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Apenas empezaba el siglo XX y Colombia intentaba recuperarse de la llamada Guerra de los
Mil Días, cuando apareció un inusitado aviso en un periódico de Quibdó: los servicios
los ofrecía un tal Luis Llach, catalán, quien recién llegaba a vivir a la capital del
Chocó. Quibdó, para ese entonces, contaba apenas con 12.000 habitantes, y era una
pequeña villa entre la lluvia, el bochorno y la selva, lugar que como lo menciona el
arquitecto Luis Fernando González en su investigación "Llach y Galicia: Dos
caminos, un punto de encuentro" encantó al ingeniero Llach, llamado por su sed de
aventura, unida a una particular visión de comerciante. Llach remontó el Atrato en buque
de vapor desde Cartagena
de Indias, rumbo a la villa, que estaba aún sin consolidar arquitectónicamente, y en
su primera estadía se quedó tres años, aprovechando el surgimiento y formación del
nuevo organismo territorial del Chocó, creado por el entonces presidente, Rafael Reyes.
Durante el período colonial fueron las llamadas " Provincias de San Juan y el
Atrato" parte de la gobernación del Cauca, situación que las sumergía en el
olvido. A partir del año de 1906 se separaron y proclamaron independientes como
intendencia del Chocó, para dos años más tarde elevarse a la categoría departamental,
con Quibdó como capital. Las nuevas leyes y cambios bancarios incentivaron el progreso de
la olvidada provincia. Era necesario abrir caminos, ganarle la partida a la selva,
construir carreteras, dragar los ríos para traer barcos de vapor y sacar maderas finas,
invertir en educación, crear periódicos y dar a conocer la olvidada región. El catalán
Luis Llach estaría pendiente de estos hechos, buscando fortuna en el progreso de esta
provincia y sus propuestas lejos estaban de caer en el vacío. En principio fue miembro de
la Junta de Ornato e Higiene, dedicada a planear las calles y vías principales, desecar
los pantanos y talar la selva circundante para consolidar la incipiente ciudad. Los
primeros años, don Luis fue profesor de dibujo y caligrafía en el colegio público de
Quibdó, medio que le permitió sobrevivir mientras tuvieron eco sus servicios como
ingeniero. Luego fue contratado como director de Obras Públicas, dirigió entonces la
construcción de puentes urbanos, levantamientos topográficos y el trazado del camino
Quibdó - Istmina, futura carretera interregional que uniría las provincias de San Juan y
del Atrato. Poco a poco se fue haciendo a un nombre y se construyeron varios de sus
diseños.
El Colegio Carrasquilla, diseñado al regreso de Llach en 1925, se finalizó en 1942.
Construido en homenaje al pedagogo y escritor chocoano, Ricardo Carrasquilla, en el
centenario de su nacimiento, sobre la antigua plaza Tomás Pérez, introdujo el concreto y la piedra
artificial como una manera de hacer frente al clima húmedo de la selva chocoana. La
fábrica de los hermanos Malluk, siriolibaneses, producía balaustres, pináculos, jarrones y basamentos, entre
otros elementos, que incluyó Llach en el colegio, el cual consta de un volumen de dos
pisos con arcadas interiores a la manera de claustro, desarrollado alrededor de un
patio central. En Quibdó se construyeron con diseño de Llach, la cárcel de Ananyancí,
la antigua Prefectura Apostólica, hoy Palacio Episcopal y el templete de César Conto,
todas ellas declaradas como Monumento Nacional.
- Investigación y textos: Jimena Montaña Cuéllar.
- Fuentes: . Banco de la República. Volúmen XXX. Número 33. 1993.
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