Este es el contexto en que transcurre la vida de Humboldt. Su familia de origen prusiano había obtenido 
su título de nobleza pocos años antes de su nacimiento, situación que condiciona su formación y la de su 
hermano Wilhem y la orienta hacia un camino eminentemente político y militar, destino trazado por su familia 
y el estado. Antes de su ingreso a la universidad reciben una educación inmejorable a cargo de preceptores 
que los inician en las ciencias naturales, los idiomas y la literatura. Posteriormente Humboldt ingresa a la 
universidad de Frankfurt del Oder para realizar algunos estudios de economía. Al año siguiente, en 1789, 
regresa a Berlín para prepararse en matemáticas, dibujo y grabado. Ese mismo año retoma sus estudios en 
la Universidad de Gotinga, asistiendo a cursos de geografía, botánica, geología y física. Durante este periodo 
realiza sus primeras exploraciones en Inglaterra y París. Humboldt nunca obtuvo un título universitario.
     En 1791 Humboldt ingresa a la Escuela de Minas de Freiberg y llega a hacer parte del Consejo Superior 
de Minas. Cuando fallece su madre en 1796, abandona su cargo en el estado prusiano y recibe una herencia 
considerable que le permite llevar a cabo la expedición que silenciosamente había venido madurando desde 
sus primeros contactos con viajeros, botánicos y geólogos. Se dedica desde entonces a preparar su viaje 
a la América Equinoccial, realizando varias exploraciones a Jena, Viena, París y algunas ciudades españolas. 
Durante su estadía allí logra reunirse con Carlos IV, quien a través del Consejo de Indias le concede un 
pasaporte para viajar a América y así poder realizar con libertad todas sus investigaciones.
     Una vez cristalizado su sueño de viajar, Humboldt se embarca junto a Aimé Bonpland, botánico y médico 
francés quien fuera su compañero durante toda la expedición y amigo por el resto de su vida, en la Fragata 
Pizarro. Los viajeros abandonan la embarcación en Venezuela debido a una epidemia de fiebre. Así a sus 
treinta años, el 16 de julio de 1799, Humboldt pisa tierras continentales de América en Cumaná. Iniciándose 
allí la primera exploración que deja atrás los tradicionales objetivos colonialistas y económicos que habían 
caracterizado a los viajeros que llegaban al Nuevo Continente.
     
     El trabajo de Humboldt y Bonpland se caracteriza por la dedicación académica y científica, que incluso 
supera los conocimientos propios de las disciplinas que los viajeros conocían: geomagnetismo, geografía, 
botánica y geología, por objetivo mayor, acercarse a una filosofía de la Tierra a través de un conocimiento 
íntegro de la Naturaleza, a partir de una ciencia autodidacta que no sólo funda sus cimientos en los saberes 
aprendidos sino que está dispuesta a crearse con las nuevas observaciones. 
     Es importante recordar que Humboldt jamás aceptó dineros de gobierno alguno para evitar que sus 
investigaciones se supeditaran a fines secundarios como el comercio y explotación de plantas y minerales, 
tal como ocurrió con la Expedición Botánica.
     Luego de realizar algunas muestras y observaciones botánicas y geológicas durante más de cuatro 
meses en Cumaná, Caracas y otros lugares venezolanos, llegan el 27 de marzo de 1800 a San Fernando 
de Apure, establecimiento de las misiones capuchinas y punto de partida para el viaje fluvial por los ríos 
Orinoco, Apure, Atabapo y Negro, que lo llevará a puntos muy cercanos de la actual geografía colombiana 
y que puede contemplarse como la primera aproximación a sus estudios en los Andes, ya que cartografió 
ríos que como el Meta y el Arauca, nacen en la Alta Montaña colombiana. Estudia además ecosistemas 
afines a los territorios venezolanos y colombianos. Durante este viaje realiza sus primeros herbarios y 
algunas observaciones de fauna como la del gimnoto, los tigres, monos araguatos, cocodrilos y otras 
especies. Sus investigaciones en Venezuela culminan el 24 de noviembre en Nueva Barcelona, desde allí 
parte a Cuba, a donde arriba el 19 de diciembre de 1800. En su permanencia hasta el 8 de marzo de 1801, 
consolida parte de su Ensayo político sobre la Isla de Cuba. En sus escritos sobre Cuba se evidencia la 
aversión que Humboldt siempre tuvo por la esclavitud impuesta por Europa, pues siempre criticó duramente 
todas las formas de maltrato y los juicios denigrantes que contra los indígenas y negros se elevaban tanto 
en Europa como en la misma América. 
     Mientras Humboldt y Bonpland se dedican a sus estudios, su fama en Europa crece a gran velocidad. 
La intensidad de su correspondencia, los herbarios y las muestras geológicas que comienzan a enviar los 
convierten cada vez más en científicos de renombre, no sólo por el mérito de sus avances como 
naturalistas, sino también por lo aventurado de su viaje.
     Una vez más zarpa junto a Bonpland desde Batabano a bordo de una goleta catalana con destino a la 
Nueva Granada. Luego de una escala en Trinidad y de muchas peripecias marinas logran atracar en 
El Zapote, poblado cercano a la desembocadura del Sinú. Desde allí se dirigen por la costa a Cartagena, 
donde son recibidos por José Ignacio de Pombo, quien los invita a Turbaco para observar por primera vez 
los Volcanes de aire, a pesar de que sus planes de viaje estaban trazados hacia Panamá para encontrarse 
con Baudin, viajero francés que daba la vuelta al mundo. Sin embargo al calcular que dicho encuentro no 
sería posible, decidió tomar el Magdalena para llegar a Santa Fe y luego seguir hasta Lima. En su travesía 
fluvial recopila la información para elaborar el Mapa del Río Grande de la Magdalena, en el cual recomienda 
la adecuación de algunas zonas para hacer más eficiente la navegación; y un ensayo sobre la respiración 
de los cocodrilos.
     Su llegada a Bogotá el 6 de julio causa expectativa. Le ofrecen un gran recibimiento. Es invitado de 
José Celestino Mutis, con quien confronta información sobre las especies nativas de Colombia. Por petición 
del virrey Mendinueta visita las minas de sal de Zipaquirá y escribe la Memoria Raciocinada de las Salinas 
de Zipaquirá. Realiza un viaje al lago de Guatavita, el Páramo de Chingaza y El Salto del Tequendama. 
Dedica algún tiempo al estudio de la mitología muisca, cuyo calendario dejó incluido en el libro Sitios de las 
Cordilleras.
     Tras su partida del altiplano visita los Puentes naturales de Icononzo, que se erigen sobre el río 
Sumapaz, cerca de Pandi. Continúa por Ibagué con rumbo hacia Cartago a través del Quindío hasta llegar a 
Popayán, donde permanece alrededor de un mes ya que viaja al Volcán del Puracé. Su viaje concluye en 
Pasto donde explora el Volcán Galeras y algunos páramos vecinos.
     Parte de Colombia en diciembre de 1801 con rumbo a Quito. Una vez instalado, asciende el Cotopaxi, 
el Pichincha, el Antisana y el Tungurahua. Con estas observaciones logra cartografiar la disposición volcánica 
delos Andes y consolidar su Geografía de las Plantas Equinocciales. Este trabajo fue base para el desarrollo 
de la fitogeografía que posteriormente abre las puertas al progreso de la biogeografía ya que Humboldt logra 
establecer la relación existente entre factores climáticos y la distribución de la vegetación y por ende de la 
fauna. 
     Luego de recorrer Lima regresa a Ecuador para embarcarse rumbo a México, donde realizaría sus 
investigaciones más exhaustivas en Antropología e Historia. Como producto de ese trabajo se conoce su 
Ensayo político sobre el Nuevo Reino de España, Aportaciones a la Antropología Mexicana y gran parte 
de Sitios de las Cordilleras y Monumentos de los Pueblos Indígenas de América.
     Finalmente regresa a Cuba para tomar rumbo a Filadelfia, Estados Unidos, donde lo recibe Thomas 
Jefferson. Se despide de América el 9 de julio de 1804 cargado de más de sesenta mil plantas, bocetos 
de mapas y paisajes, muestras geológicas y folios repletos de datos geográficos que le servirán para la 
elaboración de mapas que sin duda son un gran escalón en la historia de la cartografía americana.
     Al regresar a Europa se instala en París para dedicarse a redactar y concluir sus investigaciones 
americanas con base en un diario de anotaciones que llevó durante todo su viaje. Allí conoce a Simón 
Bolívar, quien después afirma que Humboldt es el verdadero descubridor de América ya que sus estudios 
le han aportado más que la acción de todos los conquistadores.
     Tras algunas exploraciones menores a Rusia e Italia, Humboldt pone todo su empeño en sus obras: 
Viaje a las Regiones equinocciales, Cuadros de la Naturaleza; finalmente en 1834, se dedica a Cosmos, 
obra en que condensa todos sus conocimientos de geografía, geomagnetismo, geología y fitogeografía. 
Crea por fin su Filosofía de la Naturaleza, comienzo de una nueva etapa en la historia de la ciencia.
     Sus últimos años los ocupa en la docencia y las labores diplomáticas que le correspondían como 
Chambelán del rey. Muere de viejo el 6 de mayo de 1859, dejando viva hasta nuestros días la expectativa 
de comprender La Naturaleza.
    Berlín, septiembre 14 de 1769. Nace Alejandro de Humboldt. Alemania es entonces
un Estado conformado por reinos en expansión territorial, por lo tanto en constantes 
conflictos fronterizos. Época de la Europa Napoleónica: la amenaza de invasión 
despierta la conciencia nacional, el modelo de La Ilustración resulta un medio 
efectivo para impulsar la literatura, el idioma y la cultura, como símbolos de la 
nacionalidad alemana, que para ese momento está mucho menos consolidada que 
la de Francia. Berlín se convierte en el principal centro cultural de Alemania. Allí 
esta Kant, Goethe, Mozart. Es el comienzo de los círculos intelectuales que 
integrarán los hermanos Humboldt, Guillermo y Alejandro. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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