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Este Parque constituye una de las reservas hidrográficas de mayor valor en el país y es
además uno de los espectáculos geográficos más asombrosos y relativamente fáciles de
visitar. El parque en una extensión de 306.000 hectáreas, va desde las tierras bajas a
600 metros sobre el nivel del mar, hasta los picos nevados. Comprende, entonces, la Sierra
Nevada del Cocuy o Guicán, las cumbres más altas de la cordillera oriental y 18 picos
con nieves perpetuas como el Ritacuba Blanco, el Picacho y el Castillo. La diversidad de
climas permite una amplia fauna y el excursionista puede encontrar dantas, micos, saínos
(mamífero similar a un cerdo pero de pelo largo), osos de anteojos y conejos de páramo.
A pesar de la tala indiscriminada y el mal manejo de los recursos naturales por parte del
hombre, en el parque se encuentran aún gatos silvestres y aves como la paloma torcaz, los
tominejos, los paujiles, gallitos de roca y el pato "peje", una especie
nétamente colombiana. Otro de sus atractivos, son las espectáculares lagunas de origen
glaciar, como La Plaza, La Grande de la Sierra, Las Verdes y las Lagunillas. El Parque,
abarca prácticamente todos los climas y su flora varía desde la selva húmeda de piso
cálido, templado y frío hasta el páramo, el superpáramo y las nieves perpetuas. En
éstos últimos crecen frailejones, helechos, diversos musgos, árboles enanos, el chusque
(similar a la paja) y los encenillos.
Para llegar al Parque, partiendo desde Bogotá, se debe hacer un recorrido de 412
kilómetros por la Troncal del Norte, vía pavimentada hasta la población de Belén
(Boyacá). Luego se atraviesan los poblados de Susacón, Soatá, Tipacoque, Capitanejo, El
Espino, Panqueba, El Cocuy y Guicán. El viaje dura aproximadamente 10 horas. Se puede,
también, desviarse por Soatá hasta las poblaciones de Boavita, La Uvita, Guacamayas, San
Mateo y Panqueba. Para acceder al Parque, se debe entrar por las poblaciones de Ritacuba o
el Cocuy, ascendiendo por Lagunillas, donde está ubicado el Centro Administrativo de la
Unidad de Parques Nacionales del Ministerio de Medio Ambiente. A pie, en mula o a caballo
se pueden hacer los recorridos desde los linderos hasta los sitios de interés.
Vale recordar un trozo del diario de un capitán de navío inglés, quien realizó a
mediados del siglo XIX, una serie de viajes por Colombia y narró así su paso por el
páramo boyacense: "En estas alturas, el aire es tan delgado que apenas se puede
respirar y todas las fuerzas abandonan el cuerpo más resistente; las extremidades se
pasman de frío, la boca se llena de espuma, la sensibilidad desaparece, los deseperados
se arrancan los pelos... Para cruzar estos páramos los nativos recomiendan comer mucha
azúcar y beber mucha agua; de ninguna manera recomiendan las bebidas alcohólicas. Tomar
un descanso es arriesgado y es costumbre pegarle con el fuete a aquellos que quieren
interrumpir la marcha".
- Investigación y textos: Jimena Montaña Cuéllar.
- Fuentes: . Inderena. 1992.
- Stuart Cochrane, Charles. "Viajes por Colombia, 1823 y 1824". Biblioteca
V Centenario, Colcultura.1994.
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