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El siglo XIX en Colombia fue el siglo del romanticismo por excelencia; fue el siglo
de las novelas por entregas y de las conmociones políticas, de las guerras civiles y las
revoluciones sociales; Jorge Isaacs y los poemas de Rafael Pombo, entre otros,
representaron el romantisimo colombiano, cuya alma se expandió enalteciendo los
principios católicos y la fuerza de la naturaleza. Los sentimientos territoriales del
país fueron vividos con intensidad; la patria demandó mayores sacrificios y heroismo. La
idea de naciones independientes se empezó a gestar en la segunda mitad del siglo XIX y
fue Don Tomás Cipriano de Mosquera, quien por primera vez le dio a la Nación el nombre
de Colombia en 1861. Dentro de esta metamorfosis, el Capitolio Nacional fue también un
sueño romántico.
Era el edificio destinado para albergar las decisiones del nuevo orden jurídico; la
democracia y la patria. Tomás Reed, entonces residente en Venezuela, oriundo de la Isla
de Santa Cruz, colonia danesa de las Antillas y educado en Inglaterra, diseñó el magno
proyecto. Más que concebido dentro de un estilo ligado a rasgos específicos o corrientes
arquitectónicas, el Capitolio se hizo siguiendo los ideales del siglo. Reed describió
así su proyecto ante el Congreso en 1847: " El palacio del total gobierno de una
República es, en lo civil, la casa de todos; ésta debe ser la expresión de mi obra.
Nada pues de aislada cárcel, ni de hosca fortificación, ni de alegre teatro... ".
El Capitolio Nacional, tardará más de 80 años en estar totalmente terminado. La primera
piedra se puso en 1847 y los trabajos fueron suspendidos en 1851 durante 20 años como
consecuencia de las guerras civiles. De 1871 a 1875, el entonces presidente Eustorgio
Salgar, reanudó las obras bajo la dirección de Francisco Olaya, pues Reed en este lapso
había abandonado el país. Sin embargo, la construcción resultó deficiente y tuvo que
ser demolida. En 1879 se contrató al arquitecto bogotano Mariano Sanz de Santamaría,
quien concluyó el pórtico de la fachada principal. Al cabo del tiempo, surgió una
fuerte polémica, encabezada por el poeta Rafael Pombo, sobre el trabajo escultórico
realizado por Mario Lombardi y se decidió traer al italiano Pietro Cantini, quien llegó
a Bogotá en 1881 para presentar su proyecto, en el que se respetaba la propuesta de Reed
introduciendo algunas reformas. Cuatro años más tarde, las guerras obligaron de nuevo a
dejar suspendida la obra y el siglo llega a su fin con el edificio del Capitolio
abandonado.
En 1904, el entonces presidente Rafael Reyes, decidió renovar la construcción y se
discutieron varias alternativas, algunas de las cuales cambiaban radicalmente el proyecto
de Reed. En 1906 se reeligió a Cantini, quien por problemas de salud se retiró a los dos
años. En 1911, el arquitecto francés Gastón Lelarge remplazó el pórtico realizado por
Sanz de Santamaría y propuso además, como remate, una gran cúpula metálica central. Para 1917, el
edifico estaba prácticamente terminado, pero faltaba el remate de la fachada principal.
En 1923 se abrió un concurso y fue el arquitecto bogotano Alberto Manrique Martín el
artífice de los últimos detalles. Finalmente para 1926 la obra del Capitolio Nacional,
el edificio que marcó la ruptura entre el período colonial y la nueva arquitectura
denominada " republicana",
dentro de las corrientes imperantes del neoclasicismo, se concluyó definitivamente.
- Investigación y Textos: Jimena Montaña Cuéllar
- Fuentes: Hamilton Potter, John. "Viaje por el interior de las provincias de
Colombia". Biblioteca V Centanario. Colcultura. 1993.
- Arango, Silvia. "Historia de la Arquitectura en Colombia ". Editorial
Lerner. 1993.
- "Manual de Historia de Colombia". Tomo II. Instituto Colombiano de
Cultura. 1979.
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