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El actual templo de la Concepción que ocupaba el sitio comprendido entre las carreras 10
y 11 ¨en la esquina más próxima a la plaza y a espaldas de la cárcel de la ciudad¨,
hacía parte del antiguo monasterio que fue, según varias versiones, el primer convento
que se estableció en Santafé : en el año de 1583 se colocaría la primera piedra y
sería bendecido en 1595, año en el cual ingresaron a las aulas las primeras religiosas.
En el año de 1586 Luis López Ortiz, quien fuera junto con Cristobal Rodríguez Cano el
patrocinador de la obra, contrata con Juan Sánchez García la obra de madera del templo.
Tambien sirvieron para adornar el templo ¨las valiosas ornamentaciones que donó don Juan
Díaz Jaramillo luego de rescatarlas de la lujosa residencia de su propiedad y que fue
destruida por una creciente del río Bogotá. Según la crónica del padre Zamora las
ornamentaciones lucirían en la Iglesia de La Concepción al menos hasta finales del siglo
XVII; luego la construción del actual edificio del convento trajo la demolición de parte
del coro y con esta la desaparición de los artesones.
Quizás por falta de rigor constructivo solo veintidos años después de inaugurados el
templo y el convento, en 1617, la iglesia se encontraba ya en estado de amenaza de ruina.
Es entonces cuando la Real Audiencia contrata al arquitecto Juan Bautista Coluchini para
realizar una inspección técnica del edificio. Se decide entonces remplazar la totalidad
de la cubierta y parte de los muros. No se sabe sin embargo si fueron estas reparaciones o
las que se llevaron a cabo en 1785 luego del terremoto que sacudió a la ciudad las que
cambiaron notoriamente el espacio interior de la iglesia, particularmente en la falsa cubierta de la nave y los coros que debieron
tener originalmente un estilo claramente mudéjar como se describe en el contrato
para la construcción de la techumbre celebrado entre López Ortiz y Sánchez García en 1586.
En 1663, el convento obtuvo fondos de la Corona para la continuación de las obras de
construcción. Fue entonces cuando se levanto la torre de la iglesia que quedaría
seriamente averiada luego del terremoto de 1967 y que sería demolida dos años más tarde
por orden de la Alcaldía Distrital.
El terremoto de 1785 por otra parte pone en evidencia la mala calidad que caracterizó la
construcción de la iglesia desde los primeros días. En efecto, a este propósito escribe
el maestro mayor de carpintería Jerónimo Poveda luego de su atenta inspección del
edificio: ¨(...) hallé que cuasi por milagros se mantiene aquella obra en pie, y no
haberse arruinado enteramente al tiempo del terremoto, así por haber quedado desde un
principio muy mal construida, como por ser lo más de su fábrica obra de colgadizo,
sujeta a más pronta ruina y estar lo más muy maltratado (...)¨.
Finalmente y como muestra de lo poco afortunada que ha sido la historia de tan legendaria
iglesia, escribe Pedro María Ibañez: ¨En los últimos años con indecible mal gusto
cambiaron el sagrario del altar mayor, que era dorado y armónico con la ornamentación de
la iglesia, por una obra de madera sin mérito artístico ni histórico. Destruyeron los
coros para ampliar el templo, y se llevaron a cabo otras reparaciones que no alcanzaron a
borrar el carácter colonial del edificio (...). El convento fue rematado por fragmentos,
en los cuales se han construido algunos edificios particulares de gusto moderno. Anexo a
la iglesia, en la calle 10 se ha construido recientemente un edificio que sirve de
habitación a los Padres Capuchinos. Un amplio camarín que había en la carrera 9, fue
destruido con acierto por los años de 1874¨.
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