cuáles son, nadie puede atreverse a aplicarlas sin temor de equivocarse.
En una palabra, dichos tratados no enseñan al principiante lo único que necesita saber, esto es, cuáles son las palabras en que han de emplearse la b, la v, la c, la s, la z, la g, la j, la h, la x, las vocales duplicadas, la combinación sc, la c duplicada, etc.
En cuanto a esto, es costumbre invariable remitir a los aprendices al Diccionario y darles esperanzas de que el uso les enseñará cuanto hayan menester.
Es preciso convenir en que el uso suple la falta de enseñanza, tanto en materia de ortografía como en las otras artes, pero es aún mis preciso convenir en que, si a la práctica ha precedido el estudio, los resultados deben ser mejores y más prontos. Agréguese a esto que los empleados de ciertas oficinas y las personas que i consagran a la literatura, son en nuestra tierra los únicos que escriben lo bastante para aprender a hacerlo bien con la práctica sola. Los que no escriben muy a menudo cometen, cada vez que toman la pluma, los mismos errores que la primera vez que la tornaron; ni podrían menos de cometerlos, pues carecen de medios hasta para saber que han incurrido en ellos. Quien no escribe con frecuencia no tiene en muchos años ocasión de escribir ni la milésima parte de las palabras de nuestro idioma, y el día que tenga que escribir por primera vez alguna de las de dudosa ortografía, dará la prueba de que el uso por si solo no hace buenos ortógrafos.
La frecuente lectura debería, según parece, suministrar bastantes conocimientos sobre la materia; pero lo cierto es que muchos que leen continuamente, dan muestras de ignorar lo más elemental de la ortografía.
Santo y bueno es aconsejar el uso del Diccionario a los que quieran aprender a escribir; pero pretender que a eso sólo se atengan, y pensar que lleguen a poner cuatro renglones bien puestos sin tener la instrucción suficiente para saber cómo se escriben todas las palabras, es un solemne desatino. ¿Quién tendría bastante paciencia para llenar una cuartilla de papel consultando el Diccionario cada vez que se le presentase una dicción de dudosa ortografía? además, el Diccionario es libro caro y voluminoso, y que no puede andar en manos de todos.
Ocúpanse también los autores de los tratados de ortografía que conocemos, en proponer reformas y en disputar sobre la conveniencia de las que ya se han hecho o intentado. Todo esto puede ser muy interesante, pero no sirve para enseñar a escribir como se debe.
Por estas consideraciones hemos trabajado y publicamos un tratado que contiene reglas fijas relativas a todas las letras cuyo uso presenta dificultades, y que puede dar todos los conocimientos necesarios para escribir bien cuantas palabras usuales contiene el Diccionario.
Nuestra tarea no es la de ofrecer un nuevo código de preceptos ortográficos. Prescindiendo absolutamente de toda cuestión relativa a reformas o innovaciones, nos limitamos a dar idea del modo como debe escribirse cada palabra según el uso.
No damos regla alguna que se refiera al origen latino de las voces, ni admitimos como algunos autores, que la pronunciación pueda servir de norma para distinguir y emplear oportunamente la c, la s, la z, la b y la y, pues nadie ignora que en la América Española es uno mismo el sonido que se da a las tres primeras y uno mismo también el que se da a las dos últimas; así es que uno de los principales objetos de nuestro trabajo es enseñar el uso de aquellas letras.
Con el fin de que los principiantes hallen expuestas en un solo volumen todas las materias que hasta ahora se han considerado como partes de la ortografía, insertamos a continuación del tratado sobre el uso de las letras, uno sobre el uso de la tilde, otro sobre puntuación, otro sobre división de las sílabas, y, por último, hemos procurado que de nuestro libro se puedan sacar cuantos conocimientos se necesitan para escribir bien.
Al hacer las cuatro primeras ediciones de esta obra no nos atrevimos a declararnos contra los abusos que en punto a ortografía se habían introducido en Colombia y en otros países hispanoamericanos. Habíase dejado de usar de la g antes de e y de i; se había sustituido laja lay en la conjunción y y en los diptongos finales ay, ey, oy, uy; habíase reemplazado con la s toda x que se hallara antes de consonante. Esta última innovación había tenido origen en España; pero después que en la península se había vuelto al uso antiguo, entre nosotros se había persistido en emplear indebidamente la s.
Estas pretendidas reformas gozaban de tal crédito hasta el año en que hicimos la cuarta edición de este libro, que nos pareció temerario empeño el de corregir los abusos, y yana presunción el esperar que, si lo intentábamos, hubiera quien nos secundara en la empresa.
Hoy, merced a los progresos de la cultura, se empieza a reconocer la necesidad de uniformar nuestra ortografía con la de todas las obras escritas en castellano que se imprimen en Europa; obras que forman casi la totalidad de nuestras librerías; se ha advertido cuán ridículo es el que nosotros pretendamos dar la ley en lo concerniente a lenguaje; se ha echado de ver que el alterar la fisonomía, esto es, la forma visible de las palabras, es una profanación a que sólo la ignorancia pueda atreverse; se ha temido hacer, como dice Carlos Nodier, un anticipo voluntario a la futura barbarie, introduciendo alteraciones en la ortografía, y se ha dado principio con muy buen suceso a la empresa de restablecer la ortografía de la Academia Española en toda su pureza.
Así es que, al preparar la quinta edición, ya nos pudimos resolver a seguir en todo y sin restricción alguna los preceptos de aquella corporación y el uso general como hubiéramos querido hacerlo desde que empezamos a publicar nuestros trabajos ortográficos. En esta edición, como en varias de las anteriores, al tratado de ortografía precede otro de ortología.
El estudio de este ramo ha sido entre nosotros por extremo desatendido; cosa tanto más extraña y vituperable, cuanto dicho estudio es mil veces más fácil y otras tantas más útil para extirpar muchos de los defectos con que afeamos nuestra lengua, que el de ciertas teorías metafísicas concernientes a la sintaxis, que con ímprobo trabajo y escaso fruto se enseñan a los principiantes en nuestros colegios.
Tal vez ha retraído a los profesores de la enseñanza de la ortología la falta de un buen texto. Es verdad que sobre esta materia existen dos excelentes obras: la de Sicilia y la de Bello; pero en ellas se trata con prolijidad de los puntos importantes y se ilustran otros que, cuando más, son curiosos. Además, el método con que se han escrito no es el que debe seguirse en obras que los niños han de aprender de memoria.
Nosotros hemos expuesto las doctrinas de Bello por un método distinto del suyo, y con la claridad y sencillez que son indispensables en todo texto de enseñanza. En la presente edición nos hemos sujetado a los nuevos preceptos de la Academia Española sobre acentuación. La Academia Española de la Lengua enriqueció la decimatercera edición de su Diccionario con gran número de voces que no se hallaban en las ediciones anteriores.
Nos ha parecido necesario reformar y aumentar nuestro Tratado completo de Ortografía Castellana, en la parte que trata del uso de las letras a fin de dar conocimiento de lo nuevo que, en la materia de que trata nuestro libro, se halla en dicha edición del Diccionario. Después de haberla repasado atentamente, hemos reformado y adicionado nuestro trabajo, a fin de que, ahora como en su principio, pueda calificarse de completo.
Muchas son las adiciones que le hemos hecho, fuera de las que consisten en la agregación a los catálogos de gran número de voces y en la formación de nuevas reglas. Hemos hallado e incluido en este libro muchas voces que eran antes poco usadas y aún no conocidas y que ahora vemos empleadas por la generalidad de los colombianos.
Una vez emprendida la tarea de preparar una nueva edición de nuestra obra, no hemos podido dejar de intentar otras reformas diferentes de la indicada: hemos enriquecido la colección de ejemplos destinados a facilitar la enseñanza de lo relativo al uso de las letras, enseñanza que debe consistir muy especialmente en hacer que los aprendices practiquen mucho de lo que les enseñan las reglas.
El Tratado de Ortología también aparece en la presente edición más extenso que en las anteriores. A aumentarlo, agregándole una parte de nuestras Lecciones de Métrica, nos ha inducido la consideración de que para la composición de los versos es más necesario que para cualquiera otro objeto el conocimiento de los principios que están expuestos en la parte de nuestro Tratado de Ortología que queda incluido en este libro.
Los catálogos alfabéticos de nombres de personas y de nombres geográficos aparecen en la presente edición tan completos como es posible que lo sean, dada la naturaleza de las dicciones que contienen.
