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En términos sociales se habla de las haciendas esclavistas o feudales, aunque con el
tiempo ambos tipos confluyeron en el sistema de peonaje para la explotación agrícola que
conformará la población campesina en Colombia hasta bien entrado el siglo XX.
Las haciendas de tipo esclavista se desarrollaron fundamentalmente en las zonas de la
Costa Atlántica, en el Cauca y en el Valle del Cauca. Tanto en el Valle como en la Costa,
la repartición de encomiendas
no habría de sustentar una producción agrícola fuerte, debido entre otras razones, a la
desaparición por muerte de los indígenas, al alto costo de los esclavos y a la posterior
presión del comercio que requería empleados. Las haciendas serán con el tiempo no
únicamente un sistema de explotación agrícola sino una forma americana de dominar las
grandes extensiones territoriales.
Para el arquitecto Germán Téllez, "la casa de hacienda neogranadina es, por
comparación con México o Brasil, cándida y sencilla. Viste y alberga de modo humilde,
pero precisa una opción sobre la vida... Por ello mismo tiene el aire útil, familiar,
desgastado por el uso, de una herramienta de labranza".
Muy cerca de la ciudad de Cali se conserva aún la Hacienda Cañasgordas, llamada por
años La Casa Grande. Construida a mediados del siglo XVIII, fue durante largo tiempo la
hacienda más rica y productiva del Valle y en la actualidad se conserva como ejemplo de
esta particular arquitectura.
La novela costumbrista El Alférez Real, del escritor vallecaucano Eustaquio Palacios, si
bien fue escrita a finales del siglo XIX, describe la casa de manera minuciosa: "...
formando plaza y por un extenso y bien construido edificio, llamado el trapiche, en donde
estaba el molino movido por agua, y donde se fabricaba el azúcar...".
Al igual que muchas de las haciendas, a Cañasgordas se le hicieron multitud de adiciones
y reformas, como la destrucción de las cabañas de sus esclavos, algunas de las cuales
alteraron su fisonomía. Articulada, con un tramo principal prolongado en sus
extremos opuestos por dos alas, forma ángulos rectos divergentes. Según los
especialistas, este esquema fue el fruto de sucesivas etapas de construcción, las que
permitieron añadir la cocina y el baño, éste de suma importancia en la región, como se
recordará en las descripciones que hace Isaacs de los largos baños de María, en su
novela.
La influencia del clima marca notoriamente estas construcciones diferenciándolas
espacialmente de las de la Sabana. Mientras que en los climas fríos se buscaba que la fachada principal
mirara hacia el occidente y al oriente, en los climas cálidos se buscaba el contrario y
se alargaban las fachadas principales de cara al norte y sur para obtener sombra durante
el mayor tiempo posible.
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- Investigación y textos: Jimena
Montaña Cuéllar
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- Fuentes Téllez, Germán "Crítica e imagen". Ed. Escala y "La casa
de hacienda", Historia del arte colombiano. Tomo VIII Salvat 1977.
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- Arango Silvia "Historia de la arquitectura en Colombia" Ed. Lerner 1993.
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- Palacios, Eustaquio "El alférez real". Carvajal Editores, Cali 1932.
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