5pixeles.gif (45 bytes) 5pixeles.gif (45 bytes) Edificio de la Aduana

Edificio de la Aduana. Imagen

Barranquilla, mapa.
    
En 1849 se instaló la Aduana en la ciudad de Barranquilla, como indicio de la importancia que había ido adquiriendo esta ciudad como puerto de exportación e importación. En 1850 dobló los ingresos de Cartagena, y en 1880 los de Cartagena y Santa Marta juntos. Para 1885 ésta se convertirá en la principal fuente de ingresos del gobierno.

La creación de un puerto capaz de permitir el acceso de cargueros y trasatlánticos (Bocas de Ceniza), convirtió a la ciudad en la gran puerta de Colombia y del Caribe y en la tercera de mayor importancia económica del país. Además, se estableció sobre el río el primer puerto aéreo del país y en 1922 se fundó la compañía colombo alemana Scadta, pionera en América Latina.
En 1915 un incendio destruyó el edificio donde funcionaban sus instalaciones y ante la premura, dada su importancia, el gobierno dio la orden de construir un nuevo edificio. El administrador Diógenes Reyes, sobre la huella de los anteriores, predeterminó las condiciones de la construcción, que debería hacerse "en cemento romano y hierro" y estar situada frente a la estación Montoya del tren, que comunicaba la ciudad de Barranquilla con el muelle de Puerto Colombia. Se solicitó a diferentes compañías que hicieran propuestas, las cuales irían a Bogotá, donde una junta escogería el proyecto adecuado.
De las cinco propuestas enviadas, se eligió la del inglés Leslie Arbouin, "especialista en trabajos en concreto", quien había construido edificios en Colón y Panamá, y sería más tarde el diseñador del Banco Dugand, también en Barranquilla, hoy declarado como Monumento Nacional.
Sin embargo, la importancia del edificio hacía difícil la selección y la junta decidió fundir el diseño del inglés con el proyecto del arquitecto Nicolás Samer cuyo presupuesto era más bajo.
En 1917 se acudió a la Sociedad de Ingenieros para resolver la cuestión del proyecto; la Sociedad nombró a los arquitectos Arturo Jaramillo y Alberto Manrique, quienes finalmente propusieron a los autores que hicieran un proyecto conjunto en el que se tuvieran en cuenta las diversas anotaciones sobre fachada, dimensiones de ventanería y utilización del espacio interior.
No se conservan planos del proyecto final, pero este magnífico edificio fue el resultado de la fusión de las dos propuestas; su presencia y dignidad son notables sobre todo en el aspecto exterior.
La fachada principal que mira a la ciudad marcó uno de los momentos de mayor calidad logrados en la arquitectura neoclásica en Colombia por su elegancia y sobriedad. Esta fachada contrasta con la que da a la línea férrea, en la que se construyó un frontón triangular y una cornisa elaborados en un lenguaje simple y poco elegante que contrasta con el resto del conjunto. Para el arquitecto Carlos Niño Murcia, la contradicción se debió a que "el rechazo de la comisión de ingenieros fue injusto y desacertado; explicable quizás por el gusto decorativista de Arturo Jaramillo o por el eclecticismo permanente de Manrique, quienes poco captaron la limpieza y el carácter formal del proyecto de Arbouin".
El imponente edificio fue restaurado en su totalidad; se corrigieron algunos de los defectos del proyecto sin afectar el estilo. Con esta intervención se recuperó también parte de la zona afectada por el crecimiento de la ciudad.

Investigación y textos: Jimena Montaña Cuéllar
Fuentes: Niño Carlos, Arquitectura y Estado. Universidad Nacional 1991.
Montaña, Antonio "A todo vapor". Colección Especial. Bancafé 1996.

 

 

 

 

 

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