Mauricio Zequeda, Estaciones comprimidas
Mauricio Zequeda, Estaciones comprimidas
Pintura, carbon-acrilico sobre tela
170 x 300 Cms
Valledupar
Juan Andres Jamioy, Guardianes, guerreros, caminantes complementos...el tiempo pasa solo
Juan Andres Jamioy, Guardianes, guerreros, caminantes complementos...el tiempo pasa solo
2008
Pintura, oleo y carboncillo sobre lienzo
Dos piezas 110 x 140 y 140 x110 cm
Valledupar
Liliet Arcos, Vías de vida
Liliet Arcos, Vías de vida
Vías de vida, Instalacion, Fotografias sobre marco de Hierro oxidado, 3 laminas
44X44 cm y tres piezas de 64 x 26 cm
Valledupar

Valledupar - I Etapa

Curador: Martín Martínez

Artistas

Jaider Orsinis
Julio Cabrales
Liliet Arcos Morales
Juan Andrés Jamioy
Osby Cujia
Mauricio Zequeda
Ronald Prado Olivo
Alexander Betancourt

Texto curatorial

Imagen Regional 6 continua con el proceso de identificar y promover la producción artística regional, dentro de la escena nacional, sin que la intención se reduzca a la tipificación de “lo local” sino a la caracterización del arte emergente de las regiones, en contextos de circulación y reconocimiento más amplios.

Esta nueva versión incluye, por primera vez, dos elementos que profundizan sus directrices generales, en cuanto su tendencia hacia la apertura y la inclusión, sin perder de vista los criterios de calidad y pertinencia: la designación de curadores regionales y la realización de exhibiciones locales. Estos elementos permiten percibir con claridad la evolución del proyecto y su consolidación, dentro de la diversidad de la gestión cultural que realizan la Subdirección de Artes y la Biblioteca Luís Ángel Arango, como ejecución de la política cultural del Banco de la República.

La naturaleza del proceso implica la búsqueda de estrategias que, sin ser vindicatorias de actores ni percepciones, permitan una representatividad, al menos relativa o provisional, en la que no tienen cabida lineamientos curatoriales hegemónicos o de autor en la producción de un estado del arte emergente desde la diversidad de contextos culturales y geográficos que conforman la nación colombiana.

En líneas generales, en estas nuevas lecturas del campo artístico se reafirman tópicos y caracterizaciones ya identificadas por los curadores de versiones anteriores, obras que no denotan de manera directa o “correcta” las nociones de lugar o tradición ni corresponden tampoco a las corrientes dominantes, aunque en ocasiones actualizan técnicas y medios reconocibles en la historia del arte; el aporte de algunas de estas obras es precisamente la creación de nuevos léxicos y sentidos que manifiestan psicologías o singularidades no evidenciadas. Junto a estas, la progresiva virtualización empieza a ser un factor determinante que agencia lógicas alternas en cuanto al control mediático de producción de sentido.

En su conjunto, las obras que conforman esta muestra expresan una vitalidad de lo nacional–regional, no sin algunas redundancias y diferendos, productos del imaginario derivado del colonialismo, los estereotipos, las migraciones, los desplazamientos, los conflictos e intereses dentro de nuevas articulaciones del territorio y de producción de la cultura, lo artístico y lo cultural. A través de ellas se revela una vez más la complejidad creciente y la pertinencia del campo en lo temático, ético y estético.

Jaider Orsinis Referencia el conceptualismo basado en el texto, una línea de singular importancia dentro del arte colombiano, especialmente a partir del reconocimiento y trascendencia de la obra de Antonio Caro. El artista interviene la codificación, el sentido usual u oficial del texto, destacando y modificando las resonancias políticas y culturales del mismo; la obra, que consta de nueve textos, sorprende por el contraste entre el rigor formal y el estatismo de la tipografía frente a la frescura, y en ocasiones el lirismo, de las versiones que ejecuta el artista.

Julio Cabrales, de fundamento igualmente en el conceptualismo y curiosamente con el uso de referentes y “motivos” cercanos a las obras de Caro y María Fernanda Carozo, su instalación inquieta por la simpleza y economía de sus elementos sin que tengamos la necesidad de descifrar totalmente el sentido y, sin embargo, manteniendo el interés en la dimensión puramente simbólica que cobran los rústicos objetos y materiales utilizados. En este caso, taburete de cuero crudo, ladrillos y maíz rojo, los cuales son también distanciados de su sentido y valor en el ámbito provincial donde surge la obra.

Liliet Arcos Morales, interviene o genera divergencias y contrastes de sentido que tienen que ver con el poder y lo establecido en el consenso social. En su trabajo se apropia del carácter público de las señales de tránsito que altera en el ámbito urbano; el mensaje y el discurso oficial de las señales no pierden su función original sino que más bien se subvierte su sentido, proponiendo nuevos giros o lecturas con ironía y sutileza.

Juan Andrés Jamioy. Su trabajo y su presencia en la región dan cuenta de los encuentros y de la afinidad cultural existente entre pueblos indígenas de diferentes etnias y geografías. Artista formado en la academia, expresa cosmogonías propias de su origen cargadas de misticismo que, vale decirlo, de alguna manera se diluye en el uso de las técnicas occidentales. Esperaríamos de la profundidad y solvencia de sus pinturas una postura más cercana en esencia a la riqueza material y ritual de sus concepciones.

Osby Cujia. Su producción se caracteriza por cierta estridencia intencional derivada de técnicas al tiempo ligadas al impresionismo, el expresionismo y la abstracción; resulta en ocasiones estrecha o confusa en comparación con la fuerza y profusión de los motivos empleados que evidencian una presencia de elementos cosmogónicos y temporales de naturaleza filosófica, cuyo discurso pudiera ser más explícito; de hecho, se refiere a mecanismos y estrategias no necesariamente pictóricas.

Mauricio Zequeda. Su obra consigue relacionar elementos propios del dibujo y la pintura, con situaciones, objetos y temáticas que proponen un espacio abierto a múltiples lecturas que trascienden lo puramente pictórico y le sitúan en un plano poético que confiere interés y valor simbólico a los objetos y accesorios, presentándolos al tiempo como evidentes y absurdos, olvidados e indispensables. El artista consigue una suerte de propuesta interactiva, que bordea la naturaleza muerta, creando situaciones donde el espectador termina siendo parte de ellas, en las que inquieta el carácter reflejo de la imagen.

Ronald Prado Olivo y Alexander Betancourt evidencian la influencia de las técnicas y estéticas de Zequeda lo que denota las dinámicas de formación en las regiones. Cabe destacar que la producción de Prado y Betancourt posee valor y autonomía en el encuentro con discursos al tiempo públicos, étnicos y culturales, y en sus logros formales que reflejan un auténtico compromiso creativo.

Lugar:

Biblioteca, Banco de la República
Carrera 9 No. 16-13