Olga Gomez, Eventos
Olga Gomez, Eventos
2005
Pintura, mixta óleo y aplicaciones sobre lienzo
Tres piezas 50 x 70
Montería
Jairo Tamara, Gobelinos 6
Jairo Tamara, Gobelinos 6
Jairo Tamara, Gobelinos 6
2008
Mixta,Lapices de colores, marcadores , vinilo , sobre gobelino
10 piezas de 24 x24 cm
Montería
Irma Pinzon, Jardines colgantes 1
Irma Pinzon, Jardines colgantes 1
2008
Mixta; jardines colgantes 1 y 2 acrílico sobre papel de colgadura; trapitos1 acrílico sobre tela
38 x 44; 38 x 22 ; 120 x 90 cm
Montería
Adriano Rios, Úrsula
Adriano Rios, Úrsula
2007
Ceramica esmaltada con imágenes coloreadas sobre MDF
220 x 100 cm
Montería
Jose Luis Ghisays, Crotos 13
Jose Luis Ghisays, Crotos 13
2005
Pintura, acrilico sobre lienzo
Medidas variables cuatro piezas, 90 x 300 cm
Montería

Montería - I Etapa

Curador: Martín Martínez

Artistas

Jairo Támara
Irma Pinzón
Olga Gómez
Adriano Ríos
Doris Marcela Delgadillo y Esteban Arrieta
Huberto Gómez Atehortúa
José Luis Ghisays
Lucía Arrieta

Texto curatorial

Imagen Regional 6 continua con el proceso de identificar y promover la producción artística regional,  dentro de la escena nacional, sin  que la intención se reduzca a la tipificación de “lo local” sino a la caracterización del arte emergente de las regiones, en contextos de circulación y reconocimiento más amplios.

Esta nueva versión incluye, por primera vez, dos elementos que profundizan sus directrices  generales,  en cuanto su tendencia hacia la apertura y la inclusión, sin perder de vista los criterios de calidad y pertinencia: la designación de curadores regionales y la realización de exhibiciones locales. Estos elementos permiten percibir con claridad la evolución del proyecto y su consolidación, dentro de la diversidad  de la  gestión cultural que realizan la Subdirección de Artes y la Biblioteca Luís Ángel Arango, como ejecución de la política cultural del Banco de la República.

La naturaleza del proceso implica la búsqueda de estrategias que, sin ser vindicatorias de actores ni percepciones, permitan una representatividad, al menos relativa o provisional, en la que no tienen cabida lineamientos curatoriales hegemónicos o de autor en la producción de un estado del arte emergente desde la diversidad de contextos culturales y geográficos que conforman la nación colombiana.

En líneas generales, en estas nuevas lecturas del campo artístico se reafirman tópicos y caracterizaciones ya identificadas por los curadores de versiones anteriores, obras que no denotan de manera directa o “correcta” las nociones de lugar o tradición ni corresponden tampoco a las corrientes dominantes, aunque en ocasiones actualizan técnicas y medios reconocibles en la historia del arte; el aporte de algunas de estas  obras es precisamente la creación de nuevos léxicos y sentidos que manifiestan  psicologías o singularidades no evidenciadas.  Junto a estas, la progresiva virtualización empieza a ser un factor determinante que agencia lógicas alternas en cuanto al control mediático de producción de sentido.

En su conjunto, las obras que conforman esta muestra expresan una vitalidad de lo nacional–regional, no sin algunas redundancias y diferendos, productos del imaginario derivado del colonialismo, los estereotipos, las migraciones, los desplazamientos, los conflictos e intereses dentro de   nuevas articulaciones del territorio y de producción de la cultura, lo artístico y lo cultural. A través de ellas se revela una vez más la complejidad creciente y la pertinencia del campo en lo temático, ético y estético.

Jairo Támara realiza un excelente trabajo en torno a modelos de representación; sus obras poseen el carácter de piezas de arqueología de la mirada. En sus telas intervenidas, las capas se sitúan en diferentes contextos históricos que en ocasiones coinciden solo parcialmente y no presentan un eje temático único, señalando, con fino humor e ironía, la doble o múltiple moral enraizada en nuestros ámbitos provinciales, en los que se pasa con extraordinaria velocidad de lo ingenuo a lo perverso. Resultan muy agudas y visualmente logradas sus asociaciones del paisaje idealizado de las campiñas románticas de los gobelinos, que sirvieron de modelos en sociedades locales de corte casi feudal, drásticamente intervenidos con elementos y lenguajes provenientes de la moda, el diseño y el cómic.

Irma Pinzón, utilizando recursos similares a los de Jairo Támara, apunta mas hacia lo íntimo, al valor puramente psicológico que adquieren las prendas de vestir que aparecen en sus Jardines colgantes, donde se percibe una atmósfera más cercana al anonimato que a alguna interpretación histórica; los elementos temporales y la captura de instantes se expresan en los materiales y sugieren una presencia de temáticas y asuntos ligados a la feminidad y a poéticas de género.

Olga Gómez realiza sus pinturas con la intención de que sean no solo construcciones visuales sino estructuras simbólicas de naturaleza ontológica; en el caso de los trabajos seleccionados, el nacimiento y la muerte aparecen tan  rituales y naturales como una boda, que de alguna forma podemos manejar y de cierto modo participar, de ser necesario espantar las moscas.

Adriano Ríos trabaja la técnica de la cerámica esmaltada pintada a mano que le confiere un carácter ligado a la arquitectura. El trabajo seleccionado encarna escenas y personajes de Cien años de soledad con toda la carga de maravilla y surrealismo que caben en una representación lograda de estos ámbitos.  El material y la técnica empleados con calidad nos acercan una vez más a la magia suspendida entre la realidad y la ficción.

Doris Marcela Delgadillo y Esteban Arrieta presentaron a la convocatoria una producción diversa y quizá hasta cierto punto desigual, pero que en estos trabajos manifiesta una indudable concentración, ambas obras de pequeño formato. En la pintura de Arrieta se exploran los motivos del papel moneda con toda su carga simbólica y de poder, utilizando indistintamente el papel y el lienzo.  Doris Marcela Delgadillo realiza un cuadernillo de recuerdos y notaciones utilizando la minuciosidad del grabado y su esquematismo para reafirmar con pureza los asuntos memorables.

Huberto Gómez Atehortúa presentó obras donde se percibe el deseo de construir una superficie-piel, de naturaleza cosmogónica; en la pintura seleccionada introduce elementos del diseño y el trenzado zenú lo que le sitúa dentro de un discurso de corte antropológico con muestras de sincretismo y mestizaje.

José Luis Ghisays, además de la escala, su serie Crotos sorprende por la exhuberancia y, al tiempo, por su carácter naturalista ya que proviene de la observación y la experiencia. Plantea un doble juego que va de la realidad a la abstracción, sin dejar de señalar el origen de esta abigarrada notación vegetal. Comparte la fascinación que le han causado los trabajos de la luz en estos diseños orgánicos que él recrea con apasionada vitalidad, haciendo verdaderos anuncios o pendones, lo que le confiere un especial valor a la intención y al sentido.

Lucía Arrieta, con su trabajo Chisme ventiao, continúa paradójicamente una tradición de crítica social mordaz, muy característica de los ámbitos caribeños; la actitud se ve reforzada por la manera en que describe los materiales utilizados en su trabajo, por ejemplo Óleo sobre lienzo con maricadas.

Lugar:

Área Cultural, Banco de la República
Carrera 3 No. 28-59