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En 1800, don José Antonio Portocarrero adquirió un terreno situado al oriente de la
ciudad de Santafé de Bogotá y enmarcado por los cerros de Monserrate y Guadalupe, no
lejano del centro de la ciudad, en el que construiría una sencilla quinta de
recreo.
Años más tarde, en 1820, tras la victoria de Simón Bolívar frente a los españoles, el
Vicepresidente de la Gran Colombia, el general Francisco de Paula Santander y el entonces
gobernador de Cundinamarca don Tiburcio Echavarría, adquirieron la casa para ofrecércela
al Libertador como una muestra de agradecimiento de la Nación. El General Francisco de
Paula Santander se encargó de hacer los trámites y pagar el dinero ofrecido por la casa.
Se dice que en ella Bolivar conoció a Manuelita Saenz durante una recepción en la que se
le rendía un homenaje por la victoria de la batalla de Pichincha; Bolivar y Manuelita
vivieron en esta residencia durante períodos breves a lo largo de cuatro años a partir
de 1821.
La historiadora Aída Martínez Carreño describe así la histórica construcción:
"La Quinta de Bolívar es un excepcional campo de estudio de esa época violenta
cuyos rasgos originales y propios no podemos desdibujar obviando reconocer que las
actitudes, el gusto y la forma de vida correspondieron a una cultura que mezclaba lo
indígena (no reconocido) y lo español (rechazado)... La Quinta fue un espacio
experimental donde covergieron el peso de las tradiciones culturales y la búsqueda de
nuevos modelos de vida... Se hallarán las trazas del proceso en múltiples
manifestaciones; la arquitectura de raigambre española travestida de francesa; la dispar
servidumbre que reúne en un mismo lugar a un hortelano español y a un mayordomo zambo..., a humildes
sirvientas indígenas, con esclavas negras de confusos procederes..."
En 1830, enfermo y agobiado, el Libertador abandona esta residencia y decide regalársela
a su gran amigo José Ignacio París antes de viajar a Europa.
Su amigo la habita por un tiempo y a su muerte la heredan sus hijos; de ahí en adelante
el destino de la Quinta será incierto: se utilizó como colegio de señoritas, fábrica
de "pita" (una bebida fermentada), fábrica de jabones, curtiembre y hospital,
usos que con el tiempo afectaron la construcción y sus alrededores.
En 1919 la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá decidió rescatarla y consigue
reamoblarla poco a poco para convertirla en museo.
La Quinta de Bolívar fue restaurada en 1998 por la Subdirección de Monumentos Nacionales
del Instituto Nacional de Vías.
Textos: Jimena Montaña Cuéllar
Fuentes: Carreño Martínez, Aída "Al estilo independencia" Lecturas
Dominicales, El Tiempo. Agosto 1997.
Catálogo Museo Quinta de Bolívar. Subdirección de Monumentos INVIAS.
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