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El arte documental en la era del viajero y de la imagen impresa Acomienzos del siglo XIX en Occidente, el interés por la naturaleza, heredado de la Ilustración, sumado a la sacralización del viaje por el romanticismo y el crecimiento del consumo de imágenes impresas, dieron sustento a un tipo de arte enfocado hacia el entorno. El género respondía, en parte, a la necesidad de ilustrar los relatos de los viajeros europeos que recorrían el mundo en pos de los más diversos objetivos, basándose en dibujos y acuarelas que ejecutaban ellos mismos u otros contratados con tal fin. En los cinco continentes surgieron artistas locales afanosos de atender este nuevo mercado, dirigido a europeos y americanos. En el caso de Hispanoamérica, la emancipación política y la desaparición de usos coloniales que trajeron consigo la apertura comercial, acentuaron el deseo por conocer y dar a conocer al mundo la propia geografía, con la variedad de gentes, usos y costumbres. La creación y consumo de las imágenes en cuestión generó vasos comunicantes entre América y Europa y, en el caso mexicano, también con Estados Unidos. De lejos procedían los artistas viajeros, allí tenían sede muchas de las casas editoriales y talleres litográficos que los grabaron e imprimieron y allí vivía el grueso del público receptor de esa iconografía americana. Al fin y al cabo el XIX fue también el siglo de los museos y el periodismo gráfico.
Mejoras en las técnicas de impresión, tales como la fabricación de papel a escala industrial (1803), el uso de prensas movidas por máquinas de vapor (1814) y la impresión con cilindros múltiples (1827) permitieron producir, a una escala nunca antes vista, mapas, partituras musicales, etiquetas y avisos comerciales, periódicos y revistas ilustradas.
Los “panoramas” o pinturas de 360 grados, popularizados en Inglaterra desde 1793, daban al espectador la ilusión de haberse desplazado a lugares exóticos. Siguiendo una exhibición de panoramas egipcios realizada previamente, el naturalista y anticuario inglés William Bullock, propietario del Salón Egipcio en Londres, organizó en 1824 un par de espectáculos sobre el México antiguo y moderno con materiales recopilados durante los seis meses que estuvo allí entre 1822 y 1823. El éxito de la muestra puso de relieve la curiosidad que despertaban las imágenes de esa remota América de los años posteriores a la independencia.
Otro indicio de la favorable acogida del arte documental sobre Hispanoamérica lo constituye el óleo The Heart of the Andes, pintado en 1859 por el norteamericano Frederic Edwin Church (1826-1900) al regreso de su segundo viaje a Ecuador (1857) tras la ruta de Humboldt. Quizás por coincidir su exhibición con la muerte del naturalista prusiano, cerca de doce mil visitantes acudieron a ver la obra cuando se expuso por primera vez en l a Feria Metropolitana de Nueva York de 1864, como se observa en la lámina. Luego fue llevada a Londres y estuvo de gira durante un año por museos de Estados Unidos. |
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