|
El siglo XIX se conoce como el siglo del viajero en Occidente. Las antiguas colonias hispanoamericanas, un vasto territorio vedado por casi tres siglos a los no-peninsulares, una vez cortados los lazos con la metrópoli abrieron sus puertas al tráfago de viajeros europeos y uno que otro norteamericano —diplomáticos, naturalistas, comerciantes, mineros, aventureros—, deseosos de conocer sus gentes y asombrosa geografía, y de aprovechar sus riquezas y recursos.
Viajar a tan remotos países era una aventura digna de contar, así que al regreso muchos optaron por publicar el relato en revistas y libros. Parte del atractivo de estos best sellers eran sus grabados y litografías. Si el viajero sabía, como solía ocurrir, él mismo hacía in situ bocetos o de mediados del siglo en adelante, tomaba fotos. Las casas editoriales casi siempre situadas en Europa o Estados Unidos, contrataban dibujantes y grabadores que completaran el trabajo.
|