5pixeles.gif (45 bytes) 5pixeles.gif (45 bytes) Iglesia Parroquial de San Cayetano

Iglesia Parroquial de San Cayetano. Imagen

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La región de Santander poseía una interesante dinámica económica y de migraciones en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando se desarrolló una red urbana de pequeñas poblaciones, como Piedecuesta fundada en 1774, Aracatoca en 1750 y Bucaramanga, elevada a la categoría de parroquia en 1778, entre otras, las cuales tuvieron rápidamente proporciones similares a las tradicionales poblaciones de Vélez y Pamplona, fuertes en su momento por la minería.

Durante la Colonia se había construido un pequeño templo doctrinero en Oiba para la evangelización de los indígenas de la región y al inicio del siglo XVIII, el crecimiento demográfico de campesinos blancos y mestizos, que ocupaban las haciendas en las que se sembraba caña de azucar y se iniciaba la ganadería, concurrían a éste. El vecindario de San Gil había pasado a ser villa y los hacendados de un lugar llamado "Las Culatas" iniciaron un largo proceso para erigirse como parroquia y separarse administrativamente de la jurisdicción de la doctrina del pueblo de indios de Oiba. El 8 de octubre de 1701, algunos hacendados se comprometieron por escritura pública a "edificar iglesia parroquial, fundar tres cofradías, ornamentar dicha iglesia con todo lo necesario", hipotecaron sus tierras y consiguieron el dinero para construir la nave central. Sin embargo, el cura de Oiba se negaba a ir al nuevo templo, a pesar de que le habían ofrecido en lugar de salario, un muy buen terreno. A pesar de su resistencia, en 1770 se administraban los sacramentos en la iglesia y los vecinos de la viceparroquia llamada ahora de San José de los Confines, lograron desligarse de sus vecinos. En 1773, el Virrey finalmente la nombró como parroquia y el arzobispo envió el primer cura.
Confines era ya un poblado, pero su mayordomo de fábrica apenas podía mantenerse con el dinero de la parroquia. En 1791, Don Juan Agustín Moroco y Arenas, mayordomo, realizó las diligencias ante el Virrey para recaudar en la juridicción de la cercana Villa del Socorro, dinero para las reparaciones de la iglesia. El fiscal de la Real Audiencia, había solicitado previamente certificaciones sobre su estado y un cálculo de los costos de reparación, antes de que el Virrey diera la licencia para recaudar limosnas. Los feligreses le pidieron a un capuchino del convento del Socorro, profesor de arquitectura, el dictámen y Fray Manzanero certificó que "conforme a los conocimientos de mi profesión, aunque la iglesia del ya nombrado Confines, es nueva y fabricada con rocas de cantería, la torre está destruida y el arco toral amenaza ruina" y, según su opinión, no "había sido hecha con la solidez requerida, por defecto de sujetos inteligentes". El virrey otorgó la licencia en 1792 y se terminó de construir el templo, añadiéndole las naves laterales y la torre.
La planta de esta iglesia es un rectángulo, dividido en tres naves separadas por arcos. Sus muros fueron construidos en piedra, hoy desprovistos de los pañetes o revoques que los protegían.Posee una portada elaborada, compuesta por dos pilastras labradas, y sobre estos detalles remata la puerta un triángulo con múltiples tallas en cuyo centro sobresale la figura de un angel.
Investigación y textos: Jimena Montaña Cuéllar
Fuentes: "Templo Parroquial de Confines". Subdirección de Patrimonio. Instituto Colombiano de Cultura.
Patiño Borda de Mariana. "Monumentos Nacionales de Colombia". Editorial Escala. 1983.
 

 

 

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